Se nos ha ido Josujón. Me lo anunció antes de ayer mi esposa. Me llevé las manos a la cabeza. No daba crédito. Le habíamos descubierto juntos. Fue, casualmente, viendo un Caiga Quien Caiga antes de salir un viernes.  Se celebraba el Aberri Eguna o Día de la Madre Patria Castellana Vieja. Imaz fue entrevistado en un ligero estado de embriaguez contando chistes muy malos, como sobreexcitado, pero bastante divertido. Tuve que decir, del que para mí no era más que otro hijo de puta metido en Lizarra: es majo este hombre.

No es que me las dé de haber descubierto a los Beatles en Hamburgo, pero Josujón me llegaba hondo, porque le seguía. Me gustaba cómo hablaba. Era claro, elocuente y le brillaban los ojillos. Un hijo de puta, pero coño, Montgomery también admiraba a Rommel.

Después llegaron los discursos buenos. Bastante después. Y ahí la cosa ya fue seria. Su postura frente a ETA y al papel que debe jugar su partido mientras ésta exista no eran “moderación”, ni “tibieza”, ni “españolismo”. Estaba al margen de todo eso, muy por encima de la política rastrera que se hace en este país hasta en las comarcas más recónditas. Su gran desgracia es que nunca supo hacer entender esto en su tierra. Ni siquiera entre los suyos. Pero que no se preocupe, en el resto de España, esa postura acoplada a otros ámbitos también sería insólita.

En cambio, su gran mérito es que nunca ha engañado a nadie. Josujón es un hijo de puta racista que cree en la restauración edénica de una patria vasca cuyo origen está en novelas folletinescas decimonónicas inspiradas todas ellas aunque parezca una broma en la fantasía y publicidad de escritos turísticos franceses del País Vasco difundidos unas decenas de años antes, más el acicate del revoltijo de resentimiento carlista derrotado tres veces tres por tropas con alto índice de seseo, todo ello con epicentro en los estragos de la brutal crisis del Antiguo Régimen en dicha zona. Pero qué le vamos a hacer, nadie es perfecto. Sin embargo, él insistía a su camaradas: que sí, que me gustan Funkadelic, Parliament y Sly and the Family Stone, pero que eso no me obliga a vestirme de esa guisa. Que ha pasado el tiempo, el mundo es otro, que todo cambia, que nos hemos enganchado a las hormonas que liberamos en situaciones de tensión y enfrentamiento pero que se puede alcanzar lo mismo por otros caminos y sobre todo en otras formas.

Dio igual. Imaz se estaba dirigiendo a españoles. Una prueba es la falta de calado de su mensaje, esa mariconada de tender la mano y buscar fórmulas en las que quepan todos huyendo del blanco y negro; en una política como la vasca, cuyo contenido es siempre discutir y polemizar sobre las bases en las que se tiene que desarrollar una futura política normal.  No estaba de más, en ese panorama, un planteamento de esta naturaleza. Pero no: prima el egoismo. Orgullosos e irracionales: somos españoles. Otra prueba es que había españoles puros que no odiaban a Imaz ¡Alerta! el político bueno vasco es el odiado por los españoles. No sé qué desglosar en este punto. Habría que remontarse a las pequeñas comunidades neandertales nómadas para entenderlo y supondría desviarse un poco del asunto.

Traicionado por ZP en el tema navarro, acosado por Arzallus y su mini-yo Egibar. Josujón nos deja. Ahora será mucho más difícil encontrar en todo el Estado a políticos que, como Josujón, no parecieran españoles. Queda todo en manos de españoles en su más profunda españolidad: obtusos, irracionales y que, de entrada para negociar lo que sea, su anacronismo personal e intrasferible. Ni metas ni fines en común: “mi objetivo es mi recto, pero cedo hasta el ombligo”.

En cualquier caso, como todo el mundo sabe, hablar de política en España tiene en el País Vasco unos matices diferentes. No me refiero a la ETA y la situación (y pido perdón porque igual es pecado), sino a que en Madrid, por ejemplo, se habla de política nombrando a alguien y a continuación llamándole hijo de puta. Sin más. Arriba no, allí todo el mundo tiene una fuente que le ha dicho que le han contado que tal político nacionalista dice cuál porque la ETA está comprando bisagras albanesas para zulos tope I+D cuyos cierres los vende uno del PP, ojito. Con esta noticia, pasa lo mismo, se dice: Imaz se va para dejar paso a Urkullu, que derrotará a sus enemigos con el Séptimo Anillo y hará entonces regresar triunfal a Josujón montado en un blanco y alado corcel bajo una lluvia de pétalos de lirio que dichosos le arrojarán hobbits sebosos.

Dios dirá.