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Actualidad de los mercados

LA CONSPIRACIÓN DE LA BANCA MUNDIAL CONTRA EL BUEN PUEBLO ESPAÑOL

TERCER AÑO DE CAOS Y DESPLOME DESPUÉS DE VILLALONGA: 2003

 

30/5/2003: Argentina. De éxito en éxito hasta la derrota final

Los políticos, sobre todo cuando están en el gobierno, elaboran toda su estrategia pensando unicamente en el corto plazo. Para una inmensa mayoría de gobernantes -de la que excluimos a nuestro Jose por razones obvias- no existe más horizonte temporal que el final de su mandato, con lo que poco o nada les importa dejar a sus sucesores una herencia ominosa. He aquí la razón por la que los gobiernos, generalmente, no tienen empacho en endeudarse para varias generaciones siempre que puedan ofrecer a sus votantes de forma inmediata aquello que esperan para renovarles con su voto. El único consuelo es que, al final, siempre hace su aparición algún político con un cierto grado de responsabilidad o al menos vergüenza (no se extrañen, existen indicios que permiten asegurar que la especie existe), que no tiene reparo en introducir la tijera y una dosis severa de racionalidad para salvar al país del abismo aun a costa de saber a ciencia cierta que será expulsado a patadas en la siguiente elección. Coño, miren a Churchill, que ganó la II Guerra Mundial como Primer Ministro británico y perdió las siguientes elecciones.

Pero la Argentina, sin embargo, también en este aspecto es distinta. Situada a escasos dos milímetros del precicipio económico más insondable, ha elegido a un Presidente de la República que por lo que nos ha sido dado conocer hasta el momento está dispuesto a darle el empujón definitivo con total entusiasmo, pero en dirección al abismo. Y es que el virus del peronismo que invadió el organismo argentino en los años 50 actúa como eficaz anticuerpo contra cualquier forma de gobierno políticamente responsable. Así, desde los tiempos de Perón (¡mi general, mi general, que grande sos!), no ha habido ningún gobernante argentino con la visión de futuro y la decencia necesarias para iniciar una política económica minimamente alejada del populismo justicialista, consistente en un intervencionismo salvaje con el paralelo aumento del endeudamiento público hasta más allá de la estratosfera, no para la mejora de las estructuras productivas del país (principalmente su armazón financiero y sus infraestructuras) sino exclusivamente para atender los compromisos de sus respectivas camarillas a través de transferencias y gastos corrientes que, por su propia esencia son consumidos sin ningún efecto positivo a medio plazo. De esta forma, cada gobierno argentino agrava la situación económica del país respecto al ejecutivo anterior, en un proceso sin solución de continuidad que ha desembocado en la actual catástrofe, en la que ya ni siquiera se puede utilizar el mecanismo de la privatización de empresas públicas, puesto que Menem (justicialista convicto y peronista confeso) se encargó de venderlas practicamente todas para dilapidar los fondos así obtenidos mediante un aumento paralelo del gasto público corriente (sin contar las cantidades que eventualmente haya sido necesario detraer para compensar los desvelos de los equipos de dirigentes involucrados. Ya saben que estas cosas, por debajo del paralelo 32, funcionan así).

En definitiva, Argentina, agobiada por las deudas no tuvo más remedio que vender las joyas de la abuela, pero en lugar de utilizar los fondos para aliviar su carga financiera, al menos en parte, los dedicó a pagar una francachela sin fin como hacen los manirrotos en cuanto se ven con un poco de pasta en el bolsillo. El problema es que hasta el dinero obtenido por las joyas empeñadas se ha consumido, así que ahora ya no queda nada que vender, y las deudas siguen exactamente igual que al principio (en realidad peor cada día que pasa, a consecuencia de los intereses que por otra parte tampoco se están pagando).

Esta tremenda situación exige un político de hierro con las pelotas necesarias para revertir esta espiral gasto-deuda-más gasto (López Murphy parecía la persona indicada), e iniciar un cambio de mentalidad que permita salir al país de la crisis a través de medidas tan elementales como reducir drásticamente el gasto público y adaptar la legislación y el sistema fiscal de forma que se estimule la producción y la creación de empleo por parte de las empresas, eliminando de paso la elefantiásica corrupción en las esferas políticas. Por desgracia, el flamante presidente Kirchner parece basar su política en las recetas más obsoletas del peronismo trasnochado: Más intervencionismo, más gasto y más populismo. En esa clave hay que leer su decisión, anunciada incluso en plena campaña electoral, de volver a nacionalizar las empresas privatizadas, suponemos que para volver a privatizarlas de nuevo pero naturalmente bajo su gobierno que es quien decidiría el destino de lo así obtenido.

Argentina sigue pues a la espera de un político con el coraje necesario para introducir las medidas antipopulares que la situación exije, aún a costa de no volver a ser elegido para la Casa Rosada. Es lo que le pasó a Churchill, pero lo que todos parecen olvidar cuando evocan el ejemplo del político inglés es que, aun cuando fue desalojado del poder en 1.945, arrasó en las elecciones unos años más tarde y se retiró de la política manteniendo su escaño hasta un año escaso de su muerte. Sir Winston ha pasado así a los libros de Historia. ¿Quién se acordará dentro de 20 años de Duhalde, Rodriguez Sáa o del Dioni de la Patagonia?. Pues eso.

Pablo