El flamante nuevo ministo de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, en contra de lo que se esperaba, se está destacando como un auténtico político pata negra. No sólo a los catorce segundos de ser nombrado ministro loó superlativamente la figura del Amado Líder, sino que, a las pocas semanas, ya era capaz de lanzar globos sonda, desmentirse a si mismo y, cosa que veremos en otro artículo, contradecir el criterio de su antecesora en el cargo en temas que le supusieron a la pobre mujer un carromato de yoyas tan indocumentadas como inmerecidas.

Concretamente, lo del desmentido viene a santo de la Ley Antitabaco, que en un principio el ministro se mostró partidario de endurecer hasta las últimas consecuencias, o eso manifestó Marina Geli, la consejera de Sanidad catalana. Dadas las fechas en las que nos encontramos y tras la segura aplicación de la Ecuación Pepiño para el cálculo de réditos electorales, Bernat Soria después tuvo que negar la mayor y exigir una rectificación a la nación vecina, la cual, hasta ahora, que yo sepa, no se ha producido.

Indagar en lo que dijera al principio o no el ministro es una gilipollez. Todo el mundo sabe que de aquí a unos años se va a prohibir fumar impenitentemente en todo lo que no sea la calle o tu casa. Son las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que no provienen de una jubilada tocacojones con perrito, sino de foros y organismos científicos. Y que por mucho que nos parezcan un incordio las medidas que toma, pretender que los responsables de nuestra Salud Pública no se adhieran a ellas es como pedirle al portero de tu equipo que cada vez que tiren a puerta se haga un ovillito acojonado en el suelo. Y si en nuestro derecho legítimo, soberano y en libertad no queremos Salud Pública, pues o se cambia el Ministerio por otro, el del Amor por ejemplo, o directamente se suprime. Seguro que en el siglo XIX y principios del XX cuando se hicieron las primeras campañas por la higiene personal también hubo quien lo consideró un atropello “y si los demás no quieren coger las enfermedades que transmito con estas roñas perennes que porto como si fueran un mantón de manila, pues que no se me acerquen ¡es mi libertad y su elección!”.

El problema es que, aunque sabemos hacia donde nos dirigimos, como es costumbre en estas latitudes, lo hacemos despacio y mal. Qué pinta ahora el problema del endurecimiento de la Ley Antitabaco en la actualidad política. Que aparezca ahora, que de nuevo se pueda hacer uso político del tema irresponsablemente sólo significa que se legisló mal. La Ley Antitabaco tendría que haber prohibido desde el principio el fumar todas partes. Bajo el pretexto de que un bar es un lugar de trabajo, por ejemplo. Ahora lo que hay es  una norma con demasiados puntos intermedios, obras ejecutadas y por ejecutar, subvenciones aprobadas y total, todo para terminar prohibiéndolo definitivamente en pocos años. Consecuencias de esa mentalidad del Ejecutivo de llevarse bien con todo el mundo, que en este caso se trata de peña sin educación, encima chulos arrogantes, el listo de mierda español (*), hablando claro, que gracias a esos fenómenos inexplicables que no dejan de suceder en la fauna ibérica se vale de que aquí en España se habla de derechos del fumador y no del no fumador, así como mucha gente rehusa pronunciarse de si le molesta o no para no quedar como un vinagre. Si se hubiera prohibido todo desde el primer día no habría problema de competencia entre los hosteleros, ni inversiones para habilitar los locales ni consejeros valencianos reescribiendo las leyes de la física. Más poner el ejemplo de que aquí no, ejque no se puede porque nosotros los españoles estamos todo el día en los bares y tendremos que buscar consensos de este tipo para convivir, es todo un casus belli para que nos declare la guerra Irlanda por haber mancillado su honor, que allí lo tienen prohibido en todas partes y de vez en cuando se da el caso de que algún irlandés sale del pub para subir un ratito a casa por dar una vuelta y estirar las piernas.

Lo gracioso del tema es que lo que le molesta a los fumadores es tener que salir fuera del local a echarse el cigarro ¡Pero si todo son ventajas! Personalmente lo comprobé yo en Noruega, donde también está prohibido, y con la comedia de entrar, salir, entrar y estar ahí orientando el rostro hacia la brisilla lo que termina pasando es que se liga la de Dios. A mi, en concreto, me atacó un chileno de veinte añitos, que normal que estuviera en Escandinavia si en  Chile me consta que se enorgullecen de que en sus campos de fútbol no haya servicios, como en los españoles, donde otro varón le puede ver la cola a uno ¡anatema! Por no hablar de todo un nuevo abanico de posibilidades que se abre para cuchichear y poner a parir al que no está delante que se suma al tan manido por las féminas y clásico de toda la vida irse al váter por parejas. La única pena es que ya no se puede fumar mientras bebes. Ya no se puede poner cara de Bogart, pero no hay que preocuparse porque seguro que un tío muy dado a expresar sus más hondas emociones con posturas inverosímiles y miradas intensas como es Sean Penn ya será filmado saliendo y entrando del bar abnegado por la drogadicción tabaquil con un meneito de caderas de lo más bohemio y nihilista que en poco tiempo todos podremos imitar.

Y no, no se podrá beber fumando porque lo de salir fuera a echarse el piti con un vaso de plástico se antoja complicado a no ser que se dé también un bozal con sordina incorporada a cada cliente, ya que en el sur de Europa tenemos por costumbre pegar buenas voces para narrar nuestras vivencias si nos encontramos en la rue. Prueba de ello es que yo sé cada cosa de alguno de mi pueblo que podría cambiar el curso natural de las herencias y lo único que he hecho para enterarme es dormir en la ventana bajo la que dos borrachos se sinceran a setenta decibelios.

Ejemplo éste, el de que ahora por prohibir fumar lo que se consiga sea perturbar el descanso de los vecinos, que podría valer para disculpar esta actitud tan cagueta del Gobierno con el tema. Valga mi ejemplo personal: en mi pueblo de nuevo, debido al helado viento de la estepa castellana, los borrachos suelen meterse a mear en los portales para ahorrarse ver con sus propios ojos como el pene se les cae al suelo y se hace añicos. Mi portal se usa para ello. Y no creo que sea necesario explicar la gracia que hace que se meen dentro de tu casa y tener que limpiarlo. Es por ello que un familiar decidió echarles aguarrás por la ventana si les sorprendía, pero persuadido de ello con el razonamiento de que es un castigo desproporcionado abrasar el rostro  a una persona deformando sus rasgos para siempre por una micción irresponsable, se decidió tomar la muy católica solución de, simple y llanamente, ponerle llave al portal. Entonces lo que ocurrió es que el inquilino que tenemos arriba, que pasea por el mundo con orgullo la nacionalidad rumana, un día que se había pulido en las tragaperras todo el sueldo que cobra por conducir un camión, llegó borracho a casa y al encontrarse con una cerradura en el portal intentó echar la puerta abajo a patadas porque “a él nadie le obliga a usar una llave para  abrir el portal cuando está pagando religiosamente el alquiler” -véase qué primorosamente se adaptan a España y su cultura los inmigrantes, para que luego digan, si son ya más españoles que nosotros- generándose una situación de extrema tensión y violencia latente que terminó bien, pero se sudó mucho, mucho.

El caso es que, en resumen, nos dio por mover un dedo por un problema de civismo echándole llave al portal y terminamos deseando haber puesto en su lugar un rollo de papel de váter e hilo musical para que nos meen, caguen, vomiten y echen animales muertos si es lo que quieren. Así que no será de extrañar que tema el Gobierno de España que pierda fuerza su postura en las negociaciones del Sahara porque ha prohibido fumar en los aeropuertos, toda vez que no nos lance un misil Corea del Norte por quitar las vallas de Ducados de una curva del Jarama.

(*) Mire, mire aquí puede leer a uno de esos -Se trata de la nueva herramienta de LPD para esta temporada, el Invertidor del Sentido de los Textos, para que nadie se sienta excluido si el artículo no coincide con su pensamiento. Anda que… ¡Vaya madres estamos hechos!