Estados Unidos, en su afán por seguir los dictados del cine, ya tiene un presidente negro. En su día se empeñó en tener una catástrofe espectacular y tuvo el 11-S (por cierto, que ha muerto recientemente el pionero de la idea, Nikola Kavaja, serbio, que en 1979 quiso estampar un Boeing 707 en los cuarteles generales del Partido Comunista de Yugoslavia y desistió porque se dio cuenta en pleno vuelo de que no sabía dónde estaban) ahora, tras cientos de miles de jueces negros en la tele, como el de ‘El Príncipe de Bel Air’, y algún que otro presidente en el cine -siempre en contextos muy particulares ya sea por el propio título ‘De incompetente a presidente’ o ‘Idiocracia’, o por la temática, ‘Deep Impact’, el fin del mundo ni más ni menos-, el caso es que de una vez por todas los estadounidenses tienen como presidente a un moreno.

La euforia con la que el planeta ha recibido su victoria puede que ponga de moda postular candidatos de minorías con orígenes exóticos a las elecciones. Quién no vota ya por un transexual brasileño como Mister PESC. Además, países como el nuestro cuyas gentes miran a EE.UU. con condescendencia porque a estas alturas de la vida no se puede ser tan racista como los yanquis, podrían quedar retratados. Presenta un candidato gitano a la presidencia del Gobierno de España, ya verás qué bien le va.

Todavía hay que esperar, eso sí, a que no le maten. Haciendo uso del célebre libro ‘No pienses en un elefante’, parece que la prensa estadounidense ha hecho cuentas y ha calculado los ingresos que le supondrían las tiradas del día posterior al asesinato del presidente, a la vista de los ríos de tinta que ha gastado en darle vueltas a un hipotético magnicidio.

A la espera de que esto suceda, por ahora lo que hay que reconocer es que Obama viene pisando fuerte. De entrada, ha conseguido que la prensa mundial, El País en España por ejemplo, rescate del olvido un estilo periodístico en desuso, el de la Europa de Entreguerras y fascismos, donde inolvidables próceres de la política llegaron al poder gracias a artículos de pseudo información en los que se destacaba su “magnetismo personal”, “enérgico y convincente discurso” y demás formas de adjetivar muy lejanas de lo que tiene que ser un periodismo pretendidamente veraz.

Porque Obama todo lo puede. Ha logrado también que Esperanza Aguirre cambie su opinión sobre él en cuestión de quince días, como percibió la Cadena Ser y su hemeroteca, o que sujetos como Gustavo de Arístegui se laven la cara en público impunemente disfrazándose de persona al decir cosas como que le daba miedo que una mujer como Sarah Palin llegara al poder por haber manifestado que la guerra de Iraq es una “guerra de Dios”. Gustavo de Arístegui, el hombre que paseó el PP por todas las televisiones de España a vender las ‘verdades como puños’ que justificaban la guerra pornográfica que nuestro Gobierno quería alentar y con la que cooperó.

Sin embargo, no todo el mundo ha recibido al nuevo presidente estadounidense con los labios menores abiertos de par en par. Otro hombre del que su prensa afín también subraya su gran “magnetismo personal” y “enérgico y convincente discurso”, el Comandante Fidel Castro, ha advertido de que el negro será igual de perro que el resto de presidentes del Imperio. No se pueden adelantar acontecimientos, pero para que Fidel no lleve razón, Obama tendrá que jugar todo un papel. Un papelón, porque tiene el Imperio hecho un bardal.

Para empezar, su propio país, que este fin de semana, en elocuente alegoría, ardía por un costado. Obama tendrá que hacer frente a las consecuencias de la eclosión simultánea de unas cuantas decenas de Rumasas. La célebre crisis de las subprimes y los miles desahucios, paro y caída en cadena del entramado financiero del país. No tendrá muchos problemas porque cuenta con el dinero de todos los contribuyentes y el consejo de José Luis Rodríguez Zapatero, quien invitado por el ex ultra capitalista, de los ya extintos desde hace sólo meses de llamar pan al pan y al vino, vino, Sarkozy, ha acudido a la cumbre del G-20 ha explicarle al mundo las ideas del delfín de Mariano Rubio.

Otro que ha acudido a salvarle los muebles al Imperio ha sido Bernat Soria. El tema de la Sanidad en Estados Unidos ha sido un asunto de gran protagonismo en los programas de ambos candidatos. Y lo hubiera sido quince años atrás de no haberle callado la boca Clinton a su mujer en su día, que ya advirtió que el sistema que tenían era muy problemático y su transformación quiso que fuera el eje de su primeradamismo. Lo que se desconoce es de qué sistema sanitario de los diecisiete que hay en España les habló el ministro cuando acudió a dar su famosa conferencia el 17 de octubre. Tal vez del de Madrid, vendido en el Rastro por cuatro pesetas, tal vez del gallego, volviéndolo a comprar por un pastizal después de que fuera parcialmente privatizado.

Pero lo cierto es que no importa cuál eligiera, porque Estados Unidos ya cuenta con el mejor del mundo. De hecho, no hacía falta que Michael Moore en su documental ‘Sicko’ se fuera a Cuba a sacar un hospital para dirigentes del partido y el Ejército, detalle que omitió –a los que va el pueblo que es gobernado por sí mismo en la dictadura del proletariado carecen en muchos casos de lo más elemental, como que tienen las agujas romas, y no es una hipérbole-. Estados Unidos cuenta con un modelo sanitario ejemplar, la red de hospitales de veteranos. Es un sistema que se basa en el principio de equidad con una financiación pública y centralizada cuya relación coste / eficacia  es tan favorable al paciente que perfectamente se podría aplicar a escala estatal –en un cuento de hadas, claro, no con el negocio asistencial como sexta parte de la economía del país-. No difiere mucho de lo que quiso implantar en España Ernst Lluch con la Ley General de Sanidad del 86, un modelo que nunca se ha llegado a desarrollar del todo y al que la ley del PP del 97 ha dejado a merced del negociete, por muchos tocamientos que se quiera hacer Bernat Soria al explicar nuestro sistema como cuando defienden los franquistas la Seguridad Social o taller de reparación de obreros de José Antonio Girón de Velasco como si fuese la panacea de la filantropía.

No obstante, que nos perdonen los estadounidenses si decimos que sus problemas internos nos importan una mierda. La trascendencia de la llegada de un abogaducho negro a la Casa Blanca depende sobre todo de la línea que lleve su política exterior. Teniendo en cuenta que la consigna que ha imperado hasta hoy ha sido la de ir por ahí prendiendo fuegos, de nuevo nos encontramos con otro papelón.

El incendio más reciente, relacionado con la propia campaña electoral por Putin, el de Georgia. Todavía nadie ha aclarado cuánta información tenían los rusos sobre el ataque que desencadenó Georgia contra Osetia del Sur. Pero lo que está claro es que el aliado de EE.UU. era Saakashvili, que atacó él y que el número de víctimas civiles que ocasionó en una mañana no anda lejos del que se imputa al súper villano Karadzic. Por mucho que los georgianos lograran situar su problema con nuevos países de nombre extravagante en todos los informativos occidentales, el resultado a quien ha terminado favoreciendo es a Putin. Si no, la prensa afín no se hubiera apresurado a decir, después, que resulta que en Abjasia y Osetia está el dinero de todas las mafias del mundo. Si quieren, miramos de quién es el que hay en Suiza y las Seychelles.

Además, si se tratase sólo de eso, difícilmente Estados Unidos apoyaría al mayor gobierno de terroristas que hay en el mundo, que es el de Kosovo. Financiado gracias a, entre otras actividades, el robo en España, y temas como el que levantó Carla del Ponte en su obra de corte garzoniano, ‘La Caza, yo y los criminales de guerra’, sobre el tráfico de órganos con prisioneros serbios –con desaparición física de los testigos, según Der Spiegel hace unas semanas-. Pequeños detalles que dan una idea de lo que hay ahí montado con la anuencia del Imperio y sólo tres españoles: Ibarretxe, Carod Rovira y Javier Solana.

Lo gracioso del asunto es que todos estos son problemas menores. Así como es una minucia que Rwanda, aliado de Estados Unidos e Inglaterra, esté armando y financiando a un tío encargado de que vuelva a bajar el precio de los móviles y la Play Station, es decir, invadiendo El Congo. Del mismo modo que provocar una guerra civil en Bolivia es un asunto secundario. Además aburrido ¡se ha miccionado tanto sobre Sudamérica de esta forma! O el muy mediático –con Miguel Bosé muy concienciado- del Tibet, donde por muchas arbitrariedades que hayan podido cometer los chinos, el conflicto a sangre y fuego hunde sus raíces en el día en el que, vaya, los estadounidenses armaron a un cacique local con ínfulas. Y no es una frivolidad situar en segundo plano todas estas disputas que llevan la firma de la Casa Blanca en letras de oro. Es inquietante, porque el problema de verdad al que tendrá que enfrentarse el Amo del Mundo está en Pakistán.

Se vende Irán como amenaza espantosa de nuestro tiempo, pero no lo es. A este país se le está vejando con el tema nuclear como excusa. Todos los países tienen derecho a emplear la energía nuclear con fines civiles. Si se quiere evitar que termine fabricando armas nucleares, se le ayuda y se le supervisa, no se le acosa. Y además, no se venden motos. La imagen de Irán como un conjunto de barbudos muy peligrosos y muy cabreados no es sino un producto de la conciencia de Estados Unidos. Hay que pensar que si te cargas una democracia con su presidente electo incluido para colocar en el poder a un genocida, y el pueblo consigue derribarlo con los cojones necesarios como para secuestrar una embajada, un casus belli, para exigirte que les devuelvas al genocida, al cual tu dispensas una lujosa jubilación, que lo quieren juzgar por, tal y como relató a LPD el enviado de Televisión Española a la Revolución iraní, detalles como llenar camiones de gente, adultos y niños, para volcarlos y ametrallarlos en cantidades industriales, para después apoyar a Iraq quien tuvo la feliz idea de invadirlos en una guerra de ocho años, pues es normal que pienses que pueda que estén cabreados. Sin embargo, así las cosas, no consta que ataquen a nadie estas buenas gentes, los persas.

Otro doble rasero. Porque a Pakistán, que sí que tiene armas nucleares, y también son barbudos, se le apoya y se le mima. No obstante, no debe haber en el mundo ahora mismo un país donde mayoritariamente la población odie más a Estados Unidos que en Pakistán. Un estado con unos desequilibrios internos impresionantes, regiones enteras sin control del Gobierno, y lo más grave de todo, una pirámide de población amplia en su base como pocas. Esto es, un paro a la vuelta de la esquina tremebundo. De que Obama no se comporte como un pirómano en este polvorín por vaya Usted a saber los intereses de qué colega del colegio ahora en no sé qué consejo de administración, dependerá en buena cuenta que las esperanzas creadas en torno a la figura de este presidente salvador del mundo no se queden en lo mismo que se ha escrito sobre él hasta encumbrarle: humo.