No sé cómo abordar este asunto. Es demasiado. Vale que en la Comunidad de Madrid sólo se habla una lengua y mal. El cambio de las eses por jotas como hecho diferencial no enorgullece ni en la más alta montaña. La arquitectura neoclásica predominante en la ciudad no es nada del otro jueves. El río da risa. El trazado de las calles es un sin Dios. No en vano, la vía principal, la Castellana, sigue el cauce de un arroyo con sus curvas incluidas. Así como los nombres, por ejemplo, la calle Cervantes es en la que vivió Lope de Vega, la calle Lope de Vega es en la que fue enterrado Cervantes y en la de Quevedo vivió Góngora. Es todo un desparrame, sí. Pero ¿insignificante? ¿Somos un poblacho insignificante? ¿Lo que pasa aquí no importa? ¿no tiene relevancia?

Esa es la sensación que se me queda a mí al toparme con esta joya del periodismo patrio. Diario ABC, martes 27 de noviembre: