La muerte de Paul Newman nos enfrenta a la retrospectiva de uno de los actores más exitosos de su generación. Newman pertenecía a esos actores de camiseta blanca, es decir, esos actores que irrumpieron en los años 50 marcando pectorales y bíceps con ajustadas camisetas blancas en dramas sociales de la época. Newman y Brando eran muy guapos, guapísimos, y se las llevaban a todas de calle porque, además, interpretaban personajes temperamentales. Atrás quedaban actores de aventuras imposibles con personajes de una pieza (Errol Flynn o Douglas Fairbanks) o actores interesantes pero feos de remate (como Humphrey Bogart -gangoso y cabezabuque- o Edward G. Robinson). Los actores del método, que empezaron sus carreras tras la Segunda Guerra Mundial, contaban unas historias diferentes y lo hacían de una manera diferente. Gesticulaban mucho, vivían los personajes que interpretaban con mucha pasión (eso que se llama “meterse mucho en el personaje”) y eran, incluso a la hora de hacer dramas, golfos, descarados y divertidos. Newman y Brando establecieron el nuevo canon del actor de Hollywood, del actor del método, dando paso a varias generaciones futuras de actores: no sólo el retorno de los feos en los años 70 (De Niro, Pacino y Dustin Hoffman), sino el establecimiento de todo un modo de encarar un oficio. Ahí tenemos el caso actual de Daniel Day-Lewis, un enfermo en eso de meterse en el personaje, al que no le importa pillar neumonías, romperse los huesos o que le piquen los escorpiones en el culo si esos sufrimientos los requiere el papel.
El problema de Newman fue su carácter de pionero, lo que le encasilló muy pronto en una parcela de talento. A ello contribuyó sin duda el desprecio que mostraron algunos directores a su forma de actuar. Tal es el caso de Hitchcock, un director acostumbrado a que sus actores no fueran más que peleles a sus órdenes (de ahí que soltara aquella comparación tan famosa de que los actores son como ganado), que dejó dicho por todas partes que odiaba la forma de actuar y gesticular de Newman. Es normal el recelo, y suponemos que mucha envidia personal habría, dado el carácter de obseso sexual reprimido y acomplejado de Hitchcock (circunstancia bien sabida por todos), que habría de pasarlo muy mal viendo las atenciones que recibiría el atractivo actor de los ojos azules.
Sin embargo, estas valoraciones tan injustas del director británico no menoscaban en absoluto una carrera que, como actor, resulta muy estimulante, y en que las interpretaciones de Newman no sólo eran magníficas, sino muy ajustadas también a los requisitos de las historias. Ahí está su papel de Eddie Felson en El buscavidas (The Hustler, Robert Rossen, 1961) o la inevitable referencia que supone la adaptación de Richard Brooks de La gata sobre el tejado de zinc (Cat on a Hot Tin Roof, 1958). No podemos dejar de reseñar su personalidad poderosísima en películas tan divertidas como La leyenda del indomable (Cool Hand Luke, Stuart Rosenberg, 1968), en que Newman era un prisionero que no paraba de fugarse; las comedias a las órdenes de George Roy Hill, Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969), El golpe (The Sting, 1973) y El castañazo (Slap Shot, 1977); o papeles sinvergonzones, arriesgados y totalmente excesivos, como el caso del western El juez de la horca (The Life and Times of Judge Roy Bean, John Huston, 1972).
Pero si hay un aspecto que merece ser rescatado de su olvido es la breve carrera de Newman como director. Preciosos dramas intimistas protagonizados por su mujer Joanne Woodward que constituían sus inquietudes en una carrera como cineasta iniciada en los años 70, y que se vio truncada por diversas causas (como el fallecimiento de su hijo). Mientras Marlon Brando caía en una decadencia definitiva en que lo único que le importaba era el dinero y las hamburguesas, Newman se embarcaba en títulos como Rachel, Rachel (1968) o Los efectos de los rayos gamma sobre las margaritas (The Effect of Gamma Rays on Man-in-the-Moon Marigolds, 1972). Newman no sólo era un actorcillo del método, un chico guapo, sino que, al igual que De Niro, era un creador con inquietudes que transmitir en unas películas muy personales.
Los últimos años de Newman supusieron una constante renovación con el público, desde que Scorsese lo recuperase como Eddie Felson para El color del dinero (The Color of Money, 1986). A partir de ahí, la aparición de Newman siempre suponía un acontecimiento, no sólo como ejercicio nostálgico, sino principalmente como reivindicación de una madurez interpretativa perteneciente a una generación de actores que supieron dar nuevos aires al cine de Hollywood. Su muerte supone un llamamiento a esta reflexión, una reivindicación a su maestría en un momento en que tantos actores siguen sus pasos.
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Hace más o menos un siglo, los científicos ya no sabían qué inventar. El mundo de la física, que se había movido durante milenios en el confortable contexto de “a ver quién la suelta más gorda” o, peor aún, de la combinación entre física y teología, había logrado llegar, merced a Einstein y su teoría de la relatividad, a una conclusión aparentemente satisfactoria. Pero un ingente número de científicos alemanes necesitaban conseguir, aunque fuera para décadas después, un visado para huir de los nazis hacia Inglaterra o EE.UU., así que decidieron sacarse de la manga el horripilante mundo de la mecánica cuántica, que sustituiría para siempre el confortable mundo anterior de “Si A, entonces B” por un sistema probabilístico plagado de gatos muertos en cajas y de “las cifras demuestran que el pueblo está con nosotros”.
La indeterminación aplicada a lo muy pequeño configuró el caldo de cultivo ideal para desarrollar el que supongo será, a juzgar por lo mucho que dan el coñazo en todo libro de divulgación que se precie, el campo más fructífero de la física moderna: el de las partículas subatómicas que interactúan continuamente entre sí con enorme promiscuidad. Campo pródigo en avances casi nunca demostrados del todo (recuerden: probabilística) y, sobre todo, en inventarse nombrecitos a cual más cómico para denominar cada uno de los descubrimientos susceptibles de subvención “para descubrir el origen del Universo”: priones, gluones, bosones, levedesaceleracionones, … la lista es larga, y cada vez lo es más.
Bien, como imagino que nadie que sepa algo de física habrá sido capaz de aguantar los dos anteriores párrafos, me siento más libre si cabe para tratar de explicarles al resto de Ustedes para qué cosa, que no sea utilizar tuneladoras en obras públicas, sirve un gigantesco circuito subterráneo de 27 km de longitud. Este circuito acoge el acelerador de partículas más grande del mundo, el denominado, como si la vida fuera un cómic y los científicos llevaran mallas de colorines, “Gran Colisionador de Hadrones”, cuya función será acelerar y acelerar partículas de toda clase y condición para que, como si fueran un honrado ciudadano de Oriente Medio tras disparar quinientas veces en un minuto su Kalashnikov, se pongan “a tope” y comiencen a hacer cosas raras, invocar al profeta, colisionar entre ellas, explotar, … Lo típico con las partículas, vaya. El objetivo es demostrar la existencia del ya mítico (son muchas notas de prensa reproducidas una y otra vez en los medios) “Bosón de Higgs”, la partícula subatómica primordial, la “superpartícula”, el nuevo Grial.
¿Por qué es tan importante el Bosón de Higgs? Teóricamente, porque se trataría de la partícula que permitiría cohesionar al resto de partículas fundamentales en un conjunto coherente, asociándolas entre sí y proporcionándoles masa. Sin el jodío Bosón, se supone que nada de todo esto funcionaría y la vida –y aún peor: España- jamás habría existido.
Imagínense una discoteca llena de maromos deseando, tal vez, quizás, mojar por una vez en su vida. De repente aparece la Jennifer, recién llegada del quirófano, donde se ha hecho una nueva tanda de implantes. Se ha teñido el pelo de rubio otra vez y va particularmente descocada. Encima, la Jennifer va por ahí revoloteando de grupo en grupo, calentando a todos los maromos de la disco, ya de por sí calientes, con las herramientas que todos Ustedes pueden imaginarse que posee la Jennifer. Esto genera un estado de gran excitación, y gran estupidez, en dichos maromos, que comienzan a comportarse de manera errática y, efectivamente, muy acelerada. Que si me pongo a hacer flexiones en mitad de la disco, que si compongo un reaggetón para la Jeni, que si intento quitarme de encima a un rival por un procedimiento propiamente físico (a hostia limpia) y un largo etc.
Lamentablemente, la Jennifer no sería un buen Bosón de Higgs, porque tarde o temprano la situación de todos estos individuos calientes estallaría, y no para bien. Desgraciadamente para el mundo, la Jennifer no puede estar en todas partes ni satisfacer a todos, aunque a veces así lo parezca, y esto genera una gran frustración en la gente, que, psicológicamente compleja como es, tiende a expurgarla a hostias. Y así ni se monta un Universo en condiciones, ni ná. Por lo tanto, para que lo entendamos, y para sacar a colación un ejemplo original, en absoluto manido y de importancia equivalente al Universo, trataré de ilustrar el meollo del asunto comparando el Universo con España.
España, como el Universo, es muy, muy grande. Está toda ella llena de partículas, que son, además, partículas españolas. Pero estas partículas, en tanto españolas, no están muy bien avenidas, acaban siempre chocando y hostiándose por cualquier fruslería, como por ejemplo la Jennifer. Cada cual va a la suya e intenta aprovechar los descuidos ajenos en su propio beneficio. Además, a poco que te descuides algunas partículas te salen con que son, en realidad, antipartículas (es decir, partículas antiespañolas) y que ellas van a otro rollo, que no tienen nada que ver con España y bla, bla, bla.
En resumen, las constantes tensiones territoriales de nuestro país, unidas al natural egoísta y chulesco del individuo español, habrían dado al traste con España hace mucho tiempo, de tal forma que ésta nunca habría llegado a existir, o se habría desvanecido de inmediato, como de hecho ha estado a punto de ocurrir en un sinfín de ocasiones, para horror de todo lo que es bueno y decente. Sin embargo, apareció un hombre fundamental, un individuo tocado por la grandeza que, con su saber hacer, su campechanía y su don de gentes, ha sabido administrar todos estos años tantas dificultades como arrostra un país, uniforme en su complejidad diversa y multicultural, con las características del nuestro.
Me refiero, claro está, a SM Juan Carlos I, el Bobón de Higgs (aunque algunos prefieren denominarlo “Caudillo de Higgs”), que durante más de treinta años, ahora y siempre, ha atraído para sí a las fuerzas vivas de España, las ha integrado y les ha enseñado a sumar en lugar de matarse a hostias, como siempre hacían. Miren cómo a todo el mundo le cae bien SM -pues nadie le critica ni cuenta aspectos incómodos de su trayectoria- cómo todos tratan de acercarse a él, siempre revoloteando en plan pelotillero. Tan atractivo resulta el Bobón que la única manera de que lo alejen de uno es entrar en la cárcel, como Mario Conde, Javier de la Rosa, Manuel Prado, … Está claro, Juan Carlos I es el individuo primordial, la Argamasa de España. Sin el Bobón España nunca podría existir y, lo que es peor, no habría ganado ninguna Eurocopa. A ver si nos enteramos, coño.
Si quieren que les diga la verdad, y desde el más absoluto desconocimiento (sobradamente acreditado a estas alturas), a mí todo el rollo este de los bosones y las partículas fundamentales me huele a chamusquina, por contrario al sentido común. ¿Qué es eso de las leyes de la probabilidad y de que la respuesta sea “tal vez”? ¿No estaremos creando entre todos un nuevo bluff, como el “éter” del siglo XIX –que, supuestamente, lo explicaba todo, y luego se acabó demostrando que no existía-? ¿No deberían gastarse todas las subvenciones públicas que ahora se otorgan pródigamente a los depositarios de la ciencia dura para cuadrar los porcentajes de “mira cómo gasta España en I+D” en algo más útil, por ejemplo en mí?
Y luego está, claro, el terrible peligro de que accidentalmente, como en las mejores películas de serie B, el atrevimiento científico llegue al habitual extremo de destruir la Tierra. El procedimiento, indudablemente imaginativo, se basa en generar un agujero negro que engullera todo el planeta y quién sabe qué más, como ya han avisado no uno, ni dos, sino hasta ¡tres! científicos desconocidos y con ansia de notoriedad. Ándense con cuidado, no vaya a ser que por la gracia del jodido Bobón un agujero negro engulla su piso y se enfrente Usted al pago de una hipoteca de 50 años más una segunda hipoteca del nuevo piso que indefectiblemente tendría que adquirir. ¡Científicos, dejad de jugar a ser dioses, dejad de crear agujeros negros, de practicar abortos y de impartir Educación para la Ciudadanía!
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En la esquina izquierda, con 506 kilogramos de peso, astifino, corniabierto, cuajado, zaino… Calderito. A la derecha, con 68 kilogramos de peso, enjuto, circunspecto, de grana y oro… José Tomás. En juego el título de los Premios Darwin, que según sus bases requieren que el ganador no pase su herencia genética, bien por muerte, bien por imposibilidad manifiesta, como que los testículos se hayan transformado en croquetas, rebozados al rodar por el albero del coso. José Tomás, la gran esperanza española para estos premios, anda últimamente haciendo méritos extra, aumentando el número de cogidas por toro y ganándose a pulso rendir honores al autor de El Origen de las Especies. Los medios de comunicación hacen desconexiones en directo para contar las orejas que ha cortado o los revolcones en la arena que ha protagonizado. Para unos un maestro del arte, para otros una caricatura, un kamikaze buscando la leyenda de Manolete por la vía del hara-kiri con pitón.
La comparación con el cuadrilátero no es casual. Durante años, los argumentos puramente emocionales de los taurinos se basaban en muchas ocasiones en descartar al interlocutor porque “no entendía”. Detrás de cada cuestión que “no se entiende si no gusta” hay alguien que está haciendo su agosto, y en no pocas ocasiones un sinfín de sospechosos habituales y algún que otro sector de personas o animales en mala situación. Tras ello llegaba lo de balbucear y “… es que el boxeo”. Pero también la adopción de José Tomás por parte de la crítica taurina, de una porción de famosos, personajes de la farándula y diversos tipos de lo que en otras épocas se denominaría creme de la creme como estandarte de la Fiesta y representante de la espiritualidad (de ese tipo de espiritualidad que inmediatamente ofrece a quien la admira un carné de pertenencia a un grupo de elegidos), hace que nos acordemos de juguetes rotos como el boxeador Poli Díaz, otro representante del valor racial usado y tirado a la papelera por una elite. La diferencia es que en esta ocasión el juguete puede ser juguete muerto en cualquier instante, y en lugar de Whitaker que le destroce el hígado habrá un Calderito, un Clavelillo, Garcito, Pelón, Cayundo, Reventón, o Lunarín que mande al diestro al tendido donde está fumando un puro el tipo calvo con el pañuelo en la cabeza.
El estupor que me gustaría creer que a mucha gente produce este lamentable espectáculo de suicidio televisado por entregas ha dejado boquiabierto al escritor Antonio Muñoz Molina, que en un artículo publicado el pasado sábado en el suplemento cultural de El País se sorprendía de este renacer de los residuos de la España Negra. Pero este renacer no ha sido tal si consideramos a los toros como un producto genuino no de la España Negra, sino de las particularidades sociales y económicas de España en general. No hay tal negritud, sino consecuencias lógicas.
En primer lugar hay que apartar un prejuicio, el de considerar a la tauromaquia parte del folklore, aunque un folklore que ha trascendido. Esto, en su origen, la coloca a la misma altura que el sombrero cordobés o la sardana. Nada más lejos de la realidad. En el ensayo “Esto no es música. Introducción al malestar en la cultura de masas”, el profesor de filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, José Luis Pardo, expone unas breves diferencias entre folklore y cultura popular. El folklore es premoderno, preindustrial y sobre todo rural. La cultura popular es un fenómeno moderno, urbano e industrial. El asombro ante el hecho de que una aparente muestra de folklore sobreviva con tan buena salud deja de ser tan asombroso si nos centramos en el calificativo “aparente”.
Vamos a dejar a un lado la búsqueda del origen de la tauromaquia en Creta, con las clásicas connotaciones mitológicas que tratan sobre todo de ocultar una vergüenza del ser humano. Sí, el homo sapiens lleva algo en los genes que le hace dar alaridos y acercarse como un poseso con un pañuelo en la mano en cuanto ve un animal con cuernos mayor que una cabra, lo que dificulta que se pueda subir a un campanario para lanzarlo desde arriba. Desde que el hombre es hombre, en cuanto ve a una res se precipita hacia ella con una capa. Los neodarwinistas se muestran incapaces de explicar esto. Lo más posible es que desde siempre el ser humano tiene el viejo sueño de volar, y esto era en la época de cazadores-recolectores lo más práctico junto a la coz del caballo o el aleteo desde lo alto de la colina para imitar a los pájaros.
Evidentemente, la tauromaquia moderna tiene precursores en los espectáculos circenses romanos o en la práctica medieval del lanceo de toros y posteriores encierros de varas, una especie de primitivo rejoneo. De ahí se pasó al toreo de pie y entre el siglo XVII y XVIII se establecieron casi en su totalidad los elementos de las corridas modernas. Todo esto se ponía en práctica para solaz de respetable, nobleza y populacho primero, clases privilegiadas y populacho más tarde. Los rejoneadores perdieron el favor del público debido a que los toreros procedían de las clases pobres. Y aquí viene la confusión y el matiz.
En un país que careció de revolución industrial y revoluciones burguesas, y que se ha ido alimentando de las migajas de modernidad que caían de los platos de naciones cercanas -gracias a lo que no estamos enfrascados en la 19ª guerra carlista- surgen los toros con esa apariencia de folklore que comentábamos. Sin embargo es un festejo financiado y potenciado por una oligarquía que quiere ver ese espectáculo y que necesita del pueblo para que resulte rentable. Este tipo de festejo es sólo posible en esos momentos en España, donde la situación histórica crea unos momentos donde puede nacer una manifestación que quede en el limbo, como en el limbo histórico, a medio camino entre la quema de brujas y la electricidad, estaba el país. Y así nace un extraño sietemesino, la tauromaquia, una especie de no-folklore y no-cultura popular que quizá se clasifique mejor como folklore despótico, en referencia al lema del despotismo ilustrado “todo para el pueblo pero sin el pueblo”.
De la misma forma, los toros son despóticos. Son para el pueblo, pero circo para el pueblo. Son para el pueblo, pero para que los más necesitados del pueblo se jueguen la piel. Mientras, la oligarquía de intereses agroganaderos, los terratenientes (en los últimos tiempos reconvertidos en muchas ciudades en empresarios del ladrillo en gran medida) se aprovechan de un negocio excelente que además divierte si uno goza con este tipo de fiestas. Se crea una mitología para acariciar el cogote del hambriento que coge el capote. La mitología del valor. La mitología de que ese valor puede hacer ascender en la escala social. La mitología del arte. E incluso una extraña mitología erótica donde se identifica al toro con lo masculino y al torero con lo femenino. En ese aspecto, un historiador y experto en tauromaquia poco dogmático y rara avis en un mundillo donde abunda la Verdad Absoluta del “es que no entiendes”, Fernando González Viñas, atribuye esta simbología a las costumbres sociales de algunos pueblos españoles, donde el novio acudía junto a unos amigos a buscar a su futura esposa mientras “jugueteaban” con un novillo. González Viñas, por cierto, es autor del Boletín de Lotería y Toros y uno de los responsables de taurologías, además de autor de libros sobre Manolete y José Tomás. Organiza conferencias y ofrece en sus publicaciones la posibilidad de que se expresen todos los puntos de vista, algo extraño en un sector poco propicio a la crítica y que es de agradecer. Y además lo hace publicando textos heterogéneos y muchas veces rarísimos. También hay vida inteligente en el planeta toro.
Y así tenemos un falso folklore, una fiesta controlada por oligarquías que, al carecer España de esas revoluciones, han continuado con su poder y lo han mantenido en un grado muchísimo mayor que en otras naciones europeas más avanzadas. De ahí que los toros estén subvencionados, pero no al estilo del cine u otros sectores, sino “a priori”. En algunos casos esta relación ha estado tan poco disimulada que incluso algunos ministros del gobierno tenían abiertamente intereses ganaderos. Los empresarios de la fiesta la han ido manteniendo con algunos altibajos, pero de forma lineal. Para que todo cambie pero todo siga igual se han limado algunos aspectos, de forma que el torero, en una sociedad consumista, no es sólo ya un paria que puede alcanzar la gloria gracias a su valor, sino una figura mediática. Ya no sube en la escala social, sino que se transforma en una estrella del rock. Eso es imposible salvo el caso de este género de folklore despótico o falso folklore que son los toros. En cualquier sociedad moderna, la cultura popular anula al folklore, que queda reducido a unos pocos campos pintorescos. Pero el no-folklore y no-cultura popular, el producto de una oligarquía perpetuada gracias a la tierra y a la adaptación en alguna otra rama empresarial –un círculo no excesivamente grande pero de gran poder e influencia- puede hacer este sorprendente encaje de bolillos. Y así, ante la sorpresa de Muñoz Molina, El Cordobés abría el No-Do hace décadas y ahora lo hace José Tomás. Y recordamos el error: no se trata de la España Negra… sino de la oligarquía española y sus intereses. Sigan la genealogía de toros y tendrán la genealogía de muchos que han mandado desde siempre. Esta es quizá la característica más curiosa y digna de verdadero estudio de un festejo que, en este sentido, es único en Europa, puesto que al conseguir estar al margen del progreso habitual que se ha desarrollado alrededor de España ha conseguido amoldarse a todo y seguir, como quienes lo controlan, manejando los hilos de su presente y su futuro. Los toros y este tipo de oligarquías españolas, al igual que la energía, no se crean ni se destruyen: sólo se transforman.
De ahí que un verdadero movimiento anti-taurino, al margen de los razonados y razonables argumentos en pro del buen trato a los animales y el descarte de un espectáculo público de tortura animal, y los no tan razonados ni razonables numeritos de pancartas y desnudos que rápidamente forman parte anecdótica de los mismos medios de comunicación que a su vez realzan la fiesta por intereses publicitarios u orden directa del primo hermano del cuñado del consejero delegado de tele nosequé que tiene una ganadería, tendría que centrarse en estas cuestiones económicas que hemos tratado, en la solicitud de transparencia en las subvenciones, en la pedagogía y en el derecho. Teniendo en cuenta que la división de poderes en España es una chufla y el sistema educativo otra quizá mayor, este texto bien puede meterse en una botella y enterrarse al lado de un burladero de Las Ventas, pues a la tauromaquia le queda rato, salvo que algunos intelectuales independientes y otros que siéndolo –pienso en gente tan lúcida como Savater o Boadella- muestran en este ámbito un deslumbramiento tan irracional como habitual ante un espectáculo que puede subyugar a cualquiera (incluido anti-taurinos) por su llamada al instinto y una muestra innegable de valor por parte del torero, muevan con pensamientos certeros una corriente anti-taurina demasiado anclada en la estética de la inocua protesta “verde”, que como hemos dicho lleva razón pero se manifiesta de una forma demasiado propicia a engrosar la rueda de la tele, puesto que dentro de nada tan acostumbrado será abrir un informativo con la cuarta cogida de José Tomás en el segundo toro como cerrarlo con el anti-taurino corriendo desnudo por la plaza en el último de la tarde.
Concluimos con José Tomás, con sus antecesores y los que le seguirán. En el tercer libro de la trilogía de Auschwitz, Los Hundidos y los Salvados, Primo Levi pide que no se juzgue a los grupos de judíos que escogieron los alemanes para encender y mantener los hornos que se utilizaban para exterminar a los suyos. No tenemos ninguna intención de establecer paralelismo alguno con el Holocausto ni por lo más remoto, pero nos sirve esa petición que ahora pasamos a aclarar. Otro de los principales errores de los anti-taurinos, además de esa minusvaloración del toreo como folklore, suele girar en torno a ver a la figura del torero como enemigo de la causa. Si atendemos a todo lo anterior, nada más estúpido que juzgar al torero como “matavacas”, “asesino” u otros adjetivos igual de gruesos. No hay que juzgar a los toreros, que son en cierto sentido, víctimas, si se permite la exagerada palabra, de este negocio. Pueden aburrir, pueden formar parte del espectáculos sangriento, pero se juegan la vida e intentan –guste o no, se comprenda o no- generar belleza mediante una clase particular de danza. Muchos de ellos, como el mítico Manolete, incluso merecen respeto y admiración si los tratamos en su contexto.
De aquellos toreros que combatían el hambre, y con el folklore despótico adaptándose perfectamente a la sociedad mediática, se ha pasado al torero que encierra en sí mismo, mediante una suerte de código bushido, una serie de valores eternos. Quizá ya no haya hambre, pero la utilización del torero por parte del poder es la misma. En este caso hay un claro aprovechamiento de alguien, José Tomás, cuyas obsesiones en otras circunstancias lo colocarían tumbado en un diván. Pero no deja de ser un instrumento en manos de los que manejan el tinglado, con la connivencia de los medios de comunicación que lo rentabilizan. Así que no juzguemos a José Tomás. Juzguemos, desde la lejanía y sin ninguna oportunidad de meter baza, a esta muerte por entregas monstruosa por televisada, aberrante por consentida y espoleada por la expectante y cegada afición que se defiende con un “es que no entiendes”. También terrorífica por inevitable. Esta crónica de una muerte anunciada sí que da verdadera vergüenza. Y miedo. Recemos ante Santa Vaca para que José Tomás tenga una lesión en la rodilla que le retire antes de arrasar en los Darwin gracias a un grupo de eternas familias de Don Gilitos, los famosetes que les hacen palmas, los aficionados irreflexivos y las omnipresentes cámaras que empujan a un obseso a arrodillarse a porta gayola sin capote y con una diana dibujada en el torso. O volvamos directamente al circo romano. Mariconadas las justas.
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La Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, ha recibido numerosas críticas por sus primeros proyectos. Entre ellos destaca la posible puesta en marcha de un número telefónico para que los hombres, no sólo los maltratadores, puedan canalizar su agresividad. Hay que tener en cuenta, según palabras textuales de la ministra, que “muchos hombres se encuentran perdidos ante el inicio de la ruptura del sistema patriarcal y tienen dudas sobre cómo asumir su paternidad, la corresponsabilidad en las tareas domésticas o sobre su salud sexual”.
Esta medida ha levantado una polvareda. Sin embargo, muchos hombres que vivan solos o se queden solos porque su esposa se ha ido a desempeñar alguna obligación, suelen tener precisamente problemas domésticos, acerca por ejemplo del centrifugado, o bien no tiene claro cómo asumir su paternidad cuando el bebé expulsa cosas por los conductos. El teléfono de asistencia parece una buena solución, ya que el varón puede en esos casos tenerlo pegado a la oreja mientras maniobra con los pañales y balbucea con imperdibles en la boca pidiendo instrucciones a la operadora, imperdibles que seguramente se clave si no sigue recibiendo las pertinentes instrucciones. Así que esperemos que el servicio esté bien organizado. Los hombres, como está demostrado, no pueden hacer dos cosas a la vez.
Pero lo más importante del teléfono es que avanza en cuestiones relacionadas con el progreso social si nos centramos en los maltratadores y violadores. En el siglo XX se materializan algunas reflexiones ilustradas en los países occidentales relacionadas con la consideración de que muchas circunstancias sociales podían influir en las acciones, y por supuesto en la “creación” de malhechores. De esta manera dejaban de ser culpables ante un Dios que había muerto y pasaban a ser víctimas de determinadas situaciones socio-económicas y familiares, sin que esto significase que carecían de responsabilidad. Pero al final del túnel había luz y los criminales podían reinsertarse para poder seguir delinquiendo o, aún peor, encontrar un trabajo honrado, es decir, aquel multiplica por dos las horas que se esperaba trabajar y divide por tres el sueldo que se esperaba recibir. Pero fue un paso adelante para sacar la cárcel a la calle y acercarla a la ciudadanía.
Ahora llega un paso más, el paso Bibiana. Este paso fomenta la responsabilidad individual, el reconocimiento de lo que uno es y de lo que ha hecho mal. Equivale a un examen de conciencia laico, con dolor de los pecados incluido. Los alcohólicos dicen su nombre en alto y su problema. Los ludópatas también. Ahora los violadores y maltratadores. Como el jugador de baloncesto que levanta su mano en gesto de reconocimiento de que sin querer se le fue el codo a 200 kilómetros por hora a los piños de su rival en un lance del juego, estos seres violentísimos pueden aceptar su condición y empezar su redención para recuperar al final la autoestima que les haga de nuevo dignos de la sociedad. Sí, soy violador. Sí, soy maltratador. De acuerdo, no has hecho bien las cosas, le respondemos. De acuerdo, has estado sometido a tensiones. De acuerdo, el nuevo papel que representa tu sexo en una sociedad moderna te aturde. Todos te comprendemos violador. A ti también, maltratador. Venid, abrazadme. Este esquema tan sencillo no sólo puede convertirlos en buenos vecinos y maridos, sino actuar como primera fase de lo que deberíamos construir en esta España de todos y todas.
Hablo de una España llena de valores humanos. Donde el petirrojo se pose en el dedo al amanecer, cuando en gayumbos uno sale bostezando al balcón, y diga pío-pío. Con lágrimas en los ojos podríamos contestar, bello petirrojo, que fácil sería para mí cogerte con la mano y lanzarte como un pedrusco contra el asfalto que se ve abajo, convirtiéndote así en una pequeña bomba de sangre y plumitas de colores, pero no lo voy a hacer, y no porque me falten ganas, sino por una España de igualdad. Mírame cuando te hablo, Petirrojo.
Así los asesinos podrán reconocerse como tales ante el teléfono de Aído, y no pasar la vergüenza de hacerlo personalmente, con lo que muchas veces se retraen y siguen matando por pura inercia. Y lo mismo los mafiosos y los concejales de urbanismo, valga la redundancia. O el ladrón. O los estafadores. O los albano-kosovares. ¿Pero es que nadie más se da cuenta de que la utopía está cada vez más cerca? ¿Nadie se da cuenta del progreso que significa todo esto? ¿Nadie de verdad? ¿Nadie? ¿Hola?
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Hace un par de semanas se celebraron las jornadas sobre el trabajo de los camareros denominadas “El profesional de sala y hostelería”, título grandilocuente porque entraban en el conjunto los sumillers y maîtres, miembros de un estamento intermedio que no puede confundirse con la masa que lleva la bandeja ni la aristocracia del delantal y el gorro largo, hasta el punto de que mantienen su afrancesado nombre. Allí, un reputado crítico gastronómico, Rafael García Santos, ofreció una interesante conferencia. Declaró que el crecimiento del prestigio de la cocina española en los últimos años se basa en la explotación del personal hasta el esclavismo. Ante eso, explicaba, la cocina francesa se ha quedado atrás porque los derechos de los trabajadores de la hostelería se respetan mucho más. Llegó a afirmar literalmente que en El Bulli, restaurante del reputado cocinero Ferran Adrià, porque aquí todos son reputados (adjetivo que significa que ni conocía antes de las conferencias a García Santos ni he comido en El Bulli), “de 50 trabajadores cobran 20”. Ante eso, concluyó, si los restaurantes españoles quieren seguir haciendo negocio en una situación económica donde se pide comer bien y estar bien atendido por 20 euros, la hostelería tendrá que empezar a prescindir de personal. Y de bastante personal.
Estas afirmaciones se producían en Córdoba, lejana y sola, y sólo fueron registradas por medios de comunicación locales. Si se llegan a producir en una ciudad con una población y contaminación en condiciones, a estas alturas el reputado crítico gastronómico estaría colgado del palo de mesana, si todavía existen tales palos y medios de transporte que los utilicen. Eso le ha sucedido al reputado cocinero Santi Santamaría, que regenta el reputado restaurante El Racó de Can Fabes. Santamaría ha ganado el reputado premio de ensayo “Premio de hoy” con su libro “La cocina al desnudo”. En él critica la pretenciosidad de los cocineros supuestamente vanguardistas (“dan de comer a sus clientes platos que ni ellos mismos comerían”), los acusa de abusar de productos químicos para hacer sus virguerías y osa arremeter contra la vaca sagrada Adrià.
Aunque esta controversia con milhojas de marketing hará que su libro se venda mucho más (se publica el 27 de mayo), ha generado una reacción digna del mejor plato de servilismo en texturas con crujiente de borrego sobre lecho de percebes. 800 reputados cocineros 800 han firmado un manifiesto donde evacuan espuma de detritus a la flora intestinal en los mismos antepasados de Santamaría.
La reacción recuerda a otros sectores mimados por el poder y favorecidos de uno u otro modo, como el cine o los “autores” de la SGAE. Para empezar se apropian de todo un universo que resulta apuñalado a traición, con nocturnidad y alevosía por malhechores que únicamente persiguen dañar por el puro placer de hacerlo. Así, los subvencionados cineastas representan a una gran familia, a la cultura. Los “autores” representan al campo de la creación. Los 800 a la Cocina Española, con mayúsculas, esa embajadora de la patria cuya bandera es un guisante rojigualda esferificado con alginato.
Detrás de eso se esconde el control del poder. Suena tenebroso. “El control del poder” podría ser una película española protagonizada por un cocinero díscolo que se ve acorralado por la hermandad de la Tortilla Deconstruida. Pero es más simple e incluso simplón. El placer la gula, transformado en la sociedad de consumo de pecado capital en placer para disfrutar sin complejos pero también en producto de compra-venta, resulta una tentadora presa para cualquier gobierno.
Esta nueva gastronomía, como cualquier campo del ocio actual, tiene su parte de calidad. Pero también resulta un excelente medio de propaganda. Lo mismo ocurre con el cine, el arte o la SGAE (no con todo el cine, no con todo el arte, no con todos los músicos, no con toda la SG… ah, con estos sí). Las subvenciones a las películas van generando voces de su amo. Igual con el arte que se expone en las ferias o circos. A la SGAE se le facilita el negocio. Lo de siempre.
Sin embargo la cocina tiene una ventaja. Por una parte su trascendencia y alcance no se pueden comparar al de la música, el cine o el presunto arte. A cambio hay que invertir menos. En todos los sentidos. No son necesarias grandes subvenciones ni complejos movimientos burocráticos y legales para facilitar ese negocio. Basta con el paseo. Los mandamases pasean a los cocineros. Los cocineros ven mejorados sus ingresos al pasearse junto a los mandamases. Lametones e ida a por las zapatillas de paño con alegre movida de rabito a cambio del anuncio gigantesco que permite estar donde los poderosos. Todos contentos y el nombre de España o el de una comunidad autónoma mostrado en un plato maravilloso, con el nombre del político de turno unido a las palabras ‘cocina’, ‘tecnología’ e ‘innovación’.
Pero el punto más importante y el que hace de la cocina un producto propagandístico extraordinario es la difícil comprobación de la calidad de su propuesta. Una víctima cualquiera puede comprobar que docenas de películas vendidas como maravillosas son una bazofia. Otra víctima puede hacer lo mismo con los cuadros, instalaciones y performances. Pero, ¿cómo constatar que unos huevos fritos desintegrados y vueltos a integrar con glutamato ye-yé a través de un agujero negro son buenos, regulares o malos?
La clientela que puede acudir a los reputados restaurantes de los 800 elegidos es mínima en comparación con la que puede ver películas o acceder al debate del asunto de los derechos de autor. De esta manera, parte de la cocina moderna es cuestión de fe, un producto propagandístico genuino que se explica a sí mismo y no permite apenas verificación. El arte se redujo hace tiempo al catálogo, como bien explica Félix de Azúa en su brillante “Diccionario de las Artes”. La cocina, o esta parte que hace de apéndice del poder, a la receta. Bueno, bonito y barato, paisa.
De ahí la virulencia y rapidez en la respuesta de los 800. Las cuestiones de fe requieren de cierta dosis de fanatismo. Todos se congregan en torno al gurú y, al igual que las cebras atacadas por leonas, reparten coces desde el círculo. Para colmo todo procede de uno de los suyos: ¡Herejía!
Esta divertida comedia promete futuras escenas a la antigua usanza, con grupos de cocineros que se lanzan tartazos en la cara, aunque sean tartas de aire helado con muesli. Incluso con algo de suerte podemos llegar a una versión realista de la divertida película de 1978 “¿Pero quién mata a los grandes chefs?”. Véanla, que sale una jovencita Jaqueline Bisset esculpiendo un gigantesco postre de chocolate. Mmmmmmm.
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¡Yo no hago la mili! Una exclamación desgañitada recorría los pasillos del colegio de monjas. Atribuladas religiosas se sorprendían. La autoridad estaba presta a intervenir ante el acceso de locura del recluta. ¡Yo no hago la mili! Esta escena pre-constitucional se daba el pasado día de Nuestro Señor 9 de marzo de 2008: elecciones generales. El recluta era el vocal 1º de una mesa cercana que se negaba a hacer sus labores democráticas. Le habían tocado en un democrático sorteo del que se desconocen tanto el material del que están hechos los bombos como las manos inocentes que recogen la bolita. ¡Yo no hago la mili! La escena de ambientación franquista en blanco y negro quedaba ligada con el presente gracias a una modernísima actitud alta definición de púber de la E.S.O. ante sus consentidores papás. Ese vocal 1º, a partir de ahora un símbolo para todos nosotros, un ídolo, quería que le diesen la paga de 60 euros y que le firmasen el justificante para no trabajar 5 horas al día siguiente e irse a su casa. Finalmente, y ante la amenaza de una futura comparecencia ante el juez, accedió a quedarse el resto del día en su puesto pero de brazos cruzados, sin hacer nada, en señal de protesta. No queda sino aplaudir. Con verdaderos patriotas que aúnan tradición e innovación España sería otra. No sería Una, no sería Grande, no sería Libre. Pero sería Otra.
Nosecuánto 1, Nosequé 23, letra B. Ese fue el destino de un servidor de la patria, también seleccionado Vocal 1º como decía una escueta misiva con un dato aterrador: había que estar a las 8 de la mañana de cuerpo presente en el lugar señalado. Ante esto se producen varias actitudes en cadena bien estudiadas en psiquiatría:
a) Cagarse en su nación.
b) Incredulidad, lo que supone leer la carta 21 veces.
c) Trucos baratos: “Bueno, ¿y si hago como si no la hubiera visto?”
d) Expreso andalusí-baturro Córdoba-Zaragoza: “Yo no voy. Que no. Que no voy. Que me busquen. Pero que no voy”.
e) Carrusel de alternativas: “¿Un certificado médico? ¿alguien conoce a un médico corrupto?, ¿y si mi jefa me pone en una cuartilla que tengo que trabajar?”.
f) Expreso baturro-andalusí Zaragoza-Córdoba: “Que n-o v-o-y. No puedo decirlo más claro”.
g) Congoja ante un destino amenazante poblado de multas y guardias civiles con mostachos de posguerra que van a buscarte a casa y te sacan en pijama para llevarte a la urna. Juicios. Cárcel. Cae la pastilla de jabón en las duchas de la prisión provincial y Bubba te llena de cariño.
h) Cesión ante el autoengaño: “Bueno, así no salgo este sábado y lo mismo puedo empezar una temporada de limpieza del hígado”, “quizá la interventora del PP sea un pijita preciosa y perfumada que no pueda resistirse a mis encantos y me lo demuestre en el cuarto de baño hipnotizada por la pasión”.
Rendido ya ante el miserable autoengaño me personé a la hora acordada impresionándome en mi paseo hacia el colegio electoral la existencia de la mañana en los domingos. En el lugar una confusión de mesas que se arrastran, urnas que se colocan, papeles que se sacan. Todo ello protagonizado por homínidos de la especie “vecinos”, subespecie “del barrio de toda la vida”. Ni rastro de la autoridad salvo una pareja de municipales somnolientos. No hay control, sino prisa. Dos palabras vienen a la mente: “Primaveras” y “pardillo”. Rencorosos vocales y presidentes anteriores ocultan esta información a los futuros vocales y presidentes por pura inquina ibérica. Yo, español del siglo XXI, os he advertido: si os toca no pasa nada porque no vayáis. Hasta ahora un miedo cerval procedente de épocas de autoritarismo hace pensar en persecuciones de grises por las calles hasta que te cogen de los pelos. Hay que acabar con esa contaminación nacional-católica, con ese silencio cómplice. Acabo de ofreceros el germen de una revolución.
El colegio electoral es una vuelta al colegio, valga la redundancia. Y éste era de monjas. Durante horas y horas se tachan nombres de una lista, se escriben a boli en otra, se cuentan papeletas, se rellenan a mano informes que han de repetirse porque las copias que hace el calco no resultan suficientes para las que hay que aportar al final en varios sobres que van a la subdelegación del gobierno…La Fiesta de la Democracia, al igual que otras fiestas tradicionales como la Semana Santa, la Navidad o las ferias, se ajusta a un guión preestablecido con muy pocas variantes. Ha de votar una mujer de más de cien años. La tuvimos. Ha de venir un señor mayor que tras depositar sus papeletas quiere votar por su esposa, que se ha quedado agonizando en el hogar. Lo tuvimos. Jóvenes padres cogen en volandas a sus pequeños y sonrientes niños para que metan ellos la papeleta. Los tuvimos. Votantes de cualquier generación llegan con la papeleta para el Congreso y Andalucía pero no la del senado, y arguyen “es que no me la mandaron”. Los tuvimos a todos. A las monjas que votan en fila india. También a la señora moribunda en silla de ruedas y al ciego que este año pide votar en braille, una novedad en el circo. Tuvimos un producto personalizador que nos llenó de ese sentimiento combinado juancarlista: orgullosatisfacción. Una señora mayor llegó de lejos exclamando “¡Qué miedo, miedo me da!” Conforme se acercaba señalaba con la barbilla mediante un rápido movimiento de cabeza al interventor socialista, que se encontraba en ese instante, las doce del mediodía, adormilado en su silla de centinela de los comicios y ni se dio cuenta. “¡Me da miedo! ¡Me voy ya porque me da miedo! Puffff, qué miedo.” Y salió de allí con un trote cochinero bastante ágil.
Después de las ocho de la tarde empieza el recuento y el proceso de rellenar los informes comentados antes. El recuento de las elecciones de Andalucía y las del Congreso de los Diputados sigue una mecánica aparentemente sencilla. Abrir los sobres, irlos clasificando en montones según los partidos y contarlos. No se espera una cosa, que las cuentas no cuadren. De hecho no cuadran. Es más, es imposible. Ciudadanos de bien aturdidos por el sueño, con doce horas de trabajo a cuestas y las nalgas dormidas tienen la responsabilidad de que las matemáticas hagan honor a su fama de ciencias exactas. No se cuenta con una ley aritmética no escrita, la Ley de Dios es Cristo y el Copón Bendito. Al principio respiramos aliviados. Servidor de la patria había tenido una laguna mental, una ausencia de la realidad de unos cinco minutos, y había numerado a los votantes mal: 258, 257, 258, 258, 259… Este mismo error había sido cometido también al final y por mímesis telépata por la otra vocal. Corregida la lista, seguían sin cuadrar los números. Sobraba un voto. La solución surgió de la boca del interventor socialista, que se negaba a contar “porque me equivoco” y que saliendo de su letargo y quitándose uno de los cascos donde estaba oyendo la radio indiconos: “Pues se le quita a una formación política”. Al unísono, las interventoras de PP e IU contestaron en alianza jamás vista: “Pues se lo quitamos a la tuya”. Al final, mirando como en la Balsa de la Medusa debieron mirar todos al primero que preguntó “¿Y qué hacemos para comer algo?”, miramos a nuestra víctima, un voto en blanco cuya eliminación solucionaba todo. Solucionado. Deglutido. En las andaluzas pasó lo mismo y añadimos cinco blancos. Las del senado, mucho más complicadas por las listas libres y la posibilidad de votar a uno, dos o tres senadores, cuadró inexplicablemente a la primera. Al día siguiente recordé que tan sólo una persona, a la sazón mi pae, no votó al senado, algo que ninguno recordó. O sea, que en realidad tampoco cuadraban.
Hablando al día siguiente con amigos y conocidos que habían estado como apoderados o transmitiendo datos y ayudando con los recuentos, supe que nuestro pecado era venial. En otras mesas de otros colegios, ya en torno a la medianoche con los ánimos bajos e infladas otras partes, vocales y presidentes añadían o quitaban votos nulos y en blanco por docenas, 30 por aquí, 40 por allá. La práctica es habitual.
Según fuentes de toda solvencia de las que invitan a cañas, los vocales y presidentes de algunas mesas contaban los votos del senado a la vieja usanza de la Piadosa y Secular Hermandad de Nuestra Señora Vivan las Caenas y la Vía Sacra de Nuestro Padre Muera la Inteligencia, como si fuesen listas cerradas, o sea, sin separar, pues en honor a Pero Grullo hay que separar las papeletas que votan a senadorables (senadoreíbols) de diversos partidos o tan sólo uno o dos de un partido. Las contaban como si fuesen PP, Psoe, IU o cualesquiera, en bloque, con tres votos para esa formación. El resultado era que sobraban docenas de votos, que a su vez se cuadraban eliminando otras tantas docenas de votos en blanco o nulos. Manifestome un apoderado: “Yo me di cuenta, pero no dije nada porque no estoy ahí para eso, y eran ya las una”.
¿Alguien dijo que los votos en blanco y nulos no servían para nada? Son los votos de los familiares, novias y amigos de los vocales y presidentes, que quieren que cuadren las cuentas rápido y vuelvan pronto a cenar. Son, españoles, los votos del amor. Y los votos en blanco y nulos que se inventan los interesados los del amor correspondido. Y en el amor ya saben que todo vale. Así que para qué profesionalizar una tarea que se realiza con esta verdadera comunión espiritual. Viajen hacia un lado y otro, como besos, los votos en blanco. Entrelácense en íntimo abrazo con los nulos allá en el horizonte, mientras la aurora tiende su manto y canta el ruiseñor.
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El segundo fin de semana de marzo de 2008 pasará a la historia como una de las expresiones más puras de nuestra joven democracia. No lo decimos por las elecciones generales que, al fin y al cabo, no dejan de ser la constatación de que nuestro país está inmerso en las inercias políticas internacionales, sino por esa rémora de raigambre franquista que obstaculiza gravemente la modernización de España: el Festival de la Canción de Eurovisión. Más de 50 años hemos tenido que esperar para ver cómo se democratizaba por fin una de esas instituciones propagandísticas de la dictadura que confirmaban el tópico desfasado e interesado del “Spain is different”. Ya sólo nos queda democratizar el fútbol, los toros y la copla para que España sea un país tenido por serio de una vez por todas.
El Festival de Eurovisión nació en un contexto muy claro. En primer lugar, en un contexto de vocación de unidad europea. Unos cuantos países pensaron que la música era la solución y que, haciendo un programita conjunto, no se potenciaría la chabacanería folklórica de cada país, sino que se establecerían nexos de unión entre los distintos pueblos del Viejo Continente. Una proto-Alianza de Civilizaciones, para entendernos. En segundo lugar, ante la prehistoria tecnológica del momento (sin internet, sin TDT, sin televisión por cable, a saber cómo lo resistieron), la creación de un programa televisivo conjunto habría de abrir las mentes de cada comunidad y descubrir lo que hacía muy bien ya por entonces la televisión norteamericana: mostrarnos las peculiaridades de nuestros vecinos del otro lado del continente. Y, en tercer lugar, se eligió el formato musical más en boga en aquel momento, la canción ligera, que, al centrarse en canciones de amor, pocas ínfulas revolucionarias llevarían a los espectadores, de tal manera que no habría problema en ver cuán unidos estábamos ya los europeos, dado que todos los países podíamos ser iguales en al menos una cosa: hacer el idiota cantando idioteces.
El franquismo rápidamente vio el filón y se puso manos a la obra. La receta era perfecta. Por un lado, se cogían a cantantes inocuos que cantasen tonadillas sin sentido. Ahí quedan odas como el “La, la, la” o el “Vivo cantando”, que reflejaban a la perfección las mayores preocupaciones de los españoles que llevaban años soportando una dictadura infame. Por otro lado, se institucionalizó una “voz”, porque lo que se trataba era de crear un aparato propagandístico similar al NO-DO. Así, se escogió a José Luis Uribarri, el Matías Prats del festival, que, además, se especializó en el Festival de Eurovisión. Para que luego digan. Los hay que se especializan en detectar a qué factoría embotelladora pertenece una botella de Coca Cola. Los hay que se especializan en abrir nueces con el culo. Y los hay que hacen (¡suspiro!) como José Luis Uribarri.
La máquina publicitaria funcionó a la perfección y, vista en retrospectiva, tenía su lógica. Lo que ya parece más disparatado es que esa máquina se haya mantenido tal cual, sin retocar nada, desde la instauración de nuestra democracia hasta el pasado fin de semana, el segundo fin de semana de marzo de 2008. Porque lo que hemos tenido que sufrir en estos treinta años es un sinsentido de prolongación de un festival carente de cualquier tipo de validez mientras todos los contextos (el político, el cultural y el tecnológico) han ido cambiando a pasos agigantados. En estos años, se ha consolidado la Unión Europea (con nada menos que una unificación de la moneda), han surgido innumerables movimientos musicales y culturales y se han desarrollado las nuevas tecnologías haciendo inútil el mantenimiento de un programa de emisión simultánea como herramienta política. Pues no, señores, ahí ha seguido el Festival, reivindicando, en nuestro caso una españolidad bien clara: la de Remedios Amaya, Paloma San Basilio y Operación Triunfo. Y todo eso, ¿con qué voz? Tachán tachán: con la voz del franquismo, la de José Luis Uribarri, por si quedaba alguna duda al respecto de qué iba el asunto.
Uribarri es como esas figuras del franquismo, que siempre dicen que se retiran, pero que siempre están por ahí, dando su opinión, mandando, y los demás escuchando y asintiendo. Uribarri se ha establecido en su rincón de poder (el Festival de Eurovisión, ahí es nada) y dicta sentencia sobre quién le gusta y quién no. Y a Uribarri le gustó mucho Operación Triunfo. Y toda la España rancia apoyó a ese grupito de jovencillos voluntariosos capitaneados por una ingenua andaluza cuya máxima aspiración en la vida era montarse una tienda de pollos asados. Se elevó al estrellato a un grupo de freaks (en el peor sentido del término) para que Europa se enterara de una vez por todas de cómo se había modernizado España. La canción del grupito (”Europe’s living a celebration”) no triunfó en el Festival, pero sí que se encargaron de que se escuchara mucho los medios de comunicación patrios, siempre tan preocupados por nuestras señas de identidad.
Todo ese tinglado se desmontó este pasado fin de semana, el glorioso segundo fin de semana de marzo de 2008. Es lo que tiene la democracia: cuando dejas votar a la gente, la gente se expresa. Y los españoles por fin nos hemos liberado de los grilletes de la disciplina franquista, y hemos entonado con alegría el nuevo himno de la libertad. ¿El resultado? Que irá al Festival Rodolfo Chikilicuatre, un personaje encarnado por el actor David Fernández, el humorista que aparece en el programa de televisión Buenafuente, emitido por la Sexta. Un canal que sale realmente triunfador este fin de semana, en que ha hecho doblete ganando sus dos candidatos, Rodolfo Chikilicuatre y José Luis Rodríguez Zapatero. La grandeza de este triunfo es que, por fin, los españoles hemos podido expresar lo que opinamos de Eurovisión: que es un pitorreo y que merece la burla más abierta. Por eso ha triunfado un personaje paródico, que se mofa de eso cantando una canción con una coreografía disparatada.
Los medios de comunicación se han llevado las manos a la cabeza. Así, mientras el sábado fue la jornada de reflexión de las elecciones generales, el domingo fue la jornada de digestión de las votaciones de Eurovisión. Algunos digirieron esto tan mal como la victoria de Zapatero en 2004. Ni que hubiera salido un presentador de televisión a decir que nos iba a representar en Eurovisión Al-Qaeda. Pues que quede claro: Rodolfo Chikilicuatre, por mucho que digan los medios, no es un friki. Es un personaje. Es una parodia. Pero no es un friki. Frikis eran los de Operación Triunfo, porque ésa es la condición sine qua non del frikismo: tomarse en serio a sí mismo. Pero aquí estamos ante el caso contrario. Y por eso le ha votado todo el mundo, a través de internet, usando por fin las nuevas tecnologías para arremeter contra un festival desfasado y que de glamouroso no tiene nada. Por mucho que se empeñen los medios de comunicación. Por mucho que se empeñe Uribarri.
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LPD, con la satisfacción, a la espera de realizar el recuento oficial, de haber anunciado hace más de mes y medio el exacto resultado del partido ganador de las elecciones (repitiendo la hazaña de 2004, cuando este medio fue el único en dar ganador a ZP, pero concretándola si cabe más y dando la razón a quienes piensan que las encuestas electorales que todos pagan a precio de oro tienen la misma fiabilidad que nuestras previsiones hechas en una servilleta de bar), ha de comunicar, también, que sus previsiones respecto de los asuntos candentes clave que iba a dejar el 9-M están cumpliéndose milimétricamente. Veamos:
1. Quién gobernará España hasta 2012. Pues Rodríguez Zapatero, claro. Bueno, sí, vale, esto no tiene mucho mérito ni la cosa es muy sorprendente, pero había que ponerlo para que no se dijera que tifábamos por el PSOE (que, además, no es el caso). Aun así, no está de más constatarlo. Porque ZP se presentaba para volver a ganar y todo el esfuerzo del PP y de Rajoy, todas sus ilusiones, desde 2004, han sido demostrar que ZP fue “presidente por accidente”. No lo han conseguido y, con todos los peros, la cosa ha de ser resaltada de incio.
2. Si Mariano Rajoy Brey pretenderá suceder a Mariano Rajoy Brey a la cabeza del Partido Popular. O si, por el contrario Gallardón y Aguirre se enzarzarán en una agria disputa con el cadáver de cuerpo presente. Si Mariano Rajoy se irá solito o tendremos que esperar a que lo liquiden. Quién será el tapado, la solución de compromiso para dejar con un palmo de narices tanto a Gallardón como a Aguirre. Si Aznar querrá volver o preferirá seguir con sus negocietes. Si, en este segundo y más probable caso, le apetecerá poner a su mujer de lideresa popular. Bueno, pues ya está montada la bronca sucesoria. A la vista de la cara de la esposa de Mariano Rajoy (a no ser que en realidad ella estuviera muy triste no porque su Mariano se va a casita sino precisamente porque lo vio afianzado y la mujer se llevó una decepción de tomo y lomo, secretamente apoyando una debacle popular para recuperar así a su marido), es evidente que los resultados son un mazazo para Rajoy. Es lo que pasa cuando eres el candidato, y es algo muy humano: que todo el mundo lo ve venir menos tú. Mención especial en este “todo el mundo” para Esperanza Aguirre, que ha capitanea el ala de PP decidida a convertirlo en una especie de partido regionalista de Madrid y sus áreas de influencia y que no se dignó ayer a compartir en el balcón la derrota, dedicada a brindar con champagne, estando el cava prohibido, por los resultados logrados en la capital. Aun así, lo cierto es que los resultados consolidarían el poder interno de Rajoy si éste quisiera aspirar a mantenerlo. Vamos, que la estrategia de oposición de Rajoy, Acebes y Zaplana ha sido un éxito, logrando algo muy meritorio: mantener e incluso incrementar apoyos de un partido que perdió traumáticamente el poder en 2004. Esto es algo que valorar y permitiría a Rajoy luchar por mantener el mando… si quiere. La cuestión es que quiera. Y la segunda cuestión es que, claro, una cosa es poder luchar y otra poder ganar. Porque lo que es dar la batalla, pues sí, pero ganarla ya es más que dudoso. Máxime cuando va a tardar bien poco en recibir el abrazo del oso de aquellos en cuyo regazo ha pasado la legislatura, empezando por FJL. Tenemos a Esperanza como clara candidata. Rajoy como posible aspirante. Y la posibilidad de que ahora le pueda pasar factura a la “lideresa” por sus constantes desplantes, buscando una tercera vía (hay quien habla ya abiertamente de Camps) que se pretenda “de consenso” para frenar a Aguirre. Por último, queda la cuestión de si Aznar tiene un candidato y de si un día de estos se cortará el pelo.
3. Si Rodríguez Zapatero, limitándose a poner cara de víctima por eso de que el PP es muy malo, logrará sólo con eso conseguir mayoría absoluta. Cómo de cerca o de lejos de la mayoría absoluta se quedará de la mayoría absoluta. ZP se queda sin la mayoría absoluta. Sube 5 escaños, los mismos que el PP, lo que le permite conservar la distancia. No así, sin embargo, en número de votos, donde el PP se acerca. Los resultados, teniendo en cuenta las facilidades con las que ha contado ZP en la legislatura (caudal de simpatía e ilusión, hecatombe electoral de 2004 en el PP, absoluto repudio de las posiciones del PP por parte de todo el resto de partidos políticos y, además, una actuación política del PP muy arriesgada que nunca sabremos si le ha dado réditos por adecuada en sí misma -en cuyo caso el PSOE habría hecho muy bien en subirse al carro de la misma al final, como hizo desde 2006- o por el aval que ha supuesto para la misma el tácito respaldo del PSOE a sus grandes líneas al final de la legislatura), son moderadamente decepcionantes. En cualquier caso, se queda suficientemente lejos de gobernar en solitario como de perder diputados o distancia con el PP, lo que permite asegurar que ZP, más o menos, ha obtenido un aprobadillo raspado.
4. Si el malvado Rodríguez Zapatero le hará una putada a Bono o si, por el contrario, eso de que los ciudadanos nos lo tendremos que tragar va en serio. En este sentido, la apuesta chunga de ZP por presentarse envuelto en la bandera “Españaza con una sonrisa” le ha devuelto en Castilla La Mancha una buena bofetada. La gente, sí, parece preferir el original a la copia. Y PP Bono ha hecho el ridículo por Toledo. Mientras que Ciudad Real, donde Manolo Marín ganó en 2004, pasa a ser del PP, recompensando la impresentable falta de gratitud de ZP a un político cabal, decente, inteligente y válido. En cualquier caso, ZP sólo puede colocar al derrotado Bono de Presidente del Congreso, bien con el apoyo del PP, bien con el apoyo de algún partido nacionalista. Éstos ya prometieron, todos ellos, desde CiU a ERC, pasando por el PNV, que bajo ningún concepto votarían por Bono. Vamos a ver si, a las primeras de cambio, ZP vuelve a metérsela doblada a alguno de ellos, a quién y a cambio de qué.
5. Cuánto tiempo tardarán los aspirantes a delifines zapateriles en posicionarse. Esto lo iremos viendo a lo largo de la legislatura. El batacazo de Fernández de la Vega en Valencia permitirá muchas lecturas, sobre todo si ZP le encomienda algún “marrón valenciano” más. Igualmente, habrá que ver cómo de insoportablemente trepa se muestra Bono a lo largo de estos cuatro años.
6. Qué barones populares pueden presentar resultados gloriosos en sus circunscripciones para afianzar sus aspiraciones sucesorias. Pues casi todos. España sigue demostrando su tradicional querencia, ya magnificada en las pasadas elecciones autonómicas y municipales, a recompensar a quienes mandan y el neo-foralismo del PP de la Comunidad Valenciana permite a Camps presentar unos resultados espectaculares (gana al PSOE 19 a 14), más incluso que los de Esperanza Aguirre, aunque el porcentaje de votos que el PP saca en Madrid sea incluso mejor. De todos modos, dado el escaso peso político, poblacional y económico del resto de “baronías” populares (algo que permite, también, valorar hasta qué punto el PP está perdiendo fuerza, excepción hecha de la Comunidad Valenciana, en la España no castellana, tampoco es que haya más líderes regionales fuertes. La pugna por el liderato en el PP es una cosa que se dirimirá en Madrid, con las cositas de Génova, y a partir de consideraciones madrileño-madrileñistas. Con el exótico condimento de Camps, pero poco más.
7. Si Rodríguez Zapatero, pasado el 9-M, actúa como le pide el Partido Popular y demuestra una siniestra faz para con Navarra, entregándosela a la ETA, esto es, al PSN en coalición con Nafarroa Bai. Los resultados en Navarra avalan dos cosas: que la mayoría de UPN ha desaparecido y que el votante del PSN, ante el temor a que el PP volviera a gobernar, no ha tenido en demasiado grave que le dejaran con el culo al aire en su autonomía. A la vista de lo cual ZP puede optar por ir a saco o no. Si es prudente y hace lo que todos le aconsejarán en su línea de actuación de los últimos tiempos, lamentablemente, los ciudadanos navarros tendrán que seguir asistiendo a los resultados del masivo engaño de que el partido que hizo campaña prometiendo ser la fuerza del cambio de gobierno en Navarra sea el que lo está apuntalando.
8. Si Coalición Canaria pierde el grupo parlamentario, incluso aunque se quede con 2 diputados. Obviamente, parece imposible que, en esta ocasión, los apaños chungos de PP y PSOE permitan a CC tener grupo parlamentario. Hemos aguantado estoicamente 4 años de tongo parlamentario, pero ahora la cosa sería inconcebible. Aunque a saber, que cosas más espectaculares se han visto.
9. Si Coalición Canaria, con sus dos diputados (o uno) o los que sean, toma nota de que la afición y sus electores, que tanto la engordaron cuando pactaba con quienes mandaba en Madrid, no ve con buenos ojos pactar con el perdedor, y escribe una nueva y hermosa página de su historial posibilista, cambiando de nuevo de socio en el archipiélago. Éste va a ser uno de los terrenos de juego más divertidos de la legislatura. ¿Pensará CC que tiene más que ganar presentándose, como ha hecho siempre, como la “conseguidora” oficial ante Madrid o valorará que las redes clientelares, si se capitanea el gobierno regional dan más de sí? Adicionalmente, la estrategia de CC de ir de la mano del PP, dada la tendencia bipolar creciente de la política española, es suicida. En fin, veremos.
10. Cuántos votos, diputados y porcentaje de voto valía el “efecto Aznar” para ERC. Bueno, pues esto ya lo sabemos. Unos 400.000 votos, 5 diputadosy un 60% del voto de ERC. Aznar ha sido el mejor dopante que ha tenido nunca el independentismo catalán. Y seguro que lo están echando, y mucho, de menos.
11. Cuántos votos, diputados y porcentaje de voto valía el “efecto Aznar” para el BNG. Encomiable aguante del BNG, prácticamente única fuerza que, además del PP y del PSOE, mejora en términos reales sus resultados. A la vista de los resultados tanto del PSG como del BNG, parece que la fórmula gallega se afianza. Idéntica valoración, por cierto, merecen los resultados de Baleares. Por no hablar de los de Cataluña. El PSOE, a la vista de estos datos, tendrá que pensarse muy bien si su estrategia actual es la ganadora en Navarra. Y, dado el espaldarazo recibido en el País Vasco, qué hacer de cara a las elecciones autonómicas allí.
12. Cuántos votos, diputados y porcentaje de voto vale el “efecto Ley de Partidos” para el PNV. Y, en concreto, quién se lleva el diputado en cuestión por Guipúzcoa: EA, Aralar o el PNV gracias a un masivo voto nulo. Espectacular dato de abstención en todo el País Vasco y especialmente en Guipúzcoa.
13. Si perder la Generalitat hace tanto daño a CiU como puede intuirse. Y como decían las encuestas. Aunque CiU baja en respaldo popular, lo cierto es que el desplome de Iniciativa le ha permitido no sólo salvar los muebles sino arañar un diputado. El resultado demuestra que, en momentos de bipolarización, CiU y PNV son los partidos que mejor responden, dado que son los únicos que han conseguido desplazar en su mismo espacio político al PP a una posición marginal, por lo que los efectos del voto útil no les penalizan.
14. Quién liderará el partido regional de Madrid que, con dos diputados previsibles, se llama todavía Izquierda Unida. Reflexionar sobre si tiene sentido que no sea de la capital. Pues en eso estamos. Llamazares ya ha dimitido y la lucha por sucederle va a ser fiera. Aunque ando especialmente triste con este asunto, en lo personal, tampoco puedo evitar mi pasmo porque casi nadie viera lo que se avecinaba (esto es, los dos diputados: yo mismo, a mes y medio de las elecciones, en plan voluntarista, ya les daba sólo 4 cuando las encuestas decían tonterías sobre su previsible alza pero, a la vista del panorama de voto útil que se reflejaba, por ejemplo, con enorme claridad en la encuesta de LPD, pensar en que pasaran de dos diputados empezaba a ser una quimera).
En IU, además, van a tener que ponerse a pensar en qué quieren ser. Y van a acabar a hostias. A la vista de lo que ha pasado por este mismo motivo en Valencia, el panorama no puede ser menos halagüeño.
Por otro lado, hay una triste enseñanza de estas elecciones: mientras no cambie la ley electoral, si IU no llega a acuerdos electorales con el PSOE en unas 40 provincias para que sus votos sirvan de algo (aun a costa de ceder al PSOE el 70-80% de los diputados adicionales posibles que gracias a ellos se puedan sacar), los electores acaban suplantando, por su cuenta, a estas acuerdos. Y, lo que es peor, también actúan en esta misma línea en las diez circunscripciones de tamaño suficiente como para que un partido como Iu pudiera obtener representación.
15. Qué pasará con el chiringuito de Rosa Díez y, más en concreto, si hay posibilidades de que larguen a la candidata y empiecen a construir una cosa con gente seria, comprometida y no contaminada. Pues, desgraciadamente, y panalizada también por la ley electoral, el proyecto de UPyD ha quedado, de entre las tres opciones posibles (no sacar representación, salvar el asiento y un sueldo para Rosita Díez o lograr una representación más amplia), reducido a ser todavía más si cabe una plataforma personalista, totalmente centrada en los anhelos y ambiciones de Díez. Previsiblemente, ley electoral mediante, esto será la puntilla para que el proyecto sea más una experiencia non-nata, una bella aspiración que pudo ser y no fue, que algo más sólido y con recorrido.
16. Empezar a entender qué es lo que separa ideológicamente, exactamente, a Ciutadans de UPyD. Este gran arcano de la democracia seguirá siendo un enigma, pero previsiblemente el proyecto de fagocitación de Ciutadans a cargo de UPyD, a la vista de los resultados electorales, será en breve una realidad.
17. Si UPyD mejorará los resultados por Madrid del GIL. Gil sacó un 1′05% por Madrid en 2000. Rosa Díez ha superado ampliamente esos resultados.
18. Si Mario Conde se unirá a UPyD para las siguientes elecciones. De momento, esta incógnita no se resolverá.
19. Cómo de gorda será la crisis económica que se avecina, que ya ha empezado a manifestarse. Si durará un añito, o dos, o toda la legislatura. O diez, como dicen la Bolsa y el Financial Times. Sin duda, ésta será la clave de la legislatura. Las previsiones a día de hoy están entre quienes avizoran una crisis gorda y quienes, en cambio, creen que será muy gorda. Como el panorama en Estados Unidos no ayuda, es más, acojona, y España y su modelo piramidal-ladrillista inspira mucha, muchísima desconfianza, a estas alturas se puede decir que los temas estrella de la política nacional dentro de dos años es fácil que no se parezcan en nada a los de la legislatura pasada. Eso sí, visto a día de hoy, ZP acertó de pleno apurando al máximo la convocatoria de elecciones, de modo que puede aspirar, si al final la cosa no es una depresión económica que dure tres o cuatro años, a que en 2012 lo peor haya pasado. Y ojo, claro, a la inmigración. La decidida apuesta del PP, como ha quedado claro en campaña electoral e incluso en los SMS oficiales de última hora llamando a la analfabeta movilización para que el dinero de los españoles no vaya a ayudar a los “emigrantes”, por utilizar los evidentes problemas sociales que pueden generarse a cuenta de la convivencia con los inmigrantes menos favorecidos en cuanto empieza a sentirse la crisis permiten avizorar un debate que, aunque probablemente es importante afrontar, promete ser muy poco edificante.
20. Cómo se las va a apañar El País para ir reconvirtiéndose poco a poco al zapaterismo crítico desde sus orígenes abiertamente ratisto-rajoyistas. Está hoy exultante Público. Y La Sexta ayer por la noche tampoco parecía descontenta. Empieza la legislatura de la reconversión de PRISA, obligado por primera vez en 20 años a reinventarse.
Colofón: lo que no se veía venir. Hay, por último, algo que LPD no vio venir. Ni nadie. Y es que los resultados electorales de ayer han consagrado un cambio de gran importancia en el País Vasco, con el Partido Socialistas ganando en las tres provincias, en las tres capitales y quitando al PNV 6 senadores, por si fuera poco. Aunque es obvio que los comportamientos en elecciones generales y autonómicas difieren mucho, los resultados son un muy serio aviso para el PNV. A pesar de haber mantenido 6 de sus 7 diputados, a buen seguro la preocupación es hoy mucha en la sede del PNV, no tanto por sus resultados como por la extraordinaria actuación del PSE.

