“No sabría escribir sobre Gallardón si no es alumbrando el mayor descomunal ladrillo inabarcable faraónico abominable que jamás se haya publicado en esta página”
El autor

Tras varios días lloviendo a cántaros, la jornada electoral en la capital del Reino amaneció soleada con suave brisa primaveral. Un tipo de clima que invita a sentarse en una terraza, ponerse unas gafas de sol y permanecer en la misma postura profiriendo lentamente algún que otro monosílabo a la parienta hasta las ocho de la tarde, cuando refresca. Los domingos en los barrios residenciales de esta ciudad tienen un ambiente Mad Max. No hay ni un alma por la calle. Los bares con fútbol podrían  ser cupulillas del trueno, pero por lo general reina la paz y el paso motorizado de algún mascachapas se convierte en un pequeño acontecimiento a causa del desgraciado déficit de francotiradores serbios para abatirlos, a ellos y a los basureros que para menear cuatro hojillas necesitan una especie de escafandra que emite un ruido brutal. Somos felices en la desolación dominical de nuestros barrios, que parecen el medio oeste americano, excepto la semana pasada, día de comicios, que esto parecía Nueva Delhi.

Dicho día, por respeto a mis conciudadanos y a la Patria, decidí ponerme medianamente arreglado para ir a votar. Sin embargo, desentoné de todo punto… ¡yo no llevaba un anciano cogido del brazo! Había gente que incluso llevaba varios como racimos colgando. Pura ostentación. Aunque lo bueno era que siguiendo la hilera de ancianos se podía llegar fácil hasta el colegio electoral. Daba un poco de inquietud pensar que lo mismo entraba uno por su propio pie a votar y salía luego por una cadena de montaje convertido en Soylent Green, pero nadie dijo que cumplir con las obligaciones ciudadanas estuviera exento de riesgos.

Traspasada la valla, el hedor a ETA ya era insoportable. En primer lugar, había una escalera de granito bastante empinada sin ningún tipo de rampa adyacente. Así pues, en los primeros peldaños los ancianos se apelotonan como si fueran Lemmings. Luego, arriba, estaban los delegados de los partidos, que buena parte de ellos eran ETA. Vi como uno del PP le daba fuego a uno de ETA, quizá porque sería de los de Gallardón, que son bastante ETA también, según dicen en la COPE. Las paredes del colegio, de monjas, estaban repletas de murales relativos al “esfuerzo”. Como escuché a la periodista de ABC, María Solano, comentar en televisión que si se impartía la asignatura de Educación para la Ciudadanía no quedaría tiempo para inculcar a los alumnos el valor del esfuerzo personal (sic) y dado que yo hice muchos murales pero nunca ninguno de estas características, supuse que eso sería una moda actual de la Reacción. Bien, no todo iba a ser ETA.

Por otra parte, en mi barrio la jornada venía marcada por una noticia aparecida en el periódico gratuito Gente Madrid que en el número 22 del 18 al 24 de mayo de su edición “Puente de Vallecas, Villa de Vallecas, Moratalaz, Vicálvaro, San Blas, Ciudad Lineal” traía en la columna “Madrid Confidencial” una información sobrecogedora. Decía que la Unión AznarBotella estaba en crisis. Que había un distanciamiento. Y daba como motivo que con su nueva ocupación en la Concejalía de Asuntos Sociales, Ana, a causa del contacto diario con los más desfavorecidos, había evolucionado hacia posiciones ideológicas más x [no reproduciré el adjetivo por impúdico y pornográfico] lo que la había alejado de su marido, megalómano y con una conducta últimamente de lo más provocadora, cosa que disgustaba a la Sra. Botella en grado sumo. Esta noticia ¿en qué lugar dejaba a ETA? En consecuencia, los pocos ancianos que habían logrado superar la criba de las escaleras deambulaban por el colegio desorientados sin saber, en este juego de espejos, dónde se ocultaba ahora la ETA. Para más inri, cuando yo ya me iba, volví a mirar una curiosidad que venía en el libro que me había leído esa semana, El Doctor Fischer de Graham Greene: los números siete sólo están cruzados por una virgulilla en Europa continental. Entré en un aula de preescolar y había unos sietes enormes de cartulina sin rabito ninguno. Qué vergüenza. Todo pringando de ETA, hilillos de plastilina de ETA.

Después, pasados los recuentos, el embotellamiento de carreras –encima con tongo- la payasada vasca televisada y demás, ganó, como todo el mundo sabe, el PP de calle. Arrasando como nunca en Ayuntamiento y Comunidad. Los expertos aducen que no hay un trasvase de votos, sino que el electorado de la izquierda está desmovilizado, que pasa de todo. En el caso de Simancas seguramente se deba a que el Tamayazo le afeó para el resto de su carrera política. La caída de este ex campeón de breakdance en discotecas arrabaleras –si se hubiera marcado un baile en campaña lo mismo hubiera subido un par de escaños- vuelve a poner en la picota a la FSM, que es muy divertida. De hecho, la principal cualidad que se advertía en Simancas cuando alcanzó la presidencia fue el unánime reconocimiento de que si había pacificado la FSM, podría con todo… pero dos de sus diputados le miccionaron en la tez. A él y al pueblo de Madrid. Aparte de los goles y la emoción que pueda tener el próximo congreso, sin duda, si hay un matiz apasionante en todo esto es la posible reaparición de Antonio Carmona en la política  regional. Le recordarán por su dimisión cuando en una reunión con pequeños comerciantes, a los cuales defendía frente a la Consejería de Economía, le grabaron un chiste relativo al Prestige: “Vamos sobrados de votos, y si no, hundimos otro barco”. Carmona ha sido hasta ahora el líder de la oposición a Simancas en el actualmente llamado PSM. Se trata de un economista que formaría parte, por descontado, de una nueva generación o una nueva forma de hacer política. Por ejemplo, será difícil verle hacer el ridículo vestido de chulapo en la campaña, pues en la facultad donde daba clase, en cierta fecha los alumnos decidieron celebrar la Feria de Abril ataviados ad hoc y él los expulsó a todos del campus con inusitada violencia verbal por profanar los valores y el significado de la Universidad vestidos de esa guisa. También es célebre su pasmo cuando en el noventa y dos comprobó in situ que la EXPO en lugar de un punto de negocio e intercambio de conocimiento no era sino un cashondeito. Habida cuenta de su fulminante dimisión tras meter la pata -con lo dados que son a dimitir los políticos de este país-, de lo iracundo del sujeto y de que, como buen madrileño, es nacido en Bilbao, pudiera ser que la política madrileña diera un saltito cualitativo hacia algo nuevo, cuando menos, desconocido. Que no es poco, a la vista del origen y desarrollo de la última legislatura.

El fascinante misterio oculto de la maldición de los alcaldes de Madrid

Como digo, el desastre de Simancas tiene una explicación plausible y un desenlace lógico: materia prima, nuevo envite. Democracia. Pero, por mucho que se diga, lea u oiga, lo de Sebastián, independientemente del arreglo que pueda tener, que ni lo sé ni me importa, carece de toda lógica. Hay en su derrota un vacío de sentido mucho mayor del que rodeó su elección como candidato, que ya era. Se trata del Misterio del Consistorio, un oscuro hechizo imposible de interpretar hasta por los templarios más avezados.

Siempre se ha dicho que insultar al regidor es algo muy habitual en esta ciudad. Se dice incluso que en el franquismo los alcaldes eran tipos que, desprovistos de la presión y el altavoz mediático, resultaban un tanto distantes al ciudadano, que no los olía por cada esquina, pero, sin embargo, se cagaba en ellos con profusión por motivos más relacionados con la situación del momento y el psicoanálisis que con su gestión. Madrid tuvo alcaldes muy dados a que se metieran con ellos, como aquel sorbido de mocos con bigote llamado Arias Navarro, aunque sin lugar a dudas el más odiado y del que todavía quedan muchos que no han olvidado su obra es José Finat y Escrivá de Romaní, conde de Mayalde, que en pleno desarrollismo tuvo a bien quitar las medianas de los bulevares, con sus árboles incluídos, por supuesto, para ganar dos carriles más, convirtiéndose en el pionero de la polémica “ciudadanos o centauros” en torno a la que gira la política municipal de esta ciudad desde hace años. En cualquier caso, la memoria es difusa y caprichosa, porque pese a este destrozo irreparable, la wikipedia sólo reseña de su persona que era homosexual ¡y reprimido! que es más que homosexual, como los argentinos en el noventa eran subcampeones, mucho más que campeones. Otro gol al progresismo, que ya no podrá situar en el consistorio al primer alcalde gay.

Pero no nos desviemos del asunto, que si empezamos hablando de dictadura y homosexualidad nos estaríamos horas con la cultura gay organizada de la época: la sección femenina y El Icono, Josean. La Alcaldía de Madrid es un Triángulo de las Bermudas donde nada es lo que parece. Hagamos memoria. El primer recuerdo que tengo de un alcalde es el de Tierno Galván, pero son detalles muy vagos. Sobre todo me llamaba la atención el nombre, que nuestro líder tuviese como apelativo “tierno” era entrañable. Más que un Alcalde tenía reminiscencias de Papa. También recuerdo que puso patos en el río y “se los comieron los gitanos”, que dicho así, que es como se dijo, daba un poco de impresión a los niños, que imaginábamos una suerte de Saturnos devorando a sus hijos Goya’s style. Y por último, que se publicó una foto del hombre junto a una mujer en tetas que no superaba la prueba del boli Bic, una cosa chocante. Luego, de adulto, supe que “tierno” se llamaba Enrique y que, según la COPE, nos echaba droga en el colacao a los niños. Además, que instituyó las fiestas populares de los barrios, un aquelarre con el que se evitan programas como “Quién sabe donde” gracias a que uno siempre se encuentra en ellas con todos los conocidos de la infancia, y que también son un sistema de explotación infantil delante de las narices de la policía, más preocupada por la hora de cierre de las barracas que por el hecho de que en ellas trabajen niños, y el sustento económico de cientos de músicos acabados que piden palmas para corear durante veinte minutos el estribillo del único éxito de su carrera… mas, por qué no decirlo, un sistema ideal por si se diera el caso de que conoces a una persona ligada al crimen organizado que anda mal para pagar una fianza, pues le programas dos conciertos en las fiestas, uno a cuenta del Ayuntamiento y otro a cuenta de la Comunidad de, por ejemplo… 72.000 euros cada uno. En fin, el caso es que, a pesar de todo, se cuenta que Tierno era muy respetado y mucha gente que no era de izquierdas le votaba, no en vano, el suyo era una especie de partido socialista, pero para gente bien. Murió.

Le sucedió su segundo, Barranco. Con este hombre tomé conciencia por primera vez en mi vida del problema del carisma. “Podría ser la mejor mano derecha del alcalde, pero nunca el alcalde”. Barranco es un tío cuyo hijo quería dejar los estudios y sin temblarle la mano le dijo que vale, que muy bien, y le puso a currar en una obra. El mozo volvió a los libros. Pobrecillo, si logró licenciarse, que no lo sé, ahora cobrará menos que el obrero que podría haber sido.

Barranco no murió, pero una moción de censura entre el CDS (ocho concejales) y PP (veinte) le apartó del machito. Aun siendo un crío, sí tengo recuerdos de este lance político: de “guarrada” a “fascistas”, todos los adjetivos que quepan, fue lo que salió por las gargantas más recatadas de los votantes de izquierda. Y es algo que agradezco recordar por dos razones: una, que Álvarez del Manzano, que llegó al poder gracias a ese pacto, ahora defiende e implora que “por ley” sólo pueda gobernar la lista más votada por entender como antidemocrático lo contrario (¡!); dos, que el PSOE tiene hoy completamente asumido que sólo puede alcanzar la alcaldía pactando con IU, el tercer partido. Es un curioso cambio de roles y de forma de entender las cosas. El que vino detrás, Rodríguez Sahagún, que vendió cara la moción de censura, la alcaldía nada menos pidió, murió al poco tiempo.

Entonces llegó él. Mi primer alcalde en plena posesión de mis facultades mentales. Álvarez del Manzano, natural de Sevilla. Llegó a Madrid con tres meses. A este alcalde la gente le quería poco. Era menospreciado y cuando alguien se atrevía a defender algo de él hacía referencia al tráfico y a la circulación, que fue el gran caballo de batalla de su gestión. A mí los recuerdos de este hombre me rebosan en el coco. Por ejemplo, en cierta ocasión la policía entró en una sauna gay poco menos que a hostias y tomó nota de quién estaba dentro. En realidad se trataba de policías corruptos que cobraban sobornos por las licencias, pero todo el mundo vio, se imaginó, se inventó la mano negra del alcalde, que quería mandar a los homosexuales a Treblinka –o mejor dicho, al campo de Miranda de Ebro, si nuestro país tuvo más campos de concentración que el resto de Europa junta habrá que empezar a decantarse por ellos en las coletillas antes que por los nazis, eternamente de moda.

El proyecto de los arqueólogos es el proyecto de ETA

En lo que ya tuvo más responsabilidad fue en la historieta de los restos arqueológicos de la Plaza de Oriente y Bailén, donde se hizo un aparcamiento y un paso subterráneo respectivamente. Resulta que debajo de la plaza estaba ni más ni menos que Al Qaeda, restos del Madrid de Bin Laden. Unos decían que se estaba pasando por el forro la Ley de Patrimonio Histórico, otros que obras anteriores ya habrían destruido lo que pudiera haber. Al final, sólo ha quedado una excavación, para mi que simbólica para callar bocas, abierta en la Plaza de la Villa, gracias a la cual se ha retirado la estatua de Felipe II y obstaculizado uno de los rincones más bonitos de la ciudad, por las vistas de la Casa Campo digo, no por la Almudena, que contemplarla de cerca agosta y marchita testículos y clítoris por igual, aunque es de justicia reconocer que desde un kilómetro y medio, desde la Avenida de Valladolid, hace menos daño a la vista; deberían haberla levantado quince kilómetos más abajo, entre Campamento y Alkörkón, para que en mitad de la puta nada luciera en todo su esplendor su singular belleza CEAC, a distancia. Supongo que no se haría porque como el muy hábil de Manzano la arregló con el presupuesto de Vivienda, será preciso esté aquí para que haya gente dentro. El caso es que, a lo que nos interesa, la población percibió este asunto de los restos arqueológicos como que el alcalde era un animal de bellota sin escrúpulos. Por otra parte, por si alguien no lo sabe, en Madrid, en la ribera del Manzanares desde el Puente de los Franceses hasta su desembocadura en el Jarama, está el yacimiento paleolítico más grande mundo. Un honor muy típico de Castilla, tener el cielo y el subsuelo más bonitos, ahora bien, lo de en medio, donde habitan los humanos, páramo, miseria y desolación. Aunque, en el fondo, el tema es que, gracias al progreso, hasta hace escasos quince años todas las graveras que hay por la zona han operado a la buena de Dios sacando los propios obreros con sus grúas colmillos de elefante, entre otros, acontecimiento celebrado con unos grititos, colocación del vestigio en un alto para jugar a ver quién le acierta de una pedrada y luego echarlo por ahí a tomar por el culo. Es por ello que, en caso de haber obrado mal Manzano en este asunto, que no se preocupen mis conciudadanos, que los restos del chupacabras lombriz-araña ibérico de la submeseta sur, de existir, lo más seguro es que a día de hoy sus restos se hallen a buen recaudo de las ratas en una escombrera.

Detrás de los ancianos sin recursos y de los vagabundos está ETA

Fue también muy divertida la exclusión de los ancianos con rentas de menos de sesenta y cinco mil pesetas de la residencia municipal de Santa Engracia. La reducción del número de barrenderos dio risa tonta, aunque a juzgar por el ruido que meten ahora con sus herramientas infernales, bien estuvo reducir las plantillas y mal no deportarlos a Siberia. Y coronó la hermosa composición navideña la aparición del nuevo mobiliario anti-vagabundos, un catálogo que iba desde reposabrazos que partían los bancos del centro por la mitad para que no cupieran tumbados, a pinchos en unos montículos de Sol para que no se sentasen los chaperos marroquíes, gremio que hace circulitos con la lengua sobre los glandes de sexagenarios, sí, pero que te puede dar una somanta de hostias que si no mueres es por casualidad, de lo que pudo dar fe el periodista que quiso grabarles con cámara oculta hace unos años. Todo esto por no hablar de las plazas de corte escandinavo, lisas y sin árboles para que dé bien el sol todo el año, que como hay tan poco aquí en mitad del desierto, pues aprovecharlo. Y ya, lo más de lo más, los bancos individuales, silloncitos, que impiden algo tan normal como sentarte con tu pareja.

En otro orden de cosas, se supo y no por los medios de comunicación manipuladores, progres, ETA, Al Qaeda, sodomía y educación para la ciudadanía, se supo por una sentencia del Tribunal de Cuentas que el alcalde se había gastado diecisiete millones de pesetas del presupuesto municipal destinados a gastos de representación, en comprarle joyas a su mujer ¡y hacer donativos a las monjas! Asunto que no deja de ser un detalle bananero tan propio de esta tierra de alcaldes con ética y moral magnitud Tony´s. (de  Tony Soprano y Tony Montana “Scarface”) que ensombrece al lado de la privatización de los servicios funerarios, empresa municipal aparentemente hundida, vendida por cien pesetas, cien –una de las monedas aquellas amarillas- que rápidamente dio pingües beneficios al listo que se la llevó. Un procedimiento bastante habitual en estos tiempos que corren, degradar lo público para privatizarlo, que cuesta diferenciarlo de cuando verdaderamente se hace por criterios de eficacia y no por negociete, entre otras cosas, porque lo que verdaderamente nos importa a los españoles es ETA ¿Y que pensará la ETA de esto? -se dicen muchos cuando se dan de bruces con una lista de espera en Atención Primaria.

Todos estos acontecimientos hicieron bastante impopular al alcalde de Madrid. Y con las ridículas estatuas a la Violetera y a la Virgen, el patético monumento al oso Chu-Lin, los llamados “chirimbolos” que proliferaron por toda la ciudad, las escasas dotes para el canto que no se molestaba en disimular y que ante un incendio de chabolas de inmigrantes su reacción fuera declarar que “nadie les pidió que vinieran”, no logró más que empeorar las cosas.

A las salas de pequeño aforo no van más que etarras

En cuanto a la juventud, lo más sonado fue que Manzano fuese considerado el enterrador de la llamada Movida madrileña. Una cosa es que la gente ignore que hay ciudadanos que a las cuatro de la mañana les da por ahí a los jodidos y se ponen a dormir, y otra muy distinta que el concejal, carnicero de profesión, Matanzo, fuese cerrando personalmente los locales con la policía insultando a los presentes amparándose en una ley de diseño específico, la de la música en directo, para cargarse la mitad de los bares del centro. Pero esta política fue sota, caballo y rey. Venía de serie en la misma declaración de intenciones de la investidura, donde Manzano dijo: “eso de la Movida es una cosa de paletos, debemos volver en Madrid a lo nuestro, que son los toros y la zarzuela”, frase que muy bien pudiera haber servido de eslogan para el programa del aniversario de la dichosa Movida que tanto Aguirre como Gallardón desarrollaron muy orgullosos ellos de esta urbe tan plural y cosmopolita que copia tan bien las modas foráneas -sin contar que los dos estaban en nómina de ese alcalde en aquel momento. Y a mí que no me jodan, además, porque la primera frase del discurso del alcalde está cargada de verdad. Que aquí cuando ves a alguien con treinta y dos aritos por la cara, tatuajes y demás guarrerías portuarias, te pueden decir que, vaya, qué moderna está Madrid, cómo va la gente, parece Londres. Pero no, los más pintas son todos de comarcas como la Guadalajara profunda, que cuando pisan el foro por alguna extraña razón experimentan la necesidad acuciante de ataviarse como falleras adictas al pegamento. Y que no se me enfade nadie de esa gran región asombro del mundo entero que es Guadalajara, que no me refiero a todos los naturales, sólo a ese 1% al que soléis, en vuestro legítimo derecho a la crítica, torturar y apedrear desde edades tempranas, cuando empiezan a dar muestras de que son “raros”, esto es, leen tebeos, se interesan por la música, etcétera. El asunto: los jóvenes pensaban que el alcalde era un carca. Y el añorado Ángel Matanzo, autor de un crimen mucho peor que el de cerrar bares, joder el Rastro para toda la vida –que vale que se vendían cosas robadas, pero levantarte un domingo para dar un paseo, tomar el vermú y comprarse dos docenas de bragas carece de todo glamour-  a causa de una purga en un célebre Viaje al Centro tuvo que dejar el partido para presentarse en las listas del de otro prohombre más en línea con su mentalidad: Ruíz Mateos.

Sólo, única y exclusivamente, había un tipo de aparición en las noticias de Álvarez del Manzano que no suscitaba odio, vergüenza ajena y ardor estomacal, las relativas a los pasos subterráneos. Apodado “El Topo”, el alcalde excavó pasos por doquier. Por supuesto, fueron muy criticados, pero mucha gente sostenía que eran verdaderamente útiles. Se dijo, desde la crítica, que Madrid perdía su vocación de ciudad europea para pasear a pie y eso. Luego París tiene túneles de estos para aburrir, pero bueno. “Resultan angustiosos” comentan de los parisinos mis fuentes, pero ahí están. Y eso de los “modelos europeos” ha perdido caché; un poco más al norte, en Holanda, están rifando riñones entre moribundos por televisión, que puede que sea el país donde todo el mundo es dueño de su cuerpo y hace con él lo que le da la gana, hasta ponerlo en un escaparate de un negocio de chupado de pollas, y que el célebre genio Van Gogh ya se extirpó una oreja para donársela a una prostituta por si por alguna razón quería tener tres, pero a mí ya me empieza a sonar tan bien “modelo mexicano” como “modelo europeo”. Y si el programa era en realidad una farsa para reivindicar la necesidad de trasplantes, vaya campaña, vaya… y si encima ha funcinado, qué sociedad enferma. El caso es que los túneles ahí están. Gracias al de Avenida de América, por ejemplo, yo gano trece minutos para llegar a casa en coche desde el centro. En trece minutos se pueden hacer muchas cosas, tocarse, por ejemplo, con el tiempo por delante necesario para que el concepto imaginario goce de presentación, nudo y desenlace. Por el mismo precio, por las mañanas, estos túneles descongestionan en parte la brutal invasión de vehículos que sufre la ciudad. Eso sí, a los vecinos a los que les ha tocado un paso debajo de la ventana no les queda otra que joderse. Finalmente, en una rueda de prensa de tintes surrealistas, Manzano presentó un proyecto de redes de autopistas subterráneas del que se hizo mofa hasta en las columnas del ABC. Sin decir nada y disimulando, hizo mutis por el foro y el asunto se olvidó para siempre. Algunos lo recordamos como si fuera ayer.

Y este fue, a grandes y sesgados rasgos, el legado de Álvarez del Manzano. Un alcalde que daba la impresión, por la actitud hacia él de los ciudadanos, de que un día le iban a arrojar fruta podrida a la cara a poco que pisase la calle, pero que, para sorpresa de todo el mundo, en una ciudad esta en que, según estudios un tanto absurdos de los que habló El País esta semana, la mayoría se declara “de izquierdas”, salió reelegido una legislatura tras otra como un reloj ¿Cómo es posible que un tipo al que se vilipendia constantemente, todos los días de tu vida, uno al que nadie se atreve a defender en público o lo hace tímidamente gane y gane cada vez de forma más holgada? Se desconoce, de eso trata el fascinante misterio del alcalde de Madrid, el cual se ha manifestado en estas pasadas elecciones en la mayor intensidad nunca vista. Porque toda la lista de hitos polémicos de Álvarez del Manzano que acabo de enumerar que le valieron el odio constante de los madrileños, es una minucia pordiosera al lado de lo que se ha puesto a parir a Ruíz Gallardón, cuyo escarnio no es que haya sido salvaje y despiadado, es que hasta los de su propio partido le han menospreciado en público. Veamos.

En la Comunidad no le fue muy mal a Alberto. Ahí se labró esa imagen de tipo educado y comedido, centro liberal, arreglado pero informal. Del mismo modo que empezó a llamársele el Faraón por su tendencia a hacer obras de importancia. Por ejemplo, en la Comunidad, el Metrosur. “La obra civil más grande de Europa” dicen los acólitos. Del proyecto, que dejó a la Comunidad con una mano delante y otra detrás, se criticaron los plazos de construcción y nada más, porque al que critique que se aumente la red de metro habría que golpearle la planta de los pies con una barra de hierro cilíndrica, mucho mejor que con aristas, pues así el hueso se astilla más, lo machaca, lo tritura.

Un amigo es aquél que conoce todos tus defectos y a pesar de ello te quiere

Gallardón fue candidato a la alcaldía por mandato divino del pelanas. Él mismo se encargó de explicar que su nombramiento se debía a que iba a obtener unos resultados brillantes. Así que, por lo visto, le tuvieron que adherir a la Botella para disimularlos o algo. Sin embargo, cosas que pasan, quién lo iba a decir, cuatro años más tarde llega Esperanza Aguirre y en su biografía dice que en realidad a Gallardón le apartaron de la Comunidad porque las encuestas decían que la iba a perder, como así ocurrió, que Simancas e IU obtuvieron la mayoría de los escaños, aunque frente a Esperanza, que fue la encargada de cumplir el expediente. Eran los peores tiempos del Aznarato, a Simancas no le conocía nadie –cómo gusta lo nuevo en España- y la llamada “abstención de izquierdas” se animó a votar. La mierda se la hubiera comido tanto el uno como la otra, y como Alberto ha tenido el decoro de callarse la boca con los intentos de Esperanza durante esta campaña de restarle votos y no ha entrado al trapo de comentar el asunto, nos quedaremos con esa duda, bastante razonable a mi parecer, de si pusieron a Esperanza de candidata para ganar o para perder. Porque como ya se ha dicho en el especial elecciones de esta página, la führer de la Meseta por aquel entonces era un cadáver político con su fuego fatuo y todos los complementos.

Luego ocurrió lo que ocurrió. Traición de dos diputados y la vuelta a la tortilla en otras elecciones en las que la “izquierda desmovilizada” ya no se dignó a votar. Todo lo que rodeó el asunto fue bastante turbio, con los contactos desde hacía mucho entre los prófugos y empresarios de la construcción vinculados al PP. La ahora presidenta así lo debió entender también, porque hizo con las dos manos una buena pelota de heces y se la lanzó directa al alcalde, publicando en dicha biografía que el bueno de Alberto conocía de primera mano la traición de Tamayo y Sáez desde el primer momento ¡mucho antes que ella! Con todo esto, como se puede observar, Gallardón, antes de ser investido alcalde, ya venía calentito.

Parquímetros por castigo y parquímetros a traición

La instalación de parquímetros dentro de todo el perímetro de la M-30 fue una promesa que traía el programa electoral de Gallardón. Si el tío salió con mayoría absoluta, que los pongan te podrá parecer muy bien o muy mal, pero si crees que es injusto eres ETA. Es bastante probable que gravar el aparcamiento sirva para que se inyecten menos coches en la ciudad, se pueden hacer estudios. Lo que no es probable, es seguro, es que gracias a éstos el precio del alquiler de una plaza de garaje se ha disparado de entre sesenta y setenta euros que costaba hasta los ciento diez. Y esto es muy gracioso, porque mientras el asunto estaba dentro del perímetro de la M-30, la polémica sólo se reducía al tamaño de las zonas verdes, en las que sólo se puede estar una hora, aunque si uno es residente en el barrio, pagando treinta euros al año puede estar lo que quiera. No se sabe si el alcalde echó estos cálculos, pero los vecinos sí, en zonas donde hay oficinas sobre todo, una vez lograron los residentes que se aumentaran las zonas verdes porque no cabían, sacaron raudos sus vehículos de los garajes para aparcarlos en la recién comprada plaza de zona verde (30€/año y alquilarle a otro la de su garaje, la de ciento y pico euros al mes. Un negocio redondo y para ponerle un marco.

Pero este sin dios no fue nada comparado con lo que vino después. Gallardón, que nadie creía en un principio que fuera a ser capaz (por tiempo) de cubrir todo el perímetro de la M-30, no sólo lo hizo, sino que, ya puestos, se saltó la autopista y empezó a plantar parquímetros en Hortaleza, Carabanchel y demás. Nadie sabe el porqué. Bueno, sí, por la pasta gansa, pero quería decir que Gallardón no ha dado ninguna explicación, pues esto no figuraba en su programa electoral y resulta que son lugares donde hay unos cascos urbanos bastante antiguos sin un solo aparcamiento subterráneo. La Batalla de Kursk quedó a la altura de una película de Parchís. Los vecinos de dichas zonas procedieron a arrancar los parquímetros. Y conforme se volvían a poner, se volvían a destruir. Así, en un sabotaje en desarrollo sostenible que al poco tiempo terminó con las empresas proveedoras que ya no daban abasto para reponerlos, aunque por mucho agobio que supusiera la situación, ver las cifras del negocio aumentar ceros y ceros en crecimiento geométrico les haría trabajar a la Stajanov silbando dichosos todo el repertorio de Zarzuelas.

Madrid año cero

Todo este asunto, casi nada, sirvió para ver al alcalde insultado y vituperado cada vez que aparecía en público inaugurando algo, como el carril bici de Madrid, que sale de Hortaleza para bordear toda la ciudad hasta la Casa de Campo. Muy útil como alternativa al coche, lo mismo que la Ría de Bilbao para atajar entre Soria y Salamanca. Aquel día casi se lo comen, aunque él, con muy buenos modos, se comprometió a dialogar, o escucharles o ya no me acuerdo.

Entonces comenzó el desastre. En Sol Fomento retoma la ampliación del Túnel de la Risa, bautizado así por la prensa de derechas en su día puesto que lo había proyectado Indalecio Prieto, el de la estatua de un gordo que aparece cada día de un color en Nuevos Ministerios, ese. Las obras son descomunales y aparecen unos restos arqueológicos, el Ministerio acepta lo que le dicta Patrimonio y las obras se paralizan. Aparte de todas las peleas y acusaciones mutuas con la Comunidad que demoran el final de la obra, este hecho no es aislado, porque Gallardón hace peatonal la calla Arenal, una de las que sale de Sol. De modo que en pleno corazón de Madrid se monta un infiernillo que se retoma un poco más abajo con el célebre soterramiento de la M-30, el túnel más largo de Europa, y que limita al norte con la ampliación del túnel de Moncloa.

De la peatonalización de Arenal se quejaron algunos comerciantes y los hoteleros. Muerte para todos ellos. Pero lo de la M-30 fue otra historia. Ahí se estaba haciendo una obra descomunal, que unida a la del “Proyecto Río” (donde pone Proyecto quiere decir tala salvaje, pero se debieron equivocar y por ahorrar… ) transforma un tercio de ciudad en un atasco continuo y la vida de sus vecinos en el mismísimo infierno. Miren esta foto. Cuando uno se encuentra con un residente de este barrio, alguien que durante meses ha tenido que estar escuchando martillos neumáticos todo el santo día, que lo mismo está jubilado, que lo mismo está enfermo y no puede casi salir de casa, no habla como se hacía antaño de Manzano, con sorna y cachondeo, sino que clavándote los ojos y afilándosele el rostro a cada palabra que pronuncia escupe su opinión sobre el Regidor: Mira, chaval, Gallardón se haría un ajedrez con los huesos de su padre.

A mi, personalmente, que los conductores vayan a estar ahora atascados en el túnel más largo de Europa me parece fabuloso. Y si encima arriba hay zonas verdes donde las gracias de Rubens corren de puntillas de flor en flor senos en libertad, mejor que mejor. Ahora bien, han pasado muchas cosas para poder realizar esta obra en los plazos precisos que necesitaba el señor alcalde para arrasar en estas elecciones y levantando urnas llenas a rebosar como la Masa exigirle al Partido puestos más viriles y estatales desde los que poder acabar con el terrorismo de ETA, el de Al Quaeda y unir todos los ríos de Europa para hacerlos navegables y que se pueda llegar hasta Moscú desde Cáceres en pedaleta playera. No sólo en las subcontratas había irregularidades sin importancia como trabajadores ilegales currando jornadas de dieciséis horas, sino que se han producido 1.068 accidentes laborales con nueve muertos según la Comisión Consultiva de Salud Laboral -UGT y CC.OO dan índices más elevados- ha sido un auténtico desbarajuste. Y el tráfico en la zona… el tráfico en la zona.

El verdadero amigo es como la sangre, que acude a la herida sin ser llamado

Con toda esta locura montada que generó no pocas antipatías hacia Ruíz Gallardón y sobre todo de una intensidad, con un odio y una rabia nunca vistas, al alcalde se le ocurrió decir que el PP debería moderarse un poco más cuando la ejemplar oposición a ZP dio sus primeros pasitos. La primera en salir al paso fue Esperanza, que dijo que el PP ya era moderado. Luego Losantos, que dijo tanto que no lo voy a reproducir, resumiendo, le tildó de traidor a la izquierda, y luego Zaplana que al él nadie le mandaba callar. Es éste un caso muy divertido y que explica parte de las relaciones turbulentas de Gallardón con el núcleo duro del PP. Alberto, cuando tenía un cargo en el comité ético del PP, recomendó la expulsión de Zaplana por el caso Naseiro. El romance que han mantenido hasta hoy, sobre todo entre bastidores, ni Syd & Nancy pueden reproducirlo con la misma garra y dramatismo.

Y ni le perdonaron ni se hizo perdonar. Gallardón disimuló cargando las tintas contra Zapatero, al que menosprecia airadamente, pero con el del Copetín por un lado y Esperanza por otro, nuestro alcalde empezó a mantener trifulcas a cada cuál más ridícula, por citar dos: el color de las alcantarillas de Madrid, en la que el alcalde amenazó con llevar a los Tribunales a la Comunidad si no quitaba el asqueroso color azul del que las había pintado, o una mucho más sonada que vuelve ahora a nuestras pantallas, esa en la que el alcalde quiere llamar consejeros, como en las comunidades, a sus concejales, a lo que se niega Esperanza, que lo compara con llamar ministros a los consejeros –no sin razón. Y así diariamente, de verdad, todos los días alguna, sobre todo con las aspiraciones de Gallardón en el PP y el “por encima de mi cadáver” de la presidenta, añadamos, al dichoso libro, estas declaraciones: “La ambición de Gallardón es legítima, pero los personalismos me asquean” y “Gallardón sólo habla de su equipo y nunca de su partido, aunque ya estaba en AP (…) Las alusiones al centro por parte de personas que han pertenecido a la derecha o que han estado, incluso, muy a la derecha, refleja un complejo”. Toma tomate tómalo.

En estas circunstancias, con Gallardón tildado de “traidor a España” en las manifestaciones contra ETA, tenemos a un candidato a la alcaldía que, con las cifras en la mano, ha endeudado al ayuntamiento para treinta años, mil y pico euros per capita calculan algunos, ha levantado la ciudad en varios puntos simultáneamente a ritmo salvaje para que le cuadrase con las elecciones, atascando el tráfico en medio Madrid y torturando a los vecinos de algunos barrios con un auténtico martirio, un tío con amplios sectores de su partido en contra y que ve todos los días como desde la emisora de los obispos, que se escucha en el noventa por cien de los taxis de la ciudad, le ponen a bajar de un burro, pero que a la vez ve como la Cadena Ser todos los días a las siete de la tarde programa la tertulia municipal más dura y despiadada que jamás se haya escuchado nunca en un medio de Prisa, un político del que circulan diariamente rumores de todo tipo sobre su actividad sexual que se ven culminados cuando la revista de derecha, si no extrema, sí ala pívot, Época, le saca una amante, material que utiliza ¡el candidato socialista! para echarle a la cara en el debate televisado y que, ya cuesta abajo y sin frenos, resulta que es una pibita vinculada con la mafia más obscena que ha sido desmantelada recientemente en España, ese hombre, ese y no otro, ese, al que hasta se le ha opuesto encadenándose a los árboles una sexygenaria viuda de un extranjero de sangre azul, ese, nuestro Alberto, se convierte en el alcalde más votado de la historia de la Villa de Madrid.

Y este ha sido, ahí donde lo leéis, el fascinante misterio oculto de la maldición de los alcaldes de Madrid. Cuanto más le odian más le quieren, más le quieren cuanto más le odian. Quince años de paradoja llevamos e in crescendo.

Humilde estimación

Se están diciendo muchas cositas y algunas muy serias sobre el porqué de estos resultados. Por un lado está la famosa izquierda desmovilizada abstencionista, por otro -que es con lo que yo estoy más de acuerdo- la teoría de Andrés Boix de que la gente de derechas cree y respeta más las instituciones democráticas que los de izquierdas (y no se ponga así señor de izquierdas que no vota, que no tengo la culpa de que el movimiento se demuestre andando) y la que más se está barajando, expresada por Julio Llamazares en El País hace unos días de que la capitalidad ha otorgado un nivel de desarrollo,  prosperidad y poder a este municipio del que sus ciudadanos no quieren desprenderse, por lo que han interpretado todo el rollo del Estatuto de Cataluña, entre otros, como un ataque directo a “lo suyo”.

De ser cierto esto, lo lógico es que dentro de no mucho tiempo la alternativa posible a una mala gestión de cualquier tipo del gobernante de turno en Madrid, supongamos, la gestión de la Atención Primaria por ser la más básica y cercana, estará estrechamente ligada a los delirios anacrónicos del imperialismo vasco. Así como, en el mismo sentido, la alternativa a un gobierno foral en Navarra en forma de pacto tendrá más relación con el nivel de españolidad en sangre de los madrileños en ese periodo que con la afinidad ideológica en el servicio al ciudadano entre los dos partidos de la oposición. Por esta razón, nuestra política nacional tan viciada en la que dar protagonismo constante a esperpentos como Otegi o a la misma ETA se emplea como herramienta en la lucha entre los dos partidos más importantes, se extenderá a la regional, en la que se gestionan las necesidades más cercanas a los ciudadanos. Al final, para ser socialista habrá un adjetivo especificativo -que no epíteto como hasta ahora- vasco, madrileño o catalán. De modo que las fronteras de las ideologías coincidirán con las fronteras entre regiones. Un buen destrozo en un país en el que gobiernan presidentes naturales de capitales de provincia poco beligerantes en la merienda de negros (Sevilla, León, Valladolid). Mal asunto, y feo, pero que resulta hasta simpático si lo ponemos en comparación con todo lo que se ha vivido estos meses, con ese chorro de noticias que llegaba cada día de todos los puntos de España sin excepción narrando acontecimientos relacionados con las elecciones municipales a cada cual más bananero, tercermundista, ridículo y cutre, como el alcalde que si ganaba repartiría en metálico todas las subvenciones entre los vecinos de los barrios donde más le hubieran votado, por citar sólo una minucia. Por eso, lo que se me antoja más razonable a la vista de los acontecimientos pasados, presentes y futuros, sería prohibir las alcaldías, unas deportaciones, unos campos de concentración, y que los municipios los termine llevando todos una gestora alemana cuanto más al Este mejor.