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El
paciente inglés
Esta
película consiguió un montón de oscars, más
o menos uno por cada media hora de película. "El paciente
inglés" es un producto de la época en que a Hollywood
le encantaban las películas largas, cuanto más largas
mejor, aunque no pudieran ofrecer muchos pases diarios. Esta nueva
y desagradable moda, iniciada con la lista de Schindler, no ha terminado
aún; cuando creíamos que habíamos visto la
luz, llegó "La delgada línea roja" y nos obligó
a ir otra vez al cine con la almohada.
"El
paciente inglés" es uno de los grandes misterios del cine,
junto con los eventos paranormales de "El exorcista" y las melodías
interpretadas por Errol Flynn de tan peculiar manera en su mansión
de retiro Cirrosis frente al mar. ¿Cómo es posible
que una película que además de mala tiene pretensiones
intelectuales, que además de aburrida es larguísima
(es decir, más aburrida) tuviera este éxito afortunadamente
hoy olvidado? Nosotros no sentíamos ninguna pena por el paciente
inglés, bastante paciencia tuvimos en aguantar la película
entera en su día (nuestro surtido de palomitas se acabó
cuando el paciente apenas había preguntado aquello de "¿es
grave, doctor?"). Pues sí, es grave que abusen de nuestra
buena fe con trampas de este calibre, atrayéndonos maliciosamente
a un cúmulo de despropósitos que no era mayor porque
algún alma caritativa utilizó las tijeras, suponemos,
en el montaje, para dejar la película en sólo tres
horitas de nada.
Anthony
Minguella amenaza actualmente con atacar de nuevo, pero no tenemos
miedo: esta vez esperaremos pacientemente a que su nuevo engendro
llegue a los videoclubs y utilizaremos el mando a distancia para
hacer nuestro montaje particular. Así podremos dejar la película
en la media hora que, más o menos, seremos capaces de aguantar.
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