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Top
Gun
Y
es que los años ochenta eran muchos años ochenta.
Y por aquel entonces un chavalín llamado Tom Cruise hacía
estragos entre las adolescentes de la época haciendo de macho
muy macho, y las féminas se derretían cuando lo veían
lucir su dorado torso en las playas de Santa Mónica. Qué
por cierto, de tan macho que era, alguno vio en ello un evidente
signo de un mariquita latente, rumores que los más malévolos
han hecho llegar hasta nuestros días. Uno de los defensores
de esta teoría es Quentin Tarantino quien afirma que el personaje
de Cruise en este filme pasa mucho de la oficial con la que se supone
que se enrolla (de mayor edad y rango que él, pero es que
a Tommy le gustaban los retos, las cosas fáciles le aburrían)
y prefiere estar en la playa jugando al beach-volley con los amigachos,
deshaciéndose en efusivos abrazos cada vez que celebran un
tanto. Claro, luego llegaba la oficial con el amoto, y al bueno
de Cruise ya no le quedaba gasolina… o quizá era porque había
perdido un poco de aceite en el trayecto.
De
todas maneras, en aquella época no nos fijábamos en
esas minucias, todos queríamos ser Tom Cruise: correr a 200
por hora por las calles de Los Angeles en su pedazo de moto, hacer
cabrioletas con un F18 en el aire y enrollarnos con una tía
bien buena, que además tenía más edad y categoría
que nosotros, para poder fardar delante de los amigotes. Lástima
que a Tommy luego le diera por hacer cosas tan incomprensibles como
preparar cócteles y esas cosas. Por aquel entonces nuestro
macho ya no lo era tanto y toda una generación empezábamos
a comprender lo que quería decir la pérdida de valores.
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