Hace unos años, en plena campaña electoral, el argumentario del PP deslizó por ahí una comparación entre José Luis Rodríguez Zapatero y Adolf Hitler que hizo las delicias de todos los que leímos en su día las Vidas Paralelas de Plutarco y pudimos constatar que, en efecto, salvo el bigotillo hitleriano, en todo lo demás Zapatero y Hitler eran como dos gotas de agua. Ahora, en el fragor de la lamentable gestión Zpista del proceso de paz y -sobre todo- sus prolegómenos, con los resultados por todos sabidos (impresentable afán declarativo-voluntarista combinado con un proceso de negociación en la práctica inexistente), que han desembocado en el fin de tal proceso, la oposición se ha lanzado al cuello del presidente del Gobierno en una espiral declarativa que nos confirma que, en efecto, Mariano Rajoy, a la vista de lo por él proferido en los últimos días, fue un líder de talante moderado en los años anteriores. Por comparación con otros significados representantes de su partido entonces y con él mismo ahora.

La perlita de lamentarse porque sólo con tener 18 años y ser español, además de con ganar las elecciones (tres requisitos a cual más absurdo), sea suficiente para gobernar ya estuvo bastante bien, pero poco después, loor y gloria al líder de la oposición, lo ha vuelto a hacer: por lo visto, lo que está pasando en la España de Zapatero (y, en concreto, que los demás grupos del Congreso le hayan impedido debatir sus propuestas sobre ETA) es un alarde de totalitarismo tal que ni en la Unión Soviética de Stalin se pudo ver nada parecido. Pese a lo cual, avisa Rajoy, él seguirá defendiendo aquello en lo que cree, tenga el coste personal que tenga (¿un aviso a navegantes de lo que pueda hacer el régimen totalitario y, lo que es peor, antiespañol, con el líder de la oposición? Nunca se sabe, esto se ha puesto todo perdido de ecuatorianos, y vete tú a saber si deciden actuar antes de que el director de La Mañana de la COPE lo haga con ellos).

En principio tal comparación puede resultar, al espectador poco avisado, un tanto extemporánea. A fin de cuentas, ¿no es cierto que Trotsky, el Mariano Rajoy soviético, hubo de exiliarse de la U.R.S.S. y tuvo que plantear sus propuestas desde el extranjero (hasta que se le cayó un piolet en la cabeza y expiró)? Por otra parte, no consta que Stalin llegara a un pacto infame con los nacionalistas del crisol de pueblos y culturas que componían la Unión Soviética y les concediera a todos la independencia. Y ZP no sólo se la habría concedido sino que, a continuación, habría atravesado Europa con miles de poderosos tanques ZP-34 para conquistar Navarra y regalársela a los uzbekos, que a fin de cuentas tienen un nombre vasco hasta la médula.

Pero luego nos ponemos a rascar debajo de la pantalla democrática que ha sabido crearse ZP y, la verdad, las concomitancias nos aparecen por todas partes:

- En primer lugar, las manifestaciones antitotalitarias que en los últimos años ha llevado a cabo el Partido Popular con la ayuda de la Asociación de Víctimas del Socialismo y la Iglesia Católica (institución perseguida por ZP con aún más saña que la Iglesia Ortodoxa por Stalin). Recordarán Ustedes que esas manifestaciones tuvieron (y tienen) una afluencia media de varios millones de personas. Sin embargo, luego uno escucha las cifras del Gobierno, o ve las imágenes que la televisión y los periódicos del Gobierno distribuyen posteriormente, y las cuentas no salen. ¿Cómo es posible que pasemos de entre dos y tres millones de personas a apenas 100.000? ¿Qué está pasando aquí? ¿Acaso desaparecen como por ensalmo? ¿No es más sensato pensar que ZP mete a todos los demás en camiones y se los lleva a Paracuellos para acabar con la Libertad mediante la purga?
- Por otra parte, llama poderosamente la atención el aislacionismo internacional al que está sometido ZP, cuyas revolucionarias iniciativas son saludadas por el Mundo Libre con una mezcla de sarcasmo y pavor ante la perspectiva de que algún día pudieran llevarse a cabo. Todo esto combinado con un sospechosísimo amor de ZP por distintos regímenes tercermundistas que harían las delicias de Ramonet y Chomsky. ¿Les suena? En efecto, Unión Soviética en estado puro.
- Son sintomáticos, asimismo, los sorprendentes cambios de opinión de ZP y su negación de la realidad hasta que ésta le pone definitivamente en su sitio. Recuerden a Stalin pactando con Hitler y verán a ZP pactando con ETA, recuerden a Stalin negándose a aceptar la invasión alemana de la URSS y verán a ZP dejando “en suspenso” el proceso de paz tras el atentado de ETA, fíjense en los repentinos cambios de opinión de Stalin sobre cualquier materia y verán a ZP dictando a medias con Artur Mas un Estatut desde Madrid tras prometer que aceptaría lo aprobado por el Parlamento catalán, o a la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Beria despreciando el Pacto Antiterrorista como un “papelito” tras haber sido su propio líder quien lo propuso en su día.
Y podríamos extendernos mucho más, hacer la siempre oportuna referencia a las subvenciones al arte y la cultura socialistas bajo ambos regímenes, a las votaciones parlamentarias “a la búlgara” que dejan al pobre Partido Popular a la intemperie (como si un régimen parlamentario no debiera ser un mecanismo del siempre necesario consenso entre el Gobierno y la oposición), a, en fin, la insoportable ausencia de libertades en España y el asesinato, corrupción y crimen de Estado que por lo visto caracterizan su Gobierno. Pero nos quedaremos aqui. Porque la cosa puede resumirse, sin necesidad de constatar lo obvio, en que todo rojo tiene un pequeño Stalin en su corazón.