España, como todo el mundo sabe, y si no lo sabe aquí se lo comenta LPD, es una monarquía. Este sistema de gobierno se basa en la figura de un Rey o de una Reina, o de ambos a la vez. De toda la vida de Dios, el Rey básicamente era el propietario de tu persona. Sin embargo, con el paso de los años, los avances del pensamiento y la llegada de la música pop, se asientan las llamadas monarquías parlamentarias, en las que el Rey es sólo dueño exclusivo de la representación del país en cenas y ágapes de diversa naturaleza, aunque conserva algunos resortes para poner a prueba la paciencia de su súbditos, como es el hecho de tener que firmar o no las leyes con las que se dota el populacho. De todas formas, dentro de esta función, también existe la posibilidad de que el monarca llame directamente imbéciles a los ciudadanos. Tal es el caso de Balduino de Bélgica, que le dio por no firmar la despenalización del aborto en 1990, dimitió y entonces el Consejo de Ministros asumió la Regencia y firmó la dichosa ley, para que al día siguiente se reuniera el Parlamento y proclamase de nuevo Rey a Balduino sin ningún voto en contra, quedando patente la utilidad y necesidad de un monarca en Bélgica y la paciencia o, para no andarse con rodeos, tragaderas de su pueblo. En el caso de España, Su Majestad el Rey, Juan Carlos I de Borbón, nunca ha sido muy amigo de dar el cante jondo al estilo belga. A él le ponen el pergamino delante, firma y a correr… o navegar, o montar en moto, o esquiar, o jugar a los médicos.

Hay tres características fundamentales que definen la monarquía: Es vitalicia, es hereditaria y existe por la gracia de Dios. Si bien esta última, tal y como decíamos antes, con la modernización del paisanaje, ha ido derivando hasta un concepto mucho más avanzado como es el hecho de que exista, no por la providencia, sino por cojones. Ya que los reyes pueden llegar al trono de forma muy democrática, tras un plebiscito, pero el hecho de que sea él precisamente al que hay que elegir o no, efectivamente, es por cojones.

La monarquía también es una institución residual, algo del pasado que persiste por razones peregrinas. Por mucho que se empeñe la prensa de altura en decir que una monarquía es moderna porque sus miembros hacen surf, la realidad es que cuando hay una erupción de hechos diferenciales en alguna parte del mundo y se forman siete países nuevos de doscientos habitantes cada uno, a ninguno de ellos les da por constituirse en monarquía, lo normal es que sean repúblicas o dictaduras sin complejos. Por ejemplo, cuando se rompa España y Cataluña sea independiente, no se convertirá en reino y ofrecerá la corona a Ronaldinho, del mismo modo que los vascos no van a proclamar Rey a un piedro mogollón de gordo que domina un valle desde una colina por la que sale el sol. Aunque no hay que descartarlo, puesto que estamos hablando de españoles, no, definitivamente no, hoy en día no se puede decir que haya una fiebre monárquica. Se trata de un sistema injusto en su más pura esencia y, a día de hoy, en estos tiempos, las naciones albergan injusticias mucho más complejas.

¿Y qué pintamos los españoles con un sistema injusto en su más pura esencia? Pues es lo de menos. Se podría decir que sucede porque somos infrahombres andrajosos incapaces de salir de las tinieblas, por lo que es preciso que nos guíe la voluntad de un ser superior o caudillo. Tuvimos uno que quiso que meásemos sobre pilas y, a continuación, llegó el actual, que es muy bueno, muy bueno, muy bueno y muy moderno, muy moderno, muy moderno, y expresó su voluntad de que viviésemos en libertad dueños de nuestro propio destino etcétera. Así que vivimos en democracia, no porque nos guste -que no nos gusta- sino sólo porque lo dice Él. Y obedecemos. Por lo tanto, en el caso de que a Usted no le guste obedecer en estas circunstancias, tiene un nombre: republicano. Pero acongójese y sude atemorizado en un rincón húmedo y oscuro, porque tal y como demuestra el hecho de que estos temas ni se planteen en las Cortes, son ustedes cuatro gatos mal contados. Qué le vamos a hacer, reprodúzcanse más, como los del Opus, pero a LPD no la miren.

Dicho esto, pasamos página y abordamos la actualidad de España. La princesa Letizia Ortiz Rocasolano ha sido bendecida por la gloria y esplendor de una pulsión seminal y ha quedado encinta. Aún no se conoce el sexo del mocito, pero de ser varón, según la Constitución española, éste precedería a su hermana mayor en la línea sucesoria, tal y como hizo con las dos infantas el Príncipe de Asturias y futuro padre de la criatura, siempre y cuando, eso sí, no le maten en su casa con un revolver, que siempre puede suceder entre hermanos de esta ralea.

Este hecho ha provocado, desde hace ya un tiempo, tremenda indignación entre los ciudadanos de progreso de este país. Encuentran injusto que se discrimine a la mujer a la hora de heredar cargos que emanan de Dios, por lo que exigen un cambio en el articulado de la Constitución referente a ese particular. Se ignora si la existencia en funciones de la Corona les ofusca. Por de pronto, en España no ha habido hasta ahora ningún debate en los medios sobre la conveniencia o no de una república que haya alcanzado tres cuartas partes del eco que ha tenido la posible abolición de la Ley Sálica.

La razón que se arguye es irrebatible: Es injusto que el varón herede el cargo antes que la mujer por el mero hecho de ser varón. Ser injusto, por supuesto que lo es. Lo que pasa es que, en este marco, cuando se incide en ese detalle de discriminación sexual, parece que se obvia el de la discriminación por edad o mayorazgo. Es más, lo más discriminatorio de todo, el hecho de que se herede el cargo, se asume con toda naturalidad.

Lo que no está claro es si también sería considerado como algo tan normal y descontextualizable una iniciativa que promoviera el uso de líquidos inflamables no abrasivos con el cutis para cuando el hombre actual, camisa de Dior, decide coger a la mujer de hoy, bolso de Armani, y prenderle fuego en su domicilio. ¿Se consideraría un avance hacía una violencia de género más moderna y humana?. Otra pregunta es si esta iniciativa por la equidad sexual se hará en los mismos términos que aquella campaña del Ministerio de Sanidad que inundó los poblados chabolistas de la heroína con unos trípticos en los que ponía: “Si te pinchas, no te pinches en la arteria”; ¿se reivindicará este asunto en plan “Si eres un sátrapa, tírate el pisto tron y sé progre, multikultural y solidario”?.

¿Cómo afrontar esta situación? ¿Cómo aguantar que nadie se queje de que el Rey tenga la osadía de dejarse ver por ahí en pantalones cortos, habrase visto tamaño insulto al pueblo español, y que ahora se monte un revuelo por esta sandez? Dios escribe con renglones torcidos, los caminos del Señor son inescrutables y la única forma de hacer oposición a este sin dios infantil de “Monarquía, vale, pero que sea chanchi” es enroscarse la boina roja, echarse al monte, atacar al hombre y quemar los pueblos al grito de ¡O así, o asá, pero nada de mondongos! ¡Viva la Ley Sálica!