“a medida que el Universo Expansivo Pensante se expande, el divino Padre adquiere a la vez, infinitas nuevas formas; él está antes que el estar se haga presente; conoce los mundos y soles, antes de que éstos nazcan; conoce sus historias planetarias; antes de que éstas se desarrollen; y él sabía la existencia del actual universo, antes de que éste se materializara; como sabía de los que ya estuvieron en el espacio; cuyo número jamás será conocido por criatura alguna; si los mundos son por su cantidad como los granos de arena de un desierto, los universos lo son igualmente; porque ninguna cantidad es menos ante el Padre; ni lo finito, ni lo infinito…”

 

El Divino Alfa y Omega (pasajes extraídos de 300 rollos telepáticos, de los 4000 que existen en Lince - Lima - Perú, y de los 10000 a nivel planetario)

Me va a perdonar el lector porque esta cita será lo único que encuentre en este artículo relativo a la unidad de España y las elecciones catalanas. Mi intención es tratar un tema mucho menos importante pues sólo afecta a toda la humanidad, pero es que LPD es así de exótica y extravagante; nos va lo rarito.

La semana pasada se celebró en Pilanesberg, Sudáfrica, el congreso de la Asociación Médica Mundial (AMM). En él los médicos se lo pasarían pipa como es habitual en este tipo de simposios profesionales. Alternarían por la noche, papearían cual tinaja de Danaides por el día y, entre otras aficiones como la caza y la pesca, analizarían temas de actualidad, firmarían manifiestos y discutirían qué añadir o sacar de su código ético.

El caso es que la delegación española allí presente tuvo especial protagonismo en dos mociones: una contra China, pidiendo su expulsión de la AMM, y otra contra Cuba. Puede resultar un tanto extraño así dicho ¿Los españoles? ¿Pero no eran una República Islámica gobernada por la ETA? ¿Cómo es que van de azote de la Revolución… si parecen la Contra? Pero no. La cosa tiene su miga.

En el caso de China, los colegiados españoles consideran intolerable que hagan transplantes de órganos con los presos condenados a muerte. Los chinos sostienen que esto se hace con el consentimiento de los reclusos. Y es cierto el reo no da el visto bueno bajo coacción, que de muerte no le pueden amenazar precisamente. Pero éticamente, el asunto no hay por donde cogerlo y como es habitual en China se trata de un trámite tan transparente como la cabeza del Lehendakari.

Sin embargo, el tema cubano es más complejo. Como todo el mundo sabe que Fidel Castro cada vez que puede suelta que Cuba es una “potencia médica mundial”. Esto quiere decir que exporta médicos. Es difícil encontrar cifras razonables de cuántos tiene en África. En las páginas de castristas y anticastristas –vaya dos patas pa´un banco- las cifras bailan que ni en medio de la pista del Poseidon. Emplearemos, pues, la lengua que nunca yerra, el español, para solventar el trámite: en África hay la hostia de médicos cubanos. En Venezuela, por lo menos, hay más de diez mil. Y a Bolivia, con exactitud podemos afirmar que se han enviado recientemente 4.000.

Cuba paga los sueldos de sus galenos desplazados y a cambio recibe hidrocarburos o cualquiera que sea lo estipulado en el acuerdo de rigor firmado con el país receptor.  Ésta práctica, que suele estar muy bien vista porque es percibida como una dignificación de la relación de Cuba con el resto del mundo pese al embargo comercial estadounidense sobre la isla, es, en realidad, un intercambio cuyas consecuencias pueden ser mucho peores que los males que pretende solucionar.

De entrada, la cualificación de estos médicos es bastante dudosa. No hay ningún tipo de homologación de su titulación allí donde acuden, pero al margen de eso, Bolivia, Venezuela, Guatemala, Angola… son países con un importante paro médico. Cuando se produce la inyección de doctores cubanos el mercado laboral sufre un auténtico seísmo. Si ya era difícil salir adelante para los médicos locales en su país en circunstancias normales, con la llegada de los caribeños se convierte en algo completamente imposible.

En esta situación, la consecuencia es siempre la misma: los médicos emigran. Lo que temen los colegios médicos de los países receptores es que cuando venzan este tipo de acuerdos con Cuba, puesto que todo pacto político es siempre temporal, si por cualquier cosa los médicos cubanos han de volverse a su isla, el país quede completamente desprovisto de asistencia sanitaria, pues el grueso de sus médicos está viviendo el sueño americano a tope rockin in the USA. Todo esto obviando que los cubanos han de estar en libertad vigilada allá donde se hallen puesto que muchos de ellos aprovechan para largarse de la dominación castrista, o que cuando se cometen negligencias o casos de mala praxis médica se producen apagones informativos y demás truculencias propias de la dictadura del proletariado.

Las migraciones médicas son uno de los problemas más graves que sufren los países subdesarrollados. No es que la AMM sea un organismo ideado estratégicamente por Henry Kissinger para dar por saco a los países comunistas. El anterior toque de atención se lo llevaron precisamente los Estados Unidos de América y Sudáfrica. Ambos son dos países receptores de médicos emigrantes de países pobres. Sobre todo en África, en todos los países subsaharianos, es dotarse de un solo médico con esfuerzos inenarrables para que automáticamente éste, haciendo uso de su libertad individual, haga las maletas y se vaya a Sudáfrica. A ambos se les dijo que hicieran el favor de formar y proveerse del número de médicos que necesitase su cobertura sanitaria, puesto que literalmente absorben y destruyen la frágil estructura asistencial de los países desfavorecidos. La AMM sostiene que las migraciones médicas empobrecen más al pobre.

España, como es habitual en esta casa, dentro de este problema juega un papel de lo más original y pintoresco e incluso por momentos hasta vergonzante. En nuestro país un número no alarmante pero sí muy importante de médicos migran a Suecia e Inglaterra como destinos favoritos. En su lugar vienen médicos extracomunitarios reproduciéndose el fenómeno. No vamos a entrar en las condiciones laborales en las que se ejerce la medicina en España que motivan la migración de nuestros médicos, pero son ampliamente mejorables, o si no, hable con un MIR a ver qué le cuenta, ya verá cuanta alegría y satisfacción se puede leer en las lágrimas que broten de sus cansados ojos.

Sin embargo, lo más rabiosamente español de las migraciones médicas, es como siempre, nuestro fenómeno característico: el temita. En España somos nosotros mismos quienes nos peleamos por nuestros propios médicos. El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, descentralizado por CC.AA, se rige por el principio de equidad, norma cuya principal función es, como toda ley ibérica, pasársela por el forro.

En cualquier caso, el quid de la cuestión es el tema de las migraciones médicas internacionales. Está comprobado que el sistema liberal a saco Paco genera un panorama desolador y las populachadas de los soviet supremos pueden suponer tres cuartos de lo mismo. Para garantizar la asistencia sanitaria, en el caso de que pensemos que es un derecho universal -ya sabe Usted, esa idea tan díscola y desfasada totalmente pasada de moda, que las personas somos personas ¡válgame! Qué rancio suena- la AMM aboga por que cada país tenga capacidad para hacer permanecer a sus médicos en su territorio. Por tanto, la pregunta es si entre ambos modelos, el liberal y comunistobolivariano, cabe algo racional; aunque el interrogante más enigmático es si realmente esto le importa a alguien.