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Clerks es la primera de una especie de trilogía infame (luego vendrían "Mallrats" y "Chasing Amy") que pretende dibujar un agudo y cáustico retrato de la sociedad en que vivimos a través de la visión de unos jóvenes alternativos. Alternativos significa, claro está, que no tienen oficio ni beneficio salvo un par que trabajan de cajeros (de ahí el título de la obra, como los sagaces lectores habrán descubierto), y que, por lo exótico de su comportamiento, son visitados constantemente por el resto de la panda para incordiar un poco y que curren lo menos posible. Este planteamiento excesivamente formal mereció alguna crítica por considerarse que alentaba tendencias burguesas en la película, lo que el director corrigió rápidamente en la segunda entrega, en la que ya podemos deleitarnos con toda una panda de jóvenes que, directamente, no tienen nada mejor que hacer que pasear por un centro comercial (para boicotearlo, claro, abajo el capital) y participar en un concurso tipo Contacto, con tacto, pero sin Bertín Osborne. En todo lo demás la película inicial, Clerks, no puede ser objeto de crítica alguna, y así lo han plebiscitado todos los popes de nuestro cine: etiqueta oficial de "película alternativa norteamericana", "progre" y, además, "rodada en blanco y negro dada la penuria de medios con que fue realizada". A esta aparente escasez económica se une otra mucho más trágica, la intelectiva. La película no es que sea un tostón, es que es de una zafiedad inaudita. Los dos gags más alabados y conocidos de la misma son una conversación entre dos amigos en las que comentan lo chulo que debe ser poderse chupar uno mismo la polla y otro en el que una tía confunde a un muerto sentado en la taza del water de un cuarto de baño oscuro con su novio, de modo que se lo cepilla ahí mismo y sale encantada ("el mejor polvo de mi vida"), hasta que descubre quién ha sido el encargado de hacerle disfrutar con su espectacular "rigor mortis". Cuando historietas de este tipo están dentro de una película como la comentada son "inteligentes críticas a la estructuración social de los 90", mientras que, por el contrario, si las encontramos (exactamente las mismas y además unos años antes) en películas en color de la dilatada filmografía de Ozores se trata de una "españolada machista de mal gusto".

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