- No se trata de hacer leer - http://www.lapaginadefinitiva.com/aboix -

Desde Fráncfort del Meno

Estoy pasando unas semanas realizando una estancia de investigación en Fráncfort del Meno (en la Johann Wolfgang Goethe-Universität Frankfurt am Main), gracias a la amable invitación del Profesor Georg Hermes [1]. Por eso, entre otras razones, el bloc va a ser actualizado con menos frecuencia de la que me gustaría durante el mes de septiembre.

El caso es que, desde la distancia, uno ve las cosas a veces de otra forma. Así, respecto de nuestro supuesto atraso en todos los campos y las razones del mismo constato que, por ejemplo, en materia de infraestructuras, las universitarias, siempre que visito centros de otros países europeos, en lo que a nosotros respecta, las carencias que tenemos no se refieren precisamente a que haya faltado dinero para edificios e instalaciones nuevas, de primer nivel y comodísimas. Mucho mejores, casi siempre, que las que uno se encuentra por ahí. Por irme a lo más nimio y que más me afecta personalmente estos días: la residencia para profesores en la que estoy, con la idea de estudiar algo y preparar el principio del curso con calma, por no tener no es que no disponga de facilidades para conectarse a Internet, es que no me permite ni siquiera tener un teléfono fijo. Vamos, que toca pasar unos días de moderación y vida espartana. Pero la cosa es más general y va más allá de este anecdótico caso. Si la Universidad de nuestro país no es mejor, vamos, no es porque hayan faltado medios materiales no sólo homologables sino mejores a los de otros países. Así que, además de pedir dinero, habrá que pensar un día de estos en qué otras cosas nos faltan y qué hemos de hacer mejor.

También como consecuencia de estar fuera cosas normalmente nimias en casa se tornan más placenteras. Así me pasó con un artículo de Juan Antonio Ortega Díaz Ambrona [2]que leí en El País de ayer en torno al Tribunal Constitucional. A lo mejor si no estuviera aquí no me habría llamado demasiado la atención, pero el caso es que, leído desde la distancia, me pareció que explicaba con sencillez pero muy bien algo importante: que los parámetros a partir de los cuales analizamos cómo funciona el Tribunal Constitucional en nuestro país son ciertamente obscenos y, además, ayudan poco o nada a que la propia labor del Tribunal se aleje de los condicionantes y perversiones que habitualmente se le achacan (o, mejor, en ocasiones le achacamos todos aunque he de reconocer que cuando me he referido a cuestiones polémicas respecto de su actuación he tratado de portarme bien desde esta óptica, al menos, otra cosa es si de veras lo logré [3]).

Asimismo, estar fuera permite compulsar la imagen pública que del país propio se tiene por ahí y descubrir qué cosas nuestras ocupan la atención de los demás: me ha llamado la atención que he podido encontrar estos días varias referencias a la Monarquía, a sus problemas, a su falta de permeabilidad a la crítica pública y a la opacidad con la que gestiona la Casa Real sus dineros y patrimonios. Probablemente influye en ello que el verano es la época en que más visibles son las tareas institucionales de nuestro monarca y su familia (de hecho, también es la época en que nuestros periódicos más se ocupan de ellos y del trabajo que realizan en Marivent), así como que es estación propicia a noticias más cercanas al mundo rosa del que en condiciones normales, en los países de nuestro entorno, los reyes y parentela no suelen salir. Pero supongo que no será ajeno a este interés la mala gestión del asunto de las caricaturas de Mahoma practicando sexo contra natura [4]o el reciente nombramiento de una especie de interventor-contable decidido por el Rey y muy publicitado estos días. Algo que, por cierto, da también qué pensar dado que la cosa no pasa de ser un asunto más bien interno, sin demasiada relevancia pública, a no ser que se quiera vender de otra manera.

Comments Disabled (Open | Close)

Comments Disabled To "Desde Fráncfort del Meno"

#1 Comment By klapton On 4 septiembre 2007 @ 6:35 pm

Aquí el nombramiento del supuesto interventor-contable ha tenido escasa relevancia informativa. Curioso que sea algo que se destaque en el extranjero.

Que lo pases bien por allí.

#2 Comment By Gabriel On 5 septiembre 2007 @ 4:31 pm

¡Qué envidia! De vacaciones por Alemania. Por cierto, yo me leí en su día la tesis doctoral de G. Hermes, y no era nada mala.

Algún periódico que ahora no recuerdo nos ha informado de que el tal O. Moreno es catedrático de Derecho administratico y autor de varios libros. En fin.

#3 Comment By Yehuda ben Leví On 5 septiembre 2007 @ 5:13 pm

«Rey» en mayúsculo o es un concepto -o entidad o institución como la Casa Real (o una entidad metafísica como Dios)- o se dice de forma enfática o sentimental [como «Rey de los judíos»] o se dice de forma irónica (que no parece el caso en el texto), así que se dice «rey» para designar a un objeto: Campechano I, jefe de la casa de los Borbones.

Bueno, esta parida era para saludarte. Disfruta de la Universität, ten cuidado de los bárbaros alemanes, y ten un poco menos de cuidado con las bárbaras teutonas.

#4 Comment By Mar On 5 septiembre 2007 @ 11:02 pm

Feliz estancia.
Y feliz regreso a todos a septiembre.

#5 Comment By Andrés Boix Palop On 6 septiembre 2007 @ 2:24 pm

Muchas gracias a todos por los saludos y los buenos deseos, así como por la corrección ortográfica, de la que tomo nota para el futuro.

Eso sí, no estoy exactamente de vacaciones, lo prometo.

Me inquieta mucho eso que contáis de que el nuevo y flamante interventor es del gremio. No porque sea algo demasiado raro, que no lo es, sino porque no me parecía haber escuchado su nombre nunca. O sea, que una vez más estoy en falta.

#6 Comment By Danuto On 6 septiembre 2007 @ 10:10 pm

Es interesante esto que cuentas, ya que en nuestras conversaciones sobre universidades extranjeras siempre aparece la ultratecnificada, enorme y ajardinada imagen que alguien nos ha metido con una jeringa directo a través de la oreja.

Eso sí, la imagen de nuestro profesorado (en general, eh, no es por señalar) no está muy apartada de lo que se suele comentar por ahí. Lo cual, joder, es mucho peor.

#7 Comment By Universitario On 6 septiembre 2007 @ 10:17 pm

También es cierto que, probablemente, a su vez, una de las pocas cosas en que de verdad está infradotado el país es en los sueldos de los profesores. Cuando cobran más o menos como los de secundaria, pues el mercado suministra, en general, más o menos ese nivel de calidad. Eso sí, es cierto que viven y trabajan en unas instalaciones fenomenales, sin parangón en Europa. Y no digamos los que se dedican a la gestión, que tienen unas oficinas, despachos, coches y visas que no tienen nada que envidiar a quienes mejores sueldos y sinecuras disfrutan en la península: los presidentes de las diputaciones provinciales.

#8 Comment By Caesitar On 7 septiembre 2007 @ 11:42 am

Hola Andrés.

Me ha interesado mucho tu comentario sobre como nuestro atraso universitario no es debido probablemente a una falta de inversión.

Mi opinión es que es absolutamente cierto, y que el problema de la educación española tiene que ver más con algunas tradiciones culturales y algunos hábitos venerados. No quiero decir que todos los profesores sean así-en concreto tú has contado aquí cómo has querido mejorar los métodos docentes en tu universidad, lo que te ha provocado ciertas dificultades-, pero sí que hay ciertos principios venerados por el profesorado español.

Al respecto, hace poco me leí «Surely you’re joking, Mr Feynman?», un libro de anecdotas sobre el físico americano Richard Feynman. En uno de los capítulos cuenta su experiencia dando clases en Brasil, que seguramente tenga un modo de dar clases parecido al español.

Una primera cuestión que le alarma es la siguiente: le pregunta al decano que cuando debería dar clases. El decano le dice que los alumnos prefirirían por la tarde. Feynman dice que entonces por la tarde. El decano replica que por la tarde se está muy bien en la playa, que debería hacer lo que él quisiera y no preocuparse por lo que quieren los alumnos. Feynman se queda extrañado, pero acaba dando clases por la mañana.

Yo creo que esto ejemplifica uno de los hábitos del profesor español, o quizás latino: considerar que el alumno es alguien a quien hay que menospreciar y maltratar. Normalmente se respalda esta práctica con frases como «tienen que ir aprendiendo lo que es la vida real», «no va a ser como el colegio, donde tienen todo hecho», o «estos golpes les harán madurar». Como yo he estado en un colegio británico y ahora estoy en una universidad americana, puedo asegurar que las diferencias de mentalidad en este punto se notan.

¿ Cómo se manifiesta esta tendencia? En todo: el profesor es un ser superior, intocable, que nunca puede reconocer un error. Debe suspender mucho y poner exámenes complicadísimos, para ganarse fama de duro y de genio. No importa que los criterios sean arbitrarios, que las preguntas no se correspondan a lo que se ha dado en clase etc ni que el susodicho genio no haya sido capaz de hacer ninguna investigación relevante, sólo pavonearse delante de sus alumnos.

Creo que en la universidad española demasiados de estos «genios autocomplacientes». Me acuerdo cuando estaba en la complutense, que se hablaba de un profesor de topología, que sólo aprobaba a UN alumno cada año. Yo lo busqué en Internet y no tenía ninguna reputación internacional, sin embargo todos los alumnos hablaban de él incluso con veneración. Evidentemente resulta fácil cargarte a muchos alumnos si pones las cosas más recónditas de topología, pero su método para aprobar sólo a una persona debía ser necesariamente arbitrario. Si más de esta gente, en vez de dedicarse a estos gestos de despotismo y de impresionismo frente a sus alumnos se dedicaran con humildad a investigar en su campo tendríamos mucha más relevancia internacional. El profesor español parece más dedicado a impresionar a su alumnado, cosa relativamente fácil si se lo propone, que a sus colegas internacionales con trabajo serio.

La participación del alumno en clase debe ser mínima; debe haber clases magistrales donde el profesor se luzca ante clases tan abarrotadas como se pueda. Otra cosa que se venera, esas clases de 60 o 70 alumnos, no como «las del colegio», donde cada alumno es anónimo y se acostumbra a «la vida real». Eso para no hablar de esas clases legendarias de nuestros padres de 200 y a veces hasta 300 alumnos. Da igual que en todas partes se considere que se aprende mucho mejor en pequeños grupos: en vez de ver la generación universitaria actual, menos populosa, como una oportunidad para crear grupos más pequeños, se venera la universidad masificada de antaño y se habla de «crisis demográfica.»

Los propios alumnos están tan acostumbrados a eso que sólo saben valorar la dificultad. En mi universidad, hay bastantes españoles, algunos con pasada experiencia en universidades españolas. Casi todos hablan irónicamente del sistema americano, que es «tan fácil», donde «te lo dan hecho todo». Eso a pesar de que muchas veces se trabaja más, los profesores son más justos y no todos sacan al final notas buenas, y que el sistema americano produce muy buenos investigadores. No quiero decir que éste no tenga sus problemas, o más bien mi universidad en concreto: no pretende encumbrar el sistema americano a los altares. Es la actitud psicológica de los alumnos lo que me sorprende, unas personas acostumbradas al palo y al suspenso y que sólo pueden valorar profesores que se lo ponen complicadísimo, no aquellos que son justos.

Otra anécota de Feynman tiene que ver con sus alumnos brasileños: él notaba que sus alumnos eran capaces de darle definiciones teóricas de todos los términos físicos, incluso algunos que él mismo tenía que consultar, pero luego eran absolutamente incapaces de aplicar ese lenguaje a situaciones de la vida real. Le parece como gente que supiera el alfabeto y la gramática griego, pero que no supieran entender ningún pasaje de Platón.

La docencia española se centra muchas veces en la acumulación insensata de datos. No siempre centrarnos en cosas «prácticas» ni minusvalorar la teoría es bueno, pero sí es cierto que parecemos tener una obsesión casi pedantesca por ver quien tiene los mayores saberes enciclopédicos y por inculcarlos. Es completamente falso, como dicen algunos, que se le haya quitado demasiado papel a la memoria en la educación; sigue siendo al revés, al menos en la educación superior. No nos preocupamos en integrar datos teóricos en situaciones donde sean más fáciles de memorizar y comprender: en casos prácticos, por ejemplo.

Tengo cierta esperanza en que el Proyecto Bolonia acabe al menos oficialmente con algunas de esas prácticas, aunque sé que hay una tradición docente en este país bastante difícil de cambiar.

Si los profesores dejaran de caer en esos hábitos, y a eso juntaramos el hecho- que hay que reconocer por justicia- de que el nivel de los contenidos es bastante alto y bueno podríamos tener una universidad excelente.

P.D. Sobre lo que dije en el post anterior, no te preocupes. Cómo no interveniste en el blog últimamente, me quedé un poco mosca, pero luego comprendí que estarías de vecaciones o en tierras germanas.