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El orden de los apellidos

Anda revolucionado el país con el nuevo proyecto de ley del Registro Civil [1] que ha preparado el Ministerio de Justicia y que se ha remitido hace poco al Parlamento. El motivo es que su artículo 49.1 señala lo siguiente:

Si la filiación está determinada por ambas líneas, el padre y la madre de común acuerdo podrán decidir el orden de los apellidos.
En caso de desacuerdo o cuando no se hayan hecho constar los apellidos en la solicitud de inscripción, el Encargado del Registro Civil determinará el orden de los apellidos según su orden alfabético.

El proyecto no cambia la situación actual en una cosa: el padre y la madre pueden, de común acuerdo, decidir el orden de los apellidos de sus hijos. Sí lo hace a la hora de fijar la solución por defecto en caso de desacuerdo. Si en la actualidad ello implica preservar la tradicional preeminencia del varón el proyecto, en cambio, opta por una solución que da prioridad al apellido que comienza por una letra anterior en el alfabeto. Solución que para tratar de evitar la discriminación por razón de sexo acaba conduciendo a futuros desajustes, como se ha señalado reiteradamente desde hace días, en la medida en que supone que paulatinamente irían desapareciendo muchos apellidos. Hay quien propone el sorteo para paliar este efecto. Hay quien apuesta por el apellido menos común [2].

En cualquier caso, son cuestiones menores. A mí me parece mucho más importante responder a la siguiente pregunta. ¿Ha de fijar una ley el orden de los apellidos? ¿Qué sentido tiene que se haga así, que haya una pauta obligatoria que hay que seguir necesariamente?

Porque de toda la discusión reciente, y más en general de la situación ya actualmente vigente, lo que a mí me llama la atención es la aparente incoherencia latente en el hecho de que nos parezca bien que el acuerdo de los padres pueda alterar una pauta de orden de apellidos pensada para facilitar la identificación de los ciudadanos y dar seguridad en la trazabilidad de su ascendencia. Si existe la posibilidad de que el orden se varíe y modifique a gusto  de los padres (algo que ya ocurre en la actualidad), ¿qué sentido tiene entonces tratar de poner pautas de pseudo-obligatoriedad en el registro de apellidos de los recién nacidos?

Siguiendo con el argumento, en ausencia de interés público alguno que justifique un determinado orden de los apellidos, ¿a santo de qué se nos obliga a imponer el materno y el paterno, por mucho que sea en el orden que más nos plazca (alfabético, por sorteo, determinado por la tradición machista)? ¿Por qué no podemos poner a nuestros hijos los apellios que nos dé la gana? Y llamarlos Fulanito Belenesteban, Menganito Marx, Juanito Microsoft o Zutanito Batman, por ejemplo, si nos viene de gusto. A fin de cuentas, todos los pijos y nenes pera venidos a más se meten guiones y apellidos compuestos en cuanto pueden, para darse pisto. Pues el pueblo llano que invente, directamente. ¿Acaso hay algún interés público en que, ya sea en un orden, ya en plan popurrí, pongamos los apellidos de sus papás a los niños?

La cuestión, a mi juicio, sólo admite dos respuestas con un mínimo sentido:

– Que, en efecto, no haya interés público alguno en facilitar la identificación y trazabilidad de los ciudadanos españoles, pues a fin de cuentas ya estarán debidamente «fichados» por medio de un número, el DNI, y no hace falta nada más. De modo que, al igual que ocurre con los nombres, lo mejor sería dar libertad a los padres para poner nombre y apellidos. Que elijan los apellidos que más les gusten, en el orden que quieran, de padre, madre, bisabuelo o tío en América. Que se los inventen, si prefieren. Que se pongan guiones, una y griega (ahora que ya no existe esta letra [3]) o todo tipo de «De»s, «Del»s o»De la»s para sonar nobiliario y dar imagen de posibles. Vamos, que se deje libertad a los ciudadanos. Total, ¿para qué restringirla, con qué finalidad?

– Si entendemos, en cambio, que existe un interés público asociado a la facilidad para identificar y trazar los orígenes de cualquier persona, es evidente que, en ese caso, la restricción de la libertad que ello permite imponer al Estado a cambio de coadyuvar a la consecución de ese interés público ha de generar una situación coherente con lo perseguido. Es decir, que si para cumplir esa finalidad fuera mucho mejor que todos los ciudadanos, siempre, tuvieran todos los apellidos en el mismo orden el mismo hecho de establecer un registro obligatorio con una obligación legal de mantener los apellidos de los progenitores obligaría a extender la exigencia al orden. Porque es evidente que, puestos a dar seguridad, mejor así. Se trata de una exigencia de previsibilidad lógica que la propia ley reconoce actualmente, y sigue reconociendo, entre hermanos (el orden decidido para el primero ha de respetarse para los demás). ¿Por qué se ve claro que es importante a esos efectos pero no con carácter global? Para mí es un misterio,  la verdad.

De modo que, si se restringe la libertad de los ciudadanos para poner nombre y apellidos a sus hijos con la misma libertad que se tiene para bautizar al canario, hágase de modo fijo. Siempre igual. Para todos. Y se acabó la discusión. Sólo queda decidir qué orden fijo tiene más sentido público en eras, de nuevo, a fomentar esa seguridad y estabilidad. Algo respecto de lo que no hay muchas dudas. Porque, en tal caso, asumidos estos argumentos, es evidente que tiene  mucha más lógica que vaya siempre primero el apellido de la madre, por eso de que mater semper certa est.  A fin de cuentas, como se decía cuando yo era niño, «nosotras parimos, nosotras…» apellidamos. En las parejas homosexuales en las que uno de sus integrantes dé a luz, pues de nuevo el apellido de la gestante primero. En las parejas de homosexuales donde el tema se resuelve con adopción, así como en el resto  de casos de adopción, pues a falta de gestante habrá que recurrir a otra vía: ahí sí, que se haga según decidan los padres pero fijando un criterio que será respetado con el resto de hermanos.

¿No piensan que organizado de este modo todo sería mucho más sencillo? Y, además, digo yo, estaríamos todos mucho más contentos. Desde las personas preocupadas por el machismo del actual sistema (que, paradójicamente, dicho sea de paso, están en realidad muy obsesionadas por preservar como sea los apellidos de… los padres de las madres de nuestros días) a quienes creen que el modelo actual no es suficientemente claro y rígido, pasando por los defensores de la familia y de quienes reivindican que socialmente hay que reconocer en mayor medida la importancia del hecho biológico de la gestación y el parto. Y, sobre todo, los que tenemos poca paciencia con esta moda española de que se haga bandera de identidad y cuestión determinante de tipo político lo que no son sino discusiones sobre cuestiones en realidad menores cuando no absolutamente absurdas

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Comments Disabled To "El orden de los apellidos"

#1 Comment By Otto von Bismarck On 8 noviembre 2010 @ 4:39 pm

Diga la verdad. Su apellido originariamente francés le tiene marcadamente acomplejado y se aferra a cualquier clavo ardiendo con el que poder relegarlo a las sombras de la inadversión (de inadvertido, creo que me lo acabo de inventar porque no viene en la rae) sin tener que renunciar por ello a su onvría cediendo ante una eventual fémina, lo que le catalogaría automáticamente como calzonazos.

Pues muy mal hecho, que una x interpalabril siempre le da a todo un toque elegante.

Hablando un poco más en serio pero todavía en broma, ya que cuando un muchacho y una muchacha se casan lo normal es que se pierda un hijo en lugar de ganar una hija, es hasta de justicia que por lo menos se conserve el apellido paterno. Las parejas gayers que se busquen la vida que si quieren ir contra la palabra de Dios es problema suyo, total, van a ir todos al infierno… (NOTA: si detecta la IP del tal Hestevan que escribió ancal blog de Guillermo con el civilization borre este por otra parte innecesario comentario).

#2 Comment By Gabriel Doménech Pascual On 8 noviembre 2010 @ 5:01 pm

¿Y por qué tiene que ser blanco o negro? Hay, ciertamente, una respuesta (libertad total) que es la que mejor satisface el interés de los padres (que no necesariamente el de los hijos). Y otra que es la que más adecuada para garantizar la «seguridad pública». Pero tal vez haya soluciones intermedias que máximicen la satisfacción global de estos y otros intereses legítimos. Las cestas integradas por varios tipos de bienes son, normalmente, las que más utilidad reportan a los consumidores.

#3 Comment By Andrés Boix Palop On 8 noviembre 2010 @ 5:38 pm

Otto, no he entendido nada porque:
– Boix es un apellido precioso, hombre, con su sonoridad catalana, referido a una plantita adorable como el boj… Si no habrá en el mundo mujer que lo quiera para sus vástagos, hombre de Dios! Además, le recuerdo que, al empezar por «B» está muy bien situado de cara al futuro.
– ¿Qué tiene su comentario que ver con la IP de otro comentario en otro blog sobre el Civilization?

Gabriel, podría comprar la explicación si alguien me razona:
a) qué bienestar para los hijos garantiza la norma actual frente a la total libertad (máxime si ellos también disfrutan de ella para cambiar sus apellidos a su gusto si así lo quieren);
b) qué necesidad hay de una regulación pública en materia de apellidos e identidad civil;
c) por qué los beneficios públicos de una regulación liberticida en la materia han de ceder ante la preservación y visibilidad de los apellidos de los papás de las mujeres actuales y, en cambio, no ante preocupaciones literarias, artísticas, lingüísticas, de homenaje o guasonas de los progenitores actuales.

#4 Comment By josé luis On 9 noviembre 2010 @ 1:07 am

Propongo otra capullada progre, tipo Pajín.

El calendario, si me permitís la expresión, es masculino. Claramente masculino. Y por tanto el cambio estará en el momento en el que la decisión… las decisiones importantes, trascendentales «deste país», además de las políticas que son las más importanes a mi modo de ver, estén tomadas también por las mujeres.

PS: Apellido materno… digo el del abuelo materno ¿no?, y así sucesivamente.
Machismo, machismo, machismo….

Y por cierto… si son dos hijos y más ¿cada uno un orden?, ¿ y si los apellidos son compuestos de los que le gustan a Andrés añadimos más lio?.

Mañana mismo me cambio todo, nombre y apellidos. A partir de ahora R2P2 y se acabó el problema.

#5 Comment By Gabriel Doménech Pascual On 9 noviembre 2010 @ 10:44 am

a) La norma actual no es, seguramente, la óptima. La propuesta del sorteo, o quizás la de dar preferencia al apellido materno, en ambos casos a falta de acuerdo, posiblemente supongan una mejora.

b) Puedo entender que sea necesaria una regulación de los apellidos (por razones, fundamentalmente, de trazabilidad y seguridad) y de los nombres (en interés de los hijos ante el peligro de tener progenitores «ocurrentes», que los hay).

c) El Derecho vigente ya permite a los padres servirse, hasta cierto punto, de los nombres de los niños para expresarse. Y, por lo que se refiere al primer apellido de los padres de las mamás, tampoco parece que convenga dar efectos retroactivos al nuevo régimen. ¿Hasta dónde deberíamos remontarnos para deshacer esta histórica desigualdad?

#6 Comment By Gavrilo Princip On 9 noviembre 2010 @ 10:45 am

Creí escuchar que en Alemania había una mucha mayor libertad para poner lo de los apellidos.
Exportado a España el sistema que propone Andrés habria obviamente mucha mayor libertad para los afectados. Y menos proyección inquietante de la sombra de los patriarcas de la familia.

Con todo; claro que no estaria bien ciertas limitaciones al orden público para evitar lesiones a la libertad del sujeto por parte de padres desaprensivos: Por ejemplo llamar a tu hijo «Pobre cazurro» (sin tener en cuanta que ya existen apellidos que por su propia existencia ya suenan denigrantes). El argumento de la «seguridad del estado» o simplificación administrativa para el tema de los apellidos, con los sistemas de coordinación que en teoría hay o se implementarán en el tema de los registros civiles con coordinación con los mandos de las Fuerzas de seguridad y tal; no me acaba de convencer justamente por eso (para eso ya tienen el DNI con el número).

#7 Comment By Otto von Bismarck On 9 noviembre 2010 @ 11:45 am

Joer Andrés, que falta de visión, en ese plan nunca invadirá usted Polonia.
A su apellido le pasa como al mío, que parece catalán pero es originario de Francia (si me equivoco comuníquemelo y me pongo a los pies de su señora). ¡Avergonzado debería estar tal y como lo estoy yo con el mío!

Y lo del amigo Esteban lo decía porque en la entrada citada salió con una pulmonía cristiana probablemente tras leer mi comentario donde decía que en el medieval total war II había matado al papa. Y como aquí había citado de pasada al club del pepino (que dirían en muchachada nui) pues lo mismo se sentía tentado.

Así que como conclusión de todo esto podemos inferir que entre sus defectos están una manifiesta filiación profrancesa y obligar a explicar los chistes cual mujerzuela. En el futuro limítese a decir que mi chiste es malísimo y de ese modo salvaguardará su onvría y la dignidad del blog.

Saludos.

#8 Comment By Otto von Bismarck On 9 noviembre 2010 @ 11:51 am

Se me acaba de ocurrir que podríamos animar esto añadiendo nombres chistosos que nos hemos encontrado en nuestra vida. Bueno, en verdad no deberíamos hacerlo, es solo una excusa para poner el nombre de una pava con la que coincidí en una optativa en la carrera:
Maria de los Ángeles de la Paz de Dios. Ahí queda eso.
Casi peor que un Kevin Costner Jesús de los Dolores.

#9 Comment By BunnyMen On 9 noviembre 2010 @ 1:11 pm

Bueno, voy a meter baza. Mi apellido es un poco al revés que Otto, que parece más francés pero es originario de Cataluña, bueno, la verdad es que se presta a confusión y toda mi vida en mi familia hemos recibido la pregunta acerca del origen.
Por supuesto, las hembras de mi familia han impuesto a sus vástagos este noble apellido por delante de esos horribles apellidos de origen plebeyo de sus parejas.

Ya una vez que he hablado de mi libro pasó a una cuestión. ¿No es esto hablar un poco del sexo de los Ángeles?, ya que, creo/espero que muy-mucho-pocas-mínimas serán las veces en que los padres no lleguen a consenso, y aún dejándolo en mala ocurrencia de estos como propone el articulo o en manos de la pérfida administración, le cabe a la criatura injuriada alterar/cambiar estos llegada la edad adulta. Muchos conoceremos casos en que el orden de apellidos ha sido alterado por uno mismo o hasta algunos que han recuperado su tercer o cuarto apellido familiar para ponérselo de primero.

Total, que la conclusión a la que quiero llegar es que, aunque tus padres sean unos cachondos mentales o la administración un desastre, siempre queda el recurso y consuelo, de que esto será temporal, y uno mismo puede arreglarlo llegada la edad, sin más repercusión que tu padre, Roberto Batman López, te desherede cuando cambies el Batman por Spiderwoman.

#10 Comment By galaico67 On 9 noviembre 2010 @ 1:49 pm

Tanta atención a la seguridad del estado..si ya la gente traga con el scanner corporal, de aqui a unos años acabaremos tragando que nos pongan un chip en el cuello, como a las mascotas y luego cada uno que se llame como quiera…ya lo avisó Swarzy..

#11 Comment By Gavrilo Princip On 9 noviembre 2010 @ 2:59 pm

Se me olvidó decir con el numero…y la foto (Aunque también pueden suceder fraudes con todo lo relacionado con el rostro).

#12 Comment By josé luis On 9 noviembre 2010 @ 4:22 pm

La ocurrencia gubernamental sobre el tema de los apellidos no me sorprende lo más mínimo.

Antes cité a Pajín, alterando un poco su discurso ( me faltaron las comillas).

Si fuera sólo una cortina de humo produciría risa pero es que no, se lo creen.

Seguro que se sienten muy satisfechos de haberse conocido por ese gran logro para la causa feminista.

#13 Comment By Karraspito for President On 11 noviembre 2010 @ 3:57 pm

«con el que poder relegarlo a las sombras de la inadversión (de inadvertido, creo que me lo acabo de inventar porque no viene en la rae)»

Inadvertencia:

[4]