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Elena Kagan, propuesta por Obama como nueva juez del Tribunal Supremo de los EE.UU.

Finalmente, se han confirmado los rumores [1] y Barack Obama propone al Senado como candidata para sustituir al juez Stevens a la jurista y profesora Elena Kagan [2]. La elección es muy interesante por muchos motivos, máxime teniendo en cuenta cómo suele escrutarse cada pequeño dato de la biografía de los candidatos a la hora de analizar los equilibrios resultantes en el Tribunal Supremo. Básicamente, la elección de Kagan viene a significar, caso de que el Senado la confirme (lo que parece más o menos probable, según todos los comentaristas dedicados a estas cosas):

– que, por primera vez en su historia, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos no tendrá ningún juez de tradición religiosa protestante entre sus miembros (parece ser, por esas cosas que tiene la vida, que hay cierto sesgo en los estudiantes de Derecho en Estados Unidos que provoca desde hace años una sobrerrepresentación de judíos y católicos en sus aulas, y la composición en estos momentos de la Corte Suprema ha llevado esta tendencia al extremo -el día en que haya una mayoría de ateos está, sin embargo, por llegar, e incluso el día que un Presidente proponga un candidato abiertamente ateo parece también lejano);

– que, por primera vez en su historia, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos cuenta con 3 mujeres de entre sus 9 miembros (no hemos llegado a la paridad pero, a este paso, y para la tranquilidad mental de los muchos aspirantes descorazonados que pululan por ahí, no estamos ya lejos de alcanzarla un día de estos, con lo que concluirá este período en que previsiblemente ser hombre dificulta mucho poder ser elegido, para desesperación de no pocos… ¡ahí tenemos un motivo más para defender los hombres estas políticas de reequilibrio, pues en cuanto se alcance la paridad ya no sufriremos desventajas!);

– que, por primera vez en 40 años, un Presidente de los Estados Unidos propone para el puesto a un jurista sin ninguna experiencia judicial (a diferencia de lo que ocurre en Alemania, donde el Tribunal Constitucional es más de académicos que de jueces; o en España, donde hay cierto equilibrio pero en la práctica han seguido preponderando los académicos a la hora de la verdad; en los Estados Unidos la tradición aboga por jueces o, al menos, por juristas que han tenido experiencia como tales o han dedicado partes de su carrera a juzgar -algo, por lo demás, facilitado por el diferente modelo judicial de ese país, donde la legitimidad democrática del poder judicial se articula por vías diferentes a las europeas y que permite más y más flexibles intercambios y trasvases-), lo que permite (y también obliga a ) una aproximación a sus ideas y a hacerse una idea de cómo será como juez bastante diferente a la habitual, pues se basa en analizar sus trabajos académicos [3], su rigor, su calidad, las aproximaciones empleadas en ellos…

Supongo que habrá muchos otros elementos destacables respecto de la nominación y que podrán ir apareciendo en la discusión, pero personalmente me han llamado la atención esos tres. Por lo demás, Kagan es, al parecer, una excelente jurista. Moderada [4], como requieren los tiempos, pero dentro del mainstream del centro-izquierda liberal estadounidense, donde se ha ubicado siempre sin demasiadas estridencias ni generar excesivos recelos por parte de sectores conservadores. Tiene amplia experiencia «política», pues ha sido decana de la Facultad de Derecho de Harvard (si mal no recuerdo, de hecho, fue la primera mujer que era elegida decana de esa Law School en toda su historia) y allí debió lidiar con los inevitables equilibrios exigibles en tales casos. Al parecer, con cierto éxito de público y crítica y demostrando siempre esa posición más o menos centrada.

Es curioso, en todo caso, hasta qué punto se confirma Harvard como «cantera» demócrata para este tipo de nombramientos (es de suponer que el hecho de que Obama estudiara allí y fuera editor de la HLR ayuda a que las redes de contactos de quienes allí estudiaron les sitúen cerca de quienes hoy mandan en la Casa Blanca, con todo lo que ellos supone), del mismo modo que Yale lo ha sido en las últimas décadas para los republicanos.

Y me ha llamado la atención, dentro del escrutinio que se hace en los Estados Unidos de cada jurista propuesto para ocupar un cargo de estos, hasta qué punto está siendo destacado que Kagan, allí por donde ha pasado, no se ha caracterizado por llevar demasiado lejos aquellos planteamientos más de «centro-izquierda», «liberales», «progresistas» (o como se prefiera denominarlos). De hecho, una de las críticas que está recibiendo tiene hasta cierto punto que ver con esta cuestión y, en concreto, con uno de los iconos de la lucha «liberal» estadounidense cual es la acción positiva en favor de mujeres y minoría. Teniendo en cuenta que siempre es buen criterio para juzgar el compromiso hacia ciertas ideas y convicciones de una persona su comportamiento más que su retórica, que ése es el único indicio válido a tener en cuenta (así como ejemplo a seguir), las decisiones en materia de contratación de Kagan mientras tuvo esas responsabilidades en la Facultad de Derecho de Harvard serían cuando menos dignas de merecer un pequeño comentario, dado que menos de un 5% de las personas contratadas fueron miembros de minorías étnicas y menos de un 25% fueron mujeres [5]. Son unos números que están en los límites de lo que puede empezar a considerarse una desviación estadísitica anómala [6] y significativa dentro del contexto de las Universidades americanas.

Lo cual nos lleva a debatir si tiene sentido analizar esta cuestión desde un prisma como el referido. A si tiene sentido o no juzgar una política de nombramientos en una Universidad elitista a partir de si logra o no acercarse a la paridad de género y a la visibilidad y presencia de las diferentes minorías raciales del país. O si, por el contrario, sería lo mejor para Harvard, como para cualquier Universidad, seleccionar siempre a los mejores de entre los que quieran venir, con independencia de que sean hombres o mujeres; blancos, hispanos, negros o asiáticos.

Ahora bien, incluso en elcaso de aceptar esta última idea, de la que me confieso no demasiado distante pues creo que a la larga es la que genera beneficios sociales mayores, ¿acaso los resultados globales de la política de contratación de Kagan no demuestran un sesgo claro si, a la hora de la verdad, sólo se contrata a un afroamericano de cada 50? ¿De veras hemos de aceptar que la excelencia, clara e indubitada, no aparece con frecuencia, al menos no todavía y no en las Facultades de Derecho, en esos nichos de población? ¿Podemos estar seguros de que no hay un sesgo perceptivo que nos impide, en ocasiones, ver los méritos de quienes tradicionalmente son etiquetados como «segundones académicos» mientras que no cuestionamos nunca los valores y calidad ínsitos a la producción jurídica de los hombres blancos, en tanto que representantes de la cultura jurídica dominante tradicional en la que todos estamso insertos?

En resumen, que no sé si la crítica a Kagan por esta cuestión es justa o injusta. Pero da lugar a debatir sobre una cuestión que, sin duda, es del máximo interés y más resbaladiza de lo que pueda parecer a primera vista. Lo digo porque soy el primero en considerar que una Universidad de élite lo mejor que puede hacer es contratar a los mejores. Y si todos son mujeres, perfecto. Pero si todos son hombres, pues también. Lamentablemente, las cosas en la vida real no son tan fáciles. Porque también estoy muy acostumbrado, en mis apenas 10 años de trayectoria académica, a ver cómo en la Universidad, a pesar de lo mucho que se ha avanzado, siguen funcionando recelos machistas y prejuicios de todo tipo y orden. Lo que provoca, como todos conocemos y hemos visto, que sea fácil y frecuente el que, sistemáticamente, cuatro chorradas de un profesor trajeado, que va por la vida de serio, que no cesa de repetir en todos los foros cuán grande es su valía y calidad como jurista suelan ser tenidas por la comunidad académica como «aportaciones valiosas» o cuando menos atendibles (que vienen de un gilipollas, sí, te dirán muchos, pero que, dentro de lo que cabe, son tenidas en cuenta), mientras que la opinión dominante del colectivo sobre cualquier trayectoria femenina, tarde o temprano, suele dejar escapar una visión con un tufillo machista inreíble (que si la peluquería, que si está buena, que si es una adefesio… -uno ya no sabe qué es mejor, la verdad, porque estar buena parece que en estos sanedrines da puntos, pero tiene el riesgo de que si no te pones cariñosa con el acosador de turno sea pecado de lesa majestad-) y donde sistemáticamente se aprecia una valoración muy diferente si lo mismo lo hace un hombre (Fulano «es un tipo competente y ambicioso, pero que sabe de su materia» que si lo hace una mujer (Mengana»es una trepilla, dedicada a las relaciones públicas, pero sin densidad alguna como jurista»).

Y ojo, que estamos hablando, en España, de uno de los reductos más feminizados e igualitarios que existen, lo que obliga a tener en cuenta que las desviaciones que comentaré no son, en general, esenciales pero lo que obliga también a reflexionar cuán grave es el problema del machismo y la falta de iguales oportunidades si incluso en entornos excepcionales y privilegiados como el que yo conozco pasan estas cosas… ¡qué no ocurrirá, desgraciadamente, en la vida real, fuera de esta torre de marfil funcionarial!

Atención también, porque, la verdad, no creo haber caído en un entorno especialmente machista o carpetovetónico. Intuyo que, con alguna excepción no significativa estadísticamente (porque sexópatas dedicados al acoso de alumnas, becarias y todo bicho viviente debe de haber también en cierta proporción por ahí, de modo que que nos toque alguno entra dentro de lo posible), me muevo en un entorno más o menos homologable a muchas otras Universidades. Donde todavía funciona, como en toda la sociedad, ese doble rasero.

¿Es por ello una trayectoria como la de Kagan criticable? ¿Demuestra estar condicionada por ello o, por el contrario, no se la habría de poder atacar por ahí sin conocer con detalle, en cada caso concreto, a quién se eligió y por qué?

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#1 Comment By Andrés Boix Palop On 10 mayo 2010 @ 7:29 pm

Por cierto, que sobre las muchas cosas que se dicen y se tienen en cuenta a la hora de analizar una elección presidencial de este tipo, incluyendo la orientación sexual de Kagan, aquí hay un texto del NYT que da cuenta de muchas de las valoraciones al hilo de lo que se publicó, comentó, analizó, desde los más insólitos puntos de vista, respecto de la anterior candidata (finalmente aprobada por el Senado) de Obama, la juez Sotomayor.

[7]

#2 Comment By zulik On 11 mayo 2010 @ 12:29 am

ningún protestante¡ eso sí que es llamativo.
De otro lado, creo que el tema género en la Universidad, sólo se ve a partir de los 50 años, que o bien lo han sufrido o bien lo han generado.
saludos.

#3 Comment By (InVino)Veritas On 11 mayo 2010 @ 1:21 am

Curiosamente es posible que sean los democratas los que peor rato le hagan pasar a Kagan en sus sesiones de confirmacion. Sus opiniones respecto a los limites del poder ejecutivo (esto es, del presi) en su epoca en la administracion Clinton levantan dudas mas que razonables en los mentideros de orientacion izquierdosa. Respecto a los conservadores, pues probablemente no le hagan pasar por un gran via crucis. Al fin y al cabo en su etapa de decana contrato a un monton de Federalistas (para desmayo del resto del claustro), por lo que tiene un monton de amiguitos muy importantes en las filas conservadoras.

Sus opiniones sobre los derechos de los homosexuales pueden ser un punto delicado. Por una parte para los sectores de izquierda, porque ha manifestado en alguna ocasion que no cree que el matrimonio sea un derecho constitucional ( y como todo el mundo sabe los derechos constitucionales estan por encima de los humanos, los divinos y las leyes de la gravitacion universal, si hiciera falta).Por otra parte, al sector conservador no le hace gracia que sea una lesbiana, si bien no publica, bastante manifiesta (va a los saraos oficiales con la parienta) y que haya destacado en su oposicion sistematica a la presencia de militares en la Universidad. Harvard no colabora con el ejercito ni permite la presencia de reclutadores o tenderetes militares, fundamentalmente como protesta a la politica «Don’t ask, don’t tell». Eso a sus senhorias les podria parecer un poco antiamericano, rompepatrias etc etc…

Dejando de lado el debate sobre la okupacion judeocatolica del tribunal (judios 3, catolicos 9, protestantes 0) lo impresionante es que solo dos Facultades de Derecho (Harvard y Yale) se repartan el tribunal enterito… y luego hablan de la endogamia de la universidad espanhola!

Por cierto, tambien durante su etapa como decana la escuela de derecho destaco por dar defensa gratuita a los acusados de bajarse canciones del emule y por promocionar numerosas actividades anti-Ramoncin. Asi pues, es posible que no sean los conservadores los que torpedeen su nombramiento, sino alguna oscura conjura de la SGAE.

#4 Comment By Al On 11 mayo 2010 @ 9:43 am

Hola Andres;

Simplemente indicar que me da envidía el análisis que realizan en USA sobre sus jueces de máximo rango. Me gustaría que por estos lares se hicera un examen similar, y que publicamente se conocierá de que pie cojeda cada parte del TC… p.e. en el actual TC hay buenos profesores -la propia presidenta- pero no sabemos de que pie cojean en muchos temas, ni creo que lo supieran los propios electores del PSOE o del PP -p.e. con la elección de Aragon…-. O como un tio como Gay está en el TC.

#5 Comment By Andrés Boix Palop On 11 mayo 2010 @ 2:22 pm

Realmente, AI, ese escrutinio, a mi juicio, ha acabado por desbocarse y llega a ser una especie de inquisición de la corrección. A mí no me gusta demasiado en qué se ha convertido, pues conduce, de manera, creciente, a la elección de personajes sin demasiadas aristas públicas.

Por lo demás, tiene poco sentido aspirar a poder predeterminar con ese tipo de escrutinio cómo votará y se comportará un juez a posteriori. De hecho, en el modelo americano, eso deviene más y más difícil de predecir, incluso a pesar de que los nombramientos recaen, como decía, cada vez más en representantes de la corrección política, debido a la moda de poner a juristas cada vez más jóvenes. Algo que Bush hizo con enorme descaro, incluso con el puesto de Chief Justice, y en lo que Obama parece decidirlo a imitarlo. Aunque con ello aumentas, como es evidente, el horizonte temporal de tu influencia sobre el Tribunal, pues previsiblemente tus elegidos estarán allí mucho más tiempo, también se incrementa la imprevisibilidad en el comportamiento de los mismos. Recordemos que Stevens, el más «izquierdista» de los jueces, que es el que ahora se retira, fue seleccionado por Ford.

In Vino(Veritas), muchas gracias por toda la información. ¡Se te ve puesto! Cualquier dato adicional que apuntes será muy bienvenido. Es cierto, como dices, que Kagan no es muy popular, precisamente, entre la izquierda más militante. De su labor en Harvard, según tengo entendido, suele decirse que ella es la responsable de que su Facultad de Derecho «volviera a ser un lugar agradable para los conservadores». Se recuerda siempre, de hecho, su famosa calidez con la gente de la Federalist Society y la importante cantidad de juristas de esa orientación a los que contrató.

A mí esa amplitud de miras no me parece mal. Si se trata de ser capaz de ver los méritos de los que no piensan como tú y de tener en consideración sus opiniones, su valía y su interés, de hecho, me parece una actitud envidiable.

Lo de Harvard y Yale, en efecto, espectacular. ¡Y eso en un país con más de 300 millones de habitantes! Que tome nota la Complutense de Madrid, que nunca ha conseguido ni una décima parte de esa total preeminencia. Y eso, en un país más centralista y endogámico.

Por último, zulik, yo sí creo que en la Universidad española sigue habiendo machismo. No puede ser de otra manera, dado que la sociedad española lo es. Lo cierto es que no es tanto eso lo que me sorprende sino que seamos «tan» parecidos a la sociedad. Yo siempre había querido creer que ciertos entornos habían, por fuerza, de minorar estas cosas.

Por último, un análisis interesante de los trabajos académicos de Eugen Volohk, más detallado de lo que suele ser habitual entre los que están escribiendo sobre el particular. Y muy elogioso, entiendo.

[8]