Stay hungry, stay foolish

Esta semana acaban las clases. Quedan ya sólo los exámenes y las notas para que lo más sustancial del curso académico pueda darse por concluido. Es un momento en que inevitablemente uno hace balance y, a la vez, mira al futuro. Esto es, al curso que viene, que ya empieza a dibujarse en la cabeza de uno. Con la intención de que sea mucho mejor. Para eso nada mejor que aprender de los errores y detenerse, en consecuencia, en lo ocurrido a lo largo de los meses pasados.

Cuando se hace balance viene bien ser autocrítico. En mi caso, respecto a cómo me he montado las cosas a lo largo de este año, tengo muchísimos motivos para no caer en la complacencia (que no voy a reiterar, ya los expuse en el primer comentario a una antigua entrada de este bloc). Espero muy sinceramente hacerlo mejor el año que viene. También albergo una mínima ilusión, aunque lo cierto es que bastante residual, de haber sido al menos, quizás, medio comprendido por una minoría (de mis estudiantes, de mis compañeros). Aunque lo cierto es que, como creo que es mejor ser realista, no acaricio con demasiada convicción esa idea. En el mejor de los casos, me temo, mi forma de orientar la docencia este año ha sido vista como hostil por los alumnos, tenida por ridícula por mi entorno y, a la postre, boicoteada por la estructura organizativa de mi Facultad. La culpa es evidentemente mía y espero haber aprendido la lección. Eso sí, lo que es seguro es que, más allá de la incomprensión, seguro que ciertos valores y conocimientos habré logrado transmitir, al menos, por la vía de ejemplificar errores. Algo es algo.

También me gustaría pensar, por tratar de salvar algo del curso, que habrá alguien que haya tenido gracias a las clases, incluyendo los shows organizativos y los conflictos varios producidos a lo largo del curso, la oportunidad de reflexionar sobre qué significa estar aquí, qué sentido tiene y qué obligaciones conlleva en un profesor y en los estudiantes el hecho de tener la oportunidad de hacer lo que hacemos. Esta incitación a una reflexión sobre la ética de la responsabilidad docente, pero también discente, aunque no tenga necesariamente que haber seguido el mismo curso en los demás que en mi cabeza, sí supongo que habrá cuajado en otras personas y no sólo en mí. Es algo importante, porque no podemos permitirnos ni tiene demasiado sentido pasar por la vida como si tal cosa, desperdiciando demasiadas oportunidades, sin darnos cuentas de los trenes que pasan de largo y sin proponernos, en consecuencia, rectificar cuando describimos habernos equivocado.
Al hilo de estas sensaciones sobre qué pueda haber tenido de útil para sus destinatarios la docencia que he desarrollado este curso, en torno a qué cosas cambiar y mejorar, a cómo aprovechar la estructura existente para adaptarme lo mejor posible a ella en años venideros, me surgen muchas ideas de cosas que pueden hacerse y que probablemente trataré de intentar ir poniendo en marcha. Esto no sólo afecta a la labor pedagógica que es parte esencial de mi trabajo, también en parte está relacionada con otras esferas (la del estudio y su difusión). Quiero, por ejemplo, poco a poco, ir montando un sistema de archivo y consulta de material sobre ciencias sociales que pueda ser útil a distintos niveles a compañeros y estudiantes. Habrá que empezar poco a poco, será difícil que prospere la cosa, sin duda, y, sobre todo, ya veremos cómo acaba todo. Pero no es ésta, ahora, la cuestión. El caso es que, motivado por esta idea, he estado hurgando en las entrañas del nuevo servicio de Apple, iTunesU, que claro, aun en mantillas, la verdad es que da mucha envidia. Y ahí he encontardo un discurso del que alguien me había hablado ya, una charla que dio con motivo de la graduación de una promoción de estudiantes de Stanford el jefecillo máximo y gurú de la empresa Apple, Steve Jobs.

El discurso es bien bonito y sirve a la perfección para acompañar las ideas con las que me gustaría cerrar el curso 2006-2007 para mis estudiantes de la troncal de Derecho administrativo. Se trata de saber Derecho, de entender cómo funciona y a qué intereses y fines sirve, de manejarlo correctamente, de comprender sus dinámicas… pero sobre todo se trata de reflexionar sobre los motivos por los que el Derecho público es importante y nos importa, de ser capaces de descubrir qué nos gusta y atrae de este mundo, qué queremos hacer con nuestros conocimientos, a qué intereses queremos servir y, todo ello, teniendo claro que es muy, muy importante, ser capaces de detectar, con carácter previo, qué es importante en la vida. Y ser osados, creativos, insaciables, inconformistas. Así que, si bien con unas formas y orientación diferentes, y a pesar de que haya estado trufado de errores y desaciertos, me gustaría poder pensar que mi curso ha servido al menos para que mis estudiantes de este año hayan hecho suya la idea de que nada hay mejor que permanecer hambrientos y un punto alocados para aportar cosas a los demás y para realizarse como personas y como juristas. Si no ha sido el caso, siempre pueden pincharse el vídeo de Steve Jobs.



3 comentarios en Stay hungry, stay foolish
  1. 1

    La verdad es que es curioso la forma tan distinta con la que los americanos y los europeos afrontamos esto de dar un solemne discurso. Más allá de la pinta general, lo del agua aquí quedaría fatal.

    El discurso en sí, además, no es nada solemne en su forma ni ambicioso en el lenguaje empleado o en la construcción. Tiene mucha fuerza, sí, pero sólo a través de vivencias y de anécdotas personales. Es cercano, pero en el fondo nada pulido.

    En Europa cualquiera de nosotros habría optado por contar algo más elaborado. Probablemente es un error, pero habríamos dado más contenido a la audiencia.Máxime si lo que quieres es atraparla. Aun así, ¿no da la sensación de que tampoco Jobs lo consigue demasiado?

    Comentario escrito por Marta Signes — 31 de mayo de 2007 a las 6:51 pm

  2. 2

    El comentario que has escrito es hasta hermoso, por lo que se intuye que significa. Es tan profundo y conmovedor que me parece que hay que andarse con cuidado. En estos casos me digo, ojo, que a lo mejor caemos en cierta demagogia emotiva. No sé, conectado con lo que comenta otra persona arriba, queda la cosa muy «americana». Buscar la conexión y trasnmitir ciertos valores apelando a los sentimientos, aunque a veces sean facilones, ¿está bien o no?

    Comentario escrito por Clara — 01 de junio de 2007 a las 12:20 pm

  3. 3

    Mooooooola!

    Comentario escrito por Ana — 07 de junio de 2007 a las 5:04 pm

Comentarios cerrados para esta entrada.

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