Cuando las cosas se ponen perdidas de democracia representativa llegan unos tíos, te sacan un 3% de los votos, y se te meten en el Parlamento. La verdad es que está bastante bien, queda como más o menos justo eso de que la gente tenga voz y voto y que los que sacan un 3% tengan sus escañitos, aunque sean una décima parte de los que controlan los que sacan un 30%.

Ciutadans de Catalunya ha conseguido casi 100.000 votos en Cataluña, un 3% de los que se emitieron, y ha logrado 3 de los puestos de diputado autonómico en liza. Todo un éxito. Al parecer, además, lo hicieron sin apenas apoyo ni cobertura mediática y con una campaña de puerta a puerta y de esfuerzo personal de sus militantes, sin pasta ni nada. Vamos, una heroicidad (lo que en otros tiempos se llamaba sencillamente, sin darse tanto bombo, hacer política -cuando uno está en un partido minoritario o que acaba de nacer- y se consideraba una cosa como bastante normal, por la que tampoco había que pedir la medalla al mérito civil). Teniendo en cuenta el despliegue informativo habido y por haber, asusta pensar qué ocurrirá el día en que estos tíos dejen de estar vetados por los medios. Por no hablar de qué ocurrirá como un día tengan un resultado electoral que les permita pintar algo.

La Página Definitiva, que es muy crítica con el sistema electoral español por su pésima representatividad, está encantada con que haya más y más partidos con representación, con que los políticos hayan de negociar y pactar, hacer sus componendas, con que un 3% de los votos tenga una representación visible. Desde un primer momento todos nos hemos alegrado mucho, por todo ello, con la irrupción de Ciutadans. Incluso los que más alejados ideológicamente puedan estar de ellos dado que, al ser sus resultados irrelevantes en el juego real de lograr el poder y no inquietar en el fondo a nadie, todos podemos permitirnos ser idealistas a este respecto. Así que, sinceramente, bienvenidos. Son estos Ciutadans una excelente noticia. De verdad.

Lo que pasa es que llama la atención la vara de medir. Los mismos, pero exactamente los mismos, que están entusiasmados con el éxito electoral de Ciutadans y que los jalean hasta la extenuación, como si el 3% logrado por esta gente fuera lo más de lo más, justifican pasiva y, lo que tiene más mérito, activamente, la exclusión de partidos políticos que logran resultados similares o incluso mejores. Huelga decir que estos últimos, a la hora de hacer campaña, dada su actual condición de extraparlamentarios, lo hacen desde la misma marginación informativa que padeció Ciutadans (o, ¿será posible?, más todavía): no cuentan con generosas fuentes de financiación, ni con demasiados espacios gratuitos, ni participan en los debates… nada de nada. Y ahí están, en no pocas comunidades autónomas, con su 4′5% de los votos, elección tras elección, excluidos del arco parlamentario. Pasa en la Comunidad Valenciana, por mencionar un ejemplo cercano para quien esto escribe, con el Bloc Nacionalista Valencià. Y, claro, quien esto escribe, que nunca ha votado al tal BNV, pues igual que se alegra de los Ciutadans y su éxito se indigna con que con más de 120.000 votos y un 4′7% (por hablar de las últimas elecciones), con más de un 6% de los votos en alguna circunscripción, esta gente se quede fuera. No parece, si aplicamos el mismo rasero, que pueda ser de otra manera, que quepa otra cosa más que el sentimiento de enfado. Pero estamos en España. Y es.

Cuando la cosa no se queda ahí y los mismos que se envuelven en la pureza democrática de Ciutadans defienden a la vez, a veces casi sin solución de continuidad, cosas como que los partidos nacionalistas acaben fuera del Parlamento español a menos que logren un 5% de los votos en toda España, empiezan a aflorar legítimas dudas sobre la honradez intelectual de estos personajes. ¿Es compatible identificar como el mayor logro ético reciente de nuestra democracia que unos tíos con un 3% de los votos obtengan representación y, a la vez, pretender alzaprimar todavía más el exceso de representación que logran los grandes partidos nacionales en nuestras Cortes Generales?