El Parlamento Europeo ha escenificado esta mañana el bello clima de concordia que reina en la política española en asuntos de Estado. Mientras Borrell, Barón, Mayor Oreja, el entrañable Vidal-Quadras y una tal Valenciano, a la sazón eurodiputada socialista encargada de armar gresca, lograban que se produjeran hasta tres votaciones para demostrar que sus amiguitos de otros países les ajuntan más que a nadie y ETA va comprando pistolas a la manera de los jóvenes que distraen artículos en grandes almacenes (¡Dios mío, que venga un perito a sacar conclusiones sobre esto!), el PP en España sigue a la suya. Y el Gobierno, en plan antidemocrático, sin hacer caso a la AVT, que por lo visto es la entidad que debiera gestionar la política antiterrorista.

El PP está suicidándose electoralmente (no de manera definitiva, sólo por cuatro años, hasta que Aguirre logre la resurrección de la esperanza) por sus ideales. Y eso tiene mérito. Porque no estamos hablando, además, de ese tipo de convicciones que alentaron su radical rechazo a las peticiones de los malvados catalanes, a quienes negaron el cava, la nación y, lo más importante, la pasta para luego ir subiéndose al carro de la nueva financiación y de las realidades nacionales en cuanto pasó un cuarto de hora y hubo que negociar otras reformas estatutarias. No, cuando de ETA se trata las convicciones y sentido de Estado del Partido Popular están fuera de toda duda. Nunca jugarían con algo tan importante. El problema es que esta asunción, quizá poco científica, se da de hostias con las cosas que están diciendo. Y uno ya no sabe qué pensar. Así que analicemos qué posibles causas podrían explicar la extravagante conducta del principal partido de la oposición:

- La gente del PP se cree, de verdad, lo que dicen sobre la negociación con ETA. Esto es, han caído en la cuenta del error que supuso la desarticulación de ETA pm, de lo nefasto de las conversaciones de Argel o de lo mucho que se equivocaron con la tregua del 98 y sus contactos con el Movimiento de Liberación Nacional Vasco. También se han percatado de que lo que se ha hecho en Irlanda del Norte, por poner un ejemplo internacional, es un error. Y además de pedir perdón por los desatinos pasados de los que ellos fueron responsables mantienen contra viento y marea su postura porque creen, de veras lo creen, que sólo así se salvará la patria. Dado que esta posibilidad obligaría a replantearse la salud mental de los cuadros dirigentes del PP y nos dejaríamos una pasta en psiquiatras para que se suavizaran las pesadillas nocturnas que les produciría el recuerdo terrible de lo fatal que lo hicieron Rosón y compañía en su momento, de la terrible responsabilidad contraída entonces con su actuación, que tanta desgracia ha causado, casi mejor que no la contemplemos como ajustada a la realidad. Porque, además, sería tanto como ir dando ideas a Alcaraz y sus amigos, que acabarían aumentando sus numerosos afiliados, ¿por qué no?, con víctimas de la ETA pm y empezarían a exigir más y más pasta y a montar pollos, desde su acrisolada independencia, en protesta por cómo la derecha osó pactar con gente con las manos manchadas de sangre.

- La gente del PP sabe de qué va el asunto, pero prefiere engañar a la población y negar la evidencia (en punto a qué harían ellos caso de estar en el Gobierno, a si la oposición les apoyó en el pasado en trances semejantes, por ejemplo) con la esperanza de que de esta manera se pueda obtener algún rédito electoral. Por mucho que Pedro Arriola sea un reconocido incompetente e incluso asumiendo que haya quien tras la experiencia de la gestión del 11-M crea que tiene algo que ganar haciendo guisos electorales con estas cuestiones, no consideramos realista que una persona de la estatura moral de Mariano Rajoy o que quienes están dedicados a la gestión de los intereses públicos vocacionalmente, como los integrantes de la cúpula del PP, puedan pringarse de esta manera en este cienagal ético.

De forma que, excluido que actúen así por convicciones o por cálculo electoral, ¿qué puede estar pasando? El misterio es hondo, hasta el punto de que no nos consta que nadie haya logrado aportar luz sobre el mismo, pero LPD cree sinceramente haber encontrado la solución. En plan “Doctor House”, vale, por mera exclusión de las alternativas ilógicas, y sin tener siquiera la posibilidad de medicar a voleo para ver qué pasa y actuar en consecuencia. Pero es suficiente porque la lucidez de la explicación la convierte en irrebatible. Y si cualquier flipado puede ir por ahí afirmando en un informe oficial que la posesión de ácido bórico es prueba fehaciente de la vinculación con ETA, ¿se nos negará el derecho de exponer nuestras sensaciones como verdad revelada? De manera que, demostrando que hemos madurado y podríamos tener un hueco en cualquier redacción dedicada al periodismo de investigación en España a poco que empezaran a pagarnos pasta o dispusiéramos de fondos para completar la otra variedad del género (pagar por obtener confesiones a la carta), allá va:

LPD ha descubierto que el PP está actuando, en connivencia con el Gobierno, como “poli malo” para facilitar las negociaciones a Rodríguez Zapatero. Es evidente que, así como los robos de armas y algaradas varias tienen para los terroristas la (gran) utilidad negociadora que tienen; la voluntad del Gobierno, perfectamente comprensible, de ceder únicamente en cuestiones personales y penitenciarias se ve apuntalada por el espectáculo cavernario que anda montando la derecha. Fortalece la posición propia, pues acojona al contrario al hacerle creer que la ruptura está más próxima de lo que en realidad está. Además da una idea sesgada (y que beneficia al Gobierno) de cuál es su verdadero margen negociador. Y, sobre todo, permite apelar a la posibilidad de un palo futuro. Todo muy clásico, ya seben, en plan “no, si yo querría, pero mira lo que tengo detrás”. De hecho, no difiere mucho de lo que también ETA más o menos trata de transmitir, intentando así arrimar lo más posible el ascua a su sardina. Pero gracias a la postura del PP el Gobierno puede permitirse cierto margen, cuando no emplear la velada amenaza de “como me hagas perder las elecciones y vengan estos de aquí… tú verás”

El PP y Rajoy tienen un enorme mérito al actuar de esta manera, ya que este papel tan ingrato puede pasarles factura electoral. Es más, se la pasará. De ahí el indudable valor de que mantengan su posición, que es obvio que es desinteresada. Nada han de ganar con ello, como no sea reconocimiento. Pero que llegará siempre tarde, cuando ya no sea posible su rentabilización política. Si lo hacen es, sencillamente, por sentido de Estado. Y si ETA opone una “ETA auténtica” en la mesa negociadora los emisarios del Gobierno siempre pueden contratacar con la “Eterna Españaza” que se atisba en las sombras de la bancada popular en el Congreso o que inunda las ondas gracias a la generosidad de la Conferencia Episcopal Española. La jugada, es obvio una vez se cae en ello, está clara. Y tiene la ventaja de que constituye la única explicación medianamente racional del comportamiento del PP.

Además, conviene recordar que ZP no es la primera vez que emplea algo así. Recuérdese el gracejo con el que sacaba a pasear a Bono durante el debate del Estatuto catalán y, cuando la cosa descarriló, cómo apareció convenientemente un generalazo en plan espadón decimonónico amenazando con meterle los carros de combate al abad de Montserrat debajo de las barbas. El tal General Mena, sacrificado no se sabe si con engaños o a base de unos lingotazos de algún artero que se hizo pasar por amigo que lo jaleaba en sus obsesiones intervencionistas, hizo una labor preciosa para Rodríguez Zapatero. Le puso a la gente moderadamente a su lado ante una injerencia tan desafortunada, pero indicó a los catalanes con claridad que les convenía estar a buenas con los españoles sensatos y que para ello mejor rebajar algo el tono. Unos días después Arturr Mas firmaba como un corderito la claudicación de las aspiraciones para-soberanistas que había alentado el Parlament de Catalunya. Y es que no hay nada como soltar a la jauría amiga, convenientemente aleccionada, a que monte un poco de show y acojone a la contraparte con la que se ha de negociar. ETA lo hace. El Gobierno, repartiéndose papeles con el PP, también.