29/05/2007: Resultados de las primarias

Ksiaze, un lector de Chapapote Discursivo, se ha currado un interesante cálculo que, por su valor freak, reproducimos. Se trata de la determinación matemática, a partir de los votos de las municipales, sobre cómo quedaría el Parlamento español si nos tomamos el asunto como lo que es esto (más allá de cumplir el trámite de revalidar en la poltrona a los que mandan en nuestros pueblos y regiones), o sea, unas primarias.

Así que allá va:

PSOE: 145
PP: 144
CiU: 16
IU: 15
PNV: 8
ERC: 6
BNG: 4
CC: 4
PA: 2
PAR: 2
PRC: 1
ANV: 1
NB:1
NCa: 1 (un partido de Gran Canaria, parece)


50 Comentarios

28/05/2007: Por primera vez en siete años, el PP gana unas elecciones

La frase no es mía. Es de Ángel Acebes. Y aquí hay algo que no se entiende, porque se supone que el PP era y es España, por no hablar de la rutilante sucesión de éxitos electorales de que alardeaban sus dirigentes.

Dicho lo cual, hay que reconocer a Ángel Acebes que tiene razón: el PP ha ganado las elecciones municipales. Tiene razón también en que es la primera victoria electoral de su partido desde 2000. Y, probablemente, tiene más razón que un santo en estar como unas castañuelas, dado que se asegura su puesto de trabajo hasta 2008. Algo que tiene su mérito, habida cuenta de que tanto él como toda la plana mayor dirigente del PP son personas directamente asociadas a la gestión de la segunda legislatura aznarista y al esperpento del 11-M. Tras semejante prestación, de las más gloriosas que se recuerdan en el país (y eso que hay competencia), lograr que el PP se mantenga tan sólido a nivel nacional es indudablemente una gran hazaña.

No obstante, dos pequeños, casi insignificantes lunares pueden quitar algo de lustre a la ya asumida por todos como espectacular victoria del PP. En primer lugar, que el manifiesto desequilibrio geográfico en lo que hace a las diferencias en votos entre los dos grandes partidos puede provocar que, respecto a los resultados de 2003, el PP deje de gobernar en Canarias (aunque aquí ya fue largado del ejecutivo por el enésimo cambio de pareja protagonizado por CC), Baleares (de nuevo PP y PSOE habrán de competir por convencer a la inefable María Antonia de que sólo con ellos y no con los otros será como lucirá mejor palmito que nunca) y Navarra (donde Rodríguez Zapatero ha visto que ya no podrá pasar a la historia de España como el que entregó la región a la ETA: ¡los cabrones de los navarros se han adelantado!). Adicionalmente, parece claro que la victoria del PP no se va a traducir en más poder municipal sino en menos, con dos rutilantes excepciones: Madrid y la Comunidad Valenciana, donde la marea contra ETA va más allá de los espectaculares resultados de las capitales y arrastra a numerosas ciudades medias, de gran importancia demográfica y económica, tradicionales bastiones rojos. Así pues, siendo indudable la victoria del PP, también lo es su previsible desalojo de algún gobierno autonómica y de importantes ayuntamientos. Se trata de una victoria, por ello, como mínimo un tanto amarga. No sé si el hecho de ganar por un 0′5% al PSOE en sufragios emitidos compensa, pero la verdad es que ciertas exageraciones de medios de comunicación afines y de los propios dirigentes del PP llaman la atención.

Con todo, es evidente que estos datos dejan al PP en posición de disputar las elecciones generales. Logran una ventaja ligeramente superior (medio punto largo y casi 200.000 votos) a la renta que obtuvo el PSOE (medio punto corto y casi 150.000 votos) en 2003 en las municipales. Es decir, “que están ahí”. Con ser un resultado excelente, que refleja con toda seguridad que la labor del Partido Popular y de su cúpula dirigente ha sido todo un éxito a la hora de fidelizar a su base electoral y ampliar ventaja de manera espectacular en los sitios donde gobiernan, los datos de participación permiten al menos poner en duda que la cosa signifique necesariamente que el PP “esté ahí” en unas elecciones generales. La altísima abstención, reflejo de cierta normalidad democrático-burocrática pero no por ello menos irritante, no es fácil que se repita de aquí un año. Menos todavía si encima la gente tiene la sensación de que los resultados están en el aire. Y es de suponer que este elemento puede tener algún tipo de incidencia respecto de los resultados globales.

Excepción hecha de estos dos nimios detalles (que el PP gana pero previsiblemente pierde varias comunidades y algún ayuntamiento mientras que el PSOE va a mandar en más autonomías y ciudades que antes; que las condiciones de participación en unas elecciones generales suelen ser algo diferentes a las de unas municipales), es comprensible que las gentes del PP anden exultantes. Pero lo es más que nada por comparación a lo que podían temerse que por la concreta prestación electoral realizada. Muy pocos habrían podido pensar el 15 de marzo de 2004 que sus expectativas electorales tres años después serían tan buenas. En paralelo, es significativo el evidente desánimo en las huestes rojo-separatistas (aunque a lo mejor como escribo desde Valencia esta percepción está algo distorsionada, por exagerada, dado que aquí se ha producido un barrido popular en toda regla).

Ahora bien, las lecciones políticas esenciales que se extraen de estas municipales son, en realidad, un poco las de siempre en este querido país nuestro. Y no son enseñanzas que le hagan a uno bailar de alegría:

1. Quien manda, gana. Por surrealista o duro que pueda parecer, estar en la poltrona asegura réditos electorales con visos de eternidad. Entre lo que nos gusta a los españoles que manden los de siempre, lo a gustito que estamos con ellos a poco que las cosas vayan medio bien y la tendencia de la oposición a plantear sus estrategias más a partir de la idea de “aguantar el chaparrón” con tácticas cortoplacistas que otra cosa, cambiar aquí un gobierno regional es casi un milagro. Si nos ponemos un poco exigentes, la verdad es que la estabilidad del mapa electoral autonómico en España tiene tintes grotescos en muchos casos (pueden Ustedes elegir dónde empieza lo grotesco, si en 16 años seguidos, en 20 o en 24, que ejemplos de todo eso tienen para analizar con lágrimas en los ojos y más que tendremos en el futuro). Porque puede darse el caso, muy excepcional, de que unos sean tan buenos y otros tan malos que siempre manden los mismos (en siglas y en personas). Pero, la verdad, no creemos que el Estado de las Autonomías haya producido tantos y tantos dirigentes de espectacular competencia como para que tengamos en España el panorama que tenemos. Como un experto analista político comentaba ayer mismo por la noche, los cambios que pueden producirse, en el fondo, no son sino consecuencia de la unión de muchos partidos en pos de un objetivo común, aprovechando voto antes desperdigado (Navarra, Baleares). Y, aun así, lo cierto es que el PP ha aguantado bastante bien en ambos casos. Sólo Canarias, con su peculiar tendencia a primar a quien gana en Madrid, ha protagonizado un cambio de más amplio calado. Y, mientras tanto, la verbena cántabra, con el PSOE regalando un gobierno autonómico con tal de quitarle el sillón al PP, acaba provocando que los electores pongan al PSOE exactamente donde ellos mismos se pusieron voluntariamente: como tercer fuerza política, dado que la prima a quien manda beneficia sistemáticamente a quien es la cabeza visible, por esperpéntica que sea, de los que gobiernan.

2. El éxito del nacionalismo victimista o el regionalismo del agravio comparativo. Los más espectaculares, porque lo han sido y mucho, éxitos del Partido Popular demuestran que la estrategia sabiamente cocinada y aliñada por el PNV en Vascongadas, por CiU durante años en Cataluña, por el BNG más recientemente en Galicia o por el partido nacional-regionalista de las quejas andaluzas que en esa comunidad se presenta bajao el paraguas electoral del PSOE, tiene larga vida por delante. Gran parte del triunfo de Aguirre (lo de Gallardón parece tener una explicación distinta) o de Camps se fundamenta en haber empleado su poder institucional como ariete contra el Gobierno central a la manera que Ibarretxe ha enseñado al mundo en su estadio más acabado. Los nuevos lehendakaris de Madrid y Valencia han cumplido el guión al pie de la letra: han pedido toda la pasta del mundo y más, han bramado porque se la dan toda a los catalanes (vascos y catalanes dirían aquí “madrileños”), han reivindicado cualquier elemento de su gestión como valiente defensa frente a la agresión exterior y han cruzado el rubicón de empezar a incumplir masiva y sistemáticamente la normativa básica estatal “porque yo, como buen soberanista abertzale, lo valgo”. La vieja idea de la lealtad institucional imprescindible en cualquier estado federal queda así hecha añicos, pero a cambio se consiguen mayorías cercanas al 55% de los votos.

3. Creciente transformación de la democracia española hacia un bipartidismo duro, sólo alterado por el hecho nacionalista. La descomposición general de Izquierda Unida en toda España (excepción hecha de Madrid, donde el PSOE le ha aplicado una eficacísima respiración asistida de nombres Sebastián-Simancas), donde desaparece incluso de históricos graneros de voto como los ayuntamientos de Valencia o Alicante, permite avizorar que la izquierda está comenzando a construir un espacio político equivalente al que el PP tiene en la derecha. Es sumamente empobrecedor desde un punto de vista democrático, pero enormemente rentable para conseguir el poder. Mientras la legislación electoral prime como prima a los más grandes esta tendencia no puede sino acrecentarse, dado que la izquierda no tiene más remedio que articular una alternativa eficaz al modelo del PP de quedarse con todo el voto de la derecha. Izquierda Unida, en la actualidad, es ya un partido casi totalmente marginal, tanto en el debate público español, como en el que se produce en casi todas las autonomías y ayuntamientos. Y, cuando no es así, ello se debe más a consideraciones localistas que a otra cosa. Izquierda Unida ha dejado de ser un partido nacional para pasar a ser una federación de diversos hechos locales con una sensibilidad medio común que les permite ponerse una etiqueta conjunta. El problema es que, en poco tiempo, esto de las etiquetas conjuntas va a ser más una desventaja que algo útil.

4. En paralelo a la desaparición de Izquierda Unida, se consolida por todas partes la emergente fuerza de nacionalismos o regionalismos de toda laya. Se trata, a día de hoy, del único espacio alternativo a los polos de nuestro bipartidismo patrio. Crecientemente desideologizados y especializados en aprovechar a pequeña o gran escala la lógica del agravio comparativo y de la exaltación de las glorias nacionales-regionales-del pueblo como único argumento político, su crecimiento depende de las circunstancias favorables (que la región sea históricamente levantisca, que tenga una ley más permisiva con las minorías, que puedan tocar poder de rebote y asentarse a partir de ahí, que la oposición del PP o del PSOE al gobierno de turno sea especialmente patética…) y de la gracia para aprovecharlo. Florecen aquí y allá con mayor o menor profusión y se han convertido en la única alternativa a PP y PSOE. Así de triste. Como compensación, permiten al menos ciertas alegrías dado que su política de pactos permite llegar a acuerdos con todo el que les prometa lo suficiente. Siempre y cuando, eso sí, que les permitan quedarse con el monopolio de la queja ante el maltrato, que en esto difícilmente admiten competencia. BNG, PNV, CiU, Unió Mallorquina, Bloc Nacionalista Valencià, Partido Aragonés, Partido Andalucista… tienen acreditado que cualquiera de los dos grandes polos puede contar con su apoyo. Lo cual les convierte en si cabe más importantes y es, a la vez, un factor clave de supervivencia (de otra forma, acabarían abducidos por el polo electoral correspondiente). De alguna manera, se trata de una manifestación más de la pobreza de la democracia española. No sé si la más triste, porque hay para elegir, pero sí de una especialmente dolorosa. ¿Queremos una democracia y un sistema electoral que primen eso de estar ahí o allá, con la única alternativa de ponerte en plan “orgulloso de ser de Fuentetaja del Tremedal”?

5. La estrategia política nacional de los dos grandes partidos infecta de manera bastante opresiva las campañas municipales y autonómicas, incorporándose a los datos ya apuntados. Lo cual permite, al menos, hacerse una idea de cómo van las cosas a unos y a otros, en términos de respaldo ciudadano. En estos momentos, parece que la estrategia “De Juana Chaos - Batasuna en las listas - España se rompe y ZP es el culpable” del Partido Popular tiene viento en las velas. Por el contrario, aumenta la presión para una rectificación del PSOE sobre su orientación en estos asuntos. Navarra será el lugar en el que se visualizará cómo deciden los chicos de ZP resolver el dilema. Ya veremos. La estrategia del PP, de altísimo riesgo más allá de fidelizar a sus votantes de forma muy eficaz, es de enorme mérito si se corresponde con una idea de España sentida en verdad como la predican. Y que, en consecuencia, están dispuestos a llevar a término hasta sus últimas consecuencias. Y es de enorme mérito porque tiene pocos visos de ser electoralmente rentable, máxime cuando, si coherente, sólo le permitirá gobernar con mayoría absoluta. Si se ha tratado, en cambio, de un show demagógico para agitar los demonios ultras de los españoles (algo que quizá tengan ocasión de demostrar dentro de un año, caso de que estuvieren otra vez en disposición de gobernar a cambio de ponerse tiernos con uno o varios hechos diferenciales y tragarse el Estatut de Catalunya del primer artículo a la última disposición adicional), habría de merecer un juicio muy negativo por parte de cualquier persona que quiera al país, a los ciudadanos y al debate político. Por lo que respecta al Partido Socialista y su silente líder, estaría bien que un día de estos demostrara con hechos que cree sus entusiastas declaraciones sobre la madurez democrática de los españoles y planteara claramente, como si los españoles fuéramos mayorcitos, qué es lo que cree en el fondo que conviene hacer con la economía, las desigualdades sociales, la orientación productiva de nuestras labores o el culto al ladrillo. Un día de estos, también, incluso, podría decir qué es lo que cree en el fondo que es mejor para resolver el asunto vasco. Y así daría satisfacción al PP pero también a todos los que creemos que la política en un país democrático exige que estas cosas se comenten con un mínimo de respeto a la inteligencia de la gente. Lamentablemente, mientras se sientan electoralmente tan seguros como hasta ahora, hay pocas probabilidades de que así sea. Y, lo que es todavía peor, como interpreten esto de la primera victoria del PP en siete años (¡fíjate tú que, escuchando a Acebes o leyendo la prensa, ni nos habíamos enterado de que llevábamos tan larga sequía!) como un aldabonazo serio, es de temer que nos lancemos por la vía del show demagógico en una versión buenrollista que puede ser bastante asquerosa.


135 Comentarios

25/05/2007: Mi familia es la Legión

Se irritan los conservadores españoles por la publicación del libro “Retratos de familia: miradas a las familias españolas del siglo XXI” por parte del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Se trata de de ciento treinta fotografías acompañadas por breves textos de varios autores entre los que destaca el célebre cronista y crítico de pornografía tan querido por esta página, Joaquín Leguina. La obra le ha costado 45.000 euros al Estado español, el que a todos nos quiere, el que a todos nos cuida. Y fue presentada antes de ayer en la Biblioteca Nacional, una pequeña formación arquitectónica que al modo de los moluscos en el pilar de un puente, rodea la por todos conocida Bandera de Colón. La directora de dicho mejilloncito cultural, Rosa Regás, explicó junto a la secretaria de Estado de Servicios Sociales, Familias y Discapacidad, Amparo Valcácel, de que iba la movida: una iniciativa consistente en mostrar cuál es la realidad familiar actual, una institución esta que partiendo de un modelo “tradicional, rígido y basado en la obediencia” es ahora “polimórfico”.

Estas familias “polimórficas” son las familias de hoy, “estructuras emergentes” o “situaciones de convivencia”. Tal y como dicen que muestra la obra (que no la he visto): parejas de homosexuales, parejas con hijos adoptados, familias de acogida, hogares monoparentales, familias unipersonales (!) y sujeto con perros, gatos y demás animales domésticos o domésticos porque a ti te apetece decir que una pitón es doméstica.

A esta propuesta, postura o forma de ver qué es una familia hoy día, el diario ABC dedica su editorial de hoy “Familias sin adjetivos”. En él se dice que calificar como familia a un grupo de seres humanos que deciden vivir juntos es un “dislate”, que seguramente proferirá la directora de la Biblioteca Nacional porque le da gustera eso de “desbancar” a la familia de padres e hijos. También cuenta que Rosa Regás se puede ir jodiendo porque según los datos oficiales la familia de padres e hijos es la mayoritaria en nuestro país. Y deduce que, por lo tanto, la inversión en esta publicación sólo sirve para “acelerar la imaginaria crisis de una institución que, hasta ahora, se ha llamado siempre familia, sin adjetivos”. Para después enumerar las virtudes de la familia de siempre: “Es una institución capital para transmitir valores cívicos y morales, reforzar la estabilidad emocional y cuidar a los enfermos y ancianos. Permite también a los jóvenes, muchas veces con gran sacrificio económico de los mayores, vivir en el hogar paterno ante las dificultades para acceder a una vivienda propia. Cuando fracasa la vida familiar, el individuo pierde una referencia vital y un espacio donde priman el cariño y la comprensión como formas básicas de convivencia”. Y, finalmente, concluir, que “no es por tanto, una más entre otras fórmulas voluntarias para organizar la vida de cada cual”, sino que es, digo yo que querrán decir, La Verdad, el Fútbol Club Barcelona… algo más, algo por encima de.

Por otra parte, Josep Ramoneda, comentando en El País, también hoy, el significado de las revoluciones de 1968, hace una referencia a este asunto de la familia, pues según dice, sin 68, un detractor del 68 como Sarkozy, sería impensable que se pudiera presentar hoy a unas elecciones a juzgar por el número de divorcios que ostenta en las vitrinas de su sala de trofeos.

Hechas las presentaciones, con la autoridad que me otorga haber arbitrado un partido de fútbol sala en julio de 1996, yo, como corresponsal de LPD en la Meseta, digo:

1- De nuevo nos encontramos con que ni la ETA, ni Al Qaeda, ni el mismísimo Satanás, los mayores problemas políticos de España vienen de la mano de los filólogos. Que si la unión entre dos hombres no es un “matrimonio” etimológicamente hablando por mucho que uno sea pasivo y otro activo así que te saco no sé cuántos mil tíos a la calle, o en un sentido contrario, que yo, aquí, ahora, tumbado en el sofá, con este tercio de Mahou y estas olivas en manzanilla formamos una familia, sí, qué pasa.

2- La familia no es ninguna tontería. En los primeros pasos de la Unión Soviética se trató de establecer un modelo de sociedad urbana formado por individuos, no por familias, a fin de hacer al ciudadano más permeable a la propaganda y que la comunicación e información (las consignas, vaya) fuesen del estado al sujeto sin pasar por ese filtro-mampara tan engorroso que es la familia. El resultado de esta política fue un aumento descomunal del número de abortos y un desparrame en los índices de criminalidad causada por bandas juveniles de desarraigados a un estilo Dickens Soviet Hard Line. Gracias a este gran éxito, se tuvo que dar un giro radical a esta política con la correspondiente mega campaña de apoyo a la familia y sacralización del cabeza de la misma con tal de poner orden y asentar un sistema que hacía aguas sobre algo estable de una vez por todas. El resultado fue que Stalin se conformó finalmente con edificar hogares en el que cada cuatro familias compartían la cocina para eliminar la intimidad familiar, sembrar inquietud y desconfianza y poder así mantener un control efectivo sobre la población. Los comunistas rusos podrían ser malísimas personas, pero si veían grandes extensiones del terreno completamente mojadas decían rápidamente que ahí había llovido. No eran tontos. Y si arremetieron contra la familia en un principio es que, tal y como dice el ABC, ésta puede ser un garante de la transmisión de ciertos valores, un abrigo moral, anímico y la de Dios es Cristo para el individuo y una defensa de la sociedad contra los totalitarismos. Claro que sí, pero del mismo modo que, cuando vieron que no chutó el invento abordaron el asunto en sentido inverso, es decir, encumbrando la familia, también se podría afirmar que ésta también puede servir como vehículo para extender la primera porquería que el Caudillo de turno encuentra tirada en el estercolero que es su mente, siempre que la tenga en cuenta. Así que menos valores Caperucita.

3- Javier Aizpiri, psiquiatra vasco, experto de la Organización Médica Colegial en adicciones, dice que la incomunicación y por tanto ruputura de los vínculos que unen una familia, además del techo bajo el que viven, es una de las principales causas de la creciente tendencia a la adicción en el consumo de drogas que se observa en la juventud actual. En este sentido, explicó hace unos meses en un congreso en Madrid que, entre otros muchos problemas, las familias que ven la tele en las comidas, o a lo sumo, las que comen cada uno en su habitación con su tele personal, son ETA, la incomunicación, la primera piedra de un nuevo mundo acultural por el que se cuelan las adicciones como si de un arco defendido por el guardameta Pichu del Atlético de Aviación se tratara.

4- Cabe deducir a la vista de estos hechos, que más allá del debate sobre las virtudes de la familia tradicional de toda la vida de Dios y las de la interpretación semántica más amplia, o laxa si se quiere, que hacen del término las baronas socialistas, lo que de verdad prima a la hora de transmitir valores que hagan de la convivencia un espacio en el quepan cuantos más mejor lo más cómodo posible no es otra cosa que la educación y crecimiento interior y cariño que pueda adquirir y recibir el sujeto en su etapa de formación. Que luego éste llegará mejor por medio de la pulverización de los capilares faciales a causa de los pellizcos de la abuela o se alcanzará antes durmiendo desde edades tempranas con una iguana enroscada en el ciruelo, que lo digan los sociólogos y psicólogos, a poder ser, en inglés, para que les hagan más caso.

5- Dado que el mundo tiene la fea costumbre de avanzar en todos los aspectos y que todos están interrelacionados, la pinta que tiene esto (guerras de religión y apocalipsis venideros al margen) es que, para disgusto del ABC y afines, esta cosmología que describe el dichoso libro cada vez será más común y estará más extendida, no más que la familia de siempre, que no tiene por qué diluirse en las aguas de una sociedad sodomita y batasuna, ni dejar de ser la vía mayoritaría. Porque hay algo que deberían entender los conservadores y es que lo mismo que la familia está muy bien, también puede ser un entorno no escogido del que el individuo no desee más que huir lo más lejos posible. Que hay casos. Yo sé de unos pocos millones.

Enumerado este pentágolo, sólo quedaría remitirse a los inventores de la civilización, los primeros españoles, allá, en la Grecia Clásica. Los griegos dieron las primeras trazas que estructuraron el funcionamiento de la sociedad que conocemos. Ya, incluso hace tantos años, tuvieron que enfrentarse al problema de la viabilidad de la familia de toda la vida de Dios antes de Cristo. No en vano, la que tenían allí montada con las “estructuras emergentes” de convivencia era de traca: más de la mitad maricones, un cuarto tullidos de guerra y el resto filósofos (del pre-griego clásico: dícese del que no folla). Es por ello que con ese gran talento para la improvisación de los pueblos mediterráneos, inventaron el ágora, sobre la que se asentó y articuló su sociedad, que es la nuestra, pues hasta en la morfología urbana de nuestras ciudades se observa una estructura radial en torno a la plaza (ágora) o punto de reunión, de encuentro, del populacho, al contrario que las anglosajonas, rigurosas cuadrículas, o las musulmanas, donde la calle es el espacio que a la buena de Dios queda entre las casas. Los latinos somos así, somos seres unos, pero uno con un ágora. Así pues, no hay más que hablar, si el ABC quiere defender estructuras sólidas que sirvan para la transmisión y perpetuación de los valores eternos e incontestables que dan lustre, esplendor y superioridad en lo emocional a nuestra civilización cristiana, mediterránea y latina por encima de todas las demás, crear nucleos de calor humano, bunkers anímicos que además sirvan para depositar cuidadosamente a los ancianos más contentos que la chorra y crear una alternativa a la vivienda, que haga frente común patriótico con una sola reivindicación, que unan sus gargantas a un solo grito: ¡más bares!


16 Comentarios

18/05/2007: De Madrid al váter

Si se pudiera poner un ejemplo claro y conciso sobre en qué consiste que un político trate a los ciudadanos como si fueran completamente subnormales, ese ejemplo es la Comunidad de Madrid. Como yo voy por la calle y no veo que mis conciudadanos sean subnormales, pues hablas con ellos y contestan con agrado, suelen ser serviciales y es normal entablar una conversación con un desconocido en un bar con niveles de cortesía y buen humor bastante elevados (omito hablar del asfalto y lo que acontece verbalmente entre los enemigos del pueblo que pasean su tonelada y media de hierro per capita a causa de su independencia e imaginería de su prosperidad económica). Así que si los madrileños no son subnormales, aquí pasa algo raro.

Esperanza Aguirre hizo del eje de su campaña en las elecciones anteriores el tema de las listas de espera quirúrgicas, las cuales, prometió, reduciría a treinta días y si no lo lograba, dimitiría, porque ella era mujer de palabra, cumplidora, etcétera. Por si alguien estaba despistado o no se había percatado de lo maravillosa que era Esperanza, ya en el Gobierno, con el dinero de los madrileños se pagó unas campañas publicitarias para subrayar su proyecto: profusión soviética de carteles con el epígrafe “soy yo la de las listas de espera que voy a reducir” en todos los centros de salud.

Al final de la legislatura, hemos sabido todos, rojomasones y fascistas meapilas, porque es indefendible sostener lo contrario, que lo de las listas era una filfa. No sólo no se han reducido, sino que han aumentado. Y encima, lo que se hizo, la tan cacareada medida maravillosa, no era otra que cambiar el sistema de contabilización de las listas pasándose por el forro el Real Decreto que lo regula en el resto de las CC.AA. y pagándole con el dinero de los madrileños a una empresa para que los cuente con un sistema asombroso que sí, en efecto, dice que las listas se han reducido a lo prometido. Qué suerte. Igual que un cuento de princesas.

Como el consejero de Sanidad se pavonea de estos datos y la oposición dice que son una burda manipulación, lo suyo es buscar un juez imparcial, y nos encontramos que en el Sistema Nacional de Salud los únicos datos que faltan, es decir, en donde están los datos de todas las Comunidades, ya sean rojomasonas, fascistas meapilas y rompedoras de España, sólo faltan única y exclusivamente los de Madrid por no acogerse al método que emplean todas por Real Orden para calcular las dimensiones de las listas de espera. La policía, cuando ve una colilla dice: aquí han fumado. Y lo dice porque la policía no es tonta. Es por eso que a los madrileños se nos toma por subnormales. Porque no decimos nada.

Pero, como decía, yo no veo que lo seamos. Luego lo que se deduce es que pasamos de todo. De lo referente a la política por lo menos. Nos agobiará, qué sé yo, es un coñazo pensar en estas cuestiones: déjame, no me marees, estoy aquí a gusto leyendo a Schopenhauer y ahora ponen en la tele el resumen del Concilio Vaticano II, no me vengas con listas de espera pinchauvas, pesado, tíobrasas.

Los políticos tienen gabinetes para percatarse de este tipo de emociones. Y así habrá obrado el gabinete de Sebastían, el tipo que se presenta a alcalde de Madrid para, según dicen los que entienden, cobrarse el ridículo con un ministerio en la próxima legislatura socialista en el Gobierno de España. Al candidato del PSOE le habrá pasado su gabinete un informe en el que se explicaba que si al pueblo de Madrid le han llamado subnormal en la puta cara y no hay montado un escándalo de dos mil pares de cojones en toda la Comunidad, reducidos al ámbito municipal mejor no esforzarse mucho en la campaña contra Gallardón porque, como se ve, nadie está por la labor de pensar mucho.

Así pues, la campaña de este hombre se centra en faraonadas, hacer peatonal la Gran Vía; proyectos no tan viables como parecen a simple vista, Wifi pal pueblo; promesas estratégicas para el dos más dos son cuatro de los votos, quitar los parquímetros de Fuencarral, Hortaleza, Carabanchel y parte de los de Tetuán y Arganzuela; basura y mentiras, vivienda para jóvenes, más transporte público; y la emoción y alegría de los mejores goles de los Mundiales: Gallardón tiene una putita.

Gracias al debate del otro día los madrileños nos dimos cuenta de que, además de elecciones próximamente, parece ser que antes tiene lugar algo que se conoce como campaña electoral. En la televisión, Sebastián alzó una revista con la fotografía de una mujer. Dijo que esa señora estaba imputada en el caso Malaya y le preguntó a su oponente si había tenido alguna relación con ella añadiendo al final de las subordinadas “en lo referente a adjudicaciones y todo el copetín”. En esos escasos segundos, yo, que soy un auténtico pornógrafo voraz, bulímico, pensé que le habían jodido a Gallardón porque habría hecho alguna adjudicación, recalificación, subvención o vete tú a saber qué tejemaneje o apaño con esa señora. Pero Gallardón me sacó rápido de dudas, dijo: “no voy a hablar de mi vida personal”. Es decir, traduzco: “Me la estoy follando”.

Hasta que Alberto no abrió la boca a mi ni se me había pasado por la cabeza que se tratase de un tema relativo al ufano pene casquivano del alcalde. Pero helo ahí. Después ya nos hemos enterado muchos de que esta relación había sido destapada por un par de revistas hace meses y tal y cuál. Así como también hemos leído que supuestamente esto es una especie de venganza rastrera de Sebastián por las basurillas que se cuentan de él en relación al BBVA, el tal Conthe y San Dios, acusaciones elaboradas con cero coma cero pruebas.

Asimismo, parece que lo relativo a Gallardón y esta mujer aparecido en el sumario del Caso Malaya no tenía nada que ver con delitos y, de hecho, al hacerse éste público se omitieron sus conversaciones telefónicas por no tener relación con el caso. Y aunque así fuera, la forma de preguntar revista en mano del candidato socialista distaba mucho de lo que se entiende por un debate político para zambullirse de cabeza en los usos y costumbres de las tertulias televisivas del corazón, fascinantes hará diez años por la novedad y su violación de todos los límites cada semana en progresión geométrica, y también un rollo a día de hoy porque de todo se cansa uno en esta vida, hasta de que le chupen la polla.

Estos días de campaña y precampaña en Madrid han sido y son para venir y contarlo, como el País Vasco. Redadas en los bares, estos con la música al uno mandando callar a los clientes para que por favor no alcen la voz, indentificación de viandantes de color de tostado a negro tizón en todas las esquinas -una de éstas abofeteando públicamente al moreno la vi yo con estos ojos en la estación de Avenida de América- cuatro mil quinientas inauguraciones -en las pasadas elecciones fueron bibliotecas sin libros, este año parece que se han decantado por hospitales con incubadoras de atrezzo y enfermeras de profesión real figurante y modelo- y encima, rematando la infamia, especificando que no se trata de inauguraciones, sino de visitas oficiales de “obras culminadas”. Un desparrame es lo que es esto.

Y en todo este remolino de falsedad ha brotado como flor de mayo una bola de mierda y se ha ido a estampar en la cara del único político que si por algo se ha destacado en su carrera es por su educación y buenas maneras hasta la nausea. El mierdoso acontecimiento, como era de esperar, ha generado una reacción en cadena muy esclarecedora del nivel moral colectivo. Por ejemplo, Joaquín Leguina en el ABC titula una espectacular e histórica columna “Un debate convertido en telebasura” y nos informe de “una norma no escrita proscribe hablar en público acerca del gusto, de las desmesuras eróticas y, en general, de las prácticas sexuales de los adversarios” todo esto afilando la pluma y cargando las tintas, todo esto, señoras y señores, a cargo del autor de generoso en epítetos editorial de El País sobre el video de Pedro J. Ramírez. Y tampoco estuvo mal ayer Hora 25 -reciba Carlos Llamas un abrazo de mi parte por su pronta recuperación- donde se dijo que las principales víctimas de esto eran los familiares de Gallardón. Pues no. Tampoco. La víctima principal y más importante es Gallardón. Punto. En fin, que visto lo visto, hasta donde hemos llegado y lo que tenemos que tragar, sólo una petición: queremos más.


73 Comentarios

06/05/2007: Plebiscito Sarkozy

Nicolas Sarkozy élu à la présidence de la République à une large majorité

El resultado de las elecciones francesas es, simplemente, espectacular. No sé si tanto como la primera vuelta de la Presidencial de 2002 del ridículo de la “izquierda de verdad” que acabó votando masivamente a Chirac pero, eso sí, se dio a sí misma una lección de integridad ideológica en la primera vuelta y el gustazo de hacerse una fotito mientras, como cada 5 años, montaban su ritual trotskista para luego irse de copas con los amigos. Porque las masas acudiendo a las urnas por decenas de millones, las masas en las calles cantando la marsellesa y blandiendo orgullosos y felices banderas tricolores, la verdad, acojonan desde una perspectiva española. Eso por no hablar del escalofrío que nos recorre si abandonamos las huestes de Ségolène y nos vamos a las concentraciones del bando ganador, donde reina una alegría irreprimible, tanta que, incluso, durante unos días dejarán de hostigar a la escoria árabe, negra y pobre.

Ocurre que, lamentablemente, este último comentario es ventajista y chorramente estúpido. Pero algo hay que decir con tal de tirar mierda sobre Sarkozy que, dada la plana, planísima, campaña de la izquierda francesa, era la única forma de tratar de evitar o contener el efecto Sarkozy. Una campaña basada en explicar que Sarkozy es malo es totalmente absurda, dado que todo el mundo, incluyendo los fraceses, son conscientes de que es un hijo de puta. En el mejor y más francés sentido de la palabra, por supuesto, no se nos vaya a ofender nadie de la ultraderecha española alegando que insultamos y con ello les jodemos su monopolio para juzgar las características morales e intelectivas de los políticos. Pero la cuestión, sobre la que su trayectoria personal y política permite que haya pocas dudas, pasó hace tiempo a un segundo plano: el mérito, más que de Sarkozy, de la izquierda francesa, es que este hecho ha quedado amortizado, dado que, por muy impresentable que es el tiparraco, también es el único, el muy hijoputa, que plantea alternativas, que tiene un programa político, que propone medidas y expone sus sombras junto con sus luces.

Cuando en esta página analizamos las prestaciones televisivas de los diferentes candidatos, ya señalamos que Sarkozy era el único que se lo curró de manera respetuosa con la inteligencia de los espectadores y de los ciudadanos. Que lo hizo con claridad y con la pura apariencia de sinceridad que da siempre un tipo que se dedica, en vez de a regalar los oídos de la concurrencia, a plantearles sus ideas, en ocasiones opuestas a las de su interlocutor. Por duro y difícil que pueda sonar. Como es obvio para muchos biempensantes, lo que nos ocurría era claro: también a nosotros nos había invadido el espíritu de Le Pen, como a tantos y tantos franceses. Sólo de esa manera se explicaba que, frente a la chunga manipulación de las emociones y de los sentimientos en que ha basado Royal su campaña, nos pusiera cachondos la manera en que Sarkozy, de quien no tenemos dudas sobre su catadura ética pre-kantiana y sobre la pobreza de su argumentario político y limitadísima comprensión de la importancia de la solidaridad, afrontaba las elecciones. Pero es que, lo sentimos:

- Sarkozy ha comprendido que en Francia sólo se gana una elección desde la oposición y ha logrado lo increíble: estar en el Gobierno 5 años y presentarse encarnando la reforma, frente al inmovilismo y la continuidad representada por Royal.

- Ha entendido que a los franceses sólo hay una cosas que se la pone más dura que mirarse el ombligo y quedarse extasiados: pensar que los demás les estamos mirando su cuerpo macizorro y lo hacemos encantados. Frente al rollete “vamos a seguir a Zapatero y a Europa” de Ségolène, Sarkozy ha montado la campaña a partir de dejar claro que va a montar un show “à la francophone” en la Unión Europea, dejando claro que, o les hacen casito y les pagan más pasta para cuidar vacas y tener los pueblecitos rurales maqueados, o se las verán con una Francia más puñetera si cabe.

- Sarkozy, además, ha tenido el encanto siglo XXI de creer que las elecciones en estos tiempos, con medios de comunicación y votantes alfabetizados, no se ganan sólo así, sino que conviene que además la gente piense que, como poco, el candidato “hace como que tiene un programa”, con algo de entidad, y que cree en él.

En el otro lado, la izquierda francesa ha jugado la carta del buen rollito, con la esperanza de que la imagen de Sarkozy bastaría para vedarle el acceso al Elíseo. O su enemistad patente con Chirac. Cuando es todo lo contrario. Pero tampoco es cuestión de hacer demasiada sangre porque la izquierda francesa avanza: Esta vez no se han sentido obligados a votar por Chirac. Les ha bastado con dejar el camino expedito a Sarkozy. A lo mejor, en cinco años, despiezada Ségolène por la vieja guardia, los edecanes que guardan las esencias logran que vuelvan algunos apoyos mediáticos e intelectuales mientras pierden otros cinco millones de votos.


53 Comentarios

01/05/2007: Buscando a Superespañol

Antena 3 va a emitir este mes de mayo un programa en el que se entronizará al “Español de la Historia”, a partir de un listado de cien finalistas (imagino que realizado por la propia cadena) del cual, previa votación del dilecto público (puede votarse aquí), se seleccionará al agraciado. Se trata de un programa que ya se ha realizado en otros países, y con los resultados previsibles: Portugal (Oliveira de Salazar), que por aquello de que era un dictador y tal como que ha resultado un tanto polémico (yo habría votado a Emrique el Navegante, pero ellos sabrán); Francia (Charles de Gaulle, comme il faut); Gran Bretaña (Winston Churchill), EE.UU. (Ronald Reagan; ya me veo a todos los liberales conectándose compulsivamente a Internet y votando para que no saliera el rojo de Lincoln) y Alemania (Adenauer; qué morbillo votar en Alemania, ¿eh? Aunque seguro que se agarrarían cual clavo ardiendo al lugar de nacimiento del Führer para no incluirlo y que el público tuviera que conformarse con Hegel).

En España partimos con un doble handicap que no por conocido conviene resaltar menos: el patetismo inherente a España y sus personajes históricos y, sobre todo, el patetismo inherente a Antena 3 y la preselección que ha realizado. Vean, vean qué perlillas ha seleccionado Antena 3:

- Pedro Duque. Sí, Pedro Duque, el astronauta. Seleccionado en “Científicos”, con un par. Que, hombre, está claro que científicos en este país no es que haya muchos, pero… ¿Pedro Duque? ¿No podrían haberlo puesto, al menos, como personaje de la farándula?
- Alejandro Sanz, David Bisbal, Isabel Pantoja, Rocío Jurado. Todos ellos en “Espectáculo”, categoría que en un país con un mínimo de dignidad sencillamente no debería ni existir, y aquí es una de las más nutridas. Pero no la más nutrida, pues esa es…
- Deportes. Es casi candoroso que un país que nunca ha jugado la final de un Mundial y que hasta hace bien poco hacía el ridículo en todas las Olimpiadas se considere a sí mismo una potencia deportiva (aunque ahora, desde hace como mucho quince años, sí lo sea). Sobre todo desde el punto de vista de la inclusión de deportistas en un listado que se supone histórico. Luego pasa lo que pasa. Hay cinco futbolistas, de ellos cuatro, cuatro, del Real Madrid. El Más Listo de la Clase, naturalmente, está ahí. Y oigan, desde cierta perspectiva incluso parece adecuado. Sobre todo cuando El Más Listo está acompañado por ases de otros deportes, como Paco Fernández Ochoa y su medalla de oro o Carlos Sáinz (¡venga, voten a Carlos Sáinz y nos echaremos unas risas!).
- Una categoría que también es divertida es “Empresarios y Emprendedores”. Sobre todo por asociar la voz “Emprendedor” a unos seleccionados que, en la mayoría de los casos, emprenden lo que emprendieron sus padres y abuelos, la clase alta española, Ustedes ya saben. De todas maneras, si se trata de evaluar el influjo que tienen o han tenido en España, tiene su lógica que esté Ramón Areces, que puso El Corte Inglés a disposición del ser humano, o Emilio Botín y sus buenas relaciones con cualquier Gobierno que se precie.
- Como hablamos de España, no podía faltar un apartado de “Iglesia y Religión”, aunque sólo con cuatro integrantes. Entre ellos San José María Escrivá de Balaguer. Que, justo es reconocerlo, se merece la inclusión en el concurso por méritos propios.
- La categoría más indignante, con todo, es “Política y poder”. Se justifica por su separación de lo que podríamos considerar figuras que ya forman parte de la historia (porque están muertos, a veces desde hace siglos, como Isabel la Católica o El Cid). Pero lo increíble es quién está seleccionado en ese apartado. Los cuatro presidentes del Gobierno “importantes” (todos menos Calvo Sotelo), Jordi Pujol, Santiago Carrillo, incluso Juan Carlos de Borbón, tienen toda la legitimidad histórica para estar en un listado de estas características, pero atención a la droga dura que nos proporciona Antena 3: “Reina Sofía”, “Felipe de Borbón” y “Doña Leticia”. Con dos cojones. Habitualmente, cada vez que uno cree imposible superar la babosa genuflexión con que tratan los medios de comunicación españoles a la Familia Real, una insufrible boda o el nacimiento de un nuevo parásito nos sorprende. Pero esto va más allá. ¿Por qué motivo, exactamente, se supone que deberían estar “Doña Leticia” o el Principito en un listado de tal guisa? ¡Que no han hecho nada aún, por Dios! ¡Ya tendrán tiempo de mandar y dar el coñazo más allá de las revistas del corazón! ¡No empecemos tan pronto! ¡Puede que hace 2000 años la fecundación carente de coito fuera un milagro, pero ahora la ciencia ha avanzado que es una barbaridad!

Por si esta selección tan netamente española no les pareciera bastante, piensen en quiénes no están. No está Benito Pérez Galdós, por ejemplo. Hay una carencia de personajes históricos fascinante, y no sólo porque “España”, a los efectos, comience, en opinión de Antena 3, con Don Pelayo (es decir, que no hay nadie de la época romana ni –por fortuna- de la visigótica). Sino, sencillamente, porque asumido el criterio “Don Pelayo” aparecen carencias que no hay por dónde coger. Por ejemplo, no está Fernando el Católico, ni Fernando VII, ni Cánovas del Castillo. Los moros, por supuesto, no existen y no son españoles. Olvídense de Abderraman III o de Almanzor (y olvídense de Averroes, total, para un filósofo con cierta incidencia internacional que podemos acreditar). Esto ocurre, fundamentalmente, porque la selección de “El Español de la Historia” ha sido hecha con criterios de lector de revista del corazón, y punto. Y después pasa lo que pasa. Que a no ser que la generación papichulo vote a Bisbal en masa o los periodistas españoles lo hagan por Doña Letizia, en la práctica no habrá más de diez, veinte a lo sumo, candidatos “reales”. Entre ellos, como bien habrán adivinado, el Caudillo. Tentado he estado de votarlo, entre otras cosas porque sin duda el Caudillo es una de las opciones más solventes, si de evaluar a los españoles con mayor repercusión en la historia se trata. Al final lo he hecho por Hernán Cortes (con un par), pero no me digan que el Caudillo no les pone. ¡Un ridículo aún mayor que el de Portugal! Pero si hay que hacerlo, se hace: todo para evitar el descenso de Doña Letizia al bárbaro abismo televisivo del que procede.


200 Comentarios