Indignados y desorientados

El pasado día 15, de nuevo, miles de personas desfilaron por las calles para manifestar, otra vez, nuestro disgusto e indignación. Por una crisis económica que, como siempre, se ceba con los más débiles y los menos protegidos. Por unos sistemas democráticos cada vez más formales, donde todos somos muy conscientes de que la opinión de las mayorías (si vienen de abajo) importa poco. O, al menos, importa poco cuando afecta a ciertos intereses. Por la innegable constatación de que las formas de participación política que las democracias liberales pusieron en marcha son insuficientes para canalizar los deseos de integración cívica de unas sociedades de masas muy diferentes, más profundas socialmente, complejas y heterogéneas. En resumen, porque todos tenemos la sensación de que no pintamos demasiado (por ser generosos) ni individual ni colectivamente y porque mientras ciertas elites viven muy bien, cada vez mejor, sin sufrir los costes de la transformación económica en curso, otros se llevan la peor parte sin que el reparto tenga que ver con los méritos, capacidad y trabajo de los respectivos sujetos.

El movimiento 15-M, quienes se dicen indignados y reclaman Democracia Real Ya, han puesto en marcha algo que en la breve historia democrática de España nunca se había  intentado: canalizar debates, participación, protestas, reivindicaciones… desde la base y al margen de la agenda social, mediática y política, que en nuestro país ha funcionado siempre de manera muy engrasada para generar una especie de consenso débil que servía de pasaporte democrático para desactivar cualquier atisbo de conflictividad social… y  también de discusión política. Es una novedad muy importante, y muy de agradecer. Pero tiene el problema de que si queda en la mera reivindicación y protesta, si se queda en la potente pero desarticulada expresión de indignación será un movimiento, a la hora de la verdad, inane y poco perturbador. Por eso el 85% de la población, dice el CIS, apoya sus reivindicaciones. Porque no hay nada, o casi nada, en las mismas, que sea en verdad conflictivo. Lo que desactiva su potencia renovadora. Habrá servido, eso sí, para recuperar la política para la ciudadanía, sí, pero sólo en sus primeros estadios. ¿Qué es necesario para ir más allá?

Para ir más allá, sería necesario que empezáramos a pasar de indignados a ciudadanos activos. Y eso requiere ir abandonado poco a poco el estado de desorientación brutal en el que todos, indignados y no indignados, ilustrados o no, estamos ante las cosas que están pasando. Alguien tiene que explicarnos, o entre todos deberíamos intentar ir esbozando explicaciones, sobre al menos:

– qué concatenación de causas ha llevado a la actual situación económica;

– qué modelos de representación e integración democrática nos han conducido a este fallido sistema de democracia formal, y cuáles son las razones por las que no hemos logrado materializar canales más efectivamente participativos;

– a qué se debe que el desigual reparto de rentas, trabajo y rendimientos no sólo no se aminore a pesar de la plena conciencia que todos tenemos respecto de la existencia de esa realidad y de la mayoritaria tendencia a juzgarlo como injusto y perjudicial; es más, lejos de ser contenidas, esas desigualdades, van a más, incluso podría decirse que a una velocidad exponencial;

– qué medidas son posibles para salir de la crisis, qué medidas pueden servir para recuperar valores de reparto que acompañen a un nuevo crecimiento y, por supuesto, qué consecuencias tiene optar por unas salidas o por otras.

A quien esto escribe le pasa como a casi todos. Que estoy indignado (es más, lo estoy desde hace tiempo y además, me temo, por muchas cosas que siguen sin merecer mucho comentario o preocupación por la mayoría) pero, a la vez, también desorientado. En el fondo, pues, como casi todos el mundo. No creo en la primacía de los mercados sobre la política y las decisiones sociales de reparto, pero no puedo negar que el margen de maniobra en un mundo global e integrado como el que tenemos es mucho menor que antaño. No creo que sea imposible encontrar soluciones, incluso muy drásticas, a los problemas de fondo pero entiendo perfectamente el vértigo que da pensar en que para resolver los problemas que tenemos (o algunos de ellos) quizás son necesarios caminos que no pensábamos que habría que tomar, iniciando un proceso de ruptura consitucional radical o replanteando, incluso, los procesos de integración europea o la idea de soberanía nacional para cederla en un contexto de mayor integración (a los efectos que quiero explicar que la solución radical venga por irnos a un extremo o a otro es poco importante). No creo que la izquierda y la derecha hayan desaparecido y que no puedan encontrarse diferencias, y muchas, en cómo pensamos que han de gestionarse y repartirse los recursos de que disponemos y en cómo hemos de organizar la distribución de la participación de todos al bien común, pero la evidencia de que las soluciones recientes de la socialdemocracia y de la derecha liberal, en España y en Europa, son prácticamente idénticas le deja a uno con la duda de si hay espacio para la divergencia dentro del marco político no ocupado por viejos o nuevos totalitarismos.

Vivimos una época triste porque da la sensación de que políticos, líderes, intelectuales, académicos… comparten (¿compartimos?) la desorientación la desorientación general. Que nadie, o casi nadie, ni los más listos, ni los más formados, sabe en verdad qué está pasando. Es como si estuviéramos en un entorno pre-moderno. Faltan explicaciones serias, solventes, analíticas, omnicompresivas sobre lo que está pasando. Probablemente el tradicional desprecio por los números y la economía de muchos está impidiendo que algunos de los mejores puedan tener una mínima brújula para guiar a los demás pues les falta entender esa parte esencial de los problemas. Mientras que casi todos los que saben de números, en el fondo, cegados por paradigmas cientifistas, están demostrando que, a falta de saber de otras cosas, no acaban tampoco de lograr entender de qué va el asunto. Estamos a ciegas, o vamos a tientas, pero hemos de tratar de entender qué sombras nos rodean y qué significan. Porque es complicado que nada vaya a mejor si no empezamos a salir de la desorientación.

Modestamente, intento leer todo tipo de aproximaciones y detectar explicaciones que me sirven, que me ayudan. Desde las divertidas crónicas de Michael Lewis sobre la crisis europea con sus viajes a la sociología económica de los países con problemas a las crónicas del FT, tan pegadas al conocimiento convencional y que permiten ir descubriendo qué ha pasado (ya que ellos tampoco vieron venir nada). Empieza a haber exposiciones de la situación más o menos sensatas y que sirven como mapa de partida. Por ejemplo, Agustín Menéndez, que es un jurista de otra generación, diferente a las tradicionales, se ha atrevido a resumir analíticamente la crisis europea mezclando los problemas en materia de regulación y de economía y atreviéndose a explicar sus interacciones. Es una lectura muy recomendable. Ayuda a aclarar ideas y a poner en marcha otras. Es para lo que ha de servir nuestro trabajo. Para clarificar, para desbrozar el camino.

España tiene problemas compartidos con los del resto de Europa (y del mundo) y algunos específicos. Pero si tratamos de trazar una línea discursiva explicativa que nos sirva de punto de partida, hemos de empezar a asumir que nos encontramos con algo así, a partir de lo cual convendría empezar a extraer consecuencias:

1. Obviamente, en España se ha vivido una burbuja derivada del crédito fácil, con efectos desastrosos y ramificaciones diversas, pero con epicentro en el ladrillo. Nadie tiene dudas al respecto a estas alturas. Y tampoco nadie duda que habría sido una buena idea explotar mucho antes esta burbuja, para no agravar las cosas. Resulta inquietante que los más supuestamente listos e informados del país fueran los que menos la vieran. Conduciendo a todos a un precipicio cada vez más peligroso. Es una lección de la que cabe extraer enseñanzas muy diversas. De los peligros de las burbujas sabíamos mucho porque hay experiencias históricas de todo tipo en la materia. De la gran incapacidad de los supuestos “sabios” oficiales y de las burocracias que monopolizan decisiones por su supuesta pericia técnica, también. Pero por lo visto siempre se nos olvida.

2. La burbuja española provocó que se viviera por encima de nuestras posibilidades. Pero, además, se ha cargado la seriedad del sistema fiscal español. Entre el recurso fácil al crédito en los mercados internacionales y la abundancia de atípicos fiscales (asociados a la burbuja inmobiliaria) hemos bajado la presión fiscal ordinaria de año en año, generando una conciencia generalizada de que se puede, y de que tenemos derecho, a un determinado nivel de servicios públicos (el que hemos disfrutado hasta hace poco) sin pagar demasiado por ello. Los indignados, y los ciudadanos, andamos desorientados, en parte, porque no acabamos de asimilar esta triste verdad. No sólo es que acabado el sueño burbujístico vayamos a ser más pobres y debamos pagar durante años deudas contraídas en el pasado. Es que, además, también hemos vivido con servicios públicos que, en el fondo, ni siquiera estábamos pagando de verdad. Así que habrá que tenerlo muy en cuenta a la hora de decidir por dónde tirar.

3. Por todo ello, explotada la burbuja, no sólo tenemos el problema de que hay que reactivar la economía con la dificultad de digerir el burbujón, la resaca delladrillo brutal (y con el agravante de que se han drenado recursos importantísimos que han ido a inversiones no productivas, lo que nos lastrará durante años -aquí vamos a tener que devolver durante años mucho dinero que nos han prestado y que hemos dedicado no a cubrir necesidades básicas como tener una casa o a invertir en el futuro como montar una empresa sino a ocio de consumo inmediato como segundas residencias, coches caros y equipos tecnológicos de infarto), sino también un problema fiscal. Junto a las inevitables dificultades de reactivar a una sociedad tras casi dos décadas de pensar que no hacía falta estudiar demasiado, ni formarse, ni casi nada más, para vivir bien o muy bien, tenemos que volver a aprender que hay que pagar impuestos. Porque hace falta, más o menos, un 30% más de recaudación fiscal (en España la presión fiscal es del 33% del PIB, y eso que ha subido en los últimos años al estancarse éste, mientras en el resto de Europa están en el 40%). No hay más tutía. El drama es que ni estamos acostumbrados a pagar tanto ni estamos educados para entender las razones por las que es necesario hacerlo. De hecho, y por eso las decisiones políticas están siendo las que son (y serán), da la sensación de que esta falta de cultura política y de conciencia fiscal ha provocado que, masivamente, la población, enfrentada a la tesitura de tener que elegir entre recortes prestacionales y subidas de impuestos, opta por la primera opción. Todo ello tiene que ver, claro está, con las dificultades de nuesto país para generar disciplina fiscal y un buen control de las actividades económica privadas. Pero también con la propia ignorancia en que vivimos como sociedad respecto de la importancia de tener unos servicios públicos de calidad y decentes, de los beneficios sociales enormes que eso genera (y también, caray, individuales por muchas vías) y de hasta qué punto es rentable pagarlos. La indignación ha de empezar a dejar paso a información solvente sobre estas realidades.

4. El problema adicional que tenemos, como es sabido, es que la globalización y la integración europea dificultan mucho las subidas o recuperación de impuestos sobre el capital. Y nuestra peculiar idiosincrasia administrativa el correcto control del trabajo autónomo. Entre unas cosas y otras, ello nos lleva a que a corto plazo (porque ni un elemento ni el otro se van a arreglar de la noche a la mañana y, en cambio, sí es urgente ir pagando deudas) subir impuestos de manera no lineal pase, únicamente, por subir el IRPF. Lo que en el fondo ha dejado de ser progresivo hace tiempo dado que recae exclusivamente sobre quien recae y por este motivo no parece una solución muy agardable. Así las cosas, excluida la opción de tasar mucho más a las sociedades (porque dentro de la UE se te van a otros países), siendo imposible incrementar los gravámenes al capital sin concenso exterior (por su libre circulación sin frenos y casi son controles, que la globalización de nuestros mercados financieros ha consolidado ya), injusto el IRPF (porque no puede recaer siempre el esfuerzo sobre el trabajo asalariado)… sólo quedan el IVA, los impuestos especiales…  Es decir, vamos a meter caña vía impuestos indirectos que gravan el consumo. Sí o  sí. A fin de cuentas, el que tiene más, consume más, sí, con lo que casi hasta que se alegra uno. Pero son medidas que no ayudarán a la recuperación y que en España van a generar un shock fiscal tremendo, a la griega, incrementando a lo bestia la tentación de huir del control fiscal estatal. Ahora bien, a falta de otras opciones reales, parece claro que tiraremos por ahí. Al menos a corto plazo. Es importantísimo entender las razones, las alternativas, sus costes, sus posibilidades reales de ponerlas en marcha y, sobre todo, cómo y en qué foros hay que luchar para lograr que la solución a medio plazo no pase tampoco por la renuncia total a la progresividad fiscal (que es, recordemos, uno de esos principios constitucionales, integrado en el derecho constitucional del art. 31 CE, que más risa da cuando uno lo lee o estudia).

5. Obviamente, una solución podría pasar por reactivar la economía o acceder de nuevo a los mercados de deuda. Pero ello requiere de una mayor integración europea para la que ni está madura la UE institucionalmente ni tenemos una economía europea integrada que permita un acuerdo fácil. A falta de más integración, los desequilibrios están llamados a subsitir. También en la faceta fiscal, que es la otra posible solución. Mientras la UE no armonice fiscalmente las normas de los diferentes países, un país como España tiene muy limitada su capacidad de gravar capitales o sociedades con actividades deslocalizadas. Lo que constriñe todavía más el terreno de juego. En todo caso, si la solución pasa por más Europa (en deuda, en política fiscal además de monetaria y en armonización entre países), es una decisión que los ciudadanos deberíamos entender y de la que deberíamos participar. Porque tiene costes y nos orienta hacia un determinado modelo productivo y hacia unas “funciones” muy concretas dentro de la estructura económica de la Unión. Decidir si queremos ser de mayores un espacio de ocio y servicios asociados con competitividad industrial basada en salarios más bajos que en el resto del espacio económico integrado es algo que corresponde, o debería, a los ciudadanos. No a unas elites que siempre han cortado el bacalao, que son muy europeístas (y tienen sus motivos, algunos muy buenos), pero que han de dejar que esa decisión la tomemos entre todos.

6. Todo lo cual dibuja un campo de juego donde la tradición de ceder espacios a una hegemonía burocrática europea, que sólo con mucho optimismo se puede percibir como democrática, con la que han funcionado las instituciones de la Unión siempre y que desconfía de manera abierta y manifiesta de la “democracia” y de la  participación ciudadana mientras que se apoya sin reparos en burocracias supuestamente elitistas y meritocráticas que sabrían elegir siempre mejor, debiera empezar a ser puesta en cuestión. Porque las decisiones, en un sentido (integración) o en otro, son ambas posibles y permiten diferentes salidas a la crisis, pero conllevan optar por modelos muy diferentes y parece razonable que una ciudadanía formada e informada aspirara a participar en el diseño del futuro de Europa y, por ende, de España. También hay que “indignarse” contra el proceso de toma de decisiones europeo. No sólo contra el españo. Y también toca pasar de la indignación a la actuación política en ese caso.

7. Ahora bien, y como es obvio, ello requiere previamente ser capaces, como mínimo de participar en la definición del futuro de España. Porque si no siqueira somos capaces de eso… Y no parece que el panorama que tenemos, que no es precisamente de dominio burocrático weberiano y protestante de unas élites ilustradas (como supuestamente tenemos en Europa) , pero que por otras vías (nepotismo y pasotismo, catolicismo liberador de culpa que destroza la conciencia cívica, sociedad civil informe y muy poco tendente a participar en los asuntos públicos y en la discusión política) acaba conformando castas dirigentes igualmente aisladas de la ciudadanía (aunque seleccionadas de otra manera), vaya a ayudar o permita ser optimista. Urge una refundación las vías de participación y educación cívica que tenemos, como condición previa imprescindible para tomar conciencia de las decisiones que han de tomarse y las consecuencias que conllevan. Lo cual exige que empecemos a decir hasta qué punto nuestro sistema político va desnudo y haciendo el ridículo, con castas blindadas muy mediocres pero que se han apoderado de los resortes del poder a partir  de un sistema de partidos que se ha empotrado en la Administración y que cada vez más ha logrado arrinconar mérito, capacidad y selección reglada por un sistema de premios a los adictos que hay que destruir desde la primera a la última piedra. Las ramificaciones de actuar de esta manera son enormes. Los indignados debieran ser conscientes de ello y de sus implicaciones. Pero también de que sin ese paso previo, que requiere cambiar el sistema de partidos (para lo que probablemente no hay más remedio que modificar profundamente el sistema electoral) y todo el modelo de contratación y control de la actuación administrativa y de gestión del dinero público, nada se podrá hacer.

En definitiva, que estamos desorientados porque, si queremos ser una sociedad democrática digna de ese nombre, tenemos que asumir que la responsabilidad es nuestra. Que protestar e indignarse es imprescindible pero no basta. Que tenemos que ocupar los espacios de discusión y de debate ciudadano. Que la política es nuestra. Y que las decisiones, también. Vamos, que somos mayores de edad y a nosotros nos corresponde aclararnos y decidir por dónde tirar. Hemos de ser los ciudadanos, no nuestros padres o las estructuras de burócratas especializados, supuestamente sabios, que, a la hora de la verdad, han demostrado estar tan desorientados como todos, quienes nos hagamos con el timón. Y ello requiere en primer lugar ser conscientes de que es necesario y además tener una buena carta de navegación. De momento nos faltan ambas cosas, pero se puede aspirar a ir avanzando poco a poco.



28 comentarios en Indignados y desorientados
  1. 1

    No estoy de acuerdo con el punto 4. Creo que sí hay más medidas que se podrían tomar. No se puede asumir tranquilamente el fraude fiscal aduciendo a nuestra “peculiar idiosincrasia”. Es algo que se puede y se debe combatir, tanto a gran escala (las grandes empresas son expertas en evadir impuestos, realizar contratos fraudulentos, etc.) como a pequeña (apenas existen controles para autónomos y pequeños empresarios).

    Tampoco me vale no gravar a las sociedades porque huyen del país. La erradicación de los paraísos fiscales debería estar en el programa de cualquier partido democrático. Y las medidas para ello deberían ser tanto directas (presionando a dichos países de la misma forma en que se presiona a países “comunistas”, por ejemplo) como indirectas (estableciendo trabas a la fuga de capitales). Pero ante todo, eso sí, hace falta una política económica coordinada por parte de la UE. No podemos permitir que Francia (por ejemplo) se convierta en paraíso fiscal para españoles descontentos con la política fiscal de aquí.

    Disclaimer: Todo esto lo digo desde la más absoluta ignorancia en macroeconomía. Sólo son las cosas que aparentemente me resultan lógicas como ciudadano de a pie. Si he dicho alguna burrada, invito a quien lo desee a rebatir mis argumentos.

    Comentario escrito por Dasoman — 18 de octubre de 2011 a las 9:20 am

  2. 2

    Grandisimo post. Aunque me gustaria que te extendieras un poco mas
    que herramientas hay ahora para participar en la definicion del futuro de Europa y España.

    Otra cosa, yo siempre he oido que eramos de los paises que mas
    parte de su salario destina a impuestos, eso de que si pusieramos nuestro sueldo bruto dividido en 12 mensualidades, desde Enero a Abril estariamos pagando impuestos, ¿qué ha sido de eso?

    Comentario escrito por domingo — 18 de octubre de 2011 a las 9:39 am

  3. 3

    Amb aquesta frase:

    “Que tenemos que ocupar los espacios de discusión y de debate ciudadano. Que la política es nuestra. Y que las decisiones, también. ”

    Ens sugereixes que el 15M, necessàriament ha de convertir-se d’alguna manera en força política? Que la pressió al carrer no serà suficient? Et pareix l’única solució?

    Comentario escrito por iamgin — 18 de octubre de 2011 a las 9:48 am

  4. 4

    Domingo, a mi modesto entender el programa “indignado” tendría que tratar de lograr convertirse en un programa “informado”. Y a partir de ahí ir viendo qué medidas y mejoras adoptar. Hay una línea ya marcada, muy importante, y muy acertada, que se resume en que las decisiones esenciales, tras una deliberación cívica informada, las hemos de adoptar los ciudadanos. Por ejemplo, si queremos más impuestos o menos servicios. Para lo cual es esencial el tema de la información.

    Respecto a tu pregunta: España 33% de presión fiscal, resto de la UE 40%

    http://www.rtve.es/noticias/20100628/presion-fiscal-espana-debajo-media-union-europea/337565.shtml

    Dasoman, en el fondo estamos de acuerdo. O no. Por supuesto que nuestra peculiar idiosincrasia no ha de ser excusa para no ir a por el fraude. Pero hemos de ser conscientes de que eso requiere de una labor explicativa, de una coordinación social, de una nueva planta fiscal… que lamentablemente no permite contemplar esa opción como solución a corto plazo.

    Y respecto de la fiscalidad a empresas o capitales, sí, de nuevo de acuerdo. Pero como tú dices, para mejorar las cosas es preciso un pacto internacional en ciertos casos (capitales) o al menos en el seno de la UE (empresas). Hoy por hoy, de nuevo, no está el horno para esos bollos. Conviene ser consciente de ello. Para saber dónde, por dónde y hacia dónde hay que atacar. Por ejemplo, para saber que es en la UE donde hay que exigir que acabe el actual modelo que permite que economías tan grandes y potentes como Holanda funcionen como paraísos fiscales. Lo que cuenta en este sentido el trabajo de Menéndez que he enlazado es muy interesante.

    iamgin, en efecto, no creo que la presión en la calle sea suficiente. No basta protestar y quejarte de que “los otros” no te representan bien y no te hacen caso. No es suficiente. Es un paso previo, necesario, muy positivo. Pero luego uno llega a la mayoría de edad cívica y decide que no se trata de exigir que otros te tengan más en cuenta al tomar decisiones, sino que las decisiones que afectan a la vida de uno las toma uno mismo. La qual cosa no vol dir crear un partit polític. Pot fer-se així. Pot fer-se recolzant clarament determinades opciones. Pot fer-se centrant propostes i lluitant per vies polítiques per aprovar-les. Però en el fons, sí, si volem que la cosa vaja cap avant s’ha de passar de fer protesta a fer política. I a mi ja em va bé que, al menys, la cosa estiga encetada. No hem de tenir pressa ni pretendre que les coses, en un país on mai s’havien mogut, es facen com si açò fóra la polis grega en menys d”un any. A poc a poc. Però tenint clar que de la indignació s’ha de passar a fer política. La qual cosa exigeix una tasca prèvia d’anàlisi per saber què passa i cap a on es vol anar.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 18 de octubre de 2011 a las 9:53 am

  5. 5

    Es generalizada entre los políticos y los medios la cita de la “presión fiscal” de tal o cual país. Sin embargo, la presión fiscal es una ratio entre la recaudación y el PIB, por lo que se ve muy afectada por la marcha relativa de una y otra cifra, y eso hace que pueda cambiar aunque no se modifique nada en el sistema tributario, igual que pueden subirse impuestos sin que se altere la presión fiscal. Lo que quiero decir es que la tan traída y llevada presión fiscal no sirve para comparar la carga tributaria que soportan los contribuyentes de países con distinas tasas de crecimento del PIB. Una magnitud mucho más significativa es el esfuerzo fiscal (presión fiscal/renta per cápita) y, comparando el esfuerzo fiscal, estamos en niveles muy elevados, parangonables a cualquier país de nuestro entorno.

    Comentario escrito por LuisaGC — 18 de octubre de 2011 a las 8:47 pm

  6. 6

    Si ambas magnitudes difieren tanto, eso significa que tenemos en España una renta per cápita en relación al PIB extrañamente inferior a la de otros países. ¿A qué se debe eso?

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 19 de octubre de 2011 a las 11:01 am

  7. 7

    Sobre la crisis del euro y sus posibles salidas, ya hay quien dice que, sí o sí, vamos a tener: quiebra griega, rescate italiano y crisis bancaria europea. Fantástico.

    https://www.stratfor.com/campaign/euro-banking?utm_source=freelist-c&utm_medium=email&utm_campaign=WIFLSFI0JYB111019203453&utm_term=c%3Afl%3Agreektree&utm_content=img&elq=d4e6d643fc3543a8a438a227081da03f

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 19 de octubre de 2011 a las 12:09 pm

  8. 8

    Bien traído el comentario de LuisaGC. Es como el run-run de que subiendo los impuestos se recauda más. Pues oiga,depende.

    No hay mucho más que comentar.

    Comentario escrito por josé luis — 19 de octubre de 2011 a las 12:27 pm

  9. 9

    Prof. Palop: en esta magnífica gráfica del NYT se resume muy bien lo que nos está pasando, y de los efectos de la escuela de Chicago en la política.

    http://www.nytimes.com/imagepages/2011/09/04/opinion/04reich-graphic.html?ref=sunday

    Habla de EEUU, un país donde la fiscalidad llegó a superar con mucho el 50% en los años de Eisenhower a las rentas más altas. De aquella aquí ya podíamos estar contentos con el Servicio Nacional del Trigo, un par de turistas y las remesas que empezarían a llegar de los emigrantes en Centroeuropa. Nuestro país es distinto, pero ahora sufrimos dos maremotos cuyas olas se suman al chocar en el muelle: el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y una crisis económica mundial. Todo eso, cuando estábamos aún agarrando con alfileres un estado del bienestar muy parecido a la casa de paja del cuento de los tres cerditos, sin fiscalidad progresiva y sin responsabilidad en los agentes sociales.

    En el fondo yace el problema de una sociedad desvertebrada e infantilizada, lo cual la convierte en desinformada y fácilmente manipulable. Los ciudadanos no están acostumbrados a manejar datos o a informarse, e incluso en ambientes universitarios la banalidad triunfa. Por ello muy pocos veían lo que se nos venía encima en pleno triunfo de la pirámide inmobiliaria y de la borrachera de gasto de las administraciones en proyectos que proporcionaban poco valor añadido a nuestra sociedad. Ahora, por ello muy pocos tienen los datos, la información o simplemente la intuición de por dónde hay que tirar.

    Como decía Victoria Camps el otro día en televisión: podremos cambiar las leyes, pero lo importante es cambiar lo que piensa la gente.

    Respecto a los indignados, después de la rebelión por un cambio cultural en el París del 68, recordemos quién ganó la partida poco después, si ganaron los manifestantes o ganó de Gaulle. Ojo que aquí no se nos vaya de las manos la situación en plan República de Weimar.

    Comentario escrito por Baturrico — 19 de octubre de 2011 a las 1:40 pm

  10. 10

    El gráfico es cojonudo, Baturrico. La cuestión es, dado que estamos en la UE (con lo que eso supone a la hora de tasar a las grandes empresas) y dado que los capitales viajan libres por el mundo, que para retornar a un campo de juego más equilibrado hay decisiones que no corresponden a España sino al acuerdo con otros, ya sea en el marco europeo o internacional.

    Esto ya lo vivimos, jurídicamente, en la Edad Media. La desaparición de un poder capaz de controlar efectivamente el espacio donde se mueven, personas, bienes, trabajo y rentas acaba provocando enormes desigualdades.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 19 de octubre de 2011 a las 2:08 pm

  11. 11

    Andrés, por lo que he leído de ellos (la subscripción gratuita, para que nos vamos a engañar, uno que es cutre por limitación de presupuesto), los de Stratfor suelen ser muy críticos con todo lo europeo y muy autocomplacientes con todo lo americano, por lo que no me extraña que anden ya babeando y hablando de hecatombe.

    Comentario escrito por Miguel adre — 19 de octubre de 2011 a las 3:10 pm

  12. 12

    nº7 Andrés, ten en cuenta que los PIIGS hemos ido entrando poco a poco en la situación de tener que emitir deuda para pagar los gastos corrientes. Éso es entrar en la senda de la insolvencia. Ya no es que emitamos deuda para hacer carreteras, ni para financiar el FROB, ni para rescatar directamente a las Cajas, ahora ya es para mantener la maquinaria girando.

    Por ponerlo con una metáfora limitada (hay demasiada afición a comparar Estados con familias, pero es lo que entiende la gente), empezamos pidiendo una hipoteca para el piso, luego metimos en dicha hipoteca un préstamo para ampliar el negocio familiar, luego hemos empezamos a pedir deuda para financiar el circulante (porque ya ninguna entidad nos abría cuentas de crédito, como corresponde), y ya estamos metiendo en la hipoteca lo que adeudamos en el Súper para no deber tanto allí como para que nos niegen la cesta de la compra. Y el banco nos lo permite porque como ya le debemos tanto, le sería peor si nos morimos de hambre y no le devolvemos nunca nada. A ver si aguantamos el tirón, y empezamos a devolver más tarde…

    Así hemos estado en Agosto y Septiembre, y los ciudadanos en la playa. Bendita ignorancia.

    Respecto al gráfico del NYT, ten en cuenta que es un gráfico de evolución de Renta frente a productividad. Nuestro gran lastre es que la productividad lleva al menos 20 años como tendencialmente decreciente, y para mantenerla a duras penas siempre ha sido reduciendo salarios (en sentido amplio, las “total compensations” del gráfico), o mediante devaluaciones. O sea, inflación y reduciendo salarios por la vía de reducir la Paridad Adquisitiva respecto a los países con quienes nos relacionamos. En USA es más por “políticas activas” como se dice ahora, de transferencia de riqueza hacia las clases ricas.

    Por simplificarlo con una frasecita rotunda (y en cierta manera falsa, sólo pretendo hacerlo gráfico), los yanquis aumentan la desigualdad porque tienen una riqueza creciente que se retiene con preferencia por los ricos; nosotros aumentamos la desigualdad porque tenemos una riqueza menguante y se detrae con preferencia a las clases medias (por la vía de impuestos) y bajas (por la vía de reducirles las transferencias).

    Comentario escrito por Dr. Gregorio de la Casa — 19 de octubre de 2011 a las 3:21 pm

  13. 13

    Respecto al artículo, si desarrollas los puntos, corriges un par de erratas y algunos defectillos de estilo, y un par de objeciones que tengo por aquí y allá, a mí me parece que te salía un ensayo que le da cien mil patadas al “Indignaos!!” de S. Hessel.

    Por ser un discurso racional y empírico, frente al discurso teórico y emocional del amigo, ya estás jugando en otro liga.

    Comentario escrito por Dr. Gregorio de la Casa — 19 de octubre de 2011 a las 3:37 pm

  14. 14

    De acuerdo, Prof. Palop. Es un problema serio pensar en acuerdos internacionales fructíferos entre los grandes agentes, puesto que cada uno tira para un lado y hace falta una gran visión. De hecho, encontramos todavía grandes talentos como Gordon Brown, Jean-Claude Juncker, o Peer Steinbrück, y magníficos discursos como los que pronuncia Barack Obama, pero en general hay menos voluntad de hacer grandes apuestas, y es difícil pensar en Sarkozy, Merkel, Rajoy/Rodríguez o Cameron plantando cara a Ackermann, Botín o la ‘acorazada Goldman Sachs’, poniéndose de acuerdo con ellos y evitando que nuestra Europa caiga en la ‘argentinización’ posterior al corralito.

    Muchas cumbres veremos y pocos resultados más allá de buenas intenciones. El equilibrio de poder actual, que sufre convulsiones, no está por permitirlo.

    La desgracia es pensar en que algunos de los grandes acuerdos pretéritos fueron motivados por una guerra, si atendemos a Yalta, Bretton Woods o el Tratado de Roma. Confiemos en que no haya que llegar tan lejos en la actualidad para centrar los problemas. Ciertamente, lo que menciona Vd. en la Edad Media, o en otras épocas, causó grandes desigualdades y mucho dolor. Y ahora ya no quedan las Américas o el Far West o Australia para compensar los problemas internos exportando mano de obra y disfrutando del crecimiento económico y los productos de los nuevos mundos. El mundo se nos ha acabado. La situación es nueva, y ojalá que el movimiento de los ‘indignados’ sirva para que reflexionen en los centros de poder, antes de que la situación escale y se produzcan situaciones lamentables, como las que conocemos de los libros de historia.

    Comentario escrito por Baturrico — 19 de octubre de 2011 a las 3:49 pm

  15. 15

    Estoy de acuerdo con la entrada del Dr. Gregorio de la Casa en su entrada 13, si bien su público, por no ser emocional, sería mucho más reducido, en otra liga, pero tal vez de más impacto si es leído por lo que en inglés se llama los ‘decision makers’.
    Magnífico post, en cualquier caso, con mucha miga.

    Comentario escrito por Baturrico — 19 de octubre de 2011 a las 3:54 pm

  16. 16

    Ahivá, mis disculpas al Prof. Boix Palop por llamarle como haría un inglés o un portugués, y usar su segundo apellido y no los dos. A la española sería “oye”, “tú” o “Andrés” sin más. Lo siento, Prof. Boix.

    Comentario escrito por Baturrico — 19 de octubre de 2011 a las 3:59 pm

  17. 17

    Buenas

    Me gustaría hacer un sondeo a las gentes que pasan por aquí. Mi duda es si créeis que una democracia directa pura (al estilo de la que propone el Partido Pirata) nos libraría de ciertos vicios de los que nos quejamos los que estamos indignados.

    La primera consecuencia sería evitar los grupos de presión, ya que las decisiones serían siempre votadas por el “pueblo llano”.

    Más allá de eso, hay objeciones del tipo “los ciudadanos se quitarían todo tipo de impuestos y obligaciones”, etc. Yo, igual soy un poco inocente, creo que la gente es más responsable de lo que parece. Y de hecho ya tragamos con un montón de cosas que se dice que son por el bien común.

    Me pongo a pensar en un futuro, no sé, 100 años, y no veo a la gente no votando todo tipo de cosas. Si ya es posible técnicamente ahora mismo, pues será insultatemente fácil en un futuro. Vaya, que lo veo inevitable, además de necesario.

    Bueno, saludos a todos.

    Comentario escrito por Ricard — 19 de octubre de 2011 a las 4:03 pm

  18. 18

    #17 +1.

    Jefe, dos matices:

    1) Ya se están haciendo cosas. Lo de los deshaucios tiene mucha miga, y al menos por aquí está poniendo en un brete la capacidad desalojadora de los maderos. Vaya, que se les están viendo las costuras, y si la cosa va a más sencillamente no van a poder hacer su trabajo, hecho lleno de posibilidades en muchos campos -por ejemplo, en extranjería, donde ya ha habido oposiciones cachas a redadas de estas que montaba Rubalcaba que han acabado con el subespañol de turno evitando la expulsión-.

    2) También veo poco la traducción política de lo que hay en las calles. Vamos, que el esquema que en su día vendió Poch con respecto a Die Linke -i.e. los principales avances sociales en Alemania han venido de gobiernos derechistas oportunamente presionados- me parece lleno de `posibilidades.

    #12 ¿Y si baja tanto la productividad, y me ciño solamente a la etapa euro, por qué aumentan tanto las exportaciones?

    Comentario escrito por popota — 19 de octubre de 2011 a las 6:28 pm

  19. 19

    Pues supongo que soy uno de esos indignados desorientados, pero oyendo esta noche en el telediario (versión La 1) la carta a los reyes magos que escriben hoy los enprendedores de la CEOE, es que siento que encima de machacarnos se están riendo de nosotros; rebaja del despido, copago sanitario, regulación del derecho de huelga… Creo que con esta gente no vamos a ninguna parte. Creo que se trata simple y llanamente de a quién le va a tocar pagar los platos rotos, y los banqueros, empresarios y la gran mayoría de la clase política ya ha decidido que nos toca a los pringaos de siempre.

    No sé si los indignados tienen mucho futuro. Personalmente los veo un poco flower-power, pero más vale eso que nada. Es más: Si consiguen aplastarlos no creo que acabe así la historia. Si siguen apretando las clavijas a los currelas éstos, antes o después, acabaran por rebelarse, y esa rebelión no tendrá nada de pacífica. Creo que en el mundo ha habido suficiente experiencia de revueltas, revoluciones y grupos terroristas de extrema izquierda (o derecha) para que esas cabezas pensantes que gobiernan se dén cuenta de a la larga no se puede ir contra la gran mayoría de la población.

    Comentario escrito por l.g. — 19 de octubre de 2011 a las 9:38 pm

  20. 20

    gran artículo, andrés; en mi opinión, el modo de intervención en política pasa más por la protesta, la manifestación, la quema de contenedores, la huelga, etc..que por la participación directa; no en vano en españa tanto pp como psoe tienen 9 o 10 millones de votantes fijos, llueva o nieve, y eso es mucho inmovilizado….

    cuando los 5 millones de parados vean que esto no es cosa de un par de añitos, y que la cosa tiende a menos prestaciones, menos ervicios, menos indemnizaciones, etc… algo harán

    digo yo..

    Comentario escrito por pescadilla — 20 de octubre de 2011 a las 10:54 am

  21. 21

    nº18 Popota, ya lo apunto en el mensaje: lo fundamental, “con lo que hay que quedarse”, es que aunque la productividad baja continuamente, mantenemos (a duras penas) la competitividad exterior vía contención y reducción de salarios reales. Ahora parece que entramos en la etapa de reducir las transferencias. Si la Sanidad deja de cubrirte X prestación, te bajo el sueldo porque ahora te lo tienes que pagar tú íntegramente de tu bolsillo, ergo te estoy bajando el salario disponible.

    Por no eternizarme, no hablé de otras dos cuestiones; la primera que hay unos pocos sectores a los que les beneficia mucho estar en la UE. La segunda que hay unos poquitos sectores que sí son competitivos, pero están en manos de multinacionales que suelen llevarse el valor añadido y la mayoría del empleo fuera. Ya estamos viendo ahora mismito que dicho aumento de exportaciones no tiene efecto aquí ni en recaudación para Hacienda ni en empleos.

    Date un garbeo por el ICEX (http://www.icex.es) que encontrarás mucha información interesante al respecto. Hay cifras en algunos casos espectaculares. Por ejemplo, ha habido meses que la producción de autos terminados fué casi en su totalidad a exportar. Y el resto a flotas (alquiler, taxis).

    Comentario escrito por Dr. Gregorio de la Casa — 20 de octubre de 2011 a las 12:08 pm

  22. 22

    sr. house, expliqueme como si eses multinacionales producen fuera (pdice que “suelen llevarse el empleo fuera” y no crean empleo en españa) y se llevan tanmbién fuera el valor añadido ¿como es que cuentan como exportaciones españolas?

    porque ni capital ni valor añadido ni mano de obra española a mi me da que es producción….foranea

    Comentario escrito por pescadilla — 20 de octubre de 2011 a las 1:02 pm

  23. 23

    #17

    En Suiza se somete todo (y cuando digo todo me refiero a TODO) a referendum. La cosa funciona bien, aunque con flecos: la gente no se ha quitado impuestos (¡hasta votaron contra las 35h semanales porque les suponía una merma de sueldo!), pero si que votaron en contra de limitar las exportaciones de armamento, por ejemplo, porque “iba a destruir puestos de trabajo”. La mayoría de votaciones son trámites que se aprueban con el 80%. Como hay cuatro referendums al año y algunos son de cosas muy técnicas, la participación es bastante baja.

    ¿Funcionaría esto 1:1 en España? Coincido contigo en que en general la gente sería más responsable de lo que creemos, pero me temo también que a veces lo usarían como pataleta y para disputas que en Suiza ya están superadas. En Suiza basta con recoger 15000 firmas para convocar un referendum (proporcionalmente, unas 100000 en España), y las mayorías tienen que ser dobles: no basta que el 51% de los votantes lo apruebe, también tiene que hacerlo el 51% de los cantones. Imagínate: 100000 firmas para reponer el aguilucho en la bandera/dinamitar el Valle de los Caidos, y al final el referendum cae de un lado u otro solo porque la provincia de Teruel vota esto o lo otro.

    Y otra cosa: habida cuenta del nivel de cultura política de este pais, donde muchos votan lo que les dice su periódico/tertuliano de cabecera (y por eso el PPSOE no baja de 20 millones de votos), los grupos de presión pasarían de presionar a políticos a presionar a los medios de comunicación (más todavía). Eso en 100 años habrá cambiado, tienes razón, pero hoy aún no estamos ahí, tal vez en 15-20 años, cuando informarse pluralmente y debatir en Internet sea normal para la mayoría de la población.

    Comentario escrito por Regularizado — 20 de octubre de 2011 a las 3:38 pm

  24. 24

    Respondiendo a #18:
    “También veo poco la traducción política de lo que hay en las calles.” Y compara con Alemania.
    En Alemania las élites aprendieron de sus errores hace mucho. La reacción desorbitada del estado en los sucesos del 2.6.1967 (muerte de Ohnesorg en la visita del Sha a Berlín) generó la locura de la RAF, que mantuvo en jaque a la democracia durante años. A pesar de ello grandes ministros del Interior como Gerhart Baum entendieron que había que defender las libertades civiles. Y el sistema aprendió a integrar a sus movimientos, y a defender los derechos civiles de manera envidiable.
    La primera traducción política de una corriente popular fue el auge del partido Los Verdes, que ahora es un partido con experiencia de gobierno, homologable y capaz de aglutinar a los BoBos (burgueses bohemios en definición francesa), a muchos jóvenes universitarios, a las clases populares y a feministas y colectivos homosexuales. De ser abogados de la RAF o andar tirando piedras han pasado a ser figuras de la escena política como Ströbele o Fischer.
    La siguiente demostración de cómo funciona una democracia fue la creación de La Izquierda como resultado de la escisión del SPD en el oste (WASG) y la recuperación del partido post-comunista PDS, que ha dado paso a un partido con grupo parlamentario propio y que representa a muchos votantes que han encontrado en ese partido (demagógico e irresponsable en muchas ocasiones, pero razonable al llegar a los gobiernos como en Berlín). Lleva al Bundestag, en la oratoria de Gysi -ya por poco tiempo- el sentir popular.
    En España sòlo podemos ver la traducción en una fuerza política de un movimiento en el resultado del referéndum de la OTAN, que partiendo del PCE fue capaz de crear Izquierda Unida, creadora de cuerpos dirigentes para el PSOE, y una de las víctimas de la ley electoral.
    Sin embargo, nuestra democracia imperfecta, hipercontrolada por los grupos de presión, infantilizada y como indica el Prof. Boix (ahora sí) con unas élites muy poco ilustradas, no ha dado paso a opciones como el Foro de Punset, convierte a la UPyD de Savater en un partido madrileño antiperiférico (si no cambian y vuelven a dos puntos bien interesantes: rescatar la educación para el gobierno central y denunciar los acuerdos con el Vaticano), y veremos si es capaz de dar cancha a Equo, que representa también la sensibildad medioambiental de una pequeña gran minoría.
    Podrá haber sobresaltos electorales como el GIL o el acceso de populistas xenófobos o diletantes en las elecciones catalanas, pero en general es todo demasiado previsible, y es difícil que los ‘indignados’ tengan cancha. Ojalá que hubiera medios de canalización democrática. Y ojalá que los ‘indignados’ encuentren buenos portavoces y buenos pensadores, porque de momento sus intervenciones en los medios afines (p.ej., entrevistados por Toni Garrido en RNE) dejaban mucho que desear.
    Si no hay canalización democrática de la ira popular, podríamos encontrarnos con errores como los que se cometieron en Alemania en los últimos años 60, y sería triste que naciese una violencia de izquierda (y de ultraderecha) si hay un giro autoritario frente a los ‘indignados’, si se enfadan de verdad. Ahora no hay KGB para financiarlos, pero siempre hay quien desea hacer negocio con todo esto, y más si recordamos que hoy es un día feliz, el del final de ETA. Que se encauce bien todo esto es importante. Antes de que nos encontremos con un Berlusconi a la española, que no sería mucho mejor que en su variante italiana.

    Comentario escrito por Baturrico — 21 de octubre de 2011 a las 9:59 am

  25. 25

    Me para como a Baturrico, que envidio las posibilidades del panorama alemán y, al compararlo con lo que tenemos aquí, pues me descorazona ver el “bajo nivel” tanto de indignados como de las opciones políticas alternativas.

    Pero también pienso que, siendo justos, nuestro país es una democracia joven y todavía imperfecta, que somos generaciones en el fondo herederas de 40 años de totalitarismo atroz, que liquidó a los mejores del país (o los obligó a emigrar) descapitalizando nuestra sociedad con consecuencias que todavía hoy se hacen sentir. Las elites españolas eran y son muy deficientes en casi todo (compromiso cívico, formación…). Pero poco a poco vamos mejorando. Sobre todo por la base, o eso espero. Es normal que nos desesperemos, pero para ser justos también hemos de ser conscientes de dónde venimos.

    En cuanto a la cuestión económica, en efecto parece claro que nuestra integración en Europa y en la zona euro nos condena (o hemos decidido que nos condene) a ser camareros, recepcionistas y poco más; a competir en industria y servicios sólo a partir de costes laborales bajísimos, casi africanos; a ser una economía periférica no en un sentido geográfico sino eonómico… Lo llamativo es lo acomodados que aparentemente estamos todos a ete guión. Lo sorprendente es que, por ejemplo, el movimiento “indignado” no dedique ni la más mínima reflexión a estas cuestiones.

    Mientras tanto, parece ser, este fin de semana podemos tener novedades que conlleven a un control si cabe mayor desde Centroeuropa sobre la economía griega… y sobre la nuestra. Veremos. Pero empieza a impactar que la solución para Grecia que se comenta pase, traducido al lenguaje de la calle de forma un poco burda pero para que se me entienda, por decidir que su Gobierno ha de obedecer a quienes ponen en dinero. ¿Alguien habló de soberanía?

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 21 de octubre de 2011 a las 11:55 am

  26. 26

    nº22 pescadilla: por seguir con el mismo caso que menciono (exportaciones de autos), piensa en la cadena de valor que involucra fabricar los Opel Corsa en Aragón. Piensa dónde queda la mayoría del dinero en ésa cadena de valor y de todos los trabajadores que intervinieron en cada unidad, cuántos están radicados en la factoría de General Motors de Figueruelas. Llamo tu atención que dicha factoría es un mero centro de ensamblaje…

    Si hace falta, me indicas y me extiendo más en otro momento.

    Comentario escrito por Dr. Gregorio de la Casa — 25 de octubre de 2011 a las 1:41 pm

  27. 27

    Todo lo que dices, Andres, me parece muy bien argumentado y muy cierto, en tanto que analisis de la situacion en que nos encontramos en el presente.

    Ahora bien, la salida que propones, la solucion practica para arreglar este desaguisado, me parece un tanto contradictoria: vienes a afirmar que es tiempo de que los ciudadanos tomemos las riendas de la vida publica por medio del activismo politico y hagamos oir nuestra voz, a nivel nacional (cambio de la ley electotal, imposicion de controles sobre el ejercicio de la funcion publica) y a nivel europeo, buscando una construccion europea refrendada por el electorado.

    Pero a la vez afirmas que estamos todos desorientados sobre lo que esta pasando y sobre las soluciones, que la sociedad espanyola carece de la formacion (considero que basica y de mero sentido comun) para entender la relacion entre actividad economica, imposicion y financiacion de servicios publicos.

    ?Como afirmas, entonces, que vayamos a cambiar el orden establecido preguntando a una sociedad que no entiende lo que ocurre? Francamente, no dejo de sorprenderme con la mayoria de las opiniones que oigo en la calle sobre lo que esta pasando en este pais. Se exhibe una falta de conocimiento total sobre como funciona el sistema electoral, el reparto de competencias entre el Estado y Bruselas, la realidad economica en que vivimos, las necesidades de financiacion de los servicios sociales y un largo etcetera. En el 15M habra diversas corrientes ideologicas, pero desgraciadamente cada vez que he tenido la oportunidad de relacionarme con ese movimiento solo he sido capaz de escuchar muchas buenas intenciones, muchas propuestas maximalistas irrealizables y ni una manifestacion de sentido comun ni una propuesta de cambio FACTIBLE que sea un paso en la direccion acertada.

    En el dilema entre decisiones tomadas por tecnocratas y decisiones legitimadas por la ciudadania me temo que llegamos tarde: a estas alturas, preguntar al pueblo que quiere tiene como resultado mandar el sistema al carajo. Lo sabemos los ciudadanos, lo saben los politicos, lo saben los mercados que estan imponiendo gobierno tecnocraticos, como de alguna forma lo va a ser el propio gobierno del PP en Espanya. Es lamentable decirlo, pero es una realidad: hace demasiado tiempo ya que se infantilizo a la sociedad y se la sumio en la ignorancia. Y creo que el 15M lo demuestra: el ciudadano solo sabe que esta indignado, pero no sabe muy bien como hemos llegado hasta ni como salir y todas sus propuestas son de una forma u otra un suicidio para el sistema, suicidio que nos sumiria en el caos.

    Comentario escrito por Miguel — 12 de noviembre de 2011 a las 1:55 pm

  28. 28

    Pues sí, Miguel, la crítica que haces da en el clavo. Yo creo que el proceso será necesariamente lento, y que hemos de ir pasando por diversas etapas, de la mera indignación a la voluntad de participar y construir un espacio democrático mejor, lo que requiere de información y de formación. Cuando la necesidad se sienta, se haga muy presente, digo yo que se arbitrarán mecanismos y se dinamizarán movimientos, colectivos, medios de comunicación y entre todos aprenderemos y empezaremos a entender algo mejor. De hecho, si lo pensamos, algo de eso está ocurriendo ya.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 15 de noviembre de 2011 a las 10:10 am

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