Primeras ideas del «informe Wert»

El diario El Mundo publica hoy la filtración de lo que parecen que pueden ser algunas de las líneas maestras del «informe Wert» que encargó el Ministerio de Educación a un grupo de expertos para plantear propuestas en materia de reforma de las Universidades (muchas gracias a Eduardo Vírgala por informar vía Twitter del tema).

Actualización 13.45 horas: aquí está el informe completo (vía web del Ministerio de Educación). Además, el contenido del mismo difiere sustancialmente en algunas parcelas respecto a lo filtrado, de modo que cuidado con los comentarios que siguen (al final sí proponen tocar el sistema de acreditación y volver a una suerte de habilitación nacional otra vez, sí se hacen eco del escándalo de que la gestión cuente y sí proponen cambiar el modelo de elección del Rector, que quedaría en manos de ese nuevo consejo mixto).

Allá va una mínima valoración, de urgencia, sobre alguna de las ideas filtradas:

– Órganos de gobierno: El claustro ya no será el órgano de control del Rector y su equipo, sino que ahora habrá un órgano mixto, el 50% de sus miembros elegidos por el claustro, el 25% por la Comunidad Autónoma y el 25%, a elección de los dos grupos, elegidos entre personalidades de la sociedad civil (para formar parte se propone un régimen de incompatibilidades con el desempeño de cargos políticos para los designados, por eso de tratar de no repetir la experiencia de las Cajas de Ahorros). El Rector, al parecer, ya no deberá ser sólo Catedrático sino que, además, deberá tener 3 sexenios y concentrará mucha más capacidad ejecutiva, nombrando no sólo a su equipo sino a los decanos (la filtración no dice nada sobre el sistema de elección, de modo que es razonable pensar que no se proponen cambios al respecto).

Las medidas en este sentido no parecen descabelladas, al menos en lo referido al nuevo órgano mixto. Personalmente me parece sensato que quien paga la fiesta, que son los ciudadanos, tengan por medio de sus representantes cierta capacidad de controlar cómo se hacen las cosas. Intuyo, además, que esto significa la desaparición del Consejo Social, y tiene más sentido un órgano mixto que dos órganos de control. Otra cosa es que las normas en materia de incompatibilidades, que en España nos pasamos por el arco del triunfo, ya sea por lo civil o por lo militar (esto es, ya sea con interpretaciones de la norma esperpénticas para permitir de todo, ya sea con incumplimientos directos sin que pase nada), permita augurar «alegrías». Pero, en fin, nada es perfecto. Y España, muy especialmente, tampoco. El diseño, vamos, no parece absurdo.

Otra cosa es eso de que el Rector sea una especie de dictador ejecutivo benevolente con capacidad para imponer decanos. Con las insuficiencias actuales, la verdad, no parece que el sistema presente, de elección (indirecta) por el personal del centro, sea peor. De hecho, es mucho mejor (y a mí no me gusta que los decanos, normalmente, se pongan de perfil, quede claro, pero las luchas cainitas y batallas personalistas en que puede degenerar un modelo de designación rectoral prometen ser épicas sin que, a la hora de la verdad, le vea yo ventaja alguna a ese modelo que quita voz y desapodera al personal de los centros).

Por cierto, eso de los «3 sexenios como mínimo» para ser Rector es un tanto esperpéntico. En estos momentos ya es exigencia para ser Rector ser Catedrático. ¿No sería más sencillo (y, por cierto, más coherente con el decreto de dedicaciones del propio Ministerio), que cambiaran la norma de las acreditaciones y dijeran que nadie se puede acreditar como Catedrático de Universidad con menos de 3 sexenios?.

– Selección de profesorado: El informe, al parecer, propone dejar el actual sistema tal y como está pero, a la vez, introducir un sistema paralelo y alternativo de contratación de Catedráticos y Titulares que no serían funcionarios sino personal laboral usando convocatorias públicas y en régimen laboral. Para atraer talento y competir en el mercado. Interesantemente, al parecer, éste es el único punto en que ha habido desacuerdo entre el grupo de expertos. En concreto, los dos juristas del grupo han hecho un voto particular sobre esta cuestión explicando que, a su entender, un sistema así ataca a la libertad de cátedra.

Personalmente no creo que contratar así atente a la libertad de cátedra. En un país con España, y con el régimen de incentivos que tenemos y la forma en que está organizada la Universidad (y no digamos si, encima, hay una estructura de mando más «militarizada» si cabe, con un Rector cuasi omnipotente), lo que genera es enormes riesgos para la selección en condiciones de igualdad, mérito y capacidad. Obviamente, el sistema, que puede funcionar muy bien en un entorno de competencia y transparencia, es muy interesante, por ello, en abstracto. Pero la realidad es distinta. Y pretender introducir mecanismos de competencia si ésta, de hecho, no existe, es un absurdo muy peligroso. Si quienes elijan mal a estos profesores, sus centros y sus Universidades, padecen las consecuencias (y ellos las viven, al menos en parte, directamente) se puede aspirar a que haya incentivos a contratar bien. Si no, si da igual a quién se contrate, que lo único que se resentirá es, en su caso, mi prestigio (y a veces ni eso, pues en ciertos entornos el «prestigio» tiene mucho que ver con la capacidad efectiva de colocación), obviamente habrá quien haga las cosas bien y trate de seleccionar a los mejores. Pero no hay que descartar que también habrá gente (¿mucha?. ¿poca?) que pasará de todo y aprovechará el sistema para contratar con libertad… a quienes en su libertad y personal gusto prefiere tener contratados como colegas de Universidad. No sé si se me entiende.

En conclusión, que el sistema me podría parecer guay si nuestra Universidad y cómo funciona fuera radicalmente distinta. Incluso, en tal caso, la verdad, no entendería la razón de que no se generalizara en lugar de esa extraña coexistencia con el actual. Pero nuestra Universidad no es un entorno donde reine la efectiva competencia, sino al contrario. Con lo que soy muy escéptico respecto de las bondades de este nuevo sistema y de los efectos que pueda generar. Aunque a lo mejor me equivoco y todos somos más buenos y estamos más pendientes del interés común de lo que creo (y de lo que la experiencia en mi entorno más cercano me ha hecho ver). Ojalá.

Por cierto, que tampoco comparto lo que se hace con el actual sistema porque creo que habría que «tocarlo» bastante más de lo que propone el informe (que es nada). Sin parecerme mal en origen, creo que tiene problemas de endogamia enormes que habría que corregir, así como el problema de que genera una carrera muy plana y desproporcionada en sus recompensas en atención a la cualidad de ciertos méritos (vamos, que eso de recompensar la gestión y demás…. bufff, acaba generando los monstruos que estamos viendo ya en grandes cantidades en nuestra Universidad). No atender a esos problemas es un grave error.

– Medidas antiendogamia: El informe propone que las Universidades no puedan contratar a sus propios doctores a menos que hayan pasado previamente 3 añitos fuera, contratados por otra Universidad.

Esta medida, que ya estaba esbozada en la primera LOU del PP, no está mal. Obviamente, a quien la padece le amarga la vida (es más cómodo no tener estas rigideces) pero probablemente en España es necesaria. Cuestión diferente es que quizás estaría bien que fuera más radical (un mayor plazo, por ejemplo) para evitar que se pueda convertir en una medida fácilmente esquivable a base de montar un sistema de «trueques», reales o ficticios (yo te envío a mi doctorando, tu me envías al tuyo) que acabe convirtiendo todo en un paripé. Por ello la medida debiera ir de la mano de controles muy serios, incluyendo incluso sanciones, para evitar estancias ficticias en otras Universidades. Para evitar, al menos, los trueques formales que permiten a la gente seguir en su Universidad, como si tal cosa. Ya ni aspiro a controlar los trueques reales que, al menos, dado como está la Universidad actual, sí generan cierto efecto: normalmente no vas a enviar a una persona muy, muy mala… aunque sea por vergüenza torera. Y además, la verdad, eso de estar unos años por ahí siempre ayuda: conoces otra gente, otros sistemas de trabajar, otra forma de hacer las cosas… Es globalmente muy bueno… aunque sea a costa de vivir más puteado (y esto lo dice alguien que en su día tuvo asumido que tenía que pasar por algo así, dado el régimen inicial de la LOU, y a quien vino egoístamente muy bien que se eliminara para poder tener abiertas más opciones aunque luego no me fuera necesario renovar un contrato laboral porque me habilité con el sistema LOU y las plazas de funcionario no tenían esa restricción; pero lo cortés no quita lo valiente y una cosa es lo que egoístamente pueda venir bien a una persona, o a todas las que participan de un sistema, y otra bien distinta lo que es mejor para el interés general… e incluso para esas personas a largo plazo).


– Financiación e incentivos:
La filtración dice muy poco al respecto, más allá de que se propone incrementar la financiación por objetivos hasta un 25% del total.

Esta es una parte absolutamente clave, esencial, de una reforma en profundidad del modelo. Como la noticia no se explaya, no se puede valorar en exceso nada del sistema que proponen, pero da la sensación de que es poca cosa. Y conviene recordar que, en materia de endogamia, de gobierno de la Universidad y de casi todo, los incentivos y la efectiva presencia o ausencia de competencia son la clave para que otras reformas puedan funcionar.

En definitiva, y por concluir esta primera valoración rápida, casi de urgencia, antes siquiera de leer el informe y sólo a partir de la filtración, la reforma propuesta no parece demasiado ambiciosa. Lo cual hace que quizás sea más sencilla de asumir por el Ministerio, ya que le obliga a cambiar menos cosas, y que sea fácil que pueda llegar a ver la luz en casi todo lo propuesto. No tengo nada claro, sin embargo, que el gradualismo sea una opción acertada para reformar ciertas cosas en nuestra Universidad. En todo caso, ya veremos qué acaba pasando. Tiempo habrá para valorarlo y comentarlo.

Dicho lo cual, y por sintetizar mis sensaciones, allá va para acabar una analogía que espero que se entienda. Personalmente creo mucho en el cooperativismo, pero para competir en el mercado. Permite tener a los equipos comprometidos y que todos ganen y pierdan dependiendo de que las cosas se hagan bien o mal, lo que incita a poner en marcha controles internos muy serios. Creo, además, que puede ser una forma de organización muy eficaz para competir en un mercado abierto. Sin embargo, el cooperativismo cuando se trata de producir y generar bienes y servicios en un mercado cerrado, reservado a la cooperativa de turno (o a un conjunto de cooperativas) es imposible que no sea un desastre. Porque, estando seguro el mercado, todos los incentivos se orientan a extraer rentas del sistema, dado que no se pone en riesgo la posición personal por actuar así (es más, puede estar en riesgo de no actuar así), aunque sea a costa de producir poco, mal y en condiciones lastimosas.

Actualización 13.45 horas: aquí está el informe completo (vía web del Ministerio de Educación)



Aguien ha comentado algo en Primeras ideas del «informe Wert»
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    En cuanto a los órganos de gobierno universitarios, la cuestión de fondo es cómo conjugar la autonomía universitaria con el control por parte de los ciudadanos, a quien ha de servir la Universidad. Existe el peligro de que los políticos instrumentalicen la institución académica en beneficio propio.

    Comentario escrito por Guerau — 16 de febrero de 2013 a las 7:35 pm

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