La Página Definitiva es, a estas alturas, un proyecto señero para lo que es Internet, no en vano llevamos en la Red más de seis años (desde el 14 de Febrero de 2000, para ser exactos). Lamentablemente, aunque el balance de estos seis años no puede sino resultar positivo (el hecho mismo de publicar lo que a uno le apetece y que resulte interesante para una parte del público, incluso que eventualmente pueda servir como vehículo de difusión del conocimiento a pequeña escala es, por supuesto, muy gratificante), ya desde hace años podían observarse en LPD diversos síntomas preocupantes:

- El ritmo de actualización: Por diversas circunstancias de la vida, la publicación de contenidos en LPD ha ido menguando de un tiempo a esta parte. Lo cierto es que el tiempo pasa y ya no podemos dedicar a LPD tanto tiempo como nos gustaría (y no digamos tanto tiempo como le dedicábamos al principio).
- La estructura de secciones: otra deuda del pasado. LPD tiene una graciosa estructura de muñecas rusas con miles de secciones, subsecciones y apartados, algunos de los cuales apenas han tenido recorrido una vez iniciados.
- El diseño y publicación de los contenidos: el diseño anterior (bueno, y el actual) proviene de 2001. Aunque un diseño de hace ya cinco años (y, específicamente, un diseño de estas características) puede tener cierto encanto (el muy español encanto de lo casposo), la necesidad de editar mínimamente los contenidos, publicarlos “manualmente” mediante FTP, etc., necesariamente imponía una carga añadida de trabajo (y de trabajo, además, a diferencia del propio de la escritura de los contenidos en sí, desagradable) que ralentizaba todavía más la publicación de los textos.
- Los weblogs: el desarrollo de los weblogs ha sido desigual (como ocurre siempre, por otra parte, con cualquier compendio de proyectos individuales), pero todos ellos se han visto afectados por los continuos problemas relacionados con el spam que han acabado por obligarnos a renunciar, en la mayoría de los casos, a contar con un sistema de comentarios.
- Y los contenidos: buena parte de los contenidos de LPD, sobre todo los más antiguos, requieren de una urgente actualización para adecuarlos a los exigentes estándares de calidad de esta página (derivados directamente del natural histérico y obsesivo de sus creadores). Tenemos por ahí cadáveres en el armario estilo “toda la época romana de Hispania ventilada en cinco capítulos” o “En busca del tiempo perdido -la monumental obra en siete volúmenes de Proust- explicada en un párrafo”, por citar dos de los muchos que a mí me atañen.

En resumen, esta página estaba quedándose esclerotizada, casi como la Unión Soviética en los años setenta. Por estos y otros motivos, hacía ya tiempo que en LPD queríamos llevar a cabo nuestra “revolución pendiente”, pero diversas circunstancias, y singularmente nuestra ya mítica incompetencia, nos lo habían impedido. Finalmente, hemos podido lanzar la nueva LPD gracias a la generosidad y el trabajo de una buena amiga, Lydia del Canto, que inmediatamente aceptó atender nuestra desesperada y carpetovetónica petición de ayuda para, a cambio de nada, darle un lavado de cara a la página en su conjunto que nos permitiera superar los problemas anteriormente reseñados.

Para ello, Lydia se encargó de insertar el infame diseño de LPD, mínimamente remozado (en una lucha en la que confieso que fue el que esto escribe, gran amante de la caspa, el principal causante de que el diseño antiguo, aunque sea sólo provisionalmente, se mantuviera, en lugar de optar por un diseño más acorde con los tiempos), dentro de una plantilla de WordPress, un sistema de gestión de weblogs (un sistema de gestión funciona con una base de datos que permite automatizar el grueso de las labores de edición, diseño y publicación de los contenidos, además de facilitar considerablemente la creación de contenidos en sí) por el que hemos optado para la nueva LPD; de adaptar la(s) base(s) de datos (una para LPD en sí, y otra para los weblogs individuales) sobre la que ahora funciona LPD a nuestra aberrante estructura de contenidos; y de darnos, en fin, las herramientas adecuadas (un proceso equivalente a otras graciosas concesiones del pasado, como el regalo del fuego a los hombres por Prometeo, la escenita de 2001 en la que el monolito le enseña a los monos a utilizar un peazo hueso para repartir yoyah y así hacerse con el poder) para que pudiéramos insertar los contenidos antiguos en la base de datos, así como publicar contenidos nuevos a través de WordPress. Ocioso es reiterar, desde aquí, nuestro agradecimiento por sus casi sobrehumanas generosidad y paciencia para con nosotros (pese a lo cual, no cabe descartar que le demos aún más el coñazo).

La estructuración de las secciones en LPD ha seguido el criterio básico de disociar mínimamente las dos “almas” que esta página, más allá de escarceos u obsesiones varias con lo más granado de la actualidad y la cultura, ha mostrado siempre:

- Por una parte, los contenidos “intemporales”. Es decir, contenidos que no derivan directamente del devenir de la actualidad más inmediata, como las críticas de libros o películas, la historia sagrada, la histeria de España, las series de TV, las lecciones de periodismo independiente, el cursillo para ligar, … Así como los Especiales que, ligados a una determinada sección, aparecen periódicamente, como los de carácter deportivo (fracasos de España en el Mundial y fracasos de España en la Eurocopa) o político (atentados terroristas; guerras contra el terrorismo; negociaciones con los terroristas; elecciones ganadas por los terroristas; etc.). Estos contenidos se insertan en una estructura de secciones ligeramente simplificada respecto de la anterior, en la que desaparecen cuatro secciones (Bolsa, La Red, Literatura y Ciencia, aunque parte o la totalidad de sus contenidos son redistribuidos a otras secciones) y otra, “Sexo”, se ve transformada en “Ligar”.
- Y por otra parte, los contenidos más íntimamente asociados a la actualidad, que en la antigua LPD se encontraban integrados como parte de diversas secciones (Política, Deportes, Mass Media, Cine, Bolsa, Música, …) y ahora se publicarán en la sección de “Actualidad”, es decir, en esta sección, conceptuada como un weblog colectivo que, además, admite comentarios por parte de Ustedes (a diferencia de lo que ocurre en los contenidos de carácter más intemporal, donde quizás el diálogo elaborado a través de los comentarios tenga menos sentido; sí, seguimos siendo gente de mentalidad totalitaria). Dicha sección de Actualidad simplifica enormemente la extrema subdivisión de las noticias en la antigua LPD, circunscribiéndose a dos apartados: “Jornada de Liga” y “Actualidad”. Por supuesto, pueden Ustedes acceder a los anteriores contenidos de Actualidad a través de nuestro Archivo.

Esta disociación se aprecia también en las novedades de portada, a las que se unen también un tipo particular de novedades, las “actualizaciones”, que corresponden a aquellos artículos antiguos de LPD que vayamos sometiendo a una profunda revisión (por ejemplo, por citar el primero -y el más importante- de ellos, el Cursillo para Ligar).

Por tanto, LPD habemus, aunque sea por ahora en versión Beta. Aún quedan por activar los weblogs individuales en WordPress (los actuales y algunos más, en concreto, y por lo pronto, los de Andrés Boix, Lydia del Canto -a la que, como ven, nos resistimos a perder tras el favorazo que nos ha hecho y sigue haciéndonos- y un “viñetablog” entre Alfredo Martín-Górriz y Danuto), cosa que prometemos hacer en breve (y, créanme, no será un “en breve D.O. LPD”, es decir, en un añito o dos). Tenemos que efectuar el copia&pega de más o menos la mitad de la antigua LPD (por ahora están terminadas las secciones de Historia, Teología, Mass Media, Ligar y Libros -que integra todas las diversas “bibliotecas” existentes en LPD, esto es, el “Archivo de Simancas”, la “Biblioteca Ideológica”, la antigua sección de “Literatura”, etc.-. Falta por trasladar las secciones de Deportes, Cine, Política, Música y Cultura Popular). Por no hablar del futuro foro de debate de LPD, cuestión esta que llevará más tiempo. Pero lo esencial ya está hecho. Que, la verdad, ya iba siendo hora.