La supuesta imbatibilidad de Rita Barberá

Seguimiento de la campaña electoral valenciana (día 7) para El País Comunitat Valenciana

Los seres humanos somos así. Construimos mitos. Una vez edificados, asumidos por casi todos, resulta difícil, casi imposible, darse cuenta de que a veces la realidad se compadece mal con la construcción idealizada de la misma que nos hemos montado.

El mito por excelencia de la política valenciana dice que Rita Barberá es «imbatible». Que es un animal político sin flancos débiles. Que es popular, querida, una más de entre los valencianos pero, a la vez, referencia para la ciudad. 20 años en la alcaldía, con resultados apabullantes en las últimas convocatorias, avalarían esta tesis. Y, sin embargo…

Rita Barberá tiene defectos. Ayer, en el debate que mantuvo en la televisión autonómica valenciana con el candidato del PSPV Joan Calabuig, afloraron casi todos. Que haya ganado una y otra vez las elecciones no tiene nada que ver, por ello, con ninguna cualidad mítica de la Alcaldesa por excelencia del país y de toda España. Confluyen para fortalecer esta realidad muchas circuntancias. Dinámicas políticas favorables, haber podido chupar rueda del progreso económico del país en las dos últimas décadas, que ha facilitado una importante transformación urbana de Valencia (pero no sólo de Valencia, sino de todas las ciudades españolas, como cualquiera que haya salido alguna vez «cruces afuera» del Cap i Casal sabe perfectamente) e incluso el hecho de que la oposición socialista ha sido de todo menos consistente (ni un solo candidato socialista ha repetido, de manera que no hay forma de consolidar alternativa alguna) la han ayudado sobremanera. Rita Barberá no es imbatible per se. Son las circunstancias las que han facilitado que se tenga esa imagen de ella y las que hacen que desde tantos sectores se dé la batalla por perdida provocando, con ello, la invisibilidad de los muchos defectos que tiene su gestión.

Por su parte, Joan Calabuig es un profesional de la política. Un tipo formado, inteligente, sólido… Tuve ocasión hace unos años de compartir una mesa redonda con él y sobre ninguno de esos aspectos tengo la más mínima duda. Sabe cómo funcionan las cosas, algo por lo demás inevitable incluso en una persona menos capaz de lo que es él pero que compartieran trayectoria vital, porque lleva casi 30 años en esto y ha estado en la Administración autonómica, en el parlamento europeo, en el parlamento español… No es, sin embargo, muy conocido. Casi nadie sabe muy bien quién es. Tiene un carácter público, por lo que puede deducirse de lo que le llevamos visto estos meses, más bien gris. Se comporta de una manera un tanto rígida, todo lo contrario de lo que le ocurre a Barberá, que se nota que está a sus anchas en Valencia, por la calle, en Fallas y en todo lo que rodea la política valenciana (¿quizás, a veces, demasiado a sus anchas?). Y resulta obvio que no es un killer en campaña. Él mismo reconoció, en lo que se ha convertido casi en una seña de identidad, que lo que sabía de campañas electorales es lo que había leído en los manuales al uso.

Con estos antecedentes, muchos pensaban que Calabuig iba a sufrir un vapuleo a manos de Barberá en el debate de ayer. No ocurrió. Tampoco al revés. Es obvio que Barberá salió indemne del debate y que coló con solvencia, en su estilo, los mensajes que quería dejar a la audiencia. Ya saben. Delenda est Zapatero. Ah, sí, y eso de que Valencia está muy pero que muy bonita y la hemos puesto en el mapa. Pero el candidato socialista sí hizo varias cosas bien, lo que permitió que emergieran ciertos aspectos de Barberá y de su gestión que son menos luminosos y que suelen quedar sepultados debido a la potente inercia del mito y la deserción a que esta imagen ha llevado a muchos. Es lo que pasa con algunos leones aparentemente fieros. Que basta ponerse delante para constatar que no es para tanto.

Aquí tienen el discurso político de Barberá y el PP de Valencia:
vótame porque esto lo hemos hecho nosotros y es muy bueno para ti

Joan Calabuig fue anoche educado y respetuoso. El espectador pudo ver, por contraste, a una Rita Barberá tan acostumbrada a su hegemonía y a que nadie le chiste que por momentos pareció grosera cuando replicaba. Algo tan tonto, por ejemplo, como reconocer que el adversario también ha hecho cosas y algunas de ellas buenas (como hizo ya Nomdedéu, el candidato del Bloc en Castellón, en el debate de la noche anterior) es una acción inteligente. Los ciudadanos no somos tan tontos como para no darnos cuenta de algo así e inmediatamente la imagen de quien se comporta de esta manera se engrandece. Si enfrente se encuentra con un contrincante que prácticamente te acusa de todos los males habidos y por haber, qué quieren que les diga… no resulta muy difícil «ganar» un debate (ya que ahora estas cosas se analizan en estos términos) contra alguien así.

Joan Calabuig se dice a sí mismo: ¡tampoco me ha ido tan mal la cosa!

El candidato socialista también entró al trapo y defendió la labor del Gobierno central, en lugar de tratar de correr un tupido velo sobre la gestión de Rodríguez Zapatero y del PSOE. Podrá convencer o no al hacerlo, pero simplemente por bajar a la arena y por tratar de argumentar y apoyar la acción de gobierno de manera razonada ya está poniendo una primera piedra para minar el discurso del PP, tan potente en parte porque casi nadie en el PSOE  se atreve a cuestionarlo.

El debate demostró, además, que el proyecto de ciudad del PP (grandes eventos, poner Valencia bonita y atraer muchos turistas cueste lo que cueste) no es el único modelo posible. Parece evidente que una de las cosas que nadie ha hecho estos años (o que no se han hecho suficientemente) es explicar las debilidades de un modelo urbano basado en esos ejes. Por mucho que la autoestima de los valencianos se haya visto amablemente acariaciada todos estos años (y a lo mejor como sociedad lo necesitábamos y ése es en parte el origen del éxito de gestión de Barberá) llega un momento en que la realidad se impone y hay que empezara analizar con rigor y seriedad si las alharacas y condicionar todo a que Valencia aparezca en las guías turísticas de todo el mundo es la apuesta correcta. Calabuig no llegó a tanto pero, al menos, apuntó en esa dirección.

Monocultivo turísitico en la ciudad: todo queda supeditado a la recepción
de turistas low-cost. ¡Todo para los hosteleros a costa de los vecinos!

No fue un debate maravilloso, pero tampoco estuvo mal. El tipo de reglas con que se realizan le restó carácter y dificultaba mucho que la cosa luciera. Pero nos dejó sensaciones buenas, a diferencia de lo que ocurrió con la lucha en el barro impresentable en que se convirtió el duelo mantenido por las candidatas de PP y PSOE a la alcaldía de Alicante. Este buen sabor de boca ya lo había dejado el debate mantenido por los candidatos a la alcaldía de Castellón la noche anterior, donde se vieron propuestas y se mantuvo un tono de respeto a la discusión que, en el fondo, es respecto a los ciudadanos. Calabuig y Barberá, por su parte, también debatieron y mostraron abiertamente cómo son en el plano político. Asimismo dejaron claro cuáles son sus respectivos proyectos. De eso se trataba.

Frente al mito de una Barberá imbatible ayer por la noche se visualizó con naturalidad y sencillez que la Alcaldesa de Valencia tiene defectos y que hay cosas en las que el candidato del PSOE es, sencillamente, mejor. Más formado, más tranquilo, más respetuoso. También vimos con cierta nitidez que los proyectos para la ciudad de uno y otro partido son diferentes y que no sólo de replicar el modelo del PP hemos de vivir. Que se puede aspirar a respirar en otros aires sin temor a morir asfixiados. Y que a lo mejor a los vecinos de la ciudad nos interesa más esforzarnos por construir un entorno dinámico, cómodo, respetuoso con el medio ambiente, sostenible, orientado a ciertas actividades (servicios) de más valor añadido que el «todo por el turismo de masas» que es el leit-motiv último de la apuesta económica de Barberá para Valencia.

Derribar mitos, sobre todo cuando uno ha contribuido afanosamente a su erección, no es cosa de cuatro días. A Rita Barberá se le puede ganar en las urnas aunque probablemente no será eso lo que pase esta vez. La cuestión es empezar a trabajar en serio para hacerlo pasando del mito a la acción política. El debate de ayer fue un aviso para el PP. A lo mejor cualquier de estos se llevan la sorpresa de que alguien se pone manos a la obra. ¡Quién sabe!



8 comentarios en La supuesta imbatibilidad de Rita Barberá
  1. 1

    Y otra cosa, Andrés, ya que no he visto el debate ¿Le recordó Calabuig al público que en toda esta movida delos Specials Events, Copas y movidas varias, el malvado gobierno central de Zapatero ha puesto un pastón?

    Comentario escrito por galaico67 — 12 de mayo de 2011 a las 11:55 am

  2. 2

    Andrés, no puedo dejar de expresarte mi reconocimiento por seguir la campaña como la sigues: no solo has visto el debate de los candidatos principales en las elecciones autonómicas, ¡sino también el de los alcaldables (disculpa el palabro, todavía no incluido en el diccionario de la Real, pero sí propuesto para la próxima edición) de las tres capitales!
    Coincido contigo en que Rita no es imbatible en atención exclusiva a sus cualidades personales (y mira que las tiene, y muchas, y en abundante medida), pero discrepo de la impresión que parece traslucirse de tu post de que su invencibilidad derive únicamente de las circunstancias y de los defectos de sus rivales.
    Rita es un genio, única en su especie como suelen serlo los genios, con defectos y con virtudes como tienen todas las personas, pero con un derroche de esas virtudes que compensa, hasta hacerlos enanos, esos defectos, como suele ser propio de los genios.
    Y, sí, creo que Rita es consciente de los defectos del rival, y que adecúa su discurso a esos defectos, como también saca toda la punta que puede a sus aciertos y fortalezas.
    Al margen de lo anterior, creo que te equivocas al apuntar que el único proyecto de Rita es el turismo de masas y la imagen exterior de la ciudad. Esos aspectos son importantes en las políticas de Rita Barberá, pero también lo son otros muchos, desde los sociales a los medioambientales, pasando por los urbanísticos o los relativos al empleo. El secreto de Rita es que no menosprecia nada, y que por todo lo que afecta a Valencia, en lo bueno y en lo malo, se preocupa. Y te lo digo desde el conocimiento que tengo de ella, el cual no está reñido con la admiración que me suscita.
    Por lo demás, se me antoja imposible explicar casi veinticinco años de victorias consecutivas (discúlpame, pero incluyo la del próximo día 22, y no creo que mi optimismo sea injustificado) atendiendo solo a los defectos del rival, y no en mucha mayor medida a los aciertos propios.

    Comentario escrito por José Marí Olano — 12 de mayo de 2011 a las 4:33 pm

  3. 3

    Efectivamente, José, Rita tiene también virtudes. Y algunas muy importantes. Por ejemplo ese «enseñorearse», si se me permite la expresión, de la ciudad y sus gentes que muchas veces desde la izquierda se desdeña como marca populista cuando, sin duda, es otra cosa. Esas ganas de estar en los saraos, de conocer a la gente, ese interés por quienes algo pintan en la ciudad y por saber qué hacen y qué piensan… implica, en el fondo, una conexión muy importante con la calle y con la realidad. Y no son una pose fingida. Porque algo así no se prolonga en el tiempo, no se puede, de manera impostada. Vamos, que estoy totalmente convencido de que eso que dices de que «no menosprecia nada» es verdad. Y se nota.

    También creo que Barberá ha sabido captar esa necesidad de autoestima que necesitaban los valencianos tras la capa de escepticismo y burlón autoodio que solía ser más habitual. Y la ha vehiculado para que apoye su peculiar visión de las cosas, para conseguir que poco a poco más valencianos se incorporen a una concreta visión de la ciudad que ella tiene y que ha conseguido «vender» de maravilla. Es un indudable rasgo de capacidad estratégica.

    Comparto contigo que el día 22 es muy difícil pensar en un resultado distinto a una victoria de Barberá. Ahora bien, yo tengo la sensación de que, por primera vez en mucho tiempo, a lo mejor se apunta una leve erosión. Su proyecto es el mismo desde 1995 (hasta esa fecha el tema era otro, como es obvio) y ha aguantado y convivido muy bien con un entorno expansivo. Entre las inevitables dificultades que para todos supone el «reinventarnos» a partir de un determinado momento y que el contexto económico que se avecina no está para bromas… es posible que la visión de Barberá y el PP de Valencia sobre cómo ha de ser la estrategia de ciudad, que a mi juicio es muy rígida y se ha quedado antigua, empiece a demostrar las carencias que tiene (porque las tiene, así como también virtudes) y, sobre todo, empiece a ser más evidente que las tiene.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 12 de mayo de 2011 a las 5:09 pm

  4. 4

    Pero bueno! Qué educados y correctísimos ambos. Qué bonito.

    Valencia me encanta, pero Barberá se ha pasado de la raya en arrogancia y en identificar la ciudad con ella misma y con un proyecto muy encorsetado: el de las fallas, el turismo y los grandes pelotazos. Es reprobable también todo su discurso de maniqueísmo y ese desprecio al adversario, o la conspiración de izquierdas y locos progresistas sociatas que denuncia. Por cierto, Olano parece no compartir estas posturas y me alegro mucho. Pero por favor me encantaría que alguien del PP valenciano dijera de la manera más correcta posible: tal vez nos hemos pasado un poco.

    Yo tampoco dudo de que de verdad quiera como nadie a la ciudad y sea cercana y querida. Y que lo haga bien. Por supuesto. No ha dejado la ciudad morirse. Solo algunos barrios. O otros directamente los destruye.

    Valencia podría ser tanto… Es diamante en bruto para un buen político en gestión municipal y con visión para revolucionar una ciudad a nivel europeo, pensando más allá de lo que sabemos de una ciudad ahora.

    Por tamaño y orografía, podría ser una ciudad de la bici, como Andrés decía, o una ciudad más pensada para las jóvenes, con una política de alquileres para abrir las miles de puertas cerradas. O una ciudad que reforzara su talento teatral, circuitos de música de bandas locales y bandas de pueblos. Una ciudad más internacional, una ciudad en la que diera envidia VIVIR, no solo para venir a la playa y tomar una paella.

    ¿Aciertos propios o defectos del rival? Me da igual. Lo que se debe preguntar es si su modelo de ciudad es o no el que Valencia se merece. Y dejarnos de tanta Rita y pensar más en Valencia. Cuando se vaya, la ciudad recuperará un poco el sentido común y será más Valencia. No, por supuesto, que nadie le va a ganar. Y si ella por asomo lo sospecha, se irá antes de que pueda pasar.

    Comentario escrito por susana — 12 de mayo de 2011 a las 11:34 pm

  5. 5

    Calabuig dio un ejemplo de como con educación y tranquilidad se puede desmontar o al menos descolocar al contrincante. Rita fue más de lo mismo, yo creo que ni se había preparado el debate. Su prepotencia le perdió.

    Comentario escrito por Maria — 13 de mayo de 2011 a las 9:22 am

  6. 6

    Gracias, María y Susana, por los comentarios.

    Tienes razón, Susana, en que da gusto debatir con personas que piensan de forma diferente (a veces) y poder hacerlo como si tal cosa. Pero, esto, ¿qué es? ¿Suecia?

    Estoy muy de acuerdo contigo en que Valencia podría ser muy distinta a cómo la estamos haciendo y mucho mejor. Una ciudad, como dices tú, para vivir. Para que los vecinos podamos disfrutar de la vida. Organizada para facilitárnosla.

    Porque a mí me importa un bledo que vengan turistas y turistas, en vuelos baratos, a emborracharse y dejar dinero a los empresarios del copazo que sólo generan molestias, problemas y apenas si pagan impuestos. Hay que ser paleto para pensar que una ciudad orientada al turismo de masas es una ciudad que puede aspirar a ser rica y referente en calidad de vida para sus ciudadanos, desarrollo e innovación.

    De hecho, basta con haber salido un poquito de viaje (sí, aprovechar y tomar uno de esos vuelos low cost que nos dejan miles de turistas ávidos de disfrutar en Valencia de toda la mierda de ocio prohibida en países civilizados, pero al revés, para ir a ver cómo son las ciudades europeas ricas y avanzadas) para darse cuenta de que el aclamado modelo Valencia es un desastre. Lo que pasa es que Rita y la mayor parte de la gente que le aclama no ha pisado una ciudad no turística europea de mediano tamaño en su vida. No tienen ni idea de lo que es eso.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 14 de mayo de 2011 a las 9:44 am

  7. 7

    ¡¡Modesto baja, que ya sube….!!

    Comentario escrito por josé luis — 15 de mayo de 2011 a las 12:16 pm

  8. 8

    Bueno. Tambien cabe la posibilidad de que a la mayoria de los habitantes de Valencia se la sude el modelo europeísta, ordenado, biciletero, y no vean más allá de su espíritu fallero, dejado, derrochador y fantasmón.

    Y hoyga, yo un espíritu muy sueco no lo he respirado nunca en Valencia. Más bien un espíritu napolitano, gracias a Dios sin Camorra, todo hay que decirlo.

    Así que Rita es, más bien, una consecuencia natural.

    Comentario escrito por Juan Carlos I — 15 de mayo de 2011 a las 2:48 pm

Comentarios cerrados para esta entrada.

No se trata de hacer leer | RSS 2.0 | Atom | Gestionado con WordPress | Generado en 0,166 segundos
En La Red desde septiembre de 2006