Propuestas 9-M: Acabar con la Seguridad Social

0. Introdución a la idea.
Propuesta 1. Financiación autonómica.
Propuesta 2. Reforma de la ley electoral.

Propuesta 3. Acabar con la Seguridad Social

Perdonen Ustedes, en primer lugar, el título un tanto agresivo de la propuesta, pero la cuestión es que, a día de hoy, creo más sensato empezar a asumir que tarde o temprano tendremos que liquidar la Seguridad Social y construir algo nuevo y diferente que tratar de aferrarnos con uñas y dientes a la defensa de un modelo que, entre los embates habidos y los que están por venir (y que todos sabemos ya a estas alturas, con toda certeza, que llegarán), tiene poco futuro y plantea enormes problemas de equidad con sus sucesivos parcheos. De modo que mejor acabar con el actual modelo de Seguridad Social, proponer algo más realista y eficiente para el futuro (y más justo, sobre todo) y ponernos, además, manos a la obra cuanto antes.

De eso se trata, no con la idea de lograr una alternativa acabada e intachable, sino con la de proponer ciertas pautas que creo sensatas que podrían orientar una reforma pero reconociendo de antemano que la intención, en este caso, es más provocar e incitar al debate y a la existencia de contrapropuestas que tratar de sentar cátedra. Vamos, en realidad, como casi siempre, pero esta vez con más motivo porque lo de hoy es más una inevitable ocurrencia que una propuesta acabada.

El actual modelo de Seguridad Social español presenta, como mínimo, los siguientes problemas (la mayor parte de ellos, además, compartidos con muchos otros de nuestro entorno):
1. Falta de viabilidad del sistema de provisión y previsión, dada la crisis demográfica y el espectacular aumento de la esperanza de vida. Los problemas en materia de ingresos no son sólo consecuencia de la crisis demográfica, pero ésta es la principal causa de los mismos, de modo que resueltos todos los demás tampoco la cosa tendría arreglo. Asimismo, los problemas en materia de gasto no sólo tienen su origen en la mayor expectativa de vida, pero de nuevo es el principal vector del problema. En ambos casos, además, parece que ambas tendencias se agravarán exponencialmente y que, de hecho, tampoco es demasiado malo que así sea.
2. El sistema mezcla fuentes diferentes de ingresos sin que esté del todo claro a qué atiende cada una y qué justifica el recurso a unas u otras. Aunque la base del mismo es que los trabajadores, con sus cotizaciones, sostienen a las clases pasivas, la ampliación de numerosas coberturas por razones de justicia, más allá de lo que podría ser soportado por un sistema de seguro colectivo, obliga a asumir que estas prestaciones, llegado el caso, sean compensadas por medio del recurso a ingresos fiscales. Esta fuente alternativa de financiación será tanto más importante en el futuro, cuanto insostenible sea cubrir todo con las cotizaciones de los ciudadanos activos del momento.
3. El modelo español de Seguridad Social está condenado a fracasar explicativamente por la contradicción interna en que vive inmerso: por una parte aspira a compensar a partir de criterios de capitalización pero, por otra, desea también ser un instrumento de reparto, por lo que ofrece coberturas diversas al margen de haber contribuido, a la vez que genera diferentes prestaciones según lo cotizado (pero, eso sí, con límites máximos).
4. El sistema es extraordinariamente opaco y no facilita la comprensión crítica por parte de los ciudadanos, desincentivando conductas racionales, de ahorro y potenciación de la eficacia. El modelo español, basado en que la mayor parte de la contribución a la Seguridad Social de cada trabajador la hace la empresa (con una enorme desproporción, al menos si comparamos con la mayoría de países de nuestro entorno, entre la parte que aporta el trabajador directamente de su salario y aquella con la que ha de contribuir la empresa), no facilita que los ciudadanos seamos conscientes de los efectivos costes del sistema, de por cuánto contribuimos y, en consecuencia, impide la percepción crítica sobre cómo se geestionan estos recursos.
5. Escasas, por no decir nulas, razones para mantener la confianza futura en el sistema: los expertos lo saben no viable a medio y largo plazo, los ciudadanos informados son conscientes de ello, todo el mundo asume que las prestaciones acabarán siendo más una consecuencia de los criterios públicos que, dentro de lo económicamente viable, determinen la pensión tenida por justa que la consecuencia de lo cotizado y la mayor parte de las personas con capacidad económica media y sentido de la responsabilidad, alentados por el Estado, contratan planes de previsión alternativos y complementarios. A esta falta de confianza contribuye la nula seguridad jurídica con la que los ciudadanos sabemos que hemos de trabajar a la hora de prever nuestro futuro: si bien la cobertura que ofrece nuestro sistema está asegurada en última instancia por el Estado (con lo que se hace difícil de imaginar que pudiera desaparecer del todo, algo que también hay que reconocer que, como mal menor, todos tenemos asumido; ¡aunque menguadísima y ridícula, una pensión pública no se evaporará del todo nunca mientras subsista el Estado!), el control de los poderes públicos sobre la misma permite modular a gusto de los mismos las prestaciones y exigencias para acceder a ellas, sin que hasta la fecha esta maleabilidad nunca se haya considerado problemática en términos jurídicos (por ejemplo el Tribunal Constitucional ha declarado en reiteradas ocasiones que nos encontramos en una relación determinada por el contenido de la ley donde no hay derechos adquiridos sino a lo mucho meras expectativas y, en consecuencia, no operan los límites a la retroactividad de las normas restrictivas de derechos en caso de limitación de las prestaciones).

Junto a estos cinco problemas esenciales podrían mencionarse otros, como el hecho de que el actual modelo no incentiva la solidaridad intergeneracional, sino que en cierta medida supone una coartada para el expolio por parte de quienes recibirán despoporcionadamente a lo cotizado a costa de quienes lo sufragan sabedores de que nunca tendrán prestaciones equivalentes; o la evidencia de que nuestro ordenamiento tomado en su conjunto no trata con equidad a las rentas del trabajo y a aquellas destinadas a la inserción social de los más desfavorecidos o a la compensación de quienes se hayan en situaciones comprometidas.

En cualquier caso, no es cuestión de extendernos sobre el particular, sino proponer un modelo de reforma de la Seguridad Social o, mejor, de «cosa» que la sustituya todavía por bautizar, que fuera radicalmente diferente.

A mi juicio, podría constituirse sobre los siguientes pilares:

1. La «nueva» Seguridad Social ha de constituir una red de previsión pública obligatoria para todos los ciudadanos, garantizando prestaciones y condiciones por ley, estableciendo además medidas que permitan una mayor confianza y previsibilidad. Aunque, a la vista del modelo propuesto, la mayor garantía del sistema sería su carácter de cobertura social de mínimos universal.

2. Para que ello sea posible ha de constituirse en un mecanismo menos ambicioso que el actual, asumiendo que su función no será la cobertura total de los ciudadanos, sino sólo una cobertura de mínimos, de subsistencia, que garantice a todos unas condiciones dignas de disfrute. La clave pasa de las personas que contribuyen y sus concretas aportaciones, de la cuantía por la que se ha cotizado, a la determinación de la renta mínima que entendamos que permitirá a cualquier persona vivir con dignidad aunque, y eso ha de quedar claro, también sin demasiada anchura y sin ningún lujo. De eso se trata.

3. Las prestaciones de la «nueva» Seguridad Social pública habrían de cubrir el mínimo imprescindible en condiciones de igualdad para todos. En materia de seguro de salud nos adentraremos otro día. Respecto al resto de prestaciones, por ejemplo jubilación, incapacidad o desempleo, las prestaciones debieran ser las que la sociedad entienda justas e imprescindibles para asegurar un mínimo vital digno a los ciudadanos, pero nada más. Esta idea ha de quedar clara, pues es clave para la arquitectura y viabilidad del modelo alternativo.

4. El sistema, en la medida en que ya no es de capitalización, habría de ser sufragado a partir de exacciones fiscales. Se trata de que, a través de toda la riqueza del país, y a partir de manifestaciones de capacidad económica, esto es, con una única fuente de ingresos, se cubran las necesidades mínimas que se juzguen necesarias. Para todos en términos de igualdad. La forma más justa y equitativa de obtener ingresos es, como es evidente, a través del modelo impositivo. De este modo se evita que los trabajadores financien exclusivamente con sus cotizaciones las imprescindibles pensiones de quienes no han contribuido y el esfuerzo se reparte entre todos.

5. La desaparición de las cotizaciones a la Seguridad Social permitiría hacer el sistema más transparente. Todos los ciudadanos tendríamos claro de dónde sale el dinero, no como ahora. Y sabríamos exactamente qué estamos pagando, cuánto estamos pagando, a qué niveles de renta o manifestaciones de capacidad económica corresponde lo que pagamos y a qué tipo de cobertura entre todos contribuimos (y, por cierto, también entre todos fijamos).

6. La traslación de cotizaciones sociales al sistema fiscal supondría una subida de impuestos pero, globalmente, los ciudadanos pagaríamos menos. El Estado sólo estaría obligado a garantizar, en condiciones de igualdad, por ejemplo, pensiones de mínimos vitales dignos. No haría por ello falta que el sistema aprovisionase fondos para pensiones o prestaciones «mejoradas». Con ello se liberarían rentas que quedarían disponibles para los ciudadanos. Como es obvio, los salarios deberían incrementarse con las antiguas prestaciones antaño pagadas a la SS por las empresas, dado que serían ellos los que harían frente, vía impuestos, al pago de cotizaciones derivado del nuevo modelo. Pero la idea es que les quedaría más dinero que antes, fruto de ese «ahorro» consecuencia de dejar de pagar un sistema de prestaciones basado en una supuesta capialización.

7. Como es obvio, cualquier ciudadano interesado en tener asegurada una situación de más comodidad en caso de desgracia o cuando le llegue la vejez habría de completar el aseguramiento de su situación con la contratación de sistemas de previsión adicionales. El Estado debería proporcionar un sistema de seguros público, basado estrictamente en la idea de capitalización, que completara y compitiera con el sector privado, para conseguir las economías de escala y la presión competitiva y en precios que se deriva de la existencia de un operador que no busca beneficio empresarial (pero sí equilibrio en sus cuentas) en el sector. Junto a esta posibilidad, el sector privado ofrecería productos alternativos a la oferta estatal de «mejora». Que podrían ser acumulativos. Y todos ellos superpuestos al sistema de mínimos vitales dignos universal. La mala noticia, dado que es obvio que ahora pagamos en general mucho menos de lo que deberíamos para garantizarnos las prestaciones que nos prometen (la trampa es que, claro, todos sabemos que en realidad nunca las tendremos quienes ahora empezamos a cotizar), es que lo normal sería  que si dedicáramos a ello el «ahorro» producido por la liberalización de rentas antes mencionadas la cosa, en el mejor de los casos, no cambiara demasiado. Los optimistas dirán que sí, que se lograrían mejoras en la eficiencia al liberar el sector. Pero no tiene por qué ser así. Y, en todo caso, la gente tendría que pagar el coste real de ciertas prestaciones, algo a lo que no estamos acostumbrados, porque ha sido y es más cómodo obligar a que lo paguen las generaciones futuras, en una pelota cada vez más inasumible.

8. Las pensiones del sistema de cobertura social no serían pues diferentes, ya habláramos de viudedad, contributivas o no contributivas. Todas ellas serían iguales. Se trata de una cobertura, como digo, de mínimos e igual para todos para asegurar una vida digna. Eso sí, probablemente el hecho de tener claro el concreto coste tanto del sistema de cobertura de mínimos universal como de los sistemas que contrataríamos para completarlos alteraría la percepción, al ser conscientes de cuánto suponen, respecto al punto de equilibrio adecuado, justo y equitativo.

9. La concreta cuantía de esta cobertura estaría referenciada al salario mínimo, sin que en ningún caso pudiera ser superior a un tanto por ciento del mismo (por ejemplo, al 60% del salario mínimo y así si el salario mínimo se fijara en 1.000 euros la pensión básica sería de 600). Esta medida traduce la necesidad de obligar a que, si la renta que se fija para poder subsistir dignamente es x, se trata de una evidente necesidad que el salario mínimo grantice como mínimo esa dignidad y algo más. De otro modo, trabajar no supondría estímulo alguno. Además, hay que tener en cuenta que las coberturas suelen recibirse en momentos de la vida a los que uno normalmente llega cuando ya ha hecho acopio de bienes y ha adoptado (más todavía con este sistema, que lo incentivaría) sus medidas de autoprotección o heteroseguro frente a la vejez o la desgracia, ya ha dejado atrás la parte de su vida en que la familia depende de uno y se ha de sacar adelante a los hijos, ya ha tenido tiempo de hacerse con una vivienda… y ya ha tenido tiempo de invertir en un plan de pensiones privado. Por último, esta vinculación de la cuantía de las pensiones a un porcentaje del salario mínimo tendría efectos sociales muy importantes, que evitarían el riesgo de que poblaciones crecientemete envejecidas recarguen cada vez más a las capas activas de la sociedad aprovechando el cada vez más abrumador peso demográfico de la personas mayores.

10. El sistema sólo puede funcionar si se hace una generosa traslación de la situación de quienes hemos (pero sobre todo, han) cotizado hasta ahora, sobre la base de entender esas cotizaciones hechas en la parte que se calculara al sistema público de pensiones de capitalización paralelo a la red de seguridad social pública obligatoria. Sólo de este modo se lograría respetar las situaciones pasadas y se trataría con justicia a quienes han cotizado ya muchos años. Probablemente este exceso de generosidad, necesario ahora, no sería entendido por algunos. A esas personas habría que explicarles que mejor que perdonen ahora un poquito (aunque no sea tan poco) y acepten un trato generoso pero que «clarifica» pro futuro la situación, que verse en la tesitura de pagar toda la vida por jubilaciones de oro que permiten mantener el tinglado de momento pero que, en la práctica, no conducirán a medidas de provisión ni mucho menos equivalentes a lo pagado cuando llegue el momento.

Dicho lo cual, quedo a la espera de los palos. Porque agradeceré mucho cualquier explicación que me demuestre cuán equivocado estoy. Mientras tanto, a ver si mañana podemos completar un poco el asunto y comentar algo sobre el sistema de seguro público en materia de salud y, más en general, sobre la sanidad pública.



15 comentarios en Propuestas 9-M: Acabar con la Seguridad Social
  1. 1

    Excelente post.

    Como trabajador de la Sanidad Autonómica Valenciana le pondré un ejemplo clarificador de «hacia donde vamos…a pegarnos la ñespla!!»

    Antes que nada, incidir que desde que se atomizó la sanidad «apañola» en 17 sistemas sanitarios las cosas han ido a peor, por mucho que digan algunos, sobre todo en Autonomias que han dilapido el dinero en complejos fastuosos, circuits de Formula 1 y demas mandangas en lugar de dotar de medios y profesionales su respectivo sistema sanitario.

    Ejemplo de «hasta que el cuerpo aguante y el que venga que arree!!!».

    La Conselleria convoca un concurso para la adquisición de un Sistema Informatico de Gestion de Laboratorio para el Hospital de XXXX. Se presentan 3 empresas multinacionales de contrastada calidad y solvencia. La Conselleria nos reclama un informe a los Facultativos del Laboratorio donde de forma razonada justifiquemos nuestra decisión al respecto. El informe técnico realizado por los responsables del laboratorio declara que la empresa YYYY es la idonea por una serie de razones que no vienen a cuento (y les juro que no me llevo comision por ello). Acto seguido, la Conselleria dice que todo menos esa empresa. Sorprendidos y estupefactos nos preguntamos porqué mientras en nuestro fuero interno nos cagamos en la madre que los parió (¿para que coño nos piden un informe si luego se lo van a pasar por el arco del triunfo?). ¿Por que la Conselleria hace caso omiso al informe de marras? Por que la empresa adjudicataria se niega a negociar la refinanciación de la deuda contraida por la Conselleria. ¿A cuanto asciende la deuda? Agarrense. Estamos pagando facturas con un desfase de 4 años!! La Consellería no les adjudicará el concurso so pena que nos condonen la deuda (o al menos los intereses). La empresa privada se caga en nuestra estamap y dice que en esas condiciones mejor nos vamos a la mierda. A fecha de hoy el concurso probablemente (y como nadie se baje del burro) se declarara desierto.

    Corolario. La Sanidad Valenciana no es que no tenga un duro, es que no tiene un duro y ademas tiene en la puerta a La Pantera Rosa, al Cobrador del Frac y demas acreedores haciendo cola!!! ¿Y ustedes creen que la empresa privada se chupa el dedo sabiendo que les pagaran de aqui a cuatro años? JA,JA. Solución: subir los precios un 25-30%. Estamos pagando por el material el precio que costará de aquí a 4 años y ni nos inmutamos. La deuda sigue creciendo, los intereses ni te cuento, cada vez hay que pagar mas y el que VENGA QUE ARREE.

    Que bonito ¿verdad? Pues así practicamente casi todas las «utonomias» en lo que a Sanidad se refiere. El pifostión se esta haciendo cada vez mas inevitable….

    PD. El otro dia vi «Sicko» de Michael Moore. Muy clarificadora. Vayan preparándose…

    Comentario escrito por Garganta profunda — 04 de marzo de 2008 a las 9:51 am

  2. 2

    Excelente post, en parte de acuerdo. Hay que solucionar la estafa piramidal y, pese a quién pese, alguien tiene que ceder un poco.

    El modelo de cobertura mínima me parece bastante correcto. Sobre todo porque un plantemiento «puro» de que cada uno elija parece duro de plantear, aunque fuese el deseable..

    Pero bueno un sistema de seguro social mínimo y, quién quiera más, que se pague un seguro privado, o compre acciones, o se compre 2 pisos para alquilar en la vejez….

    Respecto a las coberturas «no contributivas», deberían estar fuera del sistema, y pagadas con cargo a impuestos, para que todos sepamos qué cuestan. Y sí, las «deudas contraidas» por el estado con los cotizantes actuales, pues deben ser con cargo a impuestos, o a déficit (si no es tabú), pues al menos no sería un «déficit oculto», como es el sistema actual.

    Lo que entiendo también es que la parte de Sanidad está fuera del post, no?

    Saludos

    Comentario escrito por asertus — 04 de marzo de 2008 a las 11:02 am

  3. 3

    Suscribo lo comentado por garganta profunda. En estos momentos de autodeterminación contable, los sistemas de Salud estan prisioneros de sus acreedores, lo que trae consigo – en plan estafa piramidal- incrementos del coste de bastante más que un treinta ó un cuarenta por cien.Pero auditorias ¿para que? Vive la vida…
    Por el lado de las prestaciones, mi optimismo vital me indica que cada vez estamos más cerca de la epidemia de gripe que resuelva este problema…que no semos más que animalicos aunque nos creamos inmortales. En el 2003 estuvimos a un paso..

    Comentario escrito por galaico67 — 04 de marzo de 2008 a las 11:15 am

  4. 4

    Hombre, garganta. Sí acaso las cosas fastuosas serán cosas inútiles y sin ninguna competencia como los ministerios de sanidad y vivienda, o la copa américa que pagó el gobierno.

    El dato relevante es que, a pesar de que han perdido muchísimas competencias, empezando por educación y acabando en sanidad pasando por la policía en algunos sitios, los funcionarios estatales no solo no disminuyen, sino que aumentan.

    Es lo que tienen los derechos históricos.

    Saludos,
    pep

    p.s: Gran artículo

    Comentario escrito por popota — 04 de marzo de 2008 a las 11:50 am

  5. 5

    Me quito el cráneo, oiga. Excelente. Yo prometo votar al partido, aunque sea Falange Auténtica o el Partido del Cannabis, que ofrezca algo parecido en su programa. Pero no tienen cojones, ninguno, de perder el (numeroso) voto de los pensionistas y cuasi-pensinistas.

    Mientras tanto nuestros próceres discutirán sobre cuál fue la primera pregunta que hizo el Sr. Rajoy en clase de 2º de bachillerato, o si lo de la niña es mera obsesión patológica o implica claros indicios de delito.

    En mi opinión está claro que el problema principal es la transición de un modelo a otro, y de quién pierde y cuánto. Otro podría ser el más que probable mercado de competencia muy imperfecta que se daría. Por cierto, me parece muy buena idea la coexistencia de una empresa estatal (que no excluya la iniciativa privada) que suponga un acicate a la competencia.

    Me gustaría leer algún estudio serio sobre el tema, mejor si está centrado en el caso español pero sin excluir ejemplos ya existentes (el caso chileno, p.ej). Agradecería que el que sepa de su existencia lo comente.

    Saludos, y siga así señor Boix.

    P.S: Por cierto, he cometido la torpeza de crear un blog y la osadía de enlazarle. Espero que no se moleste.

    La dirección es: http://comoquerais.blogspot.com/

    Comentario escrito por Demócrito — 04 de marzo de 2008 a las 12:58 pm

  6. 6

    La verdad es que este blog es de lo mejorcito de la blogosfera, aun a pesar de la evidente «institucionalización» de su autor. Con mucho cuidadito, con formas muy suaves, con muy pocas ganas de salirse del carril, como se puede constatar en los recientes posts sobre el asunto de los Albertos, pero al fin emitiendo opiniones más o menos críticas, lo que aquí se escribe no es que sea demasiado valiente pero sí es instructivo y original.

    Pero tienes, Andrés, y perdona que te lo diga, demasiado miedo a que te tengan por un radical. Tu «ocurrencia», como tú mismo dices, sobre la SS la presentas con mil y una cautelas, con miedo casi, no sea demasiado «extravagante». Asumías, de hecho, que te iban a llover palos por todas partes y, preventivamente, ponías al mal tiempo buena cara.

    Pues no.

    Y me pregunto, ¿puede que a los partidos políticos en España les pase lo mismo, que tengan un miedo descomunal e injustificado a proponer reformas sensatas aunque valientes, asumiendo el riesgo de equivocarse?, ¿puede que en realidad fueran mejor acogidas de lo que todos tememos?

    Hace falta un mayor radicalismo en las propuestas. Porque si no todos acabamos, como tontos, debatiendo por 400 euros aquí o allá.

    Gracias por intentarlo. Es refrescante.

    Comentario escrito por Clara S. — 04 de marzo de 2008 a las 2:02 pm

  7. 7

    Menos mal que no borré el enlace.
    Una propuesta liberal donde las haya, en la que recuerdo que me chirriaron bastantes cosas pero que encontré hace tiempo, me pareció interesante y que además no tengo ni ganas ni tiempo para releer. Pero que lo mismo les interesa, y en esencia creo que es muy parecida a la suya:
    http://www.elcato.org/node/1357

    La situación descrita por garganta profunda se extiende a otros ámbitos, el que yo conozco es la obra pública. Aunque ahí se mezcla el tema de las bajas temerarias y que la ley de contratos con las administraciones públicas establece el principio ese de equidad y justicia financiera (creo que se llamaba) que hace que siempre se acabe pagando el oro y el moro.

    Pero al grano, el crítico de cine (pontifico de lo que no sé) voy a ser yo. No me gusta el modelo si no va con las cuentas hechas como el articulo de reforma del sistema electoral, mucho más erótico a mi juicio. Pero eso no le quita el mérito a andrés por la idea. Y a mi también me preocupa y mucho la transición. Llevo bastante tiempo dándole vueltas a si los fondos de garantía que han proliferado como setas entre los estados no son la hucha en la que están metiendo la pasta mientras la burra aguante para sufragar una transición a un nuevo modelo. Habrá que ver cuánto ahorramos hasta 2015-2020 que parece que es cuando se espera que empecemos a acariciar los números rojos.

    Por cierto, galaico, mi visión apocalíptica se basa en un hundimiento de la fertilidad y una explosión cancerosa por exposición a sustancias contaminantes, campos magnéticos y paralización de la selección natural desde hace unos cien años, lo que no se es si ocurrirá antes de que aparezca la cacareada técnica estabilizar el adn, o empecemos a seleccionar embriones incólumes en plan «Un mundo feliz» para descargar el sistema de salud. Que todo habrá que verlo.

    Mis peros:
    – esa renta mínima habría que ver cual es. Puede que no fuera mayor que la mierdapensiónyacomentada que nos quedaría actualmente.
    – Una empresa estatal no puede competir con la privada, eso siempre sale mal. A no ser que se refiera a que la estatal ofrecerá servicios medios, y las privadas deluxe. Pero estaríamos en las mismas. Un modelo ineficiente el publico, e insolidario y no universalizable el privado.
    -El tramo medio-bajo, que paga más que la cotización mínima, pero no puede pagarse un plan privado en condiciones será el machacado por un modelo de pensión mínima pagues lo que pagues (y ahora pienso en el eterno dilema, asalariados vs. autónomos)

    En fin, que mientras la gente no se muera estamos en las mismas. Quizás haya que dar dinero a los investigadores de virus además de a los del sector energético para apuntalar nuestra civilización. Me voy a comer que ya desvarío…

    Comentario escrito por Otto von Bismarck — 04 de marzo de 2008 a las 2:35 pm

  8. 8

    Hola
    El sistema de pensiones, nos pongamos como nos pongamos, depende que el personal palme, en promedio, antes de consumir su capitalito. Cualquier otro sistema no garantiza nada. Los ricos seguirán a salvo y los pobres las pasarán canutas.
    Los fondos de inversión, a largo plazo, no ofrecen rentabilidades como para compensar la inflacción ó las crisis económicas. Hablamos de series historicas muy pequeñas – ¿que son 50 años? y basadas en periodos en los que la dieta de Malboro y bacon con eggs hacia caducar con prontitud a los beneficiarios del sistema.
    Y como tampoco todos pueden tener tres pisos para alquilar ni rentas ó haciendas, ya se sabe desde el bueno de Malthus, los recursos son finitos y las necesidades infinitas, pues a rezar por una nada apocaliptica pandemia y que esta nos pase de largo.
    Hagan cuentas con la excel, ponganle un ¿moderado? beneficio del 8% anual a su dinero y prueben a ver cuanto tendrian que apoquinar y lo que valdría ese dinero a la hora de su jubilación. Y que no hubiera una etapa de hiperinflacción a causa del petroleo….
    Aunque tambien podriamos jubilarnos en Mozambique ó Ceylan. Alli si que seriamos los reyes del mambo.
    Saludos, prusiano.Ves demasiadas peliculas. en Africa sigue habiendo selección natural

    Comentario escrito por galaico67 — 04 de marzo de 2008 a las 7:26 pm

  9. 9

    2.8 NOTA EN RELACIÓN CON LA PRETENDIDA “QUIEBRA” DE LA
    SEGURIDAD SOCIAL EN 1996.

    Según declaraciones del Partido Popular, reiteradas por Mariano Rajoy en el debate celebrado el 25 de febrero, la Seguridad Social estaba en quiebra en 1996 y tuvo que pedir un préstamo a Instituciones Financieras privadas por un importe de 100.000 millones de las antiguas pesetas (600 millones de euros) para hacer frente al pago de parte de las pensiones de ese año.
    La verdad es que el préstamo que se solicitó fue de 85.000 millones de pesetas (511 millones de euros) y tenía como único objeto atender un desfase transitorio de Tesorería que se produjo a final del año 1996 y que se resolvió a través de un crédito obtenido de la banca privada que se canceló a principios del año siguiente.
    La razón de esta medida es sencilla: En 1996, debido a la devolución al Gobierno del Proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para 1996, se prorrogó el Presupuesto de 1995. A la vista de ello, y para permitir la solución de algunos problemas presupuestarios que podían surgir con la
    prórroga, se dictó el Real Decreto-Ley 12/1995 sobre medidas urgentes en materia presupuestaria, tributaria y financiera, cuyo artículo 3 establecía que “El Gobierno….. promoverá durante 1996 las modificaciones presupuestarias necesarias para incrementar la participación del Presupuesto del
    Estado en la financiación de la Sanidad Pública”.
    Existía, pues, el mecanismo legal para aprobar modificaciones presupuestarias que permitieran aumentar las transferencias del Estado a la Seguridad Social.
    Estas modificaciones, sin embargo, no se realizaron. Si se hubieran hecho, el Estado podría haber transferido a la Seguridad Social los 511 millones de euros que necesitaba para hacer frente al desfase transitorio de tesorería que surgió a final de año y no hubiera sido necesario solicitar el crédito a la banca privada por ese importe.
    Hay que tener en cuenta que, en el año 1996, el sistema de Seguridad Social, además de sus propias prestaciones, gestionaba la sanidad de las diez Comunidades Autonomías que no tenían transferidas las competencias en esta materia.
    De hecho, los derechos reconocidos por cotizaciones sociales ascendieron en 1996 a 54.694 millones de euros y los gastos por prestaciones contributivas de ese mismo año supusieron 54.519
    millones de euros. Es decir, la diferencia entre cotizaciones y prestaciones dio lugar a un ligero superávit de 175 millones de euros, de forma que el déficit de 1.880 millones de euros registrado en la Seguridad Social se debió a la insuficiencia de ingresos para financiar la sanidad.
    Para hacer frente a ese déficit ocasionado por la financiación de la sanidad y garantizar el equilibrio financiero de la Seguridad Social, a través de los Presupuestos del Estado prorrogados se concedió en 1996 un préstamo a la Seguridad Social por importe de 2.670 millones de euros (misma cifra que
    en 1995). De este importe, 1.880 millones de euros se destinaron a financiar el déficit y el resto se destinó a la cobertura de diversas operaciones de activos financieros. Esta situación también se
    reprodujo en 1997 y 1998, años en los que la Seguridad Social registró déficit de 1.055 y 1.520 millones de euros respectivamente y el Estado le concedió préstamos por importe de 3.039 millones
    de euros y 2.858 millones de euros, respectivamente.
    A partir de 1999 toda la sanidad pasó a financiarse íntegramente mediante transferencias del Estado y, por ello, en 1999 la Seguridad Social registró un superávit de 502 millones de euros, puesto que ya todas las cotizaciones sociales se destinaron a financiar sólo prestaciones contributivas y no había que destinar parte de las mismas a financiar la sanidad. Esta situación ha permitido que desde 1999 hasta el momento actual la Seguridad Social haya registrado todos los años un superávit, que en 2007 ha ascendido a 13.085 millones de euros.

    Comentario escrito por Libro Blanco de ZP — 05 de marzo de 2008 a las 10:02 am

  10. 10

    Gracias por el enlace, señor Bismarck, me está siendo de utilidad.

    Comentario escrito por Demócrito — 05 de marzo de 2008 a las 11:58 am

  11. 11

    Andrés, ¿no sería más claro adoptar la filosofía de la Renta Básica?

    Saludos

    Comentario escrito por Antonio Pan — 06 de marzo de 2008 a las 1:23 am

  12. 12

    Gracias por el enlace, Demócrito.

    Muchas gracias por el artículo que nos comentas,Otto. Es verdad que es muy interesante.

    Respecto de lo que comenta Antonio Pan, me parece que el modelo de la reta básica tiene problemas: parece amparar, justificar o al menos así se entiende por muchos un supuesto derecho a no trabajar. A mi juicio, una cosa es desplegar mecanismos de solidaridad, todos los precisos, para los que tienen dificultades, y otra establecer un modelo social que parezca desincentivar el trabajo y convertirlo en «optional extra». Con todo, quizás esta percepción por mi parte se deba a que no conozco con mucho detalle cómo funcionaría lo de la renta básica. Encantado de que nos ilustres.

    Creo, por último, que la reflexión de Clara es muy interesante y que, en efecto, es significativo que no haya habido, en general, nadie que se haya llevado las manos a la cabeza. Probablemente nuestros partidos políticos confían en la ciudadanía bien poco y se fían más de sus especialistas en encuestas y analistas políticos que en los análisis sosegados, con la ayuda de expertos, respecto de los grandes problemas que tenemos. Probablemente es una obligación ciudadana colaborar con demostrarles que hay otra forma de hacer política y que daría más réditos de lo que ellos creen. En eso estamos todos, así que gracias por vuestras reflexiones.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 07 de marzo de 2008 a las 11:24 pm

  13. 13

    Excelente artículo, si señor.

    Sólo decir que el modelo sanitario actual tampoco es de lujo. Por lo menos, no lo es en el momento en que has de esperar meses para ciertas pruebas, operaciones o similares, o que el tiempo que dedica un médico de cabecera a cada paciente es inferior a 5 minutos. Difícilmente se puede recortar gran cosa aquí.

    Personalmente, desconfío de los modelos privados. Vistas las crisis financieras que de tarde en tarde nos sacuden, no veo yo que las aportaciones que pueda hacer a un plan de pensiones estén totalmente garantizadas. A 30 años vista, no me fío de nadie, ignoro a qué destinan los fondos esas entidades y puede que acabe estallando como un sistema piramidal. Como ahora están en fase de captación de fondos, no hay ningún problema, pero ignoro qué pasará dentro de 40 años, cuando la cantidad que tengan que entregar a los beneficiarios sea superior a las aportaciones de los nuevos cotizantes. Tengo algo más de confianza en el Estado.

    Respecto a la medicina privada, tampoco me inspira confianza. La mutualidad funciona mejor que la SS para un parto o si te rompes la tibia jugando al fútbol, pero para operaciones de envergadura, mejor la SS; descontando los cuatro centros elitistas a los que pueden acudir el rey y dos docenas de grandes magnates, el resto carecen de los medios (que son muy caros) para realizar cierto tipo de tratamientos. Por una cuota de 40 euros al mes, no les sale rentable la cirugía coronaria, como tampoco salen rentables los achaques propios de la tercera edad; en ese momento es cuando te niegan intervenciones o te mandan con una palmadita a la espalda a la clínica del Seguro.

    Finalmente, estoy de acuerdo en que deben buscarse distintas vías de financiación. El sistema actal de financiación tiene los días contados, pero nada impide una aportación directa del Estado. A fin de cuentas, mejor subvencionar eso que al cine español, ¿no?

    Comentario escrito por Lluis — 28 de marzo de 2008 a las 4:44 pm

  14. 14

    Otro trabajo, estadounidense, sobre el tema en:

    http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1087367

    Abstract:
    Few federal programs are as well known and as widely misunderstood as Social Security, despite its national prominence in matters both political and economic. As efforts to reform this creation of the Great Depression era are likely in the coming years, this article examines the principal myths surrounding this program to set the stage for evaluating possible revisions. The myths considered in this article include the following: (1) there is a trust fund, (2) Social Security does not increase the federal budget deficit; (3) retirees are only recovering their own money, (4) Social Security will not be there when one retires, (5) retirement benefits are proportional to one’s lifetime earnings, (6) Social Security favors two-income married couples, (7) Social Security favors long-lived marriages, (8) one could do better investing directly, (9) working after retirement makes financial sense, and (10) retirement benefits are taxed more heavily than other pension payments.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 18 de abril de 2008 a las 1:47 pm

  15. 15

    No sé si la nueva propaganda esta será lo mismo o mejor o peor, pero lo que está claro es que yo tuve hace 10 AÑOS un accidente TRABAJANDO, y estuvieron a punto de embargarle la casa a mi madre, porque la pobre me avalaba en un vehículo.
    Todo lo tuve que malabaratar para que no le embargaran a ella su casa y nos vieramos en la calle.
    Actualmente tengo 33 años, los traumatólogos coinciden en que mis lesiones me impiden trabajar, pero la Seguridad Social en España, no me declara la invalidez.
    Si va a quebrar que quiebre y no engañen mas a las personas, que nadie se confíe de que está protegido ante un accidente laboral, porque no lo está. La ley en España no se cumple, ese es el único problema, y la prevaricación de los funcionarios está a la orden del día.
    Actualmente, no hay nadie que me pueda revatir mis pruebas legalmente, en estos momentos se mas de mis derechos que los propios abogados, en estos momentos lo único que justificaría lo que me han hecho es la prevaricación de los funcionarios de la administracion de la Seguridad Social y Judicial.
    Si ellos siguen prejubilandose, si siguen cobrando sus pensiones, y si el presidente sigue cobrando su renta vitalicia al final de su mandato, eso quiere decir que para ellos las cosas están bien.
    Lo que quiero decir es que si tiene que quebrar que quiebre, o si no, que cumplan la ley, que para eso está.

    Comentario escrito por El Informático — 01 de abril de 2010 a las 2:39 am

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