Actualidad cinefílica
Cine Club
Séptimo Arte
POLÍTICA
BOLSA
MASS MEDIA
DEPORTES
CINE
HISTORIA
TEOLOGIA
LITERATURA
CULTURA POPULAR
LA RED
MUSICA
CIENCIA
LIBROS
SEXO

 

Abre los ojos

 

Con el paso de los días, esta sección se va a convertir en el único oasis de dignidad en el desierto de la cinefilia. Prueba de ello es que, haciendo honor a nuestra promesa (lean la crítica sobre Almodóvar), vamos a reírnos un rato de nuestro Chaplin particular, Alejandro Amenábar. El hombre, hay que reconocerlo, tuvo un buen debut con Tesis (una buena idea bien plasmada en la pantalla), pero lamentablemente se creyó todas las tonterías que dijo la crítica sobre su genialidad, y su privilegiada pluma no pudo evitar hacer este auténtico destarifo (una buena idea lamentablemente destruida). Abre los ojos consiste, en esencia, en los mismos personajes de Tesis, haciendo los mismos papeles: Eduardo Noriega es otra vez un niño pijo, aunque ahora es "bueno", y el otro, Fele Martínez, es un amiguete enrrollao. Tristemente, la selección de las protagonistas femeninas tuvo el grave error de poner a Nawja Nimri (o algo así), ligue del peor escritor-director de nuestros días, Daniel Calparsoro, y musa de la pseudointelectualidad progre. Naturalmente, Nawja es una mujer independiente, como demuestran las loas que le dedica periódicamente El País Semanal y El País de las Tentaciones (más bien este último); casi tan independiente como Silke, aunque haya cambiado los anuncios de compresas por la ONCE. Nawja borda un papel precursor de su anuncio de los ciegos, cambiando únicamente la frase ("Abre los ojos" por "tu vida"), aunque no la candorosa entonación ni el (nulo) mensaje. La otra elección, Penélope Cruz, es más acertada, porque Alejandro supo rápidamente desviarla de pretensiones meditativas budistas y dedicarla a lo que más público le da: enseñar las tetas (no me tachen de machista, esta impresión se basa en un estudio de campo muy serio).

Y a todo esto, ¿en qué consiste la película? Pues la verdad, no sabría decirles, es un tío al que le cambia la cara cada dos por tres y él está muy triste, tan triste que se pone una ridícula máscara para ocultar su recién estrenada fealdad (Qué profundo, ¿verdad?). Toda la película es bastante alucinante, incomprensible en la forma y en el fondo. Noriega sale con su coche y súbitamente se da cuenta de que no hay nadie en la calle. Y en lugar de alegrarse por el chollo que esto supone, se preocupa poderosamente. Claro, era un sueño, como toda la película, en la que Amenábar parece disfrutar llevándonos de un lado a otro sin parar y sin explicar nada (porque no hay nada que explicar). Todos estos continuos giros entre el sueño y la realidad consiguen meternos en un mundo de pesadilla en el que no sabemos lo que existe y lo que es mentira, un pozo sin fondo de grandes implicaciones psicoanalíticas. Como Matrix pero en malo, vamos.

Lo único realmente bueno de la película, aparte de las escenas de cama de Penélope, es la solución que ofrece Amenábar: el personaje vive un sueño virtual, ha contratado los servicios de una empresa de crionización y por eso le pasa lo que le pasa (ojo: crionizar no es convertir a las personas adultas en críos, como podría deducirse del comportamiento del protagonista de Abre los ojos, sino congelar a los muertos para revivirlos cuando la ciencia lo permita).