Mitos y realidades de la Universidad española (I): Rankings… ¿a qué quieres que te gane?

En unos días comienzan los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, un acontecimiento de dimensiones planetarias que no es fácil sobredimensionar en lo mediático o económico. Para bien o para mal, con razón o sin ella, el éxito deportivo es considerado en nuestras sociedades un fuerte indicativo de que un país va bien y sabe lo que se hace. Esta importancia innegable de los Juegos, además, lo es desde hace al menos un siglo… en su era moderna. Porque, como es sabido, el deporte y los Juegos también fueron muy importantes en la Antigüedad. El prestigio asociado a un buen desempeño atlético ha hecho que desde siempre se juzgue a países y grupos humanos como más o menos exitosos a partir de sus victorias en este campo.

Afortunadamente para España, como a todos nos consta, la parcela deportiva es uno de nuestros grandes orgullos. El deporte español vive una época dorada, con éxitos de todo tipo que son evidente reflejo del indudable avance de nuestro país a todos los niveles. Ya se sabe: “Soy español, ¿a qué quieres que te gane?” (el arraigo en la conciencia social de nuestro éxito como país en esta parcela hace que la frasecita de marras tenga ya más referencias en Google que no pocos refranes de toda la vida).

Obviamente, más allá de lo bien que refleja la expresión el carácter dominante en la España de nuestros días, hay un poco de exageración en eso de que los españoles ganemos en todo, ¡qué le vamos a hacer! Ahora bien, parece evidente que nuestra sociedad está bastante satisfecha respecto de cómo rinden nuestros deportistas por ahí, considerándose de forma casi unánime que en relación a nuestra población y grado de desarrollo, sin duda, obtenemos mejores resultados de los que nos corresponderían en buena lógica. Y ello porque somos, sencillamente, muy buenos en esto. Nos lo curramos. Lo hacemos bien. Y los resultados recompensan tantos esfuerzos bien orientados. ¿A qué queréis que os ganemos, pringadillos?

Así, como puede comprobarse, España ocupa la posición nº 29 del medallero histórico de los Juegos Olímpicos de la era moderna. Justo por detrás de Turquía (28ª), un país más grande y poblado pero más pobre que España, y, eso sí, por delante de Bélgica (30ª), nación mucho más pequeñita aunque más desarrollada pero unos pringados en esto del deporte comparados con a-qué-quieres-que-te-gane. Estados Unidos, Rusia, Alemania, Japón, China, Francia, Italia o Reino Unido, todos ellos, están entre los quince primeros del ranking, como corresponde a países que, ya sea por población, ya por grado de desarrollo, ya por ambas cosas, lideran estas y otras actividades.

Es cierto que España se ve penalizada en este ranking, no obstante, por su escaso nivel de desarrollo durante gran parte del siglo XX. En este sentido, los éxitos deportivos españoles no sólo reflejan lo bien que lo hacemos como país sino, también, lo mucho que hemos mejorado. Para hacernos una idea más acabada de ello, lo mejor es comprobar nuestra posición en los últimos cinco JJ.OO., que no sólo abarcan dos décadas enteras, tiempo suficiente para identificar las más recientes tendencias, sino que además son los producidos después del gran salto adelante que supuso el impulso al deporte y al olimpismo en nuestro país derivados de la celebración en 1992 de unos juegos en Barcelona: decimoterceros en Atlanta 1996, vigesimoquintos en Sidney 2000, vigésimos en Atenas 2004, decimoquintos en Beijing 2008 y vigesimoprimeros en Londres 2012.

España, en definitiva, demuestra con el deporte, que tan bien se nos da, que somos un gran país. Aunque por población somos únicamente el 29ª país del mundo, posición que replica exactamente nuestro lugar en el medallero histórico, gracias a nuestro nivel de desarrollo, a la forma en que nos hemos sabido organizar y a cómo el país ha mejorado en las últimas décadas, podemos considerar que, más o menos, estamos ya entre los veinte primeros países del mundo, a juzgar por los resultados más recientes (entre el puesto 15º, si somos optimistas, y el 20º). Y es que, ya se sabe, vivimos la edad de oro del deporte español. ¡Esa suerte tenemos! ¡Deberíamos sentirnos afortunados! Bueno, de hecho, así nos sentimos. Y lo recordamos cada dos por tres saludando lo bien que lo hacemos.

Desafortunadamente, en otros ámbitos casi tan importantes para una sociedad como el deporte no vamos tan bien. No lo sabemos hacer. Es lo que ocurre, por ejemplo, con nuestras Universidades, que son un conocido desastre, como en general lo es todo el sistema educativo español, y particularmente nuestro modelo de educación superior. ¡Nos iría mucho mejor si fuéramos capaces de hacerlo tan bien como lo hacemos en el ámbito del deporte!

No sé si tiene sentido recordar con datos hasta qué punto estamos mal, porque nos los repiten a menudo. Pero, por si acaso, vamos allá. Y es que ya se sabe, no hay ninguna Universidad española entre las 10 mejores del mundo. Ni entre las 100 mejores. ¡Ni siquiera entre las 200 mejores! (O bueno, quizás haya una, pero para compensar tampoco entramos en el Top 50 europeo). Es bastante inquietante, la verdad. Especialmente en un país donde nos cuesta leer esto de los datos y las tablas más o menos bien (como bien se recuerda aquí, de esos estudios en realidad se podría deducir perfectamente que lo que tenemos es el 8º sistema de Universidades del mundo y, además, low-cost). Pero no nos despistemos, que lo importante, según nos cuentan siempre, es que todo esto dice muy poco de las prioridades de un país que, mientras hemos logrado asombrar al mundo en lo deportivo, nos arrastremos por ahí con un sistema universitario claramente tercermundista a la vista de los indicadores, ¿no?

Las Universidades, esencialmente, aportan formación a la población e investigan. Por ambas vías diseminan conocimiento (transfieren, se dice ahora, pero este nombre vale sólo cuando se cobra por ello, al parecer). Medir la capacidad formativa de cada sistema de educación superior es complicado, como es sabido, y no hay muchos rankings específicos al respecto, pero podemos partir de la base y de la asunción de que, si el sistema universitario español es un desastre y las clasificaciones globales también tienen esto en cuenta, pues lo debe de hacer bastante mal. Por cierto, además de dar mala formación, probablemente nuestro sistema orienta, además, muy mal sus esfuerzos, según se nos dice constantemente. Pero ya hablaremos otro día del segundo gran mito sobre la Universidad española de nuestros días: “aquí hemos hecho que todo el mundo vaya a a Universidad, no como en el resto del mundo“.

En cambio, sí podemos medir bastante bien con las clasificaciones al uso (los particulares “medalleros” de la ciencia a nivel mundial) cómo lo hace nuestro sistema universitario en materia de investigación. Obviamente, antes de dar los datos conviene recordar de nuevo, para no deprimirnos demasiado, eso de que somos el 29º país del mundo por población, de modo que tampoco sería normal que fuéramos de los primeros de la lista. ¡Si ni siquiera en nuestro exitoso deporte, que es el mejor del mundo, lo logramos porque es imposible competir con quienes son mucho más grandes, pues menos en ciencia y universidades, con lo mal que funcionamos!

Con todo, también es cierto que España es un país relativamente desarrollado en lo económico y que por ello probablemente habría que aspirar, al menos, a tener una producción científica acorde a ese potencial, ¿no?

pib còpia

PIB por países con datos de 2014 según datos, respectivamente, del FMI y del Banco Mundial (fuente: Wikipedia)

 

 

 

 

A partir de esa posición 11-12 por PIB tenemos ya una cierta referencia de por dónde deberíamos andar. Y una referencia más ambiciosa que la población. ¿Cómo quedamos si comparamos esa posición con la ciencia que producimos?

Pues bien, y al parecer, nuestras Universidades, lo que es producir, producen. Lo hacen, de hecho, por encima de lo que nos correspondería por población… y también por encima de lo que nos correspondería por PIB:

SJR total còpia

SJR por países:  http://www.scimagojr.com/countryrank.php?order=it&ord=desc

 

Si tenemos en cuenta, además, que España dedica un porcentaje menor de su PIB que la mayor parte de países de la OCDE a educación e inversión en investigación científica, los resultados que vemos ahí arriba son todavía más meritorios. ¡Más aún para un sistema que es juzgado casi unánimemente como muy deficiente! Ahora bien, si queremos ser rigurosos, es cierto que estos datos en bruto son quizás en exceso cuantitativos (lo que, por otro lado, es normal dado que así es como se mide habitualmente en estos rankings cómo va la cosa) y que conviene descartar la posibilidad de que en España se esté haciendo mucha investigación pero, a la hora de la verdad, muy mala o no del todo buena. Esto suele medirse así:

sjr index factor còpia

Índice H por países: http://www.scimagojr.com/countryrank.php?order=h&ord=desc

 

En efecto, al corregir los daros por el factor de impacto, la producción científica española es algo menor a lo que era la producción en bruto estrictamente cuantitativa. Pero, aun así, esta producción científica de alta calidad sigue estando estrictamente en línea con lo que sería de esperar dado cuál es el PIB español… y bastante por encima de lo que sería de esperar si matizáramos ese PIB en bruto teniendo en cuenta el rácano porcentaje que dedicamos a investigación superior e investigación en nuestro país. No podemos decir ahí en plan chulo eso de “¿a qué quieres que te gane?”… ¡pero no estamos tan mal!

Este particular ranking de países punteros en ciencia e investigación, por lo demás, no parece funcionar del todo mal. Basta ver qué países aparecen en los primeros lugares para hacerse una idea de que, efectivamente, se corresponden con los mejores países en esta materia. Así que no es descabellado asumir que, más o menos, si España anda por ahí, podríamos empezar a dejar de tirarnos de los pelos y analizar con más calma y menos dramatismo qué hacemos mal o no del todo bien y cómo ir mejorando poco a poco (aún más). La desastrosa Universidad española, en su “medallero” particular, mejora mucho la posición que correspondería a nuestro país por población, está donde le toca por PIB y también mejora su posición respecto de lo que sería esperable si analizamos no a partir del PIB sino de la inversión realizada.

Por acabar de comparar un poco, la edad de oro del deporte español, aunque ha logrado situarnos un pelín mejor de donde debíamos estar por población, sigue sin lograr que nos situemos a la altura de lo que nuestro PIB o la inversión en deporte podría hacernos presuponer (y por donde andan, de hecho, no pocos países que tienen niveles de riqueza semejantes a los nuestros). Eso sí, es verdad que no tenemos en ciencia personalidades individuales (premios Nobel, por ejemplo) como las que sí aparecen a veces en ciertos deportes, más que nada porque la ciencia es un trabajo colectivo que requiere de un esfuerzo que implique a muchas personas coordinadamente más allá de la aparición de aportaciones individuales, a diferencia de lo que ocurre en ciertas disciplinas deportivas. Y, cómo no, tampoco tenemos un Real Madrid o F.C. Barcelona de la investigación, sencillamente, porque no destinamos los recursos suficientes ni agregamos en dos mastodontes gran parte de los recursos del sistema como sí hacemos con el fútbol (lo cual no es, además, necesariamente malo). Sin embargo, la salud de nuestro “deporte de base” en ciencia parece bastante más sana que en esto otro del olimpismo, en contra de lo que se transmite constantemente a nuestra sociedad. Y es una suerte que sea así, ya que probablemente eso es bastante más significativo e importante para un país que ganar muchas Ligas de Campeones (algo por lo demás no tan raro, siendo el único país que destina ayudas públicas ingentes a su fútbol profesional  hasta el punto de que han merecido una investigación absolutamente única por parte de la Comisión Europea).

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En otros capítulos de esta serie iremos analizando eso de que aquí todo el mundo va a la Universidad y otros mitos habituales, como lo de que tenemos poca movilidad de alumnos y profesores o muy escasa financiación privada en nuestro sistema de investigación. Algunos son verdad, más o menos; otros no tanto. Además, intentaré entender cómo estamos combinando sector público y esfuerzo privado en este mundo nuestros de la educación superior, lo que no siempre es fácil porque no parece responder a un patrón demasiado lógico o coherente. Mientras tanto, pueden ver un resumen de estas reflexiones aquí.



27 comentarios en Mitos y realidades de la Universidad española (I): Rankings… ¿a qué quieres que te gane? »
  1. 1

    Quedamos a la espera de “En otros capítulos de esta serie…”, que la cosa promete.

    Comentario escrito por mictter — 01 de Agosto de 2016 a las 2:54 pm

  2. 2

    Hay muchos otros estudios e índices que miden la productividad y, sobre todo, la eficiencia de la investigación que hacen las universidades, y en ellos salimos mucho peor parados de lo que sugieren los indicadores que tú has elegido.

    Por ejemplo:

    https://dash.harvard.edu/bitstream/handle/1/12502061/Governance%20and%20Peformance%20of%20Universities.pdf

    Comentario escrito por Gabriel Doménech — 01 de Agosto de 2016 a las 2:56 pm

  3. 3

    No los he elegido yo, son los que se usan habitualmente pata determinar el medallero: nº de artículos con citas, por un lado; índice H, por otro. El texto que tú pones, en cambio, se basa para las Unis no americanas prácticamente únicamente en el índice de Sanghai. A efectos de “medallero”, y por reduccionista que sea, me parece que lo razonable es ir al indicador más sencillo (como también lo es, siempre y necesariamente, un medallero).

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 01 de Agosto de 2016 a las 3:03 pm

  4. 4

    Me parece que el índice shangai, con todos sus sesgos y defectos, refleja mejor las diversas dimensiones de la calidad.

    Comentario escrito por Gabriel Doménech — 01 de Agosto de 2016 a las 4:45 pm

  5. 5

    Shangai tiene la ventaja de que mete más cosas y el inconveniente de que eso induce sesgos al seleccionar qué metes y qué no como indicador relevante y qué peso le das. También tiene el problema de que al meter muchos datos, no todos ellos fácilmente disponibles en todas partes o igualmente computados según tradiciones nacionales, puede tener ciertas imprecisiones. Y eso por no mencionar si la parte ese de emprendería y empleabilidad que tienen en el ranking evalúa en realidad a las Unis o a los sistemas productivos de cada país. O la obsesión por puntuar ciertos elementos top que se concentran en pocos países (premios Nobel y demás).

    La ventaja que le veo a usar los datos de las bases de datos bibliográficas sobre artículos con citas e índices H es que se trata de un indicador único que medimos homogéneamente. Y me da la sensación de que, por ley de los grandes números, no es aventurado de que quien sale bien ahí tendría que salir bien, en general, en casi todo lo demás.

    En todo caso, da un poco igual. En Shanghai salimos 15º o 16º a partir de cómo compone los datos el artículo que enlazas. En ese caso estaríamos un poquito por debajo de lo que nos toca por PIB y bastante por encima de lo que nos toca por población… ¡y también en ese caso mejoraríamos los resultados del unánimemente aclamado deporte español!

    Y en rankings semejantes al de Shanghai, pero con metodología semejante y que hacen ellos mismos la composición ni siquiera somos 15º o 16º sino 8º: https://nomejodasquemeincomodas.wordpress.com/2016/07/19/solo-una-universidad-espanola-entre-las-200-mejores-de-mundo/

    ¡No estamos tan mal lo mires como lo mires!

    (Y encima somos low-cost)

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 01 de Agosto de 2016 a las 5:03 pm

  6. 6

    No entiendo el uso de población y PIB así en bruto.
    Lo más lógico sería usar PIB per cápita.
    Al fin y al cabo, si tienes un PIB enorme pero 1.300 millones de almas a repartir y cada uno toca a poco, te quedan menos recursos para dedicar a educación después de haber atendido las necesidades básicas de todo el mundo (por ponerlo de forma simplona).
    El tema de la población y el deporte es más complejo,todos hemos dicho aquéllo de “entre mil millones de chinos ¿cómo no van a encontrar 11 que jueguen al fútbol como campeones?”. Pero de nuevo, el deporte no es una cuestión de números. La preparación de deportistas de élite (que es de lo que hablas al fin y al cabo), también requiere un gasto de recursos importante, además de decisiones políticas y tradiciones culturales. En esto la riqueza tiene un peso importante. Y no la total del país, que se distorsiona mucho por el peso de la población (¿es más rico India que Luxemburgo?), sino de nuevo, la disponible por persona.
    En cualquier caso, en PIB per cápita somos más pequeños que en PIB agregado, así que eso deja aún mejor el nivel de la universidad española.

    Comentario escrito por Nacho Pepe — 01 de Agosto de 2016 a las 5:15 pm

  7. 7

    Ah, y sí, el ranking de Shanghai, como todos esos índices compuestos, está enormemente sesgado según las decisiones del que lo produce.
    El de Shanghai por ejemplo da mucho peso a indicadores “de élite” como publicar en Nature ó en Science, ó tener Premios Nóbel en la universidad, lo cual yo diría que mide bastante más los recursos de que dispone la institución que su calidad.

    http://www.shanghairanking.com/ARWU-Methodology-2013.html

    Comentario escrito por Nacho Pepe — 01 de Agosto de 2016 a las 5:20 pm

  8. 8

    Nacho Pepe, medir en PIB per cápita tiene todo el sentido del mundo, pero a partir de los datos en bruto más o menos ya nos hacemos una idea todos: Europa occidental lo hace muy, muy bien (Suiza, Países Bajos, Dinamarca, Suecia, etc.) y es ahí donde probablemente habríamos de intentar mirar (caso de que asumamos, que ésa es otra, que por donde hay que ir es por mejorar en este línea y ya; pero eso ya es otra discusión, yo sólo pretendía poner de manifiesto que no estamos tan mal).

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 01 de Agosto de 2016 a las 5:52 pm

  9. 9

    “El octavo mejor sistema universitario del mundo”. No sé si me dan ganas de reir o de llorar

    Comentario escrito por Gabriel Doménech — 02 de Agosto de 2016 a las 9:35 am

  10. 10

    ;-) Oyeeee, ¡que quien has puesto a esos ránkings como la referencia has sido tú! Ahora no te puedes quejar

    ¡El octavo país que más Universidades mete entre las 1.000 mejores Universidades del mundo!

    http://cwur.org/2016/spain.php

    ;-p

    Por cierto, el análisis que hace este blog del índice de Shanghai me parece bastante sensato también: https://nomejodasquemeincomodas.wordpress.com/2013/08/22/nadie-sabe-de-shanghai/

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 02 de Agosto de 2016 a las 9:41 am

  11. 11

    El estudio que antes he enlazado también tiene en cuenta otras variables, además del índice de Shangai, como las patentes. A mí me da la impresión de que en España, en líneas generales, producimos volumen e investigación mediocre (y lo mismo en la enseñanza: el nivel medio es aceptable y lo hacemos barato, pero hay muy poca excelencia). La investigación verdaderamente innovadora, top (que seguramente es la que de verdad importa, como en el deporte de élite), se hace más en otros lugares.

    Comentario escrito por Gabriel Doménech — 02 de Agosto de 2016 a las 9:44 am

  12. 12

    Pero esas otras variables las usa sobre todo para comparar sistemas educativos de los estados de Estados Unidos.

    Por lo demás, estoy bastante en desacuerdo con que en deporte lo importante de verdad sea el top, es más mi sensación es la contraria: lo que refleja que una sociedad funciona bien es que haya un deporte de base que funcione y un nivel general medio-alto o alto, con la población en general sana y con independencia de si luego tienes personas que corren por debajo de los 100 metros lisos.

    Con la educación y la investigación, sinceramente, creo que pasa más o menos lo mismo.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 02 de Agosto de 2016 a las 9:54 am

  13. 13

    Las conclusiones son claras. Hay que destinar más dinero del que se dedica a educación al deporte, que es donde estamos un poco por debajo de nuestro nivel objetivo. Y como buscamos la excelencia lo que hay que hacer es cerrar colegios para darle el dinero al mandril y al farsa…

    Bromas aparte, ustedes que están más viajados, ¿tan mal lo hacen los demás para que la puta mierda que tenemos aquí esté tan bien como dice Andrés? Yo lo que he visto es nepotismo, peleas de egos que escindían departamentos porque podían permitirselo con la barra libre de fondos europeos, nula preocupación por la formación de los estudiantes y en general captura de rentas.

    Lo de las clasificaciones y como se hacen no es baladí y exijo que Gabriel y Andrés se sometan al Juicio de Dios para ver quien lleva razón.

    Comentario escrito por Otto von Bismarck — 02 de Agosto de 2016 a las 4:33 pm

  14. 14

    Jajajaja. ¡En efecto, la conclusión es clara!

    No es que aquí lo hagamos muy bien. Lo hacemos, me temo, regular. Y en ciertos ámbitos bien o bastante bien. Sobre todo, en aquellos donde no tenemos más remedio que competir fuera. Pero por ahí, más o menos, pues les pasa lo mismo. También tienes sus cosas cutronas y malas, etc.

    Sobre los rankings, miden lo que miden. No son perfectos, pero sirven de guía para darnos una idea de cómo estamos… a la luz de sus parámetros. Yo creo que sirven sobre todo para comparar universidades parecidas en entornos parecidos y donde sus resultados se miden igual. Por ejemplo, si una Universidad española de tamaño medio y unas décadas de antigüedad sale sistemáticamente bastante mejor que otra Universidad española joven de tamaño medio probablemente es que lo está haciendo mejor.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 02 de Agosto de 2016 a las 7:42 pm

  15. 15

    Efectivamente, el último apunte de Andrés es el que yo creo que todos tenemos que tener en mente. Una comparativa entre dos entidades (llámalas universidades) con entornos, sociedades, objetivos etc completamente diferentes lo que muestra es… la diferencia entre esas sociedades, entornos y objetivos.

    Por poner un ejemplo bestia, que McDonalds no tenga, de entre cerca de 40.000 restaurantes, ni uno con una estrella Michelin no es un indicativo de que no tienen ni idea de como llevar un restaurante.

    Dicho lo cual, tal vez, con el ánimo de salir en prensa y dar titulares, se podría ver si sabemos cuales son los objetivos de nuestras universidades para ponerlos en un ranking en el que se viera si vamos bien o no vamos bien y quien, con los escasos recursos que se le dedica a todo por aquí abajo, lo está haciendo mejor. Porque en el fondo clasificar es el primer paso para entender cómo funcionan las cosas.

    Comentario escrito por Johnnie — 04 de Agosto de 2016 a las 12:46 pm

  16. 16

    Andrés:

    Entiendo que en su captura de la productividad investigadora está ordenada por el número H del país. No creo que esa información sirva para evaluar al conjunto de los investigadores, ya que se utilizan para situar a España sólo 648 artículos de un total que supera un millón. Eso es sólo una muestra de lo mejorcito, pero se ignora el 99,94% de la producción.

    Si ordenamos los países de esa misma tabla por el número medio de citas que reciben sus documentos (una posible medida de la calidad de la producción investigadora): Bermuda aparece la primera con 35 citas por documento, seguida de Gambia, Panamá, Montserrat… el caso es que España está la número 59, entre Tanzania y Zambia, con 14 citas por documento.

    No estoy familiarizado con esta base de datos, pero dejando de lado el misterio del triángulo de las Bermudas, la lista que enlaza parece confirmar la hipótesis de Gabriel: El sistema español queda muy lejos de Estados Unidos, Canadá, Europa, Australia, etc. y por lo visto produce un muy elevado volumen de calidad subsahariana.

    [1] http://www.scimagojr.com/countryrank.php?order=cd&ord=desc

    Comentario escrito por Gatete — 04 de Agosto de 2016 a las 4:36 pm

  17. 17

    Gatete, es evidente que con el ránking se puede jugar como se quiera. También un medallero es susceptible de muchas críticas como reflejo de la situación de un país en materia deportiva. No trato en ningún momento, y creo que se deduce con claridad del texto, de explicar que tal o cual ranking sea mejor o el adecuado. A estos sencillos y cuantitativos les veo, simplemente, la ventaja de que son eso: sencillos (por lo que no dependen demasiado del criterio de quien confecciona el ranking a la hora de determinar qué se mide). Tienen la desventaja de que sirven para poco, muy probablemente, si los analizamos con cuidado.
    Pero es que, a fin de cuentas, es lo que pretendo decir. Muy resumidamente:
    1. Que frente a lo que se suele creer no somos un país maravilloso en deporte y desastroso en ciencia. Somos el país que somos y, my probablemente, bastante parecido, en lo bueno y en lo cutre, en casi cualquier ámbito.
    2. Que esto de los rankings viene bien, sobre todo, si a partir de tener claro lo que miden comparamos realidades semejantes y donde haya pocas alteraciones o sesgos. Por ejemplo, y como vengo diciendo, sirven bastante, creo, para comparar Universidades españolas homologables (por tamaño y edad) y ver cuáles lo hacen mejor. Para poco más, en mi opinión.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 14 de Agosto de 2016 a las 8:27 am

  18. 18

    ¿En qué se basan para elaborar el ránking de las mejores universidades del mundo? Lo digo porque en algunas especialidades (ingenierías,…) el titulado español no está mal considerado fuera de nuestras fronteras, el que ha sido capaz de lograr un nivel aceptable en un idioma extranjero y no tiene inconveniente en hacer las maletas, logra colocarse en otros países, dentro o fuera de la UE. Y la capacidad de formar profesionales y especialistas es por lo menos tan importante como la de investigar.

    Lo que me parecen más sospechosos son algunos ránkings. Producir muchos artículos, y que entre colegas se vayan citando unos a otros en la producción de más papel puede tener su importancia, no digo que no, que de algo han de vivir los que los imprimen (si es que todavía se imprime algo, supongo que en 20 años las cosas habrán cambiado bastante y ahora ya habrá mucha edición exclusivamente digital). Y a fin de cuentas, el objetivo de la investigación no es tanto llenar páginas como lograr determinados avances. Y si hemos de buscar el medallero, quizá éste se vería reflejado en cosas como las patentes registradas o el número de premios que se conceden en disciplinas científicas. El Nóbel, desde Severo Ochoa (que encima lo logró trabajando fuera) no lo olemos, y cosas como la medalla Fields, hay que recurrir al google para saber lo que es.

    Como curiosidad, recuerdo hace 20 años como alguno podía pasarse, en el campo de la arquitectura de computadores, varios meses, incluso años, desarrollando un circuito que permitía mejorar en un 1 % el rendimiento de la multiplicación de matrices esparsas bajo circunstancias muy específicas, escribiendo artículos o incluso una tesis doctoral. Que no iba a ninguna parte, porque ningún fabricante de supercomputadores iba a invertir un dólar en eso. En otras líneas, alguien podía pasarse meses programando un simulador para determinar el comportamiento de ciertos modelos, cuando podían obtenerse prácticamente los mismos resultados en un par de tardes utilizando un modelo matemático de teoría de colas, claro que si de lo que se trata es de justicar el pago de una beca, lo segundo no sirve de nada. Y se completaba en que prácticamente nadie del departamento de arquitectura de computadores tenía demasiados conocimientos de modelos estadísticos. Me gustaría pensar que esto ha cambiado, pero el optimismo no es lo mío.

    Comentario escrito por Lluís — 07 de Agosto de 2016 a las 7:36 am

  19. 19

    Gatete, entiendo que para aplicar ese clasificación debería de “exigir” un mínimo de publicaciones, que se yo: ¿25.000? [http://www.scimagojr.com/countryrank.php?order=cd&ord=desc&min=25000&min_type=it] así le quedan 66 países y unos resultados más coherentes, con Suiza, Holanda, Dinamarca, EE.UU y Dinamarca en cabeza y las Españas de 21, entre Singapur y Japón.

    Comentario escrito por pululando — 09 de Agosto de 2016 a las 4:36 pm

  20. 20

    Pero, ¿en qué consiste exactamente un ranking de publicaciones? ¿Simplemente en contar el número de las mismas? ¿Cómo se determina la calidad de las mismas? Lo digo porque cuando se trata de premios Nobel o equivalentes (que sería el “a qué quieres que te gane” en el campo del intelecto), España no va muy sobrada y su universidad todavía menos. También podrían analizarse el número de patentes registradas, que es cuando la I+D da su fruto, y ahí tampoco parece que España ande demasiado sobrada.

    Bueno, si, se puede investigar de muchas maneras. No sé como van las cosas ahora, pero hace 15 años, en el campo de la arquitectura de computadores, se hacían artículos e incluso tesis doctorales proponiendo arquitecturas que permitían mejorar en un 1 % el tiempo de cálculo necesario para resolver la operación de multiplicar una matriz esparsa de más de 1000 filas por un vector, un ejercicio teórico que no conseguía despertar el interés de ningún fabricante de supercomputadores, que es al sector al que se dirigía la mejora. Luego, uno podía ver a un “investigador” dedicando 3 meses a programar un simulador para analizar el rendimiento de distintos sistemas de gestión de memorias, algo que si uno tenía conocimientos estadísticos, lo resolvía en 3 tardes utilizando un modelo de colas, claro que si dedicas 3 tardes a resolver algo no te toman en serio, mientras que si lo haces en 3 meses, el director del departamento te felicita y te considera para una plaza de profesor asociado para cuando se acabe la beca…

    Comentario escrito por Lluís — 11 de Agosto de 2016 a las 8:31 am

  21. 21

    Lluís:

    Éste del que hablamos cuenta el número de publicaciones y el número de citas que reciben estas publicaciones (es decir, el número de veces que un artículo ha sido citado por otro artículo registrado en la misma base de datos). Esto último se considera una medida de la calidad.

    El índice H indica un número h de artículos con h citas. Para tener un índice H de 638 hacen falta 638 artículos con 638 citas cada uno, y eso lo produce España entera. Si se consideraran los investigadores españoles individualmente, el resultado sería otro.

    Pululando (#17) ha añadido una medida de la cantidad (mínimo de 25.000 publicaciones para considerar un país), pero mi comentario iba más bien en la línea de qué está diciendo el ránking… ¿qué significa que los profesores españoles reciben una media de 14 citas por cada artículo que publican, si es así?

    Una infografía de Nature [1] muestra cómo la inmensa mayoría de los artículos no tienen ninguna cita o a lo sumo unas pocas (refiriéndose a artículos registrados en bases de datos, en este caso la de Thomson Reuters). Ah, la media no es un estadístico robusto (ya sabe, si yo me como dos pollos y usted ninguno, de media nos hemos comido uno cada uno).

    Pero hay más. Fuera de este Everest de artículos tenemos los documentos que ni siquiera forman parte de las bases de datos. Y muchos profesores se dedican únicamente a estos documentos que no tienen la calidad suficiente como para ser aceptados por las revistas “citables”. Por tanto esto no es una imagen de la universidad española sino de su parte más productiva.

    A esto hay que añadir que si en un artículo aparecen cien autores y recibe diez citas, ¡a efectos curriculares todos ellos habrán recibido las diez citas! Y no hay forma de saber si los nombres que firman los artículos han tenido algo que ver con el contenido o no… sobre esto último se podría hablar largo y tendido.

    Andrés:

    Creo que es muy atrevido decir que España es la octava potencia mundial en resultados de investigación pero si en algo no estoy de acuerdo es en que sea barata. Partiendo de que los resultados que nos colocan en el ránking proceden de una minoría de todos los profesores pero hay que pagarlos a todos de por vida (y no en función de los resultados precisamente) ¿cómo puede considerarse eso barato? (no digamos ya eficiente).

    [1] http://www.nature.com/polopoly_fs/7.21204.1414513456!/image/nature_top_100_papers_infographicV2_30.10.14.jpg_gen/derivatives/fullsize/nature_top_100_papers_infographicV2_30.10.14.jpg

    Comentario escrito por Gatete — 12 de Agosto de 2016 a las 8:38 am

  22. 22

    [¿Es posible ver los comentarios anidados u ordenados por fechas? Esto facilitaría contestar a uno concreto]

    Andrés:

    Lo cierto es que no creo que España sea tan buena en deporte. Desde Barcelona 92 se empezó a invertir mucho dinero para lograr medallas y se mejoró dramáticamente en eso, pero aun así en este momento tenemos 8 medallas por 12 de Hungría (población: 10 millones). Pienso que para «ser buenos» en deporte tendríamos que fomentar el deporte de base y que en última instancia dedicar los impuestos a lograr medallas es tirar el dinero.

    Dicho esto, estoy de acuerdo con que los ránkings son sencillos y permiten comparar grosso modo, lo cual los hace ideales para los titulares de la prensa española. Pero para hablar en serio de la universidad o de la ciencia española hace falta algo más, ya que de los ránkings se puede coger la variable que más nos interese e ignorar las demás.

    También muy resumidamente:
    1. España no está al mismo nivel en todo. Tiene, por ejemplo, un sistema sanitario muy digno pero un sistema educativo que no está a la altura. Y esto último es especialmente cierto en lo referente a la educación superior. Existe abundante evidencia cuantititativa de esta afirmación más allá de los ránkings.

    2. Para comparar dos universidades españolas «homologables» por tamaño y edad hay que considerar las peculiaridades del sistema español, tales como el particular acceso del profesorado a su plaza vitalicia y la financiación garantizada procedente de los impuestos.

    Así habría que computar no tanto la media sino la desviación típica, es decir, la distribución de resultados de investigación entre todos los profesores, y también el coste total que tiene para el contribuyente. Esto nos permitiría saber qué universidades caminan hacia sus homólogas europeas y cuales se resisten a abandonar el siglo XIX.

    Comentario escrito por Gatete — 15 de Agosto de 2016 a las 4:21 pm

  23. 23

    […] Mitos universidad española: Rankings […]

    Pingback escrito por Mitos universidad española: Rankings — 16 de Agosto de 2016 a las 9:07 am

  24. 24

    Estimado: Me temo que nos puede el forofismo.
    ¿Por qué ha elegido Scimago y no ISI – Web of Science?
    ¿Por qué ha elegigo el factor de impacto H y no las leyes de Bradford y Lotka?

    ¿Nos hacemos trampas al solitario?

    Para empezar estos rankings hay que cogerlos con calzador. Son entrópicos. Las publicaciones básicamente tienen que estar en inglés y los “colegios invisibles” y la citaciones colegas puntúan sin discriminación.

    El debate de la educación comienza con infantil y primaria, donde un maestro interino con un CERO en un examen forma parte de una lista de interinidad, y le toca a tu hijo…
    Se reproduce en secundaria etc….

    Y luego la Universidad española con sus tres vías de acceso: Linaje, Vasallaje y Casualidad. Esta última reservada a los verdaderos currantes de la “casta” universitaria…

    Bueno, que se necesita un repasito a la educación, no cabe duda.

    Pero el optimismo nos lo deberíamos poner igual que en el deporte. Salen deportistas por su interés, dedicación y entrenamiento. Lo mismo pasa con el sistema educativo. Quien tiende al esfuerzo suele conseguir algo, como pasa con los ingenieros titulados que salen al exterior.
    Lo interesante es que en un sistema pseudolibre, tirando hacia el pseudo-liberalismo, un alumno medio, con cierta capacidad crítica y con interés, tendrá un rango amplio de posibilidades.
    Un alumno de 10 en un sistema totalitario, digamos tipo pablemos, sin poder ejercer su capacidad crítica no podrá resolver problemas para no tener problemas.
    Ese es nuestro mérito y hacia donde se puede trabajar: Capacidad crítica.

    A leer todos.
    Buen verano.

    Comentario escrito por Berdiaev — 16 de Agosto de 2016 a las 5:27 pm

  25. 25

    #21 Estoy sustancialmente de acuerdo con todo lo que comentas. Creo que se entiende lo que pretendía con el ejercicio de comparación, muy pedestre: simplemente, desdramatizar y acabar con el tópico.

    Esta muy de acuerdo en que en realidad no estamos bien en deporte (y menos en deporte base): tenemos algunos monocultivos y nos centramos en la elite en ciertos deportes y ya. Puede servir para aparentar en el medallero, pero es poca cosa.

    Y, sobre todo, estoy muy de acuerdo en que no somos iguales en todo. Hay cosas que hacemos mejor y cosas que hacemos peor. Pero vamos, dentro de un rango no tan alejado, porque a fin de cuentas somos el país que somos. Es cierto no obstante lo de que hay diferencias.

    Muy de acuerdo también en la comparación que haces entre sanidad y educación. El PSOE en el 82 tomó unas decisiones en un campo totalmente distintas (universalidad, inversión) al del otro (concertada, r tirando) y los resultados han sido los que han sido.A mi juicio, con todo, la Uni española refleja sobre todo las debilidades de todo el sistema educativo. Si hubiera que establecer prioridades y pasta para meter (o un partido que la quisiera meter) yo la metería abajo-

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 24 de Agosto de 2016 a las 8:55 pm

  26. 26

    #24 Berdiaev, la verdad es que el ejercicio, como he explicado, pretendía ser más desdramatizador que otra cosa y he escogido ese índice porque fue el primero que me apareció. ¡Así de vago soy! Como dicen en los comentarios en Twitter, los hay que nos dejan peor y los hay que nos dejan peor (uno de Nature nos ubicaba octavos y todo). En todo caso, creo que se entiende la pretensión desmitificadora, en general, respecto de índices y medalleros. De eso va el tema.
    En el resto de cosas que comentas, y en general, bastante de acuerdo, la verdad.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 24 de Agosto de 2016 a las 8:58 pm

  27. 27

    […] Es evidente, a pesar de la insistencia de algunos en tratar de probar lo contrario, que en los últimos treinta años la Universidad española ha venido cumpliendo dichas funciones de manera muy aceptable y que nuestra enseñanza superior ha mejorado sensiblemente. Tal cosa se aprecia tanto si visitamos universidades de países del entorno europeo como, sobre todo, si tenemos en cuenta nuestro peso demográfico y la inversión realizada. Puede verse, al respecto, este comentario del profesor Andrés Boix Palop. […]

    Pingback escrito por De plagios y otras impunidades universitarias. | El derecho y el revés — 21 de Noviembre de 2016 a las 10:09 am

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