Algunas reflexiones sobre las propuestas de reforma de la Universidad

Finalmente el informe que la Comisión de Expertos para la Reforma del Sistema Universitario Español ha entregado al Ministerio de Educación se parece bien poco en un par de cuestiones esenciales a lo que decía la filtración de la que me hice eco el otro día. De modo que, una vez leído con calma el informe y el “voto particular” en forma de addenda a partes del mismo hecho por dos miembros de la Comisión (significativamente, los dos juristas que formaban parte de la misma, pues en el gremio nunca perdemos ocasión de quedar como los más clásicos siempre que es posible), creo que vale la pena hacer alguna reflexión al respecto. Y eso aunque a estas alturas nadie sabe muy bien de qué va a servir el informe ni si el Ministerio, que guarda un piadoso silencio al respecto, piensa asumir su espíritu y sus propuestas, descartar algunas, pasar de todo… o encargar otro informe.

A estos efectos, y como valoración global, se puede anticipar que el trabajo que han hecho los miembros de la Comisión es informado, hijo de su tiempo, muy influido por el perfil de sus miembros y extremadamente interesante como documento para iniciar el debate (aquí, de hecho, es donde más se nota lo “anglosajón” que es, en contraste con los comentarios de los juristas que, incluso en las notas al pie, se empeñan en parecer hijos del tópico como pesados europeos que hablan largo, no se les entiende y citan mucha bibliografía alemana en vez de blogs o de hacer bromas en las notas al pie). Mojándome más, también me parece un informe poco operativo en las soluciones que plantea y extraordinariamente conservador (en el sentido de que no aspira a hacer reforma estructural alguna y también en el sentido de que los cambios que plantea producirán efectos, también, de tipo “conservador”). Voy a tratar de explicarme, intentando ser breve y listando los puntos que me parecen más llamativos.

1. La presentación del Informe, hecha sin darle demasiado bombo por parte del propio Ministerio, ha pasado totalmente inadvertida fuera de la Universidad. Ignoro si esto es un reflejo de que el Ministerio tiene ya claro que va a pasar olímpicamente del Informe y prefiere no darle relieve a su publicación, de que la actualidad está más pendiente de otros temas o de que estamos todos cansados de sucesivas reformas de la Universidad española. ¡Caramba, pero si es que se presenta un Informe sobre reforma universitaria y por no haber no hay ni una mísera protesta de los Rectores o una manifestación de estudiantes! ¿Qué está pasando? ¿Tan poco ambicioso es el Informe, menos todavía de lo que yo creo, que no remueve conciencia alguna? En fin, el caso es que puede declararse ya oficialmente que lo hemos conseguido entre todos: ya le da a todo el mundo exactamente igual lo que pase con la enseñanza superior en España. Enhorabuena a los premiados y a España, como país, por semejante logro.

2. El Informe (y el voto particular) está muy preocupado por la excelencia de la Universidad, pero no parece que considere que nada relacionado con la docencia tenga demasiada relación con esto de formar parte de la crème de la crème de las Universidades del mundo. De hecho, lo que me ha resultado más llamativo en una evaluación general de todo el trabajo de los expertos es que la docencia les merece muy poca atención. En esto los expertos son hijos de su tiempo y se parecen a todos los que ahora nos dedicamos a la Universidad. No en vano vivimos en un entorno donde todos los sistemas de incentivos y caminos para, a título individual, llegar al éxito profesional tienen que ver con la investigación y con publicar cosas chulas y de impacto, mientras que la docencia es una molesta pesadez, carga propia de funcionarios que se soporta, parece, más que se disfruta. Por esta razón la Comisión plantea un modelo de medición de la calidad, de distribución del dinero y de puntuación de méritos profesionales donde no sólo es que las cuestiones relativas a la docencia se tengan menos en cuenta que la investigación; es que, prácticamente, brillan por su ausencia (incluyendo un ridículo porcentaje en las valoraciones de méritos para las acreditaciones). De manera que, por mucho que para competir en las listas internacionales y poder sentirnos parte orgullosa de un sistema universitario excelente y todas esas cosas sea muy importante lo de la investigación excelente, mi primera crítica al Informe es que no propone nada para mejorar la docencia. Ni siquiera toca el tema excepto para analizar la empleabilidad (y decir, claro,  que hay que orientar lo que se enseña, tendencialmente, a darle satisfacción) o para referir las salvajadas asociadas a la implantación de “Bolonia” en este nuestro querido país. Pero incluso en este punto tampoco proponen tomar medidas porque todo el sistema universitario español esta “muy cansado” de ir cambiando cosas, dicen, y no podemos poner todo patas arriba otra vez.

¿Será porque en España hemos asumido que la docencia que dan nuestras Universidades es ya muy buena (o suficientemente buena) y que por ello no hace falta proponer medidas de mejora? Personalmente, al margen de que haya que retocar (mucho) “Bolonia”, creo que el tema sí merece algún comentario. Aunque sea breve. Porque la mejor docencia posible es, muy probablemente, el factor de desarrollo más importante que un buen sistema de educación superior puede suponer para un país (es de esperar que gente muy bien formada sea luego capaz de hacer muchas cosas y de hacerlas muy bien, incluso investigar sin ayuda de ese mismo sistema público –como somos españoles, podemos meter aquí unas risas enlatadas-). Algunas propuestas de mejora, por ejemplo, que creo que podrían ir de la mano del espíritu general del informe (que busca incentivar la competencia, el esfuerzo y la medición de los resultados) que podrían esbozarse:
– diferenciación clara de las carreras profesionalizantes (que deberían volver a 3 años) en metodologías y vocación de inserción laboral respecto de otras carreras;
– asumir que la formación profesional de ciclo superior es muy parecida a una carrera profesionalizante de estas de ciclo corto a las que nos referimos sin mayores problemas e integrar todo esto en un esquema formativo conjunto y coherente de una manera más decidida y sin complejos, de forma ordenada;
– las carreras de ciclo largo deben aspirar a formar con exigencias que permitan después investigar o un grado de profesionalización muy alto;
– los profesores deberíamos ser evaluados por quienes mejor saben cómo de bien y de útiles somos, que son los alumnos, pero por alumnos que se juegan algo con esa expresión de su juicio (si los profesores no examinan a los alumnos a los que imparten clase sino que su rendimiento se mide por exámenes estandarizados a nivel estatal parece claro que la libertad de elección de los alumnos permitiría identificar fácilmente qué profesores son considerados mejores simplemente a partir de la demanda);
– los profesores deberíamos ser evaluados por los resultados de los estudiantes (con exámenes estandarizados nacionales, y juzgando la desviación de un alumnos en nuestra asignatura respecto de su historial y de como le va en otras asignaturas podemos hacernos una idea clara de si el profesor, de media, influye para bien o para mal).

3. Obviamente, como se puede intuir respecto de lo dicho, hay que actuar sobre “Bolonia”. Aunque el informe señala el problemón que ha creado Bolonia con los grados de 4 años (algo aberrante en algunas carreras y perturbador en casi todas dado que la norma en Europa son 3 años) y los Másters (que por esta misma razón aquí son de 1 casi siempre, y en Europa de 2), algo increíble y sorprendente cuando aquí ya teníamos una estructura perfectamente preadaptada a Bolonia con nuestros antiguos primer ciclo (3) y segundo ciclo (2) de antes, propone no hacer nada porque entienden que el sistema universitario español está “agotado”. Obviamente, por agotado que esté el sistema y hartos que estemos todos hay que cambiar esto cuanto antes y volver al 3+2. Sólo en España y sólo en manos de los maravillosos gestores universitarios españoles es posible que se monte un proceso de cambio para converger con Europa y acabemos más lejos que nunca de la estructura más habitual en el resto del continente. Así que esto hay que corregirlo y no hay cansancios que valgan. Además, en el fondo, caramba, tampoco es tan difícil

Si, ya que estamos, eliminamos los miles de coordinadores y jefecillos que controlan chorradas sobre la docencia que han proliferado con todo el proceso, además, tanto mejor. Y, ya que estamos, si volvemos a un 3+2 y en las carreras de 3 años asumimos que su función es muy profesionalizante pero que en las otras, la mayor parte de las veces, habrá otros intereses que atender también, ¿sería posible por favor una reflexión de tipo pedagógico que tuviera esto en cuenta en lugar de aspirar a tratar a todos los estudiantes igual, esto es, como a niños de enseñanza secundaria?

Y se podría aprovechar para, por ejemplo, diferenciar entre el mero “catálogo” de titulaciones y un listado cerrado, la verdad, aprovechando esta situación. Si bien puede ser sensata la libertad a la hora de proponer título, esto tiene mucho más sentido cuando se trata de responder a dinámicas de mercado. Si hablamos de carreras “clásicas”, por un lado, así como de carreras que legalmente están asociadas al ejercicio de ciertas funciones profesionales, la verdad es que en esos casos sí tiene sentido que el Estado publique un listado, con contenidos concretos y con competencias profesionales asociadas claras, a fin de facilitar la movilidad y la uniformidad de esas enseñanzas (algo que, además, indirectamente facilitaría esos exámenes nacionales estandarizados para medir la calidad del profesorado en esas áreas).

4. Seleccionando profesores como toda la vida: a gusto de quien manda. El Informe dedica gran parte de su extensión a esta cuestión, demostrando qué es lo que de verdad importa (al menos, qué es lo que de verdad importa dentro del gremio y para el gremio). Sorprendentemente, aunque está bien escrito como hemos dicho, tiene un formato moderno, argumenta en plan anglosajón y pretende ser innovador, acaba adoptando unas soluciones de un clásico y tradicionalista que tiran de espaldas. Lo más gracioso de todo es que el diseño que propone, supuestamente, pretende luchar contra la endogamia y aspira a conseguir un sistema abierto y competitivo. ¡Y para eso llega a la conclusión de que lo mejor para lograrlo es que los que manden hagan lo que les plazca, como toda la vida! Será por los excelentes resultados que ha dado en el pasado algo así en España, en términos de abrir a la competencia el sistema.

Así, frente a la actual acreditación (un sistema farragoso y muy absurdo por el tipo de baremo empleado, donde la gente presenta sus CVs a una agencia que los evalúa de cuyos procedimientos y baremo la Comisión con toda la razón del mundo echa pestes) la Comisión propone volver a la vieja habilitación de toda la vida que luego recupero el PP unos años a finales del siglo pasado. Yo me hice Profesor Titular por ese sistema y sé que tiene cosas buenas: obliga a la gente a “retratarse” y las cosas (las escandalosas y las no escandalosas) son mucho más públicas. Pero los costes de este sistema son enormes. Y quizás sea porque en Derecho (mi rama), como han demostrado sucesivos estudios, lo son todavía más en términos de endogamia y control vertical de una jerarquía, la verdad es que no creo que compensen. No tanto por el sacrificio de tiempo, dinero y fuerzas que exige a los candidatos. También porque no selecciona, a la hora de la verdad, de forma que nadie sensato pueda considerar abierta. ¡Qué le vamos a hacer! Esto es España y todos sabemos lo que pasa. Y si alguien tiene dudas, pues que se mire las cifras. Con todo, quizás estoy influido por venir de donde vengo (ya digo que los estudios sobre las habilitaciones nacionales en España han demostrado que si en todas partes la endogamia en las mismas fue alta, en las áreas de conocimiento jurídico fue, sencillamente, estratosférica). A lo mejor por esta razón los miembros de Derecho de la Comisión tienen tantas reticencias con el sistema que propone la mayoría y les parece que una acreditación, debidamente puntuada, no es tan mal sistema (o no, quizás son reservas legalistas como las que explicita el comentario que firman, quién sabe).

En todo caso, el resultado del Informe, la verdad, es muy poco moderno y más bien tradicional: quien mande en la Universidad irá decidiendo las colocaciones y el rango de la gente. Lo que se completa, además, con una vía alternativa, totalmente discrecional, que se deja en manos de quien mande en cada Universidad, para contratar como profesores en régimen laboral pero rango equivalente al de los cuerpos de funcionarios. De modo que por un lado se aspira a un sistema supuestamente muy duro (eso de las pruebas nacionales) para filtrar a partir del tradicional juicio de cooptación del cuerpo. Pero, por otro, se apuesta por concursos abiertos y juzgados con discrecionalidad por las Universidades para contratar a quien se quiera. El sistema me parece muy raro. Excepto en que quien manda, en la práctica, va a tener todos los resortes en su mano, no se ve ni la coherencia ni lo que se pretende lograr.

Y la verdad, sinceramente, no entiendo muy bien cómo alguien aspira a combatir la endogamia con este modelo de selección del profesorado. Ellos sabrán. Personalmente, por eso de ser propositivo, vería mucho más sencillo y coherente con la música del Informe algo como lo siguiente:

– Ya que la ANECA se mantiene para profesores ayudantes y contratados doctores, que siga habiendo una acreditación “de mínimos”, mucho menos burocratizada, abierta, transparente (todos los CVs a la red, con los puntos dados a cada sección del CV), con puntos en plan más objetivo, y evaluadores públicos que aplican el baremo. Esta evaluación es de mínimos, un pre-requisito, como hasta ahora, para poder ser TU o CU. Y, por supuesto, con un nuevo baremo en la línea de lo sostenido por la Comisión (es decir, sin contar la gestión para nada, quizás contando algo más la docencia de lo que propone la Comisión, sobre todo para TU, pero vamos, que en esto se puede estar sustancialmente de acuerdo con los expertos… ¡y si la gente que se dedica a gestión quiere que se reconozcan sus esfuerzos, amén de que ya se les paga más, pues que se les dé una medalla al acabar o algo!).

– Para la “entrada” en el sistema de cuerpos nacionales a tiempo completo (y aquí yo metería también a los Contratados Doctores), una vez obtenida esa acreditación “de mínimos” sí se podría pensar en una habilitación nacional: pero con “numerus apertus” o, en su caso, con un “numerus clausus” de plazas generoso. Y luego que las Universidades contraten a discreción, como es el espíritu del informe. De este modo se lograría evitar una de las cosas que ahora pasan: yo tengo compañeros funcionarios en mi departamento que nunca han pasado una prueba pública sobre el programa de la asignatura (porque las sucesivas reformas legales les fueron eximiendo en vista de que “ya estaban” en el sistema desde que ganaron un concursito de ayudante… y así hasta ser funcionario), por ejemplo. Y tiene poco sentido no meter a alguien sin comprobar si sabe algo del temario y de dar clase. Pero, a la vez, permite luego la flexibilidad que parece buscar el informe.

– Para sucesivos cambios cambios en el estatus del profesor dentro de los cuerpos nacionales a tiempo completo es una pérdida de tiempo y un filtro peligroso el de la habilitación, sería más sensato y coherente con el propio informe, de nuevo, una “acreditación de mínimos”, objetiva y rápida por la ANECA (o a veces ni siquiera eso, pues si se quiere tener Catedráticos, ¿no sería más sencillo decir que ese pre-requisito de acreditación de mínimos se cumple con tener 3 ó 4 ó 5 o los que sean sexenios y punto?) y luego que las Universidades contratasen con libertad.

. Para profesores extranjeros, si la acreditación de los mínimos (o de unos equivalentes para extranjeros) es rápida no pasaría nada porque la pasaran, pero incluso se podría pretender que a posteriori de ser contratados se certificara una especie de “equivalencia” en el peso de su CV respecto de un nacional y punto.

5. Absurdos e incoherencias varios en el diseño del sistema de selección propuesto. Junto a la exótica convivencia de un modelo que se vende como muy bueno por abierto, transparente y exigente (la habilitación) en compañía de un sistema de contratación de Derecho laboral totalmente discrecional el sistema tiene otras incoherencias. Allá van las dos que me parecen más notables, que como puede verse quedarían muy paliadas con el modelo alternativo propuesto.

– Dice el informe que en España hay unos 12.000 Catedráticos de Universidad y unos 30.000 profesores titulares (más otros 2.000 acreditados para CU y 3.000 para TU). Una proporción de 2.6 que, además, va menguando. Como el informe es muy conservador de las estructuras tradicionales ni se plantea de qué sirve esta división pero puestos a reformar el sistema universitario español, la verdad es que habría que hacerlo. ¿De qué sirve eso de tener Contratados Doctores por un lado, Titulares por otro y Catedráticos por otro? Pues sirve, al menos desde la perspectiva de organizar el sistema y del interés general, como modelo de “carrera profesional” que “incentive” a seguir currando una vez uno ya es, por ejemplo, Profesor titular. Ahora bien, si este es el único objetivo de la existencia de varios cuerpos, y parece que así es (recordemos que  tienen las mismas funciones y que la única diferencia existente, el poder ser Rector, el propio informe propone que desaparezca sustituida por la exigencia de tener un mínimo de 3 sexenios), resulta una manera absurda y disfuncional de organizar el sistema de méritos, estímulos y recompensas. De hecho, es totalmente contradictoria con el propio Informe, que siempre emplea para ello el criterio de los sexenios (incluso, para poder ser Rector). Además, los sexenios, al poder ser muchos más escalones pequeñitos y paulatinos son, como cualquier gestor de recursos humanos sabe, un sistema mucho más idóneo para estimular al personal a lo largo de toda una carrera profesional. En realidad, sería más coherente, sencillo, facilitador de la competencia y todo eso, un sistema con una prueba de acceso seria (acreditación + habilitación) al principio y que luego funcione por competencia, tramos de competencia profesional (sexenios) y de forma escalonada, donde la autoridad y el prestigio dependen de lo que uno hace y los incentivos son constantes que este tradicional sistema donde al final hay que ser cooptado Catedrático y con ello se adquiere el aura de ser todo lo que uno ha deseado ser.

– El Informe parte de la base de que tenemos ya a unos 5.000 acreditados sin plaza (y en breve serán más porque la gente sigue acreditándose pero debido a la crisis no salen plazas) y, sensatamente, opta por reconocer a todos ellos la situación de habilitados con el nuevo sistema. Pero, a la vez, proponer un nuevo sistema que ha de sacar un “numerus clausus” cerrado de plazas para acompasar demanda y oferta. ¿Acompasar demanda y oferta? ¿Pero esta gente no sabe que eso es imposible con una bolsa de varios miles de profesores ya acreditados y sin plaza? La incoherencia es enorme y, teniendo en cuenta los sistemas de filtrado y colocación de nuestras Universidades, auguran un tapón generacional que va a necesitar, más o menos, un mínimo de una década para su normalización. Enhorabuena de nuevo, porque estamos liándola parda. Y con efectos de futuro enormes.

6. El gobierno de la Universidad, en manos de un Rector-Dictador omnipotente… ¿nombrado por la Comunidad Autónoma? Aunque el órgano que nombraría al Rector dependería en un 50% de gente de la propia Universidad, en un 25% de gente nombrada por la Comunidad Autónoma y en otro 25% de gente cooptada por los dos primeros grupos, a nadie se le escapa que por esta vía la Comunidad autónoma tiene una capacidad de influencia y predeterminación enorme sobre quién vaya a ser nombrado. No diré, como dicen los profesores de Derecho que discrepan también en este punto del informe, que ello es contrario a la autonomía universitaria. Sí diré que probablemente es peligroso. Pero tampoco veo nada malo en probar. A fin de cuentas, el actual sistema de gobierno, de estilo cooperativista, como tengo dicho, no me gusta. Pero no me gusta no tanto porque las coperativas no funcionen, sino porque no creo que sean correctos depositarios de funciones públicas en entornos protegidos por el regulador. Personalmente, por ello, apostaría antes que por cambiar mucho el sistema de gobierno de las Universidades y muy poco el carácter abierto y competitivo del modelo universitario por hacerlo al revés, cambiar mucho el modelo para hacerlo competitivo y dejar que las actuales “cooperativas de profesores de la Universidad pública” curraran y se adaptaran… o pagaran las consecuencias. En todo caso, tampoco pasa nada porque, siendo las cosas como son, quienes ponen la pasta tengan algo de influencia y capacidad de decisión efectivas. Y si hacen mucho el salvaje ya se pondrá de acuerdo la Academia para pararlo usando su 50% o las vías al uso. Sinceramente, este tema me preocupa poco (a diferencia de a las autoridades académicas, claro, y de a los redactores del informe, pues este tema es el segundo gran tema del mismo).

En todo caso, sí hay algunas cosas llamativas y peligrosas que estaría bien repensar entre las propuestas:

– El modelo de Rector-Dictador que, una vez nombrado, tiene capacidad casi omnímoda e incluso nombra decanos no tiene muchas ventajas, creo, y supone infantilizar a la Comunidad Universitaria. ¿Por qué los decanos no pueden seguir siendo elegidos como hasta ahora o con un sistema a caballo entre el actual y el que se propone para la elección de Rector?

– Unamos los puntos del Informe y pensemos en la combinación letal de un sistema con unos equipos rectorales con tanto poder y eso de las contrataciones laborales por concurso con valoración de los méritos a gusto de la casa que se proponen. ¿No les da miedo? A mí, lo reconozco, sí. Bueno, vale, no exagero. Miedo tampoco. Cosa. Un sentimiento como de que España me mira a la cara y se descojona.

7. La competencia en el sistema y la financiación. Como ya dije en mi comentario previo basado en la filtración me llama la atención que la absoluta clave de todo merezca tan poca atención. Leído el informe la sensación es la misma. Que esto se pone de forma ritual, sabedores de que no hay nada que hacer y que todo va a seguir igual. Pero es un tremendo error. Porque las cosas han cambiado mucho. El MIT está colgando cursos on-line. Ni el saber lo podemos monopolizar ni, integración europea mediante y liberalización del mercado de trabajo, tampoco la capacitación profesional como antaño. Las Universidades, poco a poco, tendrán “clientes” si hacen las cosas bien. Y para estar en disposición de afrontar el reto hay que liberar estructuras de cadenas burocráticas, así como montar un sistema de incentivos que, de verdad, premie por los resultados (no sólo en investigación, también en docencia, pero en docencia competitiva, con esas estandarización nacional de resultados, que si no estamos hablando de tonterías y chorradas).

Desgraciadamente, parece, no van todavía por ahí los tiros. Tampoco con el Informe presentado, que de tan gradualista que es, de tan tímido, de tan preocupado por buscar el compromiso que está, se queda a medio camino de un tradicionalismo que ya no tiene sentido y unos espacios de libertad que, con las estructuras actuales, sólo reforzarán vicios del pasado… y del presente de nuestra Universidad.

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Otras reflexiones sobre las reformas propuestas por la Comisión Wert que pueden resultar de interés (de hecho, que a mí me lo han resultado en gran medida):

“El comité de sabios del Ministro Wert y la reforma universitaria”, por Guillermo López en Valenciaplaza.com

“Sobre la reforma universitaria”, de Clara Eugenia Núñez en elpais.com

“El informe de la comisión de expertos sobre la Universidad española”, de Jesús Alfaro en su blog

Debate en el blog Nada es Gratis sobre el Informe, que fue colgado allí por uno de los integrantes de la Comisión (con un pequeño preámbulo sobre las intenciones del mismo)



7 comentarios en Algunas reflexiones sobre las propuestas de reforma de la Universidad
  1. 1

    Enhorabuena por el genial análisis, lo comparto plenamente. La universidad se justifica por la buena formación a los alumnos, lo importante es tener buenos DOCENTES implicados en transmitir conocimientos y formas de pensar a los alumnos, pero no, resulta que lo importante es publicar, posicionarse y demás…. tiene gracia.

    Comentario escrito por Napo — 21 de febrero de 2013 a las 1:34 pm

  2. 2

    Hola Andres,
    Otra vez has escrito un artículo muy interesante. Estoy de acuerdo en la mayoria aunque quiero hacer un par de puntualizaciones:

    – Los profesores titulares de universidad cotizan menos que un profesor contratado doctor (el dinero que costaba 2 contratados era el mismo que costaban 3 funcionarios), esta era la razón por la que conseguir la habilitación implicaba conseguir que la universidad sacara una plaza. Cuando la ley de no reposición no sea renovaba, gran parte del tapón de gente acreditada desaparecera.

    – Que la docencia esta mal evaluada y que lo bonito es conseguir reconocimiento en investigación es verdad. Pero hay que reconocer que la Universidad también consigue mucha pasta por proyectos de investigación y nada por calidad de la enseñanza. O sea, que los profesores no son los ÚNICOS malos que miran por su beneficio y que estamos presionados.

    -Lo de evaluación nacional, no se, eso me suena “lo que ponga Madrízzzz”. No entiendo porque no puede ser la comunidad autonoma la que ponga los controles como se hace hasta ahora en las comunidades grandes, como Cataluña.

    Respondiendo a Napo, lo de ser buenos docentes no es una cosa que decides ser, maxime cuando nuestras plazas son de perfil docente investigador, o sea que parte de tu jornada debes dedicarla a hacer investigación.
    Que si tú investigas y no consigues resultados suficientemente buenos (no llegas a los 3 sexenios de investigación) entonces te caen más clases. Además, debes tener en cuenta
    que en cualquier universidad te piden que estés cercano al 100% de tu capacidad docente, cuando en universidades de Alemania tienes estudiantes que te ayudan a corregir ejercicios, dan clases de problemas… y aquí eso hay que hacerlo uno mismo (sin que salga en ningún sitio, claro).

    Comentario escrito por domingo — 22 de febrero de 2013 a las 8:35 am

  3. 3

    Un último comentario a raíz de los pocos comentarios que aparecen en esta noticia.
    Yo creo que este es un tema que ahora ha sido eclipsado por otras noticias: Barcenas, Urmangarin, el debate del estado de la nación….
    vamos, que es normal que no tengamos aquí a Mauricio poniendonos a parir por vagos.

    Comentario escrito por domingo — 24 de febrero de 2013 a las 4:47 pm

  4. 4

    Donde ee puede obtener el Pdf del informe. Me interesa mucho tenerlo despues de leer tu articulo.

    Comentario escrito por ana — 05 de marzo de 2013 a las 10:08 pm

  5. 5

    Lo tienes enlazado en el primer párrafo del artículo.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 06 de marzo de 2013 a las 8:54 am

  6. 6

    Por cierto, recibimiento más bien poco entusiasta por parte de la CRUE del Informe:

    http://www.crue.org/export/sites/Crue/doc_portada/Marzo_2013/Comunicado_Asamblea_General_reformas_universitarias.pdf

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 06 de marzo de 2013 a las 9:03 am

  7. 7

    Es muy interesante esta reflexión sobre la utilidad de los sexenios para medir la excelencia. A juicio del autor en realidad los sexenios miden unos mínimos:

    http://www.eldiario.es/cienciacritica/numero-bestia-sexenios-productividad-cientifica_6_108199189.html

    Estoy totalmente de acuerdo. Otra cosa es que esos mínimos, por ejemplo combinados con el cálculo de cuántos sexenios has podido lograr de acuerdo con los años que llevas dedicado a la Universidad y los sexenios efectivamente obtenidos, ya empiezan a dar alguna indicación adicional. El propio artículo dice que los catedráticos tienen tendencialmente más sexenios reconocidos que los titulares pero que aun así sólo el 30% de los catedráticos tiene todos los sexenios posibles acorde a su antigüedad. Es decir, que esa ratio sí da cierta idea de excelencia (o, al menos, empieza a acotar algo más). ¡Y tiene la ventaja de no penalizar a los jóvenes!

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 07 de marzo de 2013 a las 9:21 am

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