Antena 3 va a emitir este mes de mayo un programa en el que se entronizará al “Español de la Historia”, a partir de un listado de cien finalistas (imagino que realizado por la propia cadena) del cual, previa votación del dilecto público (puede votarse aquí), se seleccionará al agraciado. Se trata de un programa que ya se ha realizado en otros países, y con los resultados previsibles: Portugal (Oliveira de Salazar), que por aquello de que era un dictador y tal como que ha resultado un tanto polémico (yo habría votado a Emrique el Navegante, pero ellos sabrán); Francia (Charles de Gaulle, comme il faut); Gran Bretaña (Winston Churchill), EE.UU. (Ronald Reagan; ya me veo a todos los liberales conectándose compulsivamente a Internet y votando para que no saliera el rojo de Lincoln) y Alemania (Adenauer; qué morbillo votar en Alemania, ¿eh? Aunque seguro que se agarrarían cual clavo ardiendo al lugar de nacimiento del Führer para no incluirlo y que el público tuviera que conformarse con Hegel).

En España partimos con un doble handicap que no por conocido conviene resaltar menos: el patetismo inherente a España y sus personajes históricos y, sobre todo, el patetismo inherente a Antena 3 y la preselección que ha realizado. Vean, vean qué perlillas ha seleccionado Antena 3:

- Pedro Duque. Sí, Pedro Duque, el astronauta. Seleccionado en “Científicos”, con un par. Que, hombre, está claro que científicos en este país no es que haya muchos, pero… ¿Pedro Duque? ¿No podrían haberlo puesto, al menos, como personaje de la farándula?
- Alejandro Sanz, David Bisbal, Isabel Pantoja, Rocío Jurado. Todos ellos en “Espectáculo”, categoría que en un país con un mínimo de dignidad sencillamente no debería ni existir, y aquí es una de las más nutridas. Pero no la más nutrida, pues esa es…
- Deportes. Es casi candoroso que un país que nunca ha jugado la final de un Mundial y que hasta hace bien poco hacía el ridículo en todas las Olimpiadas se considere a sí mismo una potencia deportiva (aunque ahora, desde hace como mucho quince años, sí lo sea). Sobre todo desde el punto de vista de la inclusión de deportistas en un listado que se supone histórico. Luego pasa lo que pasa. Hay cinco futbolistas, de ellos cuatro, cuatro, del Real Madrid. El Más Listo de la Clase, naturalmente, está ahí. Y oigan, desde cierta perspectiva incluso parece adecuado. Sobre todo cuando El Más Listo está acompañado por ases de otros deportes, como Paco Fernández Ochoa y su medalla de oro o Carlos Sáinz (¡venga, voten a Carlos Sáinz y nos echaremos unas risas!).
- Una categoría que también es divertida es “Empresarios y Emprendedores”. Sobre todo por asociar la voz “Emprendedor” a unos seleccionados que, en la mayoría de los casos, emprenden lo que emprendieron sus padres y abuelos, la clase alta española, Ustedes ya saben. De todas maneras, si se trata de evaluar el influjo que tienen o han tenido en España, tiene su lógica que esté Ramón Areces, que puso El Corte Inglés a disposición del ser humano, o Emilio Botín y sus buenas relaciones con cualquier Gobierno que se precie.
- Como hablamos de España, no podía faltar un apartado de “Iglesia y Religión”, aunque sólo con cuatro integrantes. Entre ellos San José María Escrivá de Balaguer. Que, justo es reconocerlo, se merece la inclusión en el concurso por méritos propios.
- La categoría más indignante, con todo, es “Política y poder”. Se justifica por su separación de lo que podríamos considerar figuras que ya forman parte de la historia (porque están muertos, a veces desde hace siglos, como Isabel la Católica o El Cid). Pero lo increíble es quién está seleccionado en ese apartado. Los cuatro presidentes del Gobierno “importantes” (todos menos Calvo Sotelo), Jordi Pujol, Santiago Carrillo, incluso Juan Carlos de Borbón, tienen toda la legitimidad histórica para estar en un listado de estas características, pero atención a la droga dura que nos proporciona Antena 3: “Reina Sofía”, “Felipe de Borbón” y “Doña Leticia”. Con dos cojones. Habitualmente, cada vez que uno cree imposible superar la babosa genuflexión con que tratan los medios de comunicación españoles a la Familia Real, una insufrible boda o el nacimiento de un nuevo parásito nos sorprende. Pero esto va más allá. ¿Por qué motivo, exactamente, se supone que deberían estar “Doña Leticia” o el Principito en un listado de tal guisa? ¡Que no han hecho nada aún, por Dios! ¡Ya tendrán tiempo de mandar y dar el coñazo más allá de las revistas del corazón! ¡No empecemos tan pronto! ¡Puede que hace 2000 años la fecundación carente de coito fuera un milagro, pero ahora la ciencia ha avanzado que es una barbaridad!

Por si esta selección tan netamente española no les pareciera bastante, piensen en quiénes no están. No está Benito Pérez Galdós, por ejemplo. Hay una carencia de personajes históricos fascinante, y no sólo porque “España”, a los efectos, comience, en opinión de Antena 3, con Don Pelayo (es decir, que no hay nadie de la época romana ni –por fortuna- de la visigótica). Sino, sencillamente, porque asumido el criterio “Don Pelayo” aparecen carencias que no hay por dónde coger. Por ejemplo, no está Fernando el Católico, ni Fernando VII, ni Cánovas del Castillo. Los moros, por supuesto, no existen y no son españoles. Olvídense de Abderraman III o de Almanzor (y olvídense de Averroes, total, para un filósofo con cierta incidencia internacional que podemos acreditar). Esto ocurre, fundamentalmente, porque la selección de “El Español de la Historia” ha sido hecha con criterios de lector de revista del corazón, y punto. Y después pasa lo que pasa. Que a no ser que la generación papichulo vote a Bisbal en masa o los periodistas españoles lo hagan por Doña Letizia, en la práctica no habrá más de diez, veinte a lo sumo, candidatos “reales”. Entre ellos, como bien habrán adivinado, el Caudillo. Tentado he estado de votarlo, entre otras cosas porque sin duda el Caudillo es una de las opciones más solventes, si de evaluar a los españoles con mayor repercusión en la historia se trata. Al final lo he hecho por Hernán Cortes (con un par), pero no me digan que el Caudillo no les pone. ¡Un ridículo aún mayor que el de Portugal! Pero si hay que hacerlo, se hace: todo para evitar el descenso de Doña Letizia al bárbaro abismo televisivo del que procede.