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Torrente, el brazo tonto de la ley

 

A pesar de que sé que buena parte de los componentes de La página definitva se me pueden tirar al cuello por sacar a la palestra tan enigmático título de la historia del cine español, no puedo por menos desahogarme ante tal insulto a la inteligencia y el buen gusto. Para empezar, y haciendo honor a este apartado, el título de la película ya es de lo más lamentable que se pueda pensar, haciendo una vil parodia a un olvidado filme de nuestro querido Stallone: Cobra, el brazo duro de la ley. Pero, claro, la diferencia estriba en que, mientras Stallone tenía un auténtico brazaco de esos que tiran para atrás, Santiago Segura sólo tiene flácidas mollas alimentadas a base de muchas papas, cervezas, hamburguesas y demás ingestas que debió engullir nuestro amiguete mientras devoraba en el salón de su casa los más insospechados suproductos fílmicos que poblaron los videoclubs de finales de la década pasada. Y es que está muy bien eso de ir de rollo cachondo y de simpaticón por la vida, y salir en tropocientos programas durante varias semanas como hizo el amigo de los niños con su penosa camiseta de Torrente a rastras. Pero una cosa es la gracia que pueda tener uno haciendo el mico y otra, muy distinta hacer una película. En efecto, no hay más que ver sus cortos para dirimir a donde podía llegar nuestro amiguete haciendo una película: una historia de una cutrez y una falta de originalidad impresionante; una retahíla de procacidades y falta de buen gusto; un machismo y filofascismo recalcitrantes… todo ello y mucho más constituye lo que es en la actualidad la película española más taquillera de todos los tiempos. Es un verdadero insulto al cine español, que encuentra en Segura una suerte de hijo bastardo, que sin tener ni puta idea de cine, pero echándole mucha cara a la vida ha llegado a donde está, con poco más de treinta años a vivir de rentas. Es la viva imagen de la picaresca española.

Sólo dos apuntes más: lo vergonzoso de cierta parte de la crítica que aplaudió (con moderación, eso sí) tal filme, comparándolo con cierto cine español crítico y paródico. Nada más lejos de la realidad, esta película sólo se podría comparar con aquellos títulos de las postrimerías del franquismo, en los que se ensalzaban las virtudes como Rodríguez o como ligones de playa de esos portentosos ejemplos de macho ibérico que representaban López Vázquez, Landa, Sacristán y, con posterioridad la pareja inefable de Esteso y Pajares. Como ya digo, los críticos también se dejan llevar por sus pasiones más veniales, y como Santiago Segura es un personajillo que cae bien a todo el mundo, ¿Para qué van a ponerlo a parir? Total es un tío muy enrollao . Y también apuntar la pasión que ha levantado esta película entre cierta parte del público que se ha dedicado a repetir las paridas, más o menos como si chistes de Chiquito se trataran. No es de extrañar que las grandes películas que ha rodado el humorista andaluz hayan sido grandes éxitos de taquilla. Y es que señores, España va bien…

(En efecto: la verdadera esencia de La página definitiva está en películas excelsas como Torrente, que lamentablemente no podemos poner en El lado oscuro de la crítica porque esta come de la mano de Santiago Segura también. El título es, en efecto, lamentable, la película no tanto: junto al humor fácil derivado directamente de Porky’s y dirigido al gran –y de escaso cerebro- público, en Torrente pueden encontrarse divertidas y útiles referencias a esa España eterna con la que algunos seguimos solazándonos).