¿Universidad o centros de capacitación profesional?

El proceso de Bolonia, nombre con el que nos referimos a la transformación a que está siendo sometida la Universidad española para lograr una mayor homogeneidad en sus métodos, contenidos y calidad respecto a lo que se entiende que son los parámetros europeos, está llamado a transformar más aún nuestra enseñanza superior de lo que de momento vemos. La verdad es que no se sabe muy bien a veces, o al menos esa sensación da, hacia dónde queremos ir. O quizá sí pero yo todavía no me he enterado muy bien.

De entre la bruma reguladora sí extraigo una línea clara: conviene que la enseñanza superior se acerque más (¡todavía!) a las exigencias del mercado, que suministre recursos humanos no tanto con una formación académica global como con cierto «entrenamiento» en el desarrollo de habilidades útiles en la dura lucha por ganar 1000 euros al mes que durante unos años espera a muchos jóvenes. Si además la cosa permite especializar en destrezas propias de alguna disciplina, tanto mejor.

Probablemente es muy importante disponer de un sistema de enseñanza que haga frente a estas necesidades. Pero, llámese Universidad o no, es preocupante que desatendamos las necesidades que también tienen, aunque se hagan quizá menos presentes y punzantes, nuestras sociedades de disponer de ciertas personas con una formación más exigente, más amplia, más académica o universitaria en el sentido tradicional del término. Hace tiempo que nuestras Universidades no la proporcionan. O, al menos, no lo hacen con carácter general. Gracias a ello estamos produciendo trabajadores cualificados, la mano de obra del futuro, proletarios del sector servicios. Y está bien que así sea, como ya decíamos. Por eso se han podido integrar a la perfección en la antes llamada «enseñanza superior» todo tipo de estudios que, a estas alturas, ya ni recordamos que antiguamente eran impartidas por escuelas normales, «universidades» laborales, academias de formación de peritos, de estudios de educación física… Y van llegando cada vez más y así seguirá la cosa en el futuro: centros artísticos, de bellas artes, conservatorios… todos ellos o han llegado o llegarán.

La cuestión es si, en el marco de este modelo de capacitación profesional, toca hacer también un esfuerzo formativo más global o si se trata de algo prescindible. Los Estados Unidos llevan años por esta senda, donde han descubierto que el propio mercado genera centros con diferentes prestigio y pretensiones. Y también que para los profesores la situación descrita, donde se les exige que enseñen a los estudiantes a especializarse más que otras cosas, es bastante cómoda. Pero no necesariamente buena para éstos.

Jack Balkin hace una reflexión interesante al hilo de lo que parece ser la reestructuración de las enseñanzas en el primer curso que asoma ya en el horizonte de Harvard, donde parece que, de alguna manera, se han percatado de la conveniencia de volver a criterios que, probablemente, a la luz de lo que en la Universidad española se está pidiendo, sonarían aquí «antiguos»:

One interesting feature of Harvard Law School’s first-year curriculum reform initiative is that, while it purports to make legal education more closely match the needs of first year law students, it moves against longer term trends in legal education that made the curriculum conform to the needs and interests of law professors.

As legal scholarship became increasingly specialized and interdisciplinary, it consumed an increasing amount of time and attention of law professors, particularly the most ambitious professors seeking to make a name for themselves for their scholarship.

As a result, many law professors found that teaching traditional subjects that were not the primary focus of their scholarship became a burden. Because research and writing increasingly became the demarcators of status in the profession, this created ever greater pressures for the law school curriculum to match more closely what law professors were writing and studying in their research. Hence the proliferation of seminars on the one hand, and specialized upper level courses on the other.

This meant, among other things, that there were incentives for the most ambitious professors to spend less time teaching first year subjects, and, when they taught them, to spend very little time working on them or preparing for them. This tended to complicate hiring practices. For each first year required course, a law school had to make sure that there were a number of faculty who could teach it in any given year, given leaves and desires to shirk responsibility. And the larger the student body in the law school, the more slots the school had to reserve for first year teachers.

In other parts of the university, introductory courses are often taught by untenured professors, lecturers, or adjuncts. Most of these would not get tenure or even be considered for tenure, so there was always a fresh supply of new people to teach the courses that senior scholars didn’t want to teach. But in law schools, most assistant professors still get tenure, and senior scholars must continually be recruited to teach the first year courses. Some people, like myself, enjoy teaching first year courses, but many others don’t, regarding it as a nuisance that detracts from their scholarly responsibilities.

La reflexión me resulta interesante, más allá de la mejoría o no que suponga un proyecto de reforma como el tratado, porque pone el acento sobre una realidad muchas veces ignorada: a veces el diseño curricular en nuestras Universidades, y las tendencias en que se inspiran, está más condicionado por la propia comodidad del profesorado que por una preocupación sincera por ofrecer la mejor formación posible a los estudiantes. No es ningún descubrimiento, claro. Pero sí conviene tenerlo en cuenta respecto de los usos y abusos que se empiezan a intuir en la reforma que viene: enseñanza en serie de poca intensidad y menos exigencia, donde los estudiantes se ven obligados a trabajar poco a cambio de que el profesor no trabaje casi nada. Pero, especialmente, la contrapartida para el profesor es que no se le exigirá casi nada, más allá de que aproveche de manera más o menos hábil su experiencia para-profesional (ya sea como investigador, conferenciante, dictaminador, juez, abogado…).

Y también es inevitable que algo así ocurra cuando, convertida la enseñanza superior en centros masivos de capacitación profesional, ees preciso dotarla de profesores. Se necesitan muchos. Y crearlos para que puedan hacer ciertas cosas es mucho más difícil, costoso e incierto (porque no todo el mundo valdría) que hacerlo para que sean meramente capaces de compartir y medio explicar aquellas concretas destrezas y habilidades que se piden a un currela de tal o cual ámbito. Si se hace, además, a partir del ejemplo de las actividades propias, mediante seminarios o el abuso de la realización de cuestiones de tipo práctico o experimental, tanto mejor. Porque tanto más fácil, menos exigente. Como mucho, en el peor de los casos, será necesario dedicar horas de trabajo. Pero no requeriremos de profesores con acreditada solvencia y formación. Casi cualquier persona, llegado el caso, con el entrenamiento adecuado, podrá dar clase.

Aunque a lo mejor convendría revisar qué ocurre con aquellos que, cuando nosotros emprendemos viaje hacia Bolonia, Ítaca o lo que sea, están, en cambio, de vuelta. Podríamos, quizá, aprender algo y a lo mejor se nos rebajaba la euforia que a veces nos embarga. La Universidad española está haciendo un gran trabajo cubriendo ciertas demandas pero, a cambio, desatiende cada vez de manera más manifiesta otras. Más allá de la discusión sobre si era o no la Universidad la que debía de ocuparse de lo que se ha ocupado (debate a estas alturas ya absurdo), la cuestión es si, adicionalmente, hemos de aspirar a que la Universidad, en España, se encargue de la enseñanza que podríamos llamar, en serio, superior. Y, caso de responder afirmamente, ¿cómo lo organizamos? O, si creemos mejor diferenciar claramente, ¿a quién le encargamos esta tarea?

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Enlaces relacionados: Algo más sobre las novedades que pretende introducir Harvard en el primer curso de los estudios de Derecho.



8 comentarios en ¿Universidad o centros de capacitación profesional?
  1. 1

    A mí este tema de los mileuristas (pijos de puta, a ver cuándo gano yo eso), y la separación entre Universidad y necesidades de la sociedad, me suena a debate de barra de bar entre borrachos que acaban de despertar del coma. O sea, que han descubierto la pólvora. Señores ex-tudiantes, hace 30 (treinta, tres decenas) años que el paro se instaló en España. Hace 30 años que sabemos que un montón de carreras conducen directamente al INEM. Hace 30 años que, aun así, la gente las sigue estudiando en manadas porque «así me realizo como persona», es decir, «no sé ni quiero hacer otra cosa». Hace 30 años que, tras acabar esa carrera y descubrir que Papá Noel no existe, todos nos quejamos no de nuestra estupidez y obcecación, sino de la sociedad que no acoge nuestra genialidad. Hace 30 años que sabemos que hay mucha mierda que tragar cuando empiezas a trabajar, con mucha suerte en lo que escogiste. Hace 30 años que se oyen y leen las mismas quejas, una y otra vez, y esperamos que la sociedad lo resuelva, en vez de dejar menos espacio al botellón y más a estudiar las carreras que nos darán empleo. Hace 30 años que cada año la mejor generación de jóvenes de la historia se cae del guindo, abre sus atónitos ojos a la Terrible Realidad, y supongo que pasarán otros 30 hasta que nos demos la überhostia y despertemos de una vez.

    Comentario escrito por Bocanegra — 18 de octubre de 2006 a las 4:43 pm

  2. 2

    Leo por encima, con mi inglés no llego a los matices, lo que se propone y las críticas a lo propuesto y concluyo que cualquier cambio que, en los estudios de Derecho, se oriente a hacer entender a los alumnos, cuanto antes, que el ordenamiento jurídico es un sistema con sus reglas, sus principios, sus elementos intercambiables… está genial.

    A veces me paro a recordar listas de datos que estudié en Derecho: porcentajes de bonificaciones de la Seguridad Social, listas de trabajadores incluidos en el ámbito de aplicación de este o aquel contrato, duración de penas… y sigo preguntándome, como lo hacía las semanas antes de examinarme, si eso es necesario. No estoy en contra de utilizar la memoria como instrumento de conocimiento o de inteligencia o como queráis llamarlo. Pienso que es importante memorizar y que nos hagan memorizar para que cada uno, poco a poco, vaya extrayendo, de lo memorizado, los factores comunes. Pero, si en ese cometido, te orientan para hacerte ver que hay un porqué a que, en un tiempo determinado, se apliquen bonificaciones o a que si cometes X delito tu pena puede estar entre Y o Z años, mucho mejor. Porque es más importante saber qué hay detrás de que se elija un órgano colegiado como fórmula de decisión, enlazo con lo que se plantea en artículo del informe del ácido bórico, y llegado el momento, si eso no funciona, el profesional del Derecho, que tenga criterios para modificarlo por otra fórmula inspirada en el mismo principio o en otro/s.
    Por eso, cualquier reforma que se encamine a hacer comprender desde antes eso, genial. Para eso creo que es importante buenos manuales en los que apoyar la reflexión del alumno, mucha, mucha dedicación también por parte de éstos para aproximarse a las razones de lo que estudian y no sólo a lo estudiado. Y, claro, profesores que quieran estar lado del alumno en su proceso.

    ¿Cómo están montados los estudios de Derecho en Alemania? Y en Francia?. Sin negar el ejemplo de Harvard, ¿otros países europeos están en el mismo punto que nosotros?. Pensaba que la situación de la Universidad en España, número de estudiantes y manera de enfocar estudios, era fruto de cómo en el S.XX pasó la Historia aquí.
    Respecto al papel de la Universidad como centros de enseñanza superior, en un sentido restringido, a mí, como proletaria del sector servicios, me parece necesario. Nos hacéis falta, pero cerca. Y os ele-váis.
    Este bloc puede servir como pequeño ejemplo de acercamiento. Gracias por eso.

    Comentario escrito por maría — 20 de octubre de 2006 a las 1:47 pm

  3. 3

    El problema es y sigue siendo de profesorado. No es que en España sea malo, es que el sistema de formación y selección fomenta y perpetúa las malas prácticas. Para poder promocionar, para estabilizarte, para lograrlo rápido todos sabemos que lo que es más inteligente es desarrollar una serie de estartegias que no son, precisamente, de lo más edificantes. La gente acaba llegando desviada y quemada. Pero no quiero desviar este asunto hacia lo que es una obsesión a lo mejor demasiado mía, la selección del profesorado, con lo que lo dejo como mero apunte.

    Comentario escrito por Marta Signes — 20 de octubre de 2006 a las 6:18 pm

  4. 4

    Acaban de aprobar una ley sobre el acceso a la profesión de abogado, que obliga a un examen o unos cursos tras la carrera. Parece algo contradictorio con la tendencia a la conversión de las licenciaturas en estudios de capacitación profesional.

    Comentario escrito por Marta Signes — 23 de octubre de 2006 a las 2:29 pm

  5. 5

    Efectivamente, la norma que regula el acceso a las profesiones de abogado y procurador ya ha sido aprobada. Digo yo que el BOE la publicará mañana y a lo mejor podemos hablar de ella con más detalle.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 23 de octubre de 2006 a las 6:42 pm

  6. 6

    Muchas gracias.

    Si se atiende a la encuesta del BBV –intento encontrar en Internet referencias a ella pero no lo consigo-, las universidades privadas españolas hacen el papel de escuelas técnicas y las públicas se están quedando desfasadas respecto a la preparación que demanda el mercado de trabajo?
    Si los planes de estudios son los mismos, lo llevan a cabo con actividades complementarias o reduciendo tiempo de la preparación teórica?
    El informe de Harvard reafirma la importancia de la preparación teórica?
    Marta Signes comentaba que parte de la responsabilidad de cómo forma la Universidad se localiza en la forma de acceso y selección del profesorado. Relacionado con eso llama la atención la falta de posts en tu artículo sobre la endogamia universitaria al presuponer que gran parte de los lectores de esta página y de LPD pertenecéis a ese mundo y conocéis bien el sistema de acceso.

    http://www.boe.es/g/es/bases_datos/doc.php?coleccion=iberlex&id=2006/18870&txtlen=1000

    Comentario escrito por Carmen — 14 de diciembre de 2006 a las 5:11 pm

  7. 7

    Desde aquí me comprometo a dedicar, a la mayor brevedad, un amplio post a la cuestión del sistema de selección de profesorado de la Universidad española.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 14 de diciembre de 2006 a las 5:15 pm

  8. 8

    Hola, ¿qué os parece esta propuesta?
    Sobre todo dirijo la pregunta a los lectores del blog profesores de Universidad.
    ¿Veis a vuestros alumnos más excelentes ejerciendo la judicatura el año siguiente de licenciarse?, ¿a los dos, después de pasar por la Escuela de Práctica Jurídica?
    A mí no me gusta. Me parece descabellada, desafortunada.

    http://www.elpais.com/articulo/espana/Gobierno/planea/mejores/expedientes/accedan/judicatura/oposiciones/elpepuesp/20071022elpepunac_4/Tes

    Comentario escrito por Mar — 23 de octubre de 2007 a las 9:02 am

Comentarios cerrados para esta entrada.

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