El Real Madrid de Calderón, Mijatovic y Capello le ha birlado la Liga al Barça de las estrellitas laportianas, con Ronaldinho a la cabeza. La verdad es que es el Barça el que, más bien, se ha empeñado en regalar la Liga al MEMYUC, que logra así el entorchado número 30.

Con el Barça fallando como una escopeta de feria en todas las competiciones que se había propuesto ganar a base de estrellitas refulgentes, la victoria del MEMYUC, arrastrándose toda la temporada de forma agónica, marca un punto de inflexión sorprendente para nuestro fútbol. La media España madridista ha celebrado el título a lo loco, como si la Liga la hubiera ganado el Alavés y fuera cosa de aprovechar, no vaya a ser que no tengamos otra ocasión de disfrutar de esto. A fin de cuentas, estas personas de bien, incluso los más entusiastas, son conscientes de que esta victoria consolida al mando a Calderón y a Mijatovic. ¡Quién sabe si incluso a Capello! Por no hablar de que la vieja guardia, con Míchel Salgado a la cabeza, ya ha proclamado de quién es esta Liga. A ver quien les chista ahora. A la espera de que el MEMYUC comience a plantear un proyecto sólido de futuro, para el que podrán contar con Casillas, Sergio Ramos y Diarra (gloriosa la intervención de la FIFA, anulando su propia normativa para dejarle jugar, en la mejor explicación de los problemas de esa figura llamada “derogación singular de reglamentos”), la cuestión clave para la próxima temporada es ¿supone esta victoria que, al margen de las jubilaciones que la edad inevitablemente traerá consigo, Gago, Higuaín, Reyes, Robinho… van a quedarse? ¡Menos mal que Roberto Carlos, en uno de sus arranques demagógicos habituales se bajó del barco hace tiempo, sin prever que esto podía acabar así!

Pero más esquizofrénica es la situación de la media España no madridista. Que, durante estos últimos años, equivalía a decir “la media España antimadridista”. ¿Qué hacemos con ella? ¿Qué le decimos a quienes asistieron a los grititos de Rafa Nadal contra el equipo de su tierra? ¿A los que vieron cómo el palco del Madrid sustitía a Florentino Pérez y Valdano, acompañados de Aznar, por Calderón y Mijatovic, escoltados por la sorprendente presencia de Felipe González? ¿Cómo le explicamos a esta gente que, salvo si hasta ayer les caía bien Rafa Nadal (o si son mallorquines) es normal que no se sientan del todo bien pero tampoco del todo mal?

De repente nos hemos dado cuenta todos de que el MEMYUC ya no es el club hegemónico en España sino una cosa de pandereta no ya coyuntural sino con visos de continuidad. De que el Barça se había convertido en una especie de nueva factoría de estrellitas pijas acomodadas. De que este año Márquez o Motta no han jugado apenas porque había que meter, ¡como fuera!, a Iniesta en el equipo titular. Por lo visto, como el Barça jugó muy bien contra diez hombres en la final de la copa de Europa de 2006 y por ahí apareció Iniesta fresco al salir en la segunda parte, pues había que montar el equipo en ese plan todo el año. Que el Arsenal estaba desfondado físicamente, pues cosas menores. Que Iniesta mandaba en el centro del campo porque el Arsenal estaba aculado y sin plantear oposición en esa franja, pues pelillos a la mar. Que el equipo tampoco creó demasiadas ocasiones ni juego y quien salva los muebles es Larsson, que se marca un partidazo y un milagroso Belletti, ni caso. Que el Arsenal, con Henry a la cabeza, pudo rematar el partido (al igual que ayer el Mallorca) y no lo hizo de milagro, pues nada, la conclusión es que Iniesta es el jugador llamado a marcar época. De momento ya hemos visto los resultados de su primera temporada como titular indiscutible. En juego y resultados.

Y luego, claro, está lo de Ronaldinho. Que no merece demasiados comentarios porque, a diferencia de lo que ocurre con Iniesta, a estas alturas ya se ha dado cuenta todo el mundo. Pero claro, al que hay que largar es a Eto’o, porque a fin de cuentas lo que más ha echado de menos el Barça estos últimos 6 meses ha sido a su goleador. Al menos, lo que más claramente ha echado de menos, porque lo del centro del campo es para reflexionar si alguien se atreve a hacerlo.

La conclusión es evidente: puestos a tener un equipo al que tener manía este año por su prepotencia y actitud, puestos a coger ojeriza a una institución por su rollete de “institución oficial del fútbol español”, puestos a poner el foco sobre una actitud arbitral correlativa a la grandeza presumida del equipo… este año no era el Madrid el objetivo que, en realidad, había que tener en la diana. En realidad, probablemente, así es el caso desde hace unos años. Pero hasta ahora, por la inercia de la costumbre no nos habíamos dado cuenta. Este año, en cambio, gracias al trío calavera que rige el destino del Madrid, es imposible no caer en la cuenta. La España que no es del Madrid, la España antimadridista, es por fin más o menos consciente de eso. Este Barça ha perdido la Liga haciendo un ridículo tan parecido a lo que disfrutamos en los mejores años del florentinato que cuesta no sentirse en la obligación de descojonarse como antaño hicimos con el Centenariazo. Pero, aún así, lo que ha pasado esta temporada jode. Porque no estamos acostumbrados, todavía, a prescindir de esa agradable sensación de reírnos del Madrid. Y eso que sabemos que este año no tocaba, dado lo mucho que se lo había currado el Barça.

Por lo demás, el resto de la temporada ha sido como era de prever. Villar ha salvado al Atlético de Bilbao, las gentes de bien nos quedamos sin ver el descenso del Betis y el Atlético de Madrid ha protagonizado un episodio más de los suyos. La novedad de este año, en que de nuevo se ha cumplido la predicción de LPD sobre su clasificación final (a Europa vía Intertoto, dijimos en septiembre), es que incluso los aficionados del Atlético comenzaron, a partir de mitad de temporada, a bajarse de la burra de que la Liga este año era posible. La prensa de la capital, por eso de disimular su militancia en la medida de lo posible, tardó un par de partidos más, pero también acabó dejando de creer. Bienvenidos.

Respecto del penúltimo título en juego, la Copa del Rey, puede acabar de premiar con una segunda copa de consolación al Sevilla, que ha visto cómo una excelente temporada sólo le ha dado para llegar hasta el final y escoltar con honores al grandioso MEMYUC. Triste final para dos grandes temporadas. Al menos, el año que viene, con la Champions, tendrán por fin la ocasión de demostrar si son capaces de compatibilizar la Liga con la Liga de Campeones. Si son más bien Depor o Valencia o, por el contrario, se parecen a Real Sociedad, Betis, Celta, Mallorca… con todo lo que eso significa. O gloria o a flirtear en breve con el descenso. Ya veremos, porque el Sevilla es lo más sólido que ha aparecido en estos años por ahí arriba.

Respecto del útimo y más importante título de esta Liga 2006-2007, José Miguel González Martín del Campo no ha estado todo lo brillante que todos esperábamos. No puede decirse, a fuer de ser sinceros y exigentes, que su temporada con el Castilla haya sido demasiado lucida. Pero no es cuestión de ser demasiado quisquillosos y de ponernos a exigir a los de casa lo que no pedimos a los de fuera. El Dr. Míchel ha demostrado lo que todos sabíamos: está más que preparado para dar el salto. Que Calderón le fiche a Iniesta como eje del proyecto y a disfrutar cada domingo por la noche a partir de las 23.30 h con el análisis de la jornada.