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El principio del fin del estado de excepción

La impresentable situación en que se ha visto estos últimos años el sistema de garantías estadounidense empieza a remitir [1]. El Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha decidido liquidar la excepción que daba sentido y significado a la aberración del campo de detenidos de Guantánamo, reconociendo a los mismos el derecho a acudir a tribunales ordinarios [2]. Como es evidente, se trata de un primer paso. Quedan muchos más para poder reparar la situación, por supuesto, porque el problema es de fondo, mucho más básico, de una degradación gravísima de las esencias de un Estado de Derecho [3]. Pero, aunque quede mucho para que se cierre el campo de detenidos más vergonzoso [4] que hemos visto últimamente (por haberlo montado quien lo ha montado, por ser una creación de un Estado de Derecho avanzadísimo), hay que felicitarse de que la inmensa mayoría de juristas que han denunciado en todo tipo de instancias esta aberración sean cada vez más comprendidos por la sociedad.

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#1 Comment By jasev On 13 junio 2008 @ 11:42 am

Y aún así, de los nueve jueces, la decisión ha sido de un cinco contra cuatro. Hemos estado a punto de ver al tribunal supremo de los EEUU sancionar la existencia de tribunales de excepción sin garantía legal alguna en tiempo de paz.

#2 Comment By Alejandro On 13 junio 2008 @ 12:49 pm

En efecto, es un primer paso; pero un gran paso. Y es -no lo olvidemos- una rectificación del mismo Estado que cometió el error.

Ser un Estado de Derecho avanzadísimo, y ser (querámoslo o no) la vanguardia de la civilización occidental, el «superyo» de la vieja Europa, conlleva con frecuencia servidumbres como estas aberraciones. Ahora, lo que deberíamos recalcar, es que el sistema, con sus defectos, ha permitido la rectificación. Que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos es precisamete eso, Supremo. Y soberano. Y que ni un Presidente respaldado mayoritariamente por las urnas, ni las cámaras que votan las leyes, tienen potestad directa para andar metiendo la cuchara en algo tan serio y tan crítico en una Democracia «de verdad» como es la Justicia.

España, tristemente, está muy lejos (¿más lejos cada vez?) del ideal de tener un Poder Judicial que no sea una mera prolongación del Ejecutivo.

Resumiendo: quedémonos con esos Estados Unidos, no con el estereotipo -basado en realidades que son sólo una parte de la «realidad global»- de un país que hace de su capa un sayo y se salta la ley a la torera (cosa execrable que toda potencia hegemónica viene haciendo desde que el mundo es mundo, por otro lado).