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El
inglés que subió una colina y bajó una montaña
El
inglés que subió una colina y bajó una montaña
es, ciertamente, uno de los peores títulos de películas
que hayamos podido escuchar jamás. El título se salva
porque hace honor a la película (que es también malísima)
y porque, al menos, no se puede acusar a la productora de encubrir
una película mediocre con alguno de estos títulos
de telefilmes a que ya estamos acostumbrados ("Pasión sangrienta",
"Instinto básico", "Instinto de lujuria", "Instinto mediopensionista
y residente en Aranjuez", etc.): El inglés que subió
una colina y bajó una montaña nos dice desde el
principio de qué estamos hablando: de una película
soez, procaz e inclusive ordinaria, en una palabra, de un truño.
(Hace
unos años apareció la noticia en televisión
de que los habitantes de una ciudad china rodeada de montañas
estaban a punto de morir a causa de la polución de las fábricas;
ajenos a nuestras soluciones occidentales "de centro reformista",
es decir, bajar la polución de las fábricas con depuradores,
el gobierno chino decidió que la mejor solución sería
eliminar una de las altas montañas que envolvían a
la ciudad, para así permitir la entrada de aire fresco. Casi
toda la población de la ciudad se lanzó a excavar
la montaña con frenesí, armados de picos y palas en
plan Inglaterra revolución industrial; imaginamos que a estas
alturas ya habrán terminado, así que podrían
hacer una película titulada El chino que subió
una montaña y no bajó porque murió extenuado
en los túneles o porque ya no quedaba nada que bajar,
que si bien es también un título lamentable al menos
está "basado en hechos reales").
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