Como soy de los pocos españoles que no tienen una idea exacta de lo que cuesta un café debo de ser también uno de los que ven bastante normal que Rajoy no pueda decir lo que cobra, no por pudor, no por vergüenza, sino porque probablemente no lo sabe con exactitud. Es algo lógico, porque aunque es presumible que él sí tenga una idea aproximada de lo que ingresa anualmente eso no significa que pueda atinar respecto de lo que le preguntaban, que se refería sólo a una parte de sus ingresos (por ejemplo, no cuentan ahí las rentas del capital acumulado): cuánto gana como diputado y líder del PP. Alguien como Rajoy ha renunciado a una profesión más que lucrativa, algo que le honra, para dedicarse a la política. Aunque a buen seguro tiene rentas que algo le generarán de sus años pasados, por lo que no es el dinero cuestión que le deba preocupar en demasía, lo que no es en modo alguno criticable.

El caso es que no es fácil atraer la atención de Rajoy con estos asuntos. Pero, sin embargo, tanto le habían explicado que tenía que estar cercano a los ciudadanos y próximo a sus preocupaciones, que el líder del PP dejó aflorar su veneración por la tetas grandes. En lo que sin duda fue el mejor momento del programa, cuando le preguntan por las listas de espera en la sanidad pública, Rajoy decide recurrir a una “historia personal” (como le habían recomendado los asesores una y mil veces que hiciera para demostrar empatía), y hete aquí que lo primero que le viene a la cabeza, a buen seguro que porque es algo que le quedó marcado, fue una señora de Zaragoza a la que tuvieron que operar del pecho porque… ehem, uhh, ahh… “se le resentía la espalda”. El momento fue maravilloso, casi podía percibirse qué le pasó a Mariano por la cabeza (”tenía las peras tan gordas que la pobre mujer iba doblada”), su esfuerzo para no soltarlo en voz alta, su búsqueda de una fórmula “correcta” para expresar la idea y el indudable éxito con que, efectivamente, solventó el trámite.

El programa de ayer fue mucho mejor que el de Rodríguez Zapatero. Estuvo mucho mejor Rajoy. Estuvieron mucho mejor los ciudadanos. Todos nos lo pasamos mucho mejor, incluido Milà, que prolongó por ello el programa más de lo previsto. Y, aunque el personaje, su capacidad, su fina retranca, su pasotismo hacia los esfuerzos de incierta recompensa, hacían fácilmente previsible que se manejaría bastante bien (y mucho mejor que ZP, entre otras cosas porque haber aprendido de su desastrosa prestación era inevitable), la reacción de los ciudadanos fue una sorpresa. Lo cual demuestra que, todos, cuando se nos da la oportunidad, aprendemos. Porque el tono y la orientación de las preguntas al líder de la oposición fueron mucho más interesantes y equilibrados de lo que tuvimos que soportar con el Presidente del Gobierno.

Es probable, con todo, que las características de cada uno de los personajes inciten a preguntar unas cosas y no otras, como por ejemplo sospechamos que demuestra el programa francés en que se ha inspirado TVE. En tal caso, hay que deducir que a Rodríguez Zapatero lo perciben los ciudadanos, unos con más entusiasmo por su persona y obras, otros con mucho menos, como un mero gestor al que pedir cuentas, más o menos de buen rollo y al que, en el peor de los casos, se le considera un inepto. Se le preguntaba por problemillas menores, de poca trascendencia colectiva, se esperaba su respuesta, se trataba de arrimar el ascua a la sardina propia, pero sin dramatismos. Por el contrario, con Mariano Rajoy, ha de reconocerse que la ciudadanía estuvo mucho más crítica, hostil o, como insinúa “El Mundo” esta mañana, seleccionada aviesamente por TVE para que fueran todos los que le preguntaron militantes del PSOE o del PCE.

Y Mariano Rajoy salió bien parado, en lo personal, del envite. Otra cosa es que, amén de mostrarse dialogante o comprensivo, las ideas defendidas fueran capaces de convencer a quienes le preguntaban. Que, lo que demostraron, siempre y cuando no aceptemos las tesis conspiranoicas de “El Mundo”, es que hay un larvado cabreo con el PP y sus posiciones más que generalizado. Por no mencionar los “apoyos” expresos que tuvo Mariano Rajoy en su esfuerzo por centrar al PP, que podemos resumir en preguntas de ciudadanos que:
- Jaleaban las tesis conspiranoicas del PP y los peones negros sobre el 11-M y le exigían a Rajoy “destapar la verdad” (mientras la chavala le espetaba esto a Rajoy la frente se le perlaba de sudor frío; no en vano cuatro o cinco personas ya le habían reprochado antes sus veleidades con este asunto, pero en la dirección contraria, la que marca la nefanda “versión oficial” que tiene la osadía de acusar de la matanza a los moros).
- Pedían mano dura en materia de delincuencia y, a ser posible, la cadena perpetua.
- Criticaban los modelos de inmersión lingüística, con Rajoy encantado de la vida, para a continuación recordarle, por si no se había dado cuenta, de que lo que criticaban era la inmersión lingüística que preconiza el propio PP en Baleares.
- Se mostraban aterrados por cómo funciona la democracia en España y pedían a Rajoy que propugnara una modificación de la ley electoral para eliminar cualquier vestigio de proporcionalidad. Es digno de tener en cuenta que gran parte del miedo, que hacían explícito, provenía de la poca confianza en que Rajoy se mantenga tan firme en sus convicciones caso de necesitar a CiU o al PNV otra vez como ahora hace gala de ser. Básicamente, porque saben perfectamente qué hizo el PP con ellas en 1996 y qué haría otra vez, si fuere el caso. Rajoy se limitó a certificar que pactaría con quien fuera y que estaría dispuesto a considerar asumir el Estatut en tal caso (sus convicciones al respecto tienen ese límite, la gobernabilidad, ya se sabe), siendo las únicas líneas rojas vaporosas cuestiones de principio que no tuvo a bien detallar. Cuestión de no pisarse los dedos, intuyo.

Mientras estas “ayuditas” perforaban la retaguardia de Rajoy, el programa transcurría en líneas generales por otros derroteros. Lo que “El Mundo” llama “preguntas seleccionadas por Pepiño Blanco”. Esto es, la gente recriminaba al PP su forma de hacer oposición y le iba sacando alguno de los diversos cadáveres varios que guarda Rajoy en el armario. En varias ocasiones tuvo que explicar expresamente que él sólo es responsable de lo que dice él (esto es, no de las salvajadas sobre el 11-M y demás que dicen otros en su partido), que “es de los que creen” que Acebes no miente (aceptanddo que este es un asunto de creencias), que en tiempos recientes nadie de su partido ha dicho que sea ETA quien organizó el 11-M y demás piruetas para separarse de lo que representa su partido para la opinión pública española. Lo cierto es que casi todo el mundo salió del programa con la imagen de que Rajoy es un tío válido, majete, hábil, pero que defiende lo indefendible. Y, lo que es peor, que sabe que así es.

Haciendo una breve enumeración de las “perlas” de Rajoy ayer (y seguro que me dejo alguna):
- Él no sabe nada sobre el 11-M y no es quién para decir quién fue y cómo se hizo. Hay que investigar. Y lo que digan los jueces, bien dicho está (la cosa tiene algo de mérito, no crean, ya que ya reconoce no ser quién para creer o no creer, habiendo evolucionado desde su “convicción moral” expresada en una entrevista en un día donde esta prohibido hacer campaña).
- Aceptó que no acudir a las manifestaciones del PP no significa necesariamente ser “anormal” ni “indecente”.
- Equiparó expresamente el significado político de símbolos de la II República española con los del franquismo.
- Negó expresamente que el PP tenga previsto derogar el matrimonio homosexual, remitiéndose a la solución que dé el TC (hay que entender, entonces, que si el TC lo entiende constitucional el PP no revisará esta institución).
- Criticó al credo musulmán y sus formas matrimoniales “por no ser acordes con las normas españolas, que reconocen la posibilidad del divorcio”. Señor Rajoy, ¿a que no adivina qué otra religión tampoco acepta el divorcio?
- Reconoció a medias el error de la guerra de Irak (no había armas de destrucción masiva), se empeñó sin embargo en justificar la invasión porque “Sadam era el Hitler del siglo XX” (por lo visto Adolf Hitler debió de cometer sus fechorías en otra centuria) y “gaseaba a kurdos y atacó a Irán” (sin embargo, no consideró que hubiera que tomar medidas contra quienes le ordenaron ambas acciones) y mintió al decir que todo el mundo creía que había armas de destrucción masiva en Irak (habría que haberle preguntado a santo de qué, entonces, tuvo que salir Ánsar en la tele prometiendo a todos, palabrita de niño Jesús, confiad en mí, que sí, que las había).
- Explicó que tampoco considera oportuno necesariamente venir sobre la decisión de Rodríguez Zapatero de retirar a las tropas de Irak. Vamos, que él no las volvería a mandar ahora. Aunque no se lo preguntó nadie, dado este brutal desmarque con Aznar, hemos de suponer que Rajoy tampoco apoya bombardear el Líbano y esas cosas. Y rectificó expresa y contundentemente la manera en que Aznar decidió acudir a Irak, sin consultar al Congreso, explicando que él siempre someterá a las Cortes asuntos de esa índole si manda. Es curioso cómo ciertas medidas del Gobierno, criticadísimas por Rajoy, como ésta (o el matrimonio gay o la retirada de Irak), son convalidadas a posteriori por Rajoy.
- Reiteró una y mil veces que el Estatuto catalán es algo que no preocupa nada a los catalanes. Todos y cada uno de los catalanes que le preguntaron lo hicieron por el Estatut o se refirieron a él.
- Aseguró que el PP no ha recurrido ningún artículo del Estatut de Catalunya que sea idéntico a otros preceptos que haya aprobado para otras autonomías (como Andalucía). Esto es sencillamente mentira. Habría que pedirle que, si no está informado de que el PP, en efecto, ha recurrido preceptos que luego ha votado para otros, se dé por aludido de una vez y ordene la retirada del recurso sobre ellos. Porque, sencillamente, no es presentable políticamente tal postura.
- Consideró que los usos parlamentarios de los diputados y en concreto los de su partido no son un mal ejemplo.
- Declaró que la solución de la vivienda era “liberalizar el suelo con los límites del planeamiento urbanístico”. Señor Rajoy, como Registrador de la Propiedad que es Usted, tengo una pregunta que hacerle: ¿mande?