Mundo Google

Nuestro mundo ha cambiado. Y mucho. Lo ha hecho también, lo está haciendo, su Derecho. Lo ha hecho, lo está haciendo y lo hará en España cada vez más, a su bola, la Universidad (mientras sobreviva, eso sí). Desde una perspectiva todavía jurídico-académica, es por este motivo más que obvio que la enseñanza del Derecho, la forma en que lo estudiamos, tendrá que empezar un día de estos, a su vez, a verse afectada. Otra cosa es lo que nos cueste llegar a ese estadio porque, como recordaba Keynes, el problema no suele estar tanto en las nuevas ideas como en las viejas.

Vivimos en un mundo que ha visto cómo la organización para la producción y distribución de bienes y materias primas (en una fase más avanzada, también de servicios) que nos permiten asegurar nuestra supervivencia (e incluso, como primicia histórica propia exclusivamente de nuestras sociedades y de nuestro tiempo, nadar en la abundancia) se ha modificado notablemente. Somos muy conscientes de eso, y no manejamos esquemas propios de los cambios que las revoluciones neolítica o industrial conllevaron. Pero ya ni siquiera eso permite entender bien cómo están empezando a organizarse nuestras economías y las relaciones sociales de producción, acaparación y exclusión que, a partir de ellas y de su regulación, conforman una comunidad y su Derecho. Ya no estamos en un entorno de capitalismo concurrencial que requería de un Estado gendarme y tampoco nos sirve el modelo de Estado intervencionista propio de un estadio evolutivo posterior del capitalismo. El impacto de la tercera gran revolución productiva de la historia de la humanidad nos obliga a jugar en otro plano, más abierto, más plural, más libre, menos desigual, donde los límites espaciotemporales han perdido importancia. Tenemos todo mucho más a mano, tenemos redes que nos aportan información y posibilidades, que a su vez retroalimentamos. Tenemos que afrontar no tanto los problemas derivados de la escasez como los retos que plantea la abundancia… Aunque, por supuesto, todo esto es válido sólo para los que tenemos la suerte de estar entre los que tenemos y no entre los cientos de millones de seres humanos que siguen sin tener a suerte de disfrutar de esta anomalía histórica en la que algunos seres humanos vivimos instalados.

El más bello icono de esta nueva sociedad, de sus posibilidades, retos y cambios es probablemente Google. Porque aspira, a base de potencia tecnológica y matemática, con unas pinceladitas de humanidad, sentido común que colorea la bella animalidad del algoritmo, a traernos a casa todo lo que anda desperdigado por el mundo que existe e interesa. E incluso, lo que no interesa o no vale. Y, claro, a ordenarlo. A establecer su relevancia. Pero el caso es que, potencialmente, ahí está todo. Y con ello los cambios económicos producto de la nivelación, de la reducción de costes, de la paulatina desaparición de no pocas asimetrías informativas. ¿Estamos de veras ante un círculo virtuoso? Las reglas más esenciales de la economía, la base fáctica que nos sujeta a este planeta y a la vida, la conciencia de que los bienes y materias primas a partir de los cuales nos organizamos son limitados, no pueden cambiar. Pero sí lo que seamos capaces de hacer con ellos. De cómo y hasta qué punto les sacamos partido. De cómo los acaparamos y distribuimos, excluimos a los demás de su disfrute, mejoramos la eficiencia, con lo mismo podemos sacar más..

Vivimos ahora en un mundo donde cada vez es más importante, por eso, como claro signo de cuáles son las aspiraciones de las sociedades postindustriales, esta eficiencia horizontal, en ocasiones a costa de la coherencia. Porque no somos capaces de abarcar, regulatoriamente, todo lo que tecnológicamente ya tenemos a nuestro alcance a golpe de click. El Derecho va a cambiar, tiene que cambiar, para adaptarse a este mundo Google. Lo irá haciendo a su manera, como ha ocurrido siempre, porque es una herramienta de intermediación y organización de la convivencia muy viva, que se adapta con enorme facilidad a las nuevas realidades a las que ha de responder. La cuestión es hasta qué punto nos va a costar desembarazarnos de los esquemas propios del Derecho del capitalismo de la revolución industrial. Porque vamos a un mundo que todo lo medirá y tendrá a su disposición, que podrá llegar a todas partes, que podrá conformarse a partir de una infinidad de influencias recíprocas y constantes, donde el suministro global de todo tipo de bienes, por minoritarios que sean, ya no planteará problemas, lo que abrirá a su vez más el campo… y donde las barreras caerán excepto si artificialmente un Derecho entendido de forma antigua las mantiene. Por eso, aunque las cosas evolucionarán por sí mismas de forma natural, es importante el esfuerzo para comprenderlas y abandonar cuanto antes las nuevas ideas que puedan actuar como mordazas o grilletes. Tarde o temprano desaparecerán, pero mejor si los juristas y los académicos no alargamos su agonía.

Más o menos llevo unos días estudiando y tratando de entender este asunto, que no sé si es una intuición demasiado relevante o una completa chorrada. Así que estoy leyendo y leyendo, pensando, con la intención de ver si me voy aclarando. Es parte de lo que se supone que ha de ser mi trabajo, así que me lo puedo permitir. Y no tendría que haber escrito todavía sobre el particular, porque la cosa está verde y poco ordenada. Pero me apetecía. Para poder ir pegando en los comentarios ejemplos curiosos de cómo funciona este nuevo mundo. Con la idea de que a lo mejor este post, con los meses, me vaya sirviendo de instrumento, uno más, para pensar y ordenar lo pensado. Para hacerlo mi Google particular sobre estos asuntos. Así que disculpad por lo apresurado y desestructurado del mensaje.



9 comentarios en Mundo Google
  1. 1

    Esta misma mañana encontraba un ejemplo de cómo vamos, respecto de la evaluación de lo bien que hacemos nuestro ttrabajo, a modelos diferentes y que plantean problemas.

    La Universidad es un buen ejemplo, con sus índices de impacto y la obsesión por medir el rendimiento y calidad investigadora a partir de parámetros cuantitativos. Que, por mor del cambio tecnológico, van a verse afectados. Al igual que los que tenemos páginas de internet o blocs miramos obsesionados las estadísticas, que todo lo dicen sobre la calidad, los universitarios hemos empezado ya la carrera de las descargas. Es interesante el trabajo «Fuck and Law Faculty Rankings, que publica Christopher M. Fairman en la Ohio State Public Law Working Paper No. 91. Tratando de hacer justicia a su apellido, trata de analizar algunos criterios utilizados en la elaboración de ciertos «rankings» universitarios y, en concreto, el hecho de que para valorar la cantidad de descargas se haya excluido un paper de lo más popular que se titulaba «Fuck». Porque, y es de lo que se trata el asunto, si medimos descargas ya que tecnológicamente podemos hacerlo y eso nos proporciona sin duda una información muy interesante (cuestión distinta es cómoo la queramos emplear y qué valor le demos a esos datos), ¿por qué excluir ciertas descargas a partir de la interferencia valorativa con la que tachamos lo relacionado con «follar» como «sensacionalista» y por ello alterador de la normal relación interés-nº de descargas cuando para todo lo demás no nos planteamos el mismo problema de sesgo que muchas otras materias o temas también tienen, por no decir todos?

    Full Text: http://ssrn.com/abstract=971103

    ABSTRACT: This essay questions the methodology of Brian Leiter’s
    latest addition to his Law School Rankings, the Most Downloaded
    Law Faculties, 2006. Leiter’s new ranking purports to rank the
    top fifteen most downloaded law schools for 2006. While the
    ranking uses annual download data from the Social Science
    Research Network (SSRN), he excludes two schools entirely: #8
    Emory School of Law and #10 Ohio State Moritz College of Law. In
    Leiter’s own words, It was necessary to exclude Ohio State and
    Emory whose presence in the top 15 was due entirely to one
    provocatively titled article by Christopher Fairman who teaches
    at Ohio State and is visiting at Emory. The paper he refers to is
    entitled Fuck. It explores the legal implications of the use of
    the word. An earlier version of the piece is available on SSRN as
    a working paper; it is now available in final form at 28 Cardozo
    Law Review 1171 (2007). In this essay, I question Fuck’s
    exclusion on three grounds. First, from a procedural standpoint,
    Leiter has not articulated precisely why this scholarship was
    excluded. Absent some articulation, authors are unable to predict
    future results. Is it the title, the subject matter, the author
    or article downloads that trigger exclusion? Second, from a
    scholarly perspective, Leiter’s exclusion appears to be word
    taboo at work?precisely the theme of the article he now bans.
    Third, exclusion of any scholarship illustrates Lawrence Solum’s
    right people thesis. In this case, Leiter’s exclusion
    marginalizes the scholarship of others on the premise that the
    right people can’t possibly be downloading in such large numbers.
    Hopefully, this Essay will advance the conversation on whether as
    a community we benefit from this type of law school ranking.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 28 de abril de 2007 a las 12:33 pm

  2. 2

    Este comentario es tan sugerente que me parece incluso sensual.

    Comentario escrito por Anna — 29 de abril de 2007 a las 3:56 pm

  3. 3

    Supongo que el papel de los poderes públicos y, en consecuencia, del Derecho, habría de ser – en este nuevo modelo de sociedad – el de facilitar los medios que garanticen una capacidad general de «elección informada».

    En primer lugar, para elegir, todos los ciudadanos han de estar en condiciones técnicas y humanas (nivel de educación) adecuadas. Lo contrario supone crear distintos niveles de ciudadanía y, desde luego, dividir a la población entre los que están «dentro» y los que están «fuera» del sistema. Y es muy fácil estar fuera, tanto por no acceder a la técnica, como por falta de formación. La elección, principio fundamental en cualquier sociedad democrática, se vería menoscabada si el Estado no garantiza esos elementos.

    Y no cualquier elección. Ante la panoplia de informaciones y desinformaciones que nos llegan por todos los canales, habrá de establecer las estrategias oportunas para identificar la información relevante y la que no lo es. Por lo tanto, el sistema educativo – fundamentalmente – ha de formar a personas que potencialmente sean capaces de identificar dicha información relevante, asumirla y actuar en consecuencia. En mi opinión, esta es también una función primordial de los poderes públicos, que no puede dejarse únicamente a la iniciativa privada, simplemente porque, de nuevo, dejaría a muchas personas fuera del sistema.

    Por lo tanto, palabra clave: educación. Y creo que muchas de las cuestiones relativas al acceso a los bienes, a la competencia por los mismos, a las obligaciones de los poderes públicos al respecto.. podrían bien reconducirse a teorías clásicas del Estado Social «revisadas» a la luz de los nuevos fenómenos.

    Muchas gracias por tus reflexiones, creo que, en efecto, es uno de los desafíos fundamentales del Derecho en nuestros días.

    Comentario escrito por Susana — 30 de abril de 2007 a las 6:13 pm

  4. 4

    A mí estas ideas no me parecen tan sensuales, la verdad. Los cantos de sirena, ya sean de pesimismo exacerbado, ya de optimismo adanista, al albur de cualquier gran transformación tecnológica, con pretensión de trazar una raya y comenzar a explicar un mundo «nuevo» nunca me han atraido demasiado. Además, la exposición sobre el Derecho, lo mucho que va a cambiar, los rollos sobre la crisis del paradigma de la Ilustración, de tan repetidos, no sé si conducen a algo. Muy, muy brillante ha de ser la ocurrencia de turno, a estas alturas, para que tenga un valor. Con que, si se trata de ser sensual, ya te digo.

    Otra cosa es que tengas más razón que un santo, como la tiene Susana en lo que comenta. Aunque nos puede el gremialismo, me temo. Cuando dos profesores universitarios se ponen a discutir es muy fácil que el 90% de los problemas sociales tengan, en el fondo, una solución a medio y largo plazo que afrontará no sólo los males inmediatos sino que mitigará también los problemas mediatos que son origen de todo: mejorar la educación. Dado que soy la primera persona que se siente identificada con ese proceder argumental, quizás tiene poco sentido que lo resalte, pero ahí lo dejo escrito.

    Respecto a la sensualidad, y para compensar, diré que la prosa del blog si se me suele antojar como «carnosa». Así como digo que el contenido de este mensaje no me parece sensual sí concedo que hay una forma de escribir que te gastas aquí, que es como masculinamente descuidada, vigorosamente torrencial en las ofertas de espacios para la reflexión, que tiene su puntito. También creo, a veces, que escribes de una forma que nos puede gustar más a quienes tenemos formación jurídica porque adolecemos de vicios semejantes y de formas de expresarnos en las que nos reconocemos. Si a Anna le parece sensual el texto es fácil deducir que será una jurista. Porque en esto de la incitación juega mucho el autorreconocimiento.

    Comentario escrito por Marta Signes — 02 de mayo de 2007 a las 5:28 pm

  5. 5

    La temperatura de los comentarios va subiendo…, destensemos el ambiente volviendo a las formas de intervención del Estado que, a mi modo de ver, es una de las cuestiones estrella del artículo.

    ¿Cómo ha de intervenir el Estado?

    Copio un fragmento de un libro de J.L. Villar Ezcurra que trata sobre las formas de intervención de las Administraciones –si esto va contra los derechos de autor, Andrés, bórralo, por favor–:

    “Las formas de actuación aluden a la finalidad que en cada caso se otorga a la intervención administrativa; ese elemento teleológico tiene mucho que ver con la manera en la que se conciben las relaciones entre el poder público y la sociedad. Y estas relaciones se cohonestan con el modelo de Estado entre los dos puntos teóricos de referencia desde el constitucionalismo: liberal: reducción al mínimo de los poderes públicos en la sociedad civil y la contraria. La perspectiva histórica pone de manifiesto el surgimiento de cada una de ellas y cómo lejos de ser sustituidas se han ido acumulando. El modelo de Estado actual sólo es decisivo a la hora de otorgar mayor peso a una u a otra forma de intervención sin llegar a suprimir ninguna de ellas”.

    El Estado atiende sus funciones interviniendo, con distinta intensidad según la forma:
    – ¿cuáles son las funciones que el devenir histórico está reservando al Estado y a las que ha de atender?;
    -¿cuáles son las formas de intervención más adecuadas a esas funciones?;
    – ¿se vislumbran nuevas formas más allá de las clásicas de policía (comunicación /autorización + sanción), fomento y servicio público?
    – ¿a qué te refieres con “desembarazarnos de los esquemas propios del Derecho del capitalismo de la revolución industrial”?.

    He reordenado alguna idea tuya del texto no con ánimo de repertirte sino de facilitar a los ajenos al Derecho el acceso a estas cuestiones, que son de todos…; ¡¡¡Incitémosnos todos!!!

    Comentario escrito por Mar — 03 de mayo de 2007 a las 1:09 am

  6. 6

    Mar, eso de las formas de intervención, del reduccionismo de plantear el tratar de reducir todo a fomento, servicio público o policía, la verdad, no funciona muy bien. Pero vamos, la verdad es que no ha funcionado nunca.

    Por poner un ejemplo de algo que se hace desde hace siglos, la expropiación, ¿dónde la metes? ¿Es fomento?, ¿policía?, ¿servicio público? ¿O será que no es una actividad que hace la Administración?

    Comentario escrito por Marta Signes — 03 de mayo de 2007 a las 6:42 pm

  7. 7

    Sí, tienes razón, la expropiación forzosa es una de las actividades de difícil encaje en la tipología que señalo.
    No fue acertada mi expresión “más allá de” entre otras razones porque no era mi voluntad hacer un listado exhaustivo de las técnicas de intervención.

    Vuelvo al tema porque me gusta: ¿cuáles son las funciones de las que ha de hacerse cargo el Estado hoy?; ¿pensáis que el desarrollo tecnológico y la mayor información que proporciona influyen en esas funciones o en la maneras de desarrollarla?; para mí que sólo influyen en la manera en la que se pueden ejercer las técnicas de intervención…

    Comentario escrito por Mar — 04 de mayo de 2007 a las 1:19 am

  8. 8

    Marta, la verdad es que cuando he estado escribiendo sobre estas cosas (porque en su día me ocupé de lo que llamé la «mcdonalización del ordenamiento jurídico» – http://www.uv.es/~aboixp/investigacion/legitimidad.htm – y me han pedido ahora que vuelva sobre el tema, pero con algo más de «calado dogmático y reflexión teórica») no he podido evitar tener esa misma sensación que tú tan bien describes. Que todo esto es mucho hablar de lo mismo y dar vueltas a la misma historia, sin llegar a ningún sitio

    Sin embargo, he de reconocer que en ciertos momentos de entusiasmo con el texto que estoy preparando (que ahora han pasado, lo que es normal, dado que no estoy lejos de acabarlo) había momentos en que pensaba que sí estaba logrando explicar cosas interesantes: porque describía bien las bases estructurales en lo económico pero también en lo simbólico de lo que está ocurriendo pero también porque algo de interés se me ocurría sobre, a efectos prácticos, cómo habrá de reorientarse la intervención pública. Ya digo que ahora se me ha pasado, es algo que ocurre cuando empiezas a plasmar cuidada y ordenadamente las ideas que tienes, que lucen menos en realidad que en tus ensoñaciones creadoras.

    Respecto a la cuestión de fondo que trata Mar, más allá de si la expropiación forzosa es más tiria o troyana, hay que tener en cuenta que el Derecho privado ha sido un instrumento históricamente concebido y desarrollado para garantizar la mayor eficacia posible en los intercambios y una óptima intermediación en las relaciones sociales y económicas entre iguales, mientras que el Derecho público ha aspirado, además de a controlar el estado, a realizar ideales de Justicia por medio de una intervención que trata de poner orden en un medio donde priman las desigualdades. A partir del momento en que el terreno de juego se aplana y las desigualdades potencialmente desaparecen, la posición del estado se diluye a la de árbitro y componedor en muchos casos. El creciente contagio de técnicas de Derecho privado a que estamos asistiendo en nuestro Derecho público es síntoma de una evolución, que corre paralela a la desaparición o relativización de los privilegios que históricamente el ordenamiento había reservado al estado en sus relaciones con los particulares, prueba de que la idea de una igualdad de armas y participación en un mismo entorno avanza (así, por ejemplo, las recientes y restrictivas revisiones de privilegios como la autotutela administrativa).
    Lo cual conlleva la recuperación en estos tiempos del carácter mediador del ordenamiento jurídico, de cuya desaparición se quejaba Barcellona, si bien a lo mejor por otras vías más complejas, no entre ciudadanos sino en una compleja interrelación donde hay por una parte ciudadanos, sí, que ya pueden jugar a escala planetaria, pero también grupos de diverso tipo, empresas, administraciones públicas de diferente nivel… donde cada vez se busca más la composición, la influencia, el acuerdo.
    A este respecto, cabe preguntarse si es posible que exista alguna conexión entre estas cuestiones y la evidente evolución última en las sociedades mcdonalizadas, en las que el Derecho ya había iniciado su conversión en un instrumento técnico apto para desarrollar políticas de una forma analíticamente más cercana a las ciencias sociales y a las exigencias de eficacia y de corrección, que a las humanidades y al sueño legitimador tradicional (ley, representatividad, voluntad general). Y parece obvio que en este sentido no cabe la marcha atrás y que obviar la importancia estructural que el Derecho tiene como producto social (como infraestructura productiva) es ya imposible. Por ello ha de atender a los incentivos, ser capaz de medir muy atentamente su importancia para la vida social a todos los niveles y acertar en su dosificación. Como siempre ha sido, por lo demás, pero con atención a un nuevo paradigma con más participación y mayor fragmentación. En el mundo Google esta tendencia inevitablemente se exacerba, pero cambia la composición y forma de la participación ciudadana, que tendrá que atender a una mayor horizontalidad y dar pie a la igualación de condiciones y acceso. La revisión de pautas legiferantes opacas que ahora pueden ir por fin, poco a poco, desapareciendo, harán del «mercado democrático» un escenario especialmente apto para la recomposición por composición el pacto social. La moribunda encarnación del cuerpo social en la ley puede así resucitar, o al menos eso habría de permitir la tecnología en breve, en otras formas. Es cuestión de dar con ellas, lo cual no es, ni mucho menos, un trabajo menor.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 11 de mayo de 2007 a las 3:14 pm

  9. 9

    Ahh, y quiero aclarar que estoy totalmente de acuerdo con Susana pero que también lo estoy con Marta. Es decir, que me parece clave la cuestión de la educación, porque creo que es lo que de verdad va a permitir que las oportunidades se igualen y los recursos se distribuyan a partir de la capacidad y creatividad de las personas. Pero también creo que hemos de mirarnos esta manía nuestra de, como gremio, tender a pensar que la clave pasa siempre por la educación y a tener cuidado, en consecuencia, de llegar siempre, alegres y confiados, autosatisfechos, a la misma conclusión. No obstante, ¡de verdad!, en este caso, por muchas cautelas que me autoimponga a la hora de llevar mi reflexión por esa senda, me sale siempre que sí, que la educación es importantísima.

    Eso, y tener en cuenta desde esa perspectiva muy a pie de obra cómo la tecnología y la ausencia de barreras cambian el mundo y la manera de regularlo ha de tomar nota. Por eso ponía el ejemplo de la primera nota, porque la difusión de información ha cambiado, la posibilidad de tener datos de lectura o al menos de acceso a los textos es mayor que nunca. El Derecho que regula estas cosas y que prima o atiende a la excelencia investigadora cuenta por ello con más instrumentos que nunca. Pero es importante saber usarlos y tenerlos en cuenta en su justa medida. Porque, por ejemplo, el «impacto» va más allá de citas o de accesos a la obra. Y la «importancia» más allá del «impacto».

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 11 de mayo de 2007 a las 3:20 pm

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