«Transferencia de conocimiento»

Una de las modas recientes en la Universidad es que los profesores sedientos de dinero que pueblan las aulas, una vez consolidado un sueldo fijo en la enseñanza pública, pretendan compatibilizarlo sin ningún problema con toda suerte de actividades privadas. Históricamente, tal pretensión se tenía por una sinvergonzada. Lo cual no significaba, claro, que no se tratara de hacer, por parte de algunos. Aunque más bien de tapadillo y con cierto discreto pudor. Pero ahora esta situación se ha normalizado tanto, ya que a fin de cuentas la carne es débil, las necesidades muchas y la recompensa no pocas veces jugosa (y, cuando más magra o misérrima, siempre encontrará a alguien a su nivel que desee pelear por ella), que empieza a ser complicado encontrar en nuestras Universidades a profesores que pidan la dedicación a tiempo parcial. ¿Para qué, si de una forma u otra puedo seguir formalmente a tiempo completo y dedicarme a ganar más dinero por ahí sin cortapisa alguna ni merma en mis ingresos por mis supuestas 40 horitas semanales?

Tal situación, absolutamente anómala desde una perspectiva de principio, pero frecuente y cada vez más en boga, tenía sólo una pequeña pega para lograr la total optimización, dado que el tiempo dedicado a engordar la cuenta bancaria puede rentar más si cabe si, de paso, logramos que compute a efectos de méritos docentes o investigadores. Vamos, que dado que el tiempo dedicado suele sacarse del que se supone que ha de dedicarse a la Universidad, ¡qué caray!, pues que se valore como mérito universitario. Y hete aquí que ya está impuesta, con la excusa de Bolonia una vez más,  la cuadratura del círculo: se entiende que trabajar por ahí, y cobrando, siempre que sea a cambio de pagar un pequeño porcentaje a la Universidad matriz, no sólo será legal sino que además contará como «investigación» porque constituye «transferencia de conocimiento» desde los centros de investigación a la sociedad. Cristina Garmendia encantada y el colectivo de profesores dedicado a la fundamentación teórico-dogmática del elemento objetivo del derecho constitucional a disponer en condiciones de igualdad de un BMW, versión gaudeamus igitur, atareadísimo. Si en este país cualquier constructor medianillo o un agricultor de pueblo al que le recalifican, qué quieren que les diga, más sentido tendrá que los profes de Universidad puedan también pisar a fondo con garbo. Que no han estudiado y pasado quién sabe cuántas oposiciones («y oposiciones públicas, ¿eh?, que quede claro») para que luego cualquier mindundi se les ría en la cara a base de mayor cilindrada.

Por supuesto, este reconocimiento investigador es de lo más razonable si se tienen en cuenta los múltiples beneficios sociales que genera esta transferencia de conocimiento. Benéficas consecuencias que, de tan fantástico que es el procedimiento, también llegan a la docencia, dado que, como es sabido, sólo puede enseñarse bien si se trabaja por ahí a diestro y siniestro porque de otra manera, ¿qué se va a enseñar a los estudiantes?, ¿qué credibilidad tiene alguien para enseñar lo que no practica?, ¿con qué cara miras a tus alumnos si vas en un utilitario humilde a clase que prueba tu incapacidad para rentabilizar como es debido tu presunta capacidad?

Hoy mismo aparece en los medios de comunicación una nueva aplicación de esta peculiar teoría justificativa. ¡Para que luego digan que la Universidad no produce ideas utilizables por el resto de la sociedad!



5 comentarios en «Transferencia de conocimiento»
  1. 1

    Te voy a poner un ejemplo:

    ¿Qué narices va a enseñar un profesor de arquitectura que no ejerce de arquitecto y no ha construído nada en su vida?

    Hay disciplinas y asignaturas para las que la experiencia profesional es valiosísima, e incluso imprescindible. No todo es abstracción teórica y conocimiento por el propio conocimiento. Hay carreras en las que un enfoque práctico es fundamental (Medicina, Arquitectura, Ingenierías, etc), y un profesor que trabaje y tenga experiencia laboral tendrá más ventaja que otro que nunca haya salido de su despacho. Obviamente también es fundamental que haya investigadores y teóricos, pero no entiendo ese empeño en demonizar todo lo que huela a empresa, consigna repetida hasta la naúsea por ciertos sectores antisistema.

    No hay por qué generalizar tanto ni ser tan categóricos. La Universidad, como entidad, es una institución que abarca muchas ramas del saber, unas con más aplicaciones prácticas que otras. Demos al César lo que es del César. No se puede pretender acabar con las menos «útiles», como se está haciendo con las Humanidades, pero tampoco es muy inteligente la actitud trasnochada y fantasiosa de «teoricemos todo lo que se pueda teorizar, y a la mierda el dinero y la empresa capitalista». La sociedad demanda profesionales formados y útiles. Démoselos. Pero eso no es óbice para que la Universidad siga siendo el templo del saber que se supone que es.

    Supongo que dependerá de la propia ética personal del profesor en cuestión, de la dedicación real que le preste a su trabajo como docente, y también, ¿por qué no? de que la propia universidad controle realmente el trabajo y la asistencia de los profesores. Uno de los problemas graves de la Universidad española es la mentalidad de funcionario «no-me-voy-de-aquí-hasta-que-me-muera» de gran parte del profesorado. No sé cómo se llega a ser profesor universitario, pero viendo las «virtudes» docentes de muchos (muchísimos) de ellos, es un sistema nefasto.

    Comentario escrito por Luis — 26 de marzo de 2009 a las 1:21 am

  2. 2

    Luis, como es evidente, ciertas materias pueden requerir de enseñanzas por parte de quien posean experiencia práctica. Y es obvio también que se necesita, en ocasiones, que haya profesores que la tengan. Pero no es exactamente eso de lo que estaba hablando. Recupero, por si no ha quedado claro, el principio del texto que escribía anoche:

    «Una de las modas recientes en la Universidad es que los profesores sedientos de dinero que pueblan las aulas, una vez consolidado un sueldo fijo en la enseñanza pública, pretendan compatibilizarlo sin ningún problema con toda suerte de actividades privadas.»

    Es decir, no sé si quedó claro, pero estoy hablando de una cuestión compatibilidades. Porque lo que no puede ser es que con la excusa «Michavila», con la argumentación que tú apuntas (a quien nadie puede negar sentido dependiendo de qué materias hablemos), se consienta:

    – la posibilidad de ejercer a la vez que se tiene un contrato a tiempo completo con la Universidad para desempeñar labores docentes e investigadoras;

    – la posibilidad de emplear medios públicos (despacho, ordenadores, bibliotecas, bases de datos, e incluso en ocasiones personal) que se proporcionan al profesor para desarrollar esas labores docentes e investigadoras para dedicarlos a esa actividad profesional privada por cuenta propia (aspecto éste, por cierto, especialmente grave, en la medida en que supone, además, un ejemplo de libro de competencia desleal con los profesionales del ramo instalados y que no disponen de esta «respiración asistida» por parte del Estado y se ven obligados a competir en precios con quienes no tienen gastos ni riesgo empresarial).

    Pues bien, ambas cosas están ya a la orden del día en la Universidad. Y eso es lo que no puede ser. Pero es que, además, ahora se ha decidido que esa actividad cuente como experiencia… investigadora. No tiene sentido. Si se entiende importante, valórese tal activo curricular como experiencia profesional (y, por cierto, en ese caso, que se valore también a los profesionales externos a la Universidad). Pero como el profesorado prefiere optimizar recursos y excluir competencia, ¿qué mejor forma de valorar esas actividades que como «investigación», que por definición sólo hará y solicitará evaluar como tal el que ya está dentro?

    Por este motivo, y como mencionaba arriba, «empieza a ser complicado encontrar en nuestras Universidades a profesores que pidan la dedicación a tiempo parcial. ¿Para qué, si de una forma u otra puedo seguir formalmente a tiempo completo y dedicarme a ganar más dinero por ahí sin cortapisa alguna ni merma en mis ingresos por mis supuestas 40 horitas semanales?»

    Y es que ese régimen es el sensato y razonable. ¿Queremos permitir a nuestros profesores que estén también, cuando valen, se arriesgan, se lo curran y les apetece, que estén en el mercado? ¿Entendemos eso enriquecedor y positivo? Pues bien, permítase a la gente estar a tiempo parcial (como de hecho se permite a quien lo pide).

    Es una opción honrada, que hace que el profesor actúe en el mercado como un profesional más, sin ayudas estatales encubiertas que desvirtúan la competencia. Es una opción respetuosa con la Universidad, en la medida en que se reconoce que ese profesor tendrá una dedicación menor.

    Pero, lamentablemente, es una opción llamada a prácticamente desaparecer. Porque puestos a poder arrasar con lo público, si te dejan, ¿para qué privarse?

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 26 de marzo de 2009 a las 7:56 am

  3. 3

    Andres te estamos leyendo y comentando en B.I.. me parecería bueno que hicieras un post sobre el proceso de Bolonia en este blog colectivo para que nos ilustres de primera mano. Te agradecería. Te mando la invitación para que te vincules a Blawggers Internacionales escribiendo…

    http://blawggersinternacionales.blogspot.com/2009/03/no-bolonia-dicen-los-estudiantes.html

    Comentario escrito por Gonzalo Ramirez — 26 de marzo de 2009 a las 12:51 pm

  4. 4

    Es increíble como catedráticos y titulares de Universidad compatibilizan su labor docente como funcionarios, y como tales sujetos a la legislación de incompatibilidades, con el ejercicio de la abogacía… En mi Universidad tenemos variados y muy ricos ejemplos. Administrativistas «de prestigio», profesor titular y catedrático en el caso que comento, ejercen luego la abogacía por lo privado. Lo más sangrante es que este catedrático luego las clases no las da, porque está en Madrid en su prestigioso despacho profesional, y sólo se desplaza a esta modesta Universidad de provincias de vez en cuando… Vergonzoso.

    Y cómo otro profesor titular de esta misma Universidad es magistrado suplente a la vez…

    Aquí nadie aplica la legislación de incompatibilidades más que cuando interesa aplicarla en un caso concreto, y ay infeliz al que interese coger…

    Comentario escrito por Leonardo — 27 de marzo de 2009 a las 8:56 pm

  5. 5

    También tendrá que ver ( aunque no lo sé, porque no tengo experiencia de primera mano con la universidad ) el hecho de que sean organismos autonomos a la hora de limitar el control interno que ejercen de sus miembros. Que digo yo.

    Comentario escrito por Ale — 09 de abril de 2009 a las 6:22 am

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