28/01/2008: 400

José Luis Rodríguez Zapatero, en su alocada carrera por llegar al 9 de marzo en una situación óptima para revalidar su mayoría electoral, sigue prodigando gestos demagógicos y haciendo acopio de todo tipo de propuestas impresentables de esas que los expertos consideran la llave para articular mayorías, ya sean nacionales, ya de progreso. La última ocurrencia, en una línea muy semejante a la del cheque-bebé, es prometer a todos los contribuyentes 400 eurillos para que nos vayamos por ahí a cenar, a tomar unas copillas y que, de esta manera, el lustroso modelo económico que tenemos, basado a partes iguales en el hoy declinante ladrillo y la hostelería pringosa dedicada a la estafa al guiri y a cualquier persona despistada que pase por ahí con 400 eurillos en la mano, a ver si así aguanta la cosa un poco más y conjuramos el riesgo de tener que ponernos a trabajar en cosas serias, a estudiar un poquillo, a crear algo con un mínimo de contenido y que permita avanzar a la sociedad.

Así pues, mientras que las dosis de circo nos las proporciona su “firmeza” contra ETA (enchironando a De Juana aunque ya haya cumplido la condena, metiendo en la cárcel a todo político que no condene la violencia terrorista y liquidando el asunto con los fuegos artificiales de final de legislatura en forma de ilegalización de varios partidos políticos más), el “pan” nos llega a los ciudadanos en forma de rebajas fiscales desatadas, con ambos grandes partidos compitiendo en un ejercicio lamentable de irresponsabilidad fiscal. Así las cosas, con 400 euros en mano (y una propuesta de los de enfrente de eliminar la tributación de todos los que ingresen menos de 15.000 euros al año, así como rebajar el tipo máximo del IRPF al 40% y el de sociedades al 25%), 2.500 por hijo (que en comunidades autónomas como la valenciana el gobierno regional ha prometido incrementar con 6.000 más) y numersosas subvenciones a la vivienda joven en propiedad o alquiler (con el complemento de unas masivas promociones de vivienda protegida adjudicadas por medio de sorteos y demás chuscos procedimientos), con promesas de incremento de las pensiones, de todas, las no contributivas, las de viudedad y lo que sea menester…. con todo eso, se supone, los ciudadanos hemos de afrontar el futuro tranquilos.

Liquidado el sistema fiscal y su progresividad, en este mundo donde desaparecen impuestos (o eso parece) todos los días (sucesiones, patrimonio…), pareciera que España fuera una sociedad opulenta, con servicios públicos de calidad y suficientes, de los que todos nos podemos servir cuando nos hacen falta y de lo más satisfactorios. Pareciera que el Estado en España, las distintas Administraciones Públicas, contaran con recursos más que suficientes para desarrollar bien las funciones de interés general que tienen encomendadas. Porque sólo en tal caso se entiende este zoco fiscal en que se han convertido las elecciones. Y sólo así se comprende que los ciudadanos no se alcen en armas contra el espectáculo.

Antes al contrario, España y su débil poder público carecen de recursos para articular correctamente su acción en defensa de los intereses generales. No sobra dinero, falta. Cualquier rebaja en IRPF y demás impuestos directos y progresivos supone que la presión fiscal ha de aumentar correlativamente, como así está pasando, en la tributación indirecta. Que, visto lo visto, y el esperpento del modelo de IRPF español, pues tanto mejor, dado que no sólo es más que discutible que sea progresivo sino que quizá sea regresivo gracias al fraude y, lo que es peor, los numerosos mecanismos legales de escape que tienen quienes más ingresan. El problema es que nuestro sistema de imposición indirecta, basado en el IVA, tiene también altísimas tasas de fraude, que consolidan un trato desigual brutal en favor de ciertos sectores, que a nadie parece interesar lo más mínimo atajar. Y eso por no mencionar cómo, en qué cosas, se gasta el dinero. De los efectos del hecho de destinar fondos públicos a esas cosas. Por no hablar del corolario: no dedicarlo a otras.

Los ciudadanos, tratados como borregos que tenemos derecho a circo y a pan, en las condiciones descritas, conservamos también, todavía, mecanismos formales de participación democrática. Estaría bien que funcionaran y castigaran con severidad un modelo de hacer política que desprecia su inteligencia (y también, en realidad, si es de lo que se trata, la cartera de la gran mayoría de nosotros).


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17/01/2008: Él

Tengo un amigo que abandonó los informativos de una cadena de televisión para pasarse a la sección de ‘entretenimiento’. Lo hizo por un quítame allá esos euros, pero en su despedida, una directiva de informativos le afeó su conducta. Le entristecía que no le tirase la vocación periodística ‘auténtica’. Le apenaba que dejase la información ‘buena’ para recalar en ‘eso’, el entretenimiento. Lo mundano. Sin embargo, lo que yo me pregunto es si no serán más honestos los realitys y los sujetos que los integran que la información ’seria’ y los individuos que la protagonizan. Al menos no tratan de engañar a nadie.

El primo segundo de Cecilia María Sara Isabel Ciganer Albéniz -mujer que, como su ex, está en los medios últimamente por motivos de peso-, Él, ha sido apartado a la virulé de las listas de su partido para las elecciones generales. Por lo leído en El País, el alcalde de Madrid no se explica cómo pueden dejarle fuera (¡a Él!) después de los resultados cosechados en la capital. Es decir, Gallardón no interpreta el voto masivo de los ciudadanos como un compromiso, sino como un ‘comodín del público’. No obstante, resulta que la concursante rival, Esperanza -podemos denominarla sin miedo a confundir a nadie ‘Ella’- tenía el comodín de la llamada, y ya lo había usado en Navidades contactando con Acebes, quien puso encima de la mesa el órdago, para que Rajoy, ante la indecisión, empleara su comodín del 50% y asunto terminado. Como todo el mundo que vea la tele sabe, el comodín del público es una mierda porque, generalmente, esa gente, que está ahí porque le han dado un bocadillo y un llavero, no tiene ni puta idea de nada y, al final, en la decisión que tome el que está en la palestra, ni pincha ni corta. Pues como los votantes.

Pero una cosa es una y otra cosa es otra. Cuando Gallardón ganó las elecciones municipales batiendo todos los records, a los dos días, cuarenta y ocho horas, se ofreció para las generales. Lejos de entender el apoyo masivo como un vínculo aún mayor con el municipio, Él interpretó lo contrario: que le habían dado carta blanca. Lo bonito es que nadie lo cuestiona. No hay mención a este pequeño y sutil detalle. A los popes del periodismo español no se les pasó por la cabeza ayer en 59 segundos. Es como en La Hija de Ryan de David Lean. Robert Mitchum se casa con su alumna a sabiendas de que, a las primeras de cambio, se irá con el primer hombre joven que pase por el pueblo miserable en el que viven. Lo acepta manso y… enamorado. Aunque también es como el marido que sorprende a su esposa en un gang bang con el servicio en el banquete de su boda y no se mete para no molestar, son sus cosas, ella es así. Un marido un poco infeliz ¿no?

Por otro lado, la opinión de Fraga de que se perderán votos es la que más ha calado en los medios que no aplauden con las orejas la línea oficial del PP con mayor o menor disimulo. El Periódico, por ejemplo, confiesa no entender a fondo estas intrigas palaciegas, pero se hace eco de las declaraciones del fundador del PP en sus conclusiones. Resulta que Él es un baluarte centrista imprescindible para arrebatarle a Zapatero el voto de esas personas que no son ni de izquierdas ni de derechas, antes llamadas adictos al régimen, ahora centristas. Puede ser verdad. Quizá represente al centro, pero que lo sea es otra historia. Contra esta concepción hay que rebelarse.

Puede que Él sea un chico muy modosito y educado. Un político sin arranques de ira, que despersonaliza sus ataques -aunque quizá sea más correcto señalar que como sólo habla de sí mismo, le queda poco tiempo para mentar a los demás bien o mal, con elegancia británica o malas artes ibéricas-, pero ahí se queda la cosa. Porque gobernando es un auténtico macarra. Por no dejar las comparaciones laborales, es como un tipo con el que coincidí en la redacción de una empresa bastante perra, que era tan vago, tan vago, que se decía de él que era el único que, en lugar de ser explotado, explotaba él a la casa. Gallardón es parecido. Nos explota.

No es cuestión de volver al debate urbanísitico, pero si por algo se recordarán los grandes proyectos que Él puso en marcha en la ciudad es porque tal vez, puede, quizá, sólo hayan sido rentables para sí mismo. El dineral ingente que se ha gastado exigía, cuando menos, un mínimo de consenso tanto en su planificación como en su ejecución. No lo ha habido ni por asomo. Dios lo quiere y Gallardón lo manda. El MetroSur es muy bonito. Comunica los grandes criaderos de ‘Juanis’ de la región. Perfecto. Aunque habría que ver si con la décima parte de lo que se gastó no se habrían solucionado el noventa por ciento de las necesidades de transporte de los mentados aborígenes con otros proyectos menos ‘vistosos’. Pero Él sacó adelante su proyecto. Porque era el Suyo. Así como, desde el Ayuntamiento, por no tocar el tema de la M30, tan manido, ha organizado campañas sanitarias al margen del Sistema Madrileño de Salud alcanzado altas cotas de falsos diagnósticos. Pero Él tenía que hacer sus campañas. Las Suyas -y las empresas privadas adjudicatarias su caja.

En resumen, que se trata de un tipo que ha hecho siempre lo que le ha dado la gana en beneficio propio. Pasándose por el forro a los ciudadanos, al resto de los partidos e incluso al suyo. Todo con una gran sonrisa, eso sí, y si te vas de borrachera con él no te mete en un lío ni se da de hostias con nadie porque le han mirado mal. Es mu majo. Los medios lo agradecen y la gente lo valora. En su propio partido lo saben. Igual que Cabanellas dijo que si le daban España a Franco en Burgos ya no la iba a soltar nunca, en el PP son conscientes de tres cuartos de lo mismo con Gallardón. Y se maquina y obra a martillazos porque con un tipo así de nada sirven medias tintas. Es su propia medicina.


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17/01/2008: Precampaña

La puesta de largo de la segunda campaña a la presidencia del Gobierno de Mariano Rajoy ha sido un festival a cuenta de la evicción de Alberto Ruiz Gallardón de las listas, colofón a las reiteradas manifestaciones públicas del alcalde de Madrid en las que declaraba su deseo de ir en las mismas para “ayudar” a Mariano Rajoy.

Llama la atención la sorpresa con la que el “gallardonismo” mediático ha comprobado al fin que no, que por extraño que parezca el candidato del PP no estaba precisamente entusiasmado con esas desinteresadas “ayudas”. Y es también bastante cómico el análisis de la prensa “rajoyista”, emperrada en glosar la exhibición de autoridad, una más, llevada a cabo por Mariano, rectificando a última hora listas electorales a golpe de amenazas de dimisión, ahí es nada, de los dos cargos públicos más relevantes del PP (los presidentes de Madrid y de Valencia).

Pero como no es todavía el momento de ponernos a analizar la pugna interna en el PP por suceder a Mariano Rajoy sino de glosar lo que más nos interesa de la precampaña, LPD pasa a comentar la que puede ser la más inquietante de las repercusiones electorales de la decisión de liquidar a Gallardón: una de las bestias negras de esta página, ya desde que se postuló como candidata a la secretaria general del PSOE allá por 2000, la sin par Rosa Díez, puede acabar por lograr su ansiado escaño por Madrid, para lo que necesita mejorar apenas un poquillo los resultados que en su momentos logró Jesús Gil.

El mensaje que la bulla del PP envía a la sociedad, sea coincidente con la realidad o no (eso es lo de menos) es doble: por una parte que Mariano Rajoy tiene montado un follón interno tremendo en Madrid con motivo de que ni siquiera en su propio partido se cree demasiado en su victoria y por otro, sobre todo, que el PP deja de lado un perfil más moderado y centrado (Gallardón, Piqué, Matas…) para abrazar con pasión su versión más ultra, clerical y federico-jiménez-losantiana. Es decir, que quizás haya votantes del PP, de esos que están totalmente de acuerdo con sus postulados en materia de terrorismo y nacionalismo, que acaben pensando que, visto lo visto, ¿por qué no votar a la simpática Rosa Díez y su partido, nucleado a partir de dos ideas fuerza tan caras a la derecha como la caña al nacionalismo y la equiparación de los que negocian con los terroristas con los propios terroristas, como limpio del perfil rancio y clerical del PP?

UPyD es un partido pensado para que las clases medias moderadamente ilustradas, que se sienten cómodas en un mundo de orden como el que tenemos pero que tienen la sensación de que ellos son más listos que la plebe y que los políticos populacheros que ésta elige no están a su altura, puedan votar a alguien que les reconcilie con la imagen que ellos mismos tienen de lo listos que son. Además, dentro de la defensa del orden establecido a todos los niveles, que es de lo que se trata, lo hace con una pátina de modernidad y de centrismo porque, en lo que es revolucionario en España, la defensa del statu quo se hace sin ir de la mano de la Iglesia o de la represión moral. Vamos, que UPyD es un partido para ti, para mí y, en general, para el tipo de gente que hace, lee o gusta de LPD.

Ése es el motivo por el que, pudiendo haber sido un partido que nos hubiera podido atraer (luego eso ya depende, como clase media ilustrada conservadora que somos, con qué perfil concreto nos aliñen el programa), se hace tan duro que se haya decantado no por potenciar sus propuestas de regeneración democrática (muy atractivas para quienes somos parte de ese sustrato ideológico) sino por dos banderines de enganche de una demagogia y arrabalerismo político sólo parangonables a la elección de su cabeza de lista. La imposición de una tránsfuga con una acrisolada trayectoria de búsqueda del discurso político que más conviene a sus intereses coyunturales y que une a sus constantes e interesados vaivenes la desfachatez en la crítica despiadada a quienes piensan como ella lo hacía cuando le convino es probablemente la mejor para defender dos postulados tan impresentables como:
- Los nacionalismos están hiper-representados en nuestro sistema político y hay que cambiar la ley electoral para minimizar su influencia en el Congreso, que deja el país en manos de “quienes menos lo quieren”.
- Con ETA no hay que negociar nada, nunca y sólo existe una vía para acabar con ella: la policial.

Obviamente, gente como Fernando Savater habría tenido problemas para defender semejantes ejemplos de engaño masivo a la ciudadanía como candidato (el primero directamente es un engaño matemático de esos que un niño de 6º de primaria te demuestra en menos de un minuto; el segundo es un engaño típicamente demagógico, por lo que es doblemente chungo, ya que todos nos lo conocemos), por lo que el muñidor de estas ocurrencias, como “experto politólogo” pergeñador de estrategias políticas ganadoras que es tenido en el partido como gran gurú para estas cosas, el tal Gorriarán, ha situado a alguien como Rosa Díez al frente. Pero con ambas decisiones el partido ha desmentido radicalmente, desde el primer momento, las presuntas intenciones de regeneración democrática “para las clases medias ilustradas” que preconiza supuestamente la formación. Y es una pena, porque más allá de estos tres mascarones de proa (dos programáticos y una “lideresa”) hay un programa político que es en gran parte muy atractivo pero que, lamentablemente, no puede servir para nada bueno con semejante presentación y supeditado a estas prioridades.

Ahora bien, a saber si la gallardonada les garantiza los votos mínimos necesarios para sacar uno o dos diputados por Madrid. Lo cual es triste, porque no servirán de nada excepto para conseguir que Rosa Díez siga con su carrera de chaqueterismo político cuatro años más. Y, la verdad, la perspectiva se hace dura.


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