«Chupones»

Un concejal del PSE fue ayer detenido por gritar, a la entrada de los príncipes en uno de esos actos a los que se entregan con denuedo en favor de la patria, «Chupones, chupones, muerte a la monarquía«. El señor, que debe de tener ya sus años, iba acompañado de su nieto, que debió de asistir impresionado a la exhibición de tolerancia de nuestro ordenamiento jurídico (o de la interpretación liberticida de algunos de sus agentes) respecto de la emisión de opiniones políticas cuando éstas no concuerdan con ciertos dogmas mayoritarios. No es algo poco habitual en España. Así que bien hará el chaval en irse acostumbrando.

La noticia, como casi siempre cuando se trata de proteger a la Casa Real de cualquier tipo de crítica o comentario negativo, es sorprendente. Conviene recordar que, según la Ley de Enjuiciamiento Criminal, la detención se puede producir exclusivamente en los casos previstos por esa ley y no en ningún otro, según señala expresamente su artículo 489. Caso de que una detención se produzca fuera de los casos previstos estamos ante un comportamiento no sólo ilegal sino delictivo.

Es el artículo 490 LECrim el que señala los casos en que la detención es posible con carácter general:

Artículo 490 LECrim. Cualquier persona puede detener:
1. Al que intentare cometer un delito, en el momento de ir a cometerlo.
2. Al delincuente in fraganti.
3. Al que se fugare del establecimiento penal en que se halle extinguiendo condena.
4. Al que se fugare de la cárcel en que estuviere esperando su traslación al establecimiento penal o lugar en que deba cumplir la condena que se le hubiese impuesto por sentencia firme.
5. Al que se fugare al ser conducido al establecimiento o lugar mencionado en el número anterior.
6. Al que se fugare estando detenido o preso por causa pendiente.
7. Al procesado o condenado que estuviere en rebeldía.

Además, el artículo 492 LECrim señala que la Autoridad (así, con mayúsculas) o cualquier agente de Policía judicial (es decir, cualquier agente de policía) tendrá la obligación de detener a cualquier persona que se encuentre en alguno de esos casos (a diferencia de la mera posibilidad que el art. 490 nos otorga a todos los ciudadanos) o a quienes estuvieren procesados, según en qué circunstancias (que detalla el artículo 492). Por último, conviene recordar que el artículo 495 LECrim prohíbe expresamente detener a alguien por cometer una falta.

Conviene esbozar mínimamente una conclusión, por lo demás obvia. Para que la Policía pueda (deba) detener a alguien ha de concurrir, con carácter general, una circunstancia: que alguien esté cometiendo una infracción (entiéndase por ello también acabar de cometerlo y estar en plena fuga, por ejemplo) o esté manifiestamente preparándose para hacerlo, pero que este incumplimiento sea lo suficientemente cualificado como para que se entienda necesario operar de manera tan agresiva con la libertad del ciudadano. Ha de tratarse, por ello, de una infracción penal. Y, además, de suficiente garvedad como para constituir un delito. Por último, respecto de delitos ya cometidos y donde la nota de inmediatez no opera, la actuación  policial, como consecuencia de que no hay urgencia alguna, ha de estar subordinada a la actuación judicial.

Resulta fascinante la seguridad de los agentes de policía implicados en este asunto en el sentido de entender claro y evidente que afirmar que ciertos miembros de la Casa Real sean unos «chupones» (según el dicccionario de la Real Academia, lo serían quienes «sacan dinero u otro beneficio con astucia y engaño) contituye un delito. Obviamente, hay muchos que entienden que se trata de una definición de lo más ajustada.

También parece difícil justificar que sea delito realizar una proclama tan impersonal y claramente política como gritar «Muerte a la Monarquía» (en la medida en que se trata de una afirmación genérica, no referida a persona concreta alguna y que no puede entenderse, ni por asomo, que constituya una amenaza contra nadie). Máxime cuando es una formulación tradicional y contrapunto absoluto y perfecto de los tradicionales «vivas» a la patria, al monarca o a quien toque.

Es cierto que aparentemente la detención se justifica en la negativa del regidor a identificarse, tras ser requerido para ello. Pero, ¿acaso estamos ante uno de los casos en que la ley de seguridad ciudadana permite a los agentes de la autoridad obligar a los ciudadanos a identificarse? Conviene recordar que su art. 20.1 sólo habilita a que se proceda a la misma cuando  «el conocimiento de la identidad de las personas requeridas fuere necesario para el ejercicio de las funciones de protección de la seguridad que a los agentes encomiendan la presente Ley y la Ley Orgánica de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad». No se trata, ni mucho menos, de una habilitación general y absoluta, sino sometida a que concurran ciertas circunstancias que la justifiquen.

Por supuesto, la actitud de este señor puede ser criticada y no tiene por qué ser compartida. De hecho, su partido político, como buen defensor de la institución monárquica que es, ya ha salido a la palestra a dejar claro que no comparten sus manifestaciones y que piensan que es un majadero. Condenan los terribles insultos proferidos («chupones», recordemos). Y los condenan «contundentemente«, quede claro. Bien está. Cada cual tiene derecho a pensar de un modo u otro. Y a poner a parir a los que piensan diferente. O a criticarlos por maleducado, que hay que ver, caray, qué falta de gusto, hacer pasar a los príncipes, con lo monos que son, ese trago.

La cuestión es si en una democracia liberal eso debiera ser motivo suficiente para detener a alguien. Hace no tanto vimos todos en la tele a un joven insultando a un presidente de una Comunidad Autónoma (democráticamente elegido, por cierto, lo que apunto sin ninguna intención), llamándolo ladrón y tal. ¿Alguien se imagina la que se habría montado (y con toda la razón, por cierto) si la policía hubiera procedido a detenerlo en el acto? ¿A qué se debe que a todo el mundo le parezca de lo más normal, en cambio, que se actúe así cuando el afectado es un miembro de la Casa Real?

Lo peor de todo es que este caso, como tantos otros, acabará, afortunadamente, en un nuevo ridículo a cargo de la Inquisición monárquica, facción juristas de servicio prestos a empurar a pringados. Pero, mientras tanto, el mensaje ya está debidamente trasnmitido y la moral cívica que se pretende imponer consolidada.



7 comentarios en «Chupones»
  1. 1

    ¡Bien! Que sigan dando estos espectáculos y haciendo amigos. Si es que se ahorcan solitos…

    Comentario escrito por Camarada Bakunin — 27 de mayo de 2010 a las 9:07 am

  2. 2

    De verdad a alguien le extraña????

    Comentario escrito por jordimercado — 27 de mayo de 2010 a las 10:55 am

  3. 3

    Si está tan claro, lo que hace falta es un buen abogado, que eche a los policías de la carrera y que saque una buena indemnización para el detenido.

    Saludos

    Comentario escrito por asertus — 27 de mayo de 2010 a las 1:45 pm

  4. 5

    El caso es que según se dice por Bilbao, los insultos fueron algo más que «chupones» y «abajo la monarquía». Parece que la cosa fue más grave…en cuanto a la detención, pues si te puede servir de algo para completar el comentario, por lo visto se debió poner al límite con la Ertzaina. Bastante al límite ¿suficiente para detenerlo? Pues no sé: sin dar opinión jurídica (lo cual no dice nada en favor mio), yo me imagino que si un día me pongo muy tonto con la poli, puedo acabar en comisaría fácilmente, sin tener que interpretar la LECri…

    Comentario escrito por J. — 27 de mayo de 2010 a las 6:46 pm

  5. 6

    En mi opinión aquí y en Pernambuco.

    Probad a hacerlo delante de Buckingham Palace o a tirarle un calcetín sudado a Obama.

    ¿ Os acordáis de los dos chicos turistas en Riga?.

    Yo no soy Jefe del Estado, pero si estoy con un grupo de personas y soy el único funcionario entre ellas, se acerca un energúmeno y dice a grito pelado «muerte a los funcionarios»… pues no se tú, yo por si acaso no le doy la espalda.

    Porque no nos equivoquemos, a los funcionarios sólo nos tienen un poquito menos de «aprecio», pero como somos bastantes más…

    Comentario escrito por josé luis — 27 de mayo de 2010 a las 10:11 pm

  6. 7

    Hombre, J., la cuestión cambia si los hechos son otros. Obviamente, lo que me extraña es que por algo tan nimio lo detengan. Si hizo más cosas…

    Asertus, clara no es la cosa como para afirmar que es una detención ilegal de libro. De hecho, yo me cuido muy mucho de hacerlo. La cuestión es que, si no está claro, mejor equivocarse del lado de la prudencia, digo yo. Insisto, piensa en qué estaríamos diciendo si hubieran detenido a quien insultó a Camps. O en cómo acabó, con Procesamientos por detenciones ilegales incluidas, lo de la pareja de jubilados que insultó a Bono en una manifestación.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 27 de mayo de 2010 a las 10:16 pm

Comentarios cerrados para esta entrada.

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