Llamó la atención que Lorenzo Milá en “Tengo una pregunta para usted” sacase el genoma fraterno, esa vehemencia satisfecha que raya la pura y llana idiotez, para pedirle al único espectador que estaba tratando de plantear una cuestión mínimamente compleja que abreviase su pregunta a Carod Rovira, todo un animal político, por si no lo conocen, creado por el Doctor José María Aznar.

Por abreviar, la verdad, podría haber abreviado el propio Lorenzo. Para lo que ofreció en su programa, para las preguntas que se seleccionaron y los sujetos que las hicieron, hubiera bastado con un video clip elaborado por el excelente equipo de producción de TVE en el que se encadenasen flashes como: la putrefacción al sol de un burro muerto, un adolescente mirando a los lados para ver si viene alguien mientras toquetea afanoso la vulva de una oveja y se baja la bragueta, un vagabundo desorientado gritándole a las palomas girando sobre si mismo amarrado a un brick de vino y, a modo de conclusión, el plano contrapicado de un anciano abandonado por todos sus familiares en una gasolinera que se adentra en el páramo resignado para morir de inanición. Todo ello con los tradicionales acordes de Ry Cooder de Documentos TV que fueron BSO de una película muy recomendable para ahondar en estas sensaciones estomacales: Paris, Texas.

En un mundo idílico e inalcanzable, soltar a un político en un ruedo para que le pregunten por su rechazo al Estado español en términos balompédicos, como a modo de amenaza para ponerle en un brete por si acaso el hombre tiene un nivel y contesta métase el fútbol por el culo por dios, y tras preguntar ese ciudadano de a pie que sea jaleado y aplaudido por la plebe allí congregada, eso hubiera sido un reallity show y se hubiera llamado Circo Romano.

Es un fracaso del periodismo entendido a la manera idílica e inalcanzable que este hombre no pueda ser entrevistado por profesionales de la información preparados para separar el grano de la paja, pincharle donde hay que pincharle y dejarle que se guste cuando se merece metros. Pero, claro, eso sería un coñazo. Lo suyo es el acuñado en los noventa modelo Pilar Rahola discutiendo con Skin Heads, un cura y Rappel en un “debate”. En cualquier caso, yo poco puedo decir, que llegué a casa soñando con ver un par de capítulos de Sekachu, un culebrón adolescente japonés, y me atrapó traicioneramente el bigote de Rovírez. Por lo que tampoco tengo ni idea de si esto es norma o excepción.

El caso es que este hijo del Cuerpo, por momentos, o por lo que yo vi, no le andaba a la zaga a algunos espectadores. Se equivocó en la cuestión gibraltareña. Sí estrechamos lazos con ellos. Son miles las empresas españolas que sitúan allí su sede social para robarnos a los españoles en general y a los andaluces en particular. Si eso no es fraternidad que venga Dios y lo vea. Luego pronunció País Valenziá, con una zeta castellanoaragonesa que algunos vimos taxis negros con raya roja cruzando el aura a toda velocidad en el metaespacio cosmológico. Y después se resarció con lo del nombre. Gracias al celebérrimo pueblo castellano leonés, que por algún casual, cosas que pasan, sus representantes pensaron que estaban agarrando al sistema por los huevos dirigiéndose a Carod por su nombre traducido al español.

El aroma de los mejores cafés

Pero que los burros rebuznen no es noticia. Lo interesante fueron las afirmaciones de Carod en las que subrayó que él no es nacionalista. Y que el problema del que vive es todo ello culpa del nacionalismo español. Recuerda, por citar un ejemplo cercano en nuestros días, a cuando la Iglesia se opone a la Educación para la Ciudadanía porque es adoctrinadora y enarbola banderas de libertad. Carod, segundos después, con total indulgencia, habló de cultura e historia común con Baleares y Valencia, pero no con los demás. Hay que tragarse que Carod Rovira diga por dos veces que él no es nacionalista. Se le escapó la risa al hacerlo, eso sí, como no podría ser de otra forma. Tampoco está tan loco.

Lo que más se echó de menos en una oportunidad como ésta es que alguno de los titanes congregados Dios sabrá con qué criterio le preguntara al esquerrero por sus declaraciones en La Croqueta de Fran en las que equiparaba el español en Cataluña al turco en Alemania. No hay nada que añadir al respecto desde que el mejor columnista de El Mundo, maestro de periodistas, dictase sentencia.

Del mismo modo, nadie le preguntó a Carod cuándo empieza la Historia. Citó 1713. ¿Por qué? ¿Por qué no antes? ¿Por qué no 1978? ¿Los inmigrantes que fueron a Cataluña no forman ya parte de su historia? ¿Esto no es excluyente? Puigcercós ha dicho hoy que Zapatero dice no al trágala de Ibarretxe por su “nacionalismo español excluyente”. Esto es un desparrame. Pero hay que afrontarlo. La derecha es liberal y todo lo hace por la libertad. Bien. Los nacionalistas periféricos son cosmopolitas agraviados por quienes imponen señas de identidad. Pues nada. Los españoles de izquierda pongámonos la boina roja, el detente bala y levantando una cruz y una Tizona -o botas militares, esvásticas y la cabeza rapada los más jóvenes- expliquémosle al ínclito que salió antes, Duran i Lleida, que las hijas españolas de una mujer marroquí para integrarse en el nacionalismo excluyente español no tienen por qué quitarse el velo si profesan la religión islámica o simplemente les sale de las pelotas llevarlo. Eso sí, haremos lo posible para que en la escuela se las aborregue y someta totalitariamente en los derechos humanos, valores democráticos y ciudadanos en lugar de en plural y moderna doctrina religiosa.

Estaría bien que la gente dejase de discutir estúpidamente las reivindicaciones de los cosmopolitas periféricos y se centrase un poco en tratar de averiguar por qué las hacen. Dónde hunden sus razones las raíces profundas. Será difícil que huyan del término racista o clasista si se pincha en el hueso. Otra cosa es que esas posturas no estén justificadas mínimamente. A mi los vallisoletanos del programa me dieron auténtico y verdadero asco. No es de extrañar que personas que viven en círculos cerrados, ante eso, se abran de patas para albergar secesionismos cosmopolitas y demás comedias anacrónicas ataviadas, esta temporada, en plan drag queen.

Tal vez, alguno debería preguntarse por su responsabilidad al no abrir los telediarios o sus medios de comunicación señalando a los paletos del “José Luís” si algún día quiere llamarle paleto alcarodrovira. Esperemos que no prevalezca aquello que traía El Mundo el día posterior al Desfile de las Fuerzas Armadas, eso de que Rajoy con su video se había identificado con unos símbolos y que, después, al no hacer el Gobierno lo mismo, ya se sabía de qué ralea eran y con qué no se identificaban. En definitiva, peña que un día le da por ducharse cada hora y media y entonces deduce que por esa regla de tres, tú que lo haces sólo por las mañanas una vez al día, te conviertes automáticamente en un cerdo asqueroso antihigiénico. Afíliate a lo que quieras, pero no me describas a mi con tu autoafirmación, si no es molestia.

En otro orden de cosas

También llama la atención que en los reportajes sobre las inundaciones de Calpe, en Alicante, no paren de salir señoras que han perdido su casa y no tienen qué comer, y al ser entrevistadas declaren que van a ver si pueden, de la manera que sea, donde sea posible, conseguir unas bragas.

Recuerden, señoras, mantengan siempre unas bragas limpias al alcance de la mano por si las pilla un coche o cae una maceta en la cabeza. Conserven bolsones con bragas en diferentres puntos de su hogar bien distribuidos por si hay un incendio. En el bolso, en el tacón de la bota, todo lugar es bueno para ocultar unas bragas limpias por si tienes un accidente y, atrapada en el amasijo de hierros del coche con la columna vertebral seccionada, no te queda otra que ponerte las límpias con los dientes antes de que lleguen los bomberos a sacarte y puedan toparse con, oh, aflige sólo escribirlo, una muda un tanto yerta.