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Ya
sé que son multitud los que consideran esta película como uno
de los grandes hallazgos de los años noventa. Nada más lejos
de la realidad, el supuesto clásico de Tarantino está muy por
debajo de su fama. En realidad el excéntrico director americano no
ha inventado nada y lo único que ha hecho es echarle un poco de cara
al asunto, alargar el metraje en exceso por aquello de parecerse a los filmes
de qualité que hallan su principal virtud en llegar y/o pasar
de las tres horas torturando al más voluntarioso de los espectadores.
Veamos ¿qué nos cuenta Pulp Fiction? Pues no gran cosa, tres
historias sobre matones, mafiosos, boxeadores y demás personajes tomados
del cine negro americano al cual Tarantino debe tanto. Sin ir más lejos
el innovador montaje de este filme nos lo podemos encontrar en Atraco perfecto
de Kubrick, utilizado de una forma mucho más inteligente por cierto.
También se especuló en la época que Pulp Fiction
era una copia de una película hong-kongnesa que el director podía
haber visto perfectamente ya que estuvo años trabajando en un videoclub.
Varias cosas de las que podría haber prescindido la película:
de John Travolta, el cual fue escogido exclusivamente para que se marcara
el ridículo bailecito con la filiforme Uma Thurman, porque, no nos
engañemos, Travolta bailará lo suyo, pero lo que es interpretar…
lo mismito que un armario. Además de Travolta, también podía
haber obviado los absurdos diálogos de los personajes que parecen estar
allí para rellenar el largísimo metraje. Para las gilipolleces
que dicen sus personajes en el 90% de los casos, estarían más
guapos callados. También sobran alguna escenita un tanto bochornosa,
como aquella en la que la protagonista se pega un pico de muy señor
mío y que además de lo espectacular del asunto, poco se aporta
al conjunto de la película.
Pero
también es justo darle al César lo que es del César,
y no todo es digno de crítica dentro del filme. Entre lo más
notable que podemos encontrar en Pulp Fiction, la excelente
selección musical, tomada en gran parte de la colección particular
del director, y la antológica escena en la que el enorme mafioso negro
Marsellus es sodomizado por un vendedor de armas y un corrupto policía.
Sólo por esta escena, esta película demuestra estar a años
luz del cine comercial americano.
En
definitiva, mucho envoltorio para tan poco caramelo. Pero, para eso, ya sabemos
como se las gastan los yankies: cuando quieren vender la moto, la venden aunque
sea en una especialidad tan europea como el cine «de calidad». |