Justificar la tortura, la labor del abogado, la del Profesor y la libertad de cátedra

Hace 3 años, cuando este bloc estaba todavía en sus inicios, tuvimos ocasión de comentar algunas de las peligrosísimas derivas que, en relación a la misma esencia del Estado de Derecho, estaban dándose en los Estados Unidos y de su capacidad de contagio en el resto del mundo. En esos momentos, en Estados Unidos comenzaba ya, tras años de generalizado silencio (con contadas y muy meritorias excepciones que, por cierto, vinieron en la mayor parte de los casos del mundo del Derecho, de juristas comprometidos, mientras la prensa, la opinión pública y la oposición política, por lo general, se limitaban a jalear acríticamente los excesos de la war on terror), a articularse una crecientemente potente oposición al desmantelamiento del sistema de garantías propio de un Estado de Derecho que se había comenzado a esbozar. En Europa, aunque la cosa no haya llegado a tanto, sí que se han reproducido, también, efectos muy perniciosos como consecuencia de la importación de esta corriente. Como han pasado más inadvertidos, incluso Gobiernos supuestamente progresistas como el español pueden permitirse colaborar en el envío de menores de edad a Guantánamo sin que pase demasiado, sin que apenas nadie se escandalice y sin que se generen, en consecuencia, los anticuerpos contra el avance lento y fuera de los focos de atención de esa terrible enfermedad que es la asunción de que, en ciertas situaciones (cada vez menos excepcionales, por cierto), «todo vale». Con todo, resulta edificante releer textos de 2006 en los que la defensa de ciertas posiciones en Estados Unidos conllevaba aislamiento y soledad (y, en España, numerosas críticas, como puede verse en los comentarios a la entrada) y comprobar que ahora, años después, ese rechazo a ciertas prácticas de ha convertido en (al menos públicamente) posición oficial de casi todos.

Una de las personalidades más controvertidas implicadas en la acción jurídica del Gobierno Bush II contra los calificados de «terroristas» es el Profesor (en la Universidad californiana de Berkeley) John Yoo. Mientras trabajó como asesor legal del Gobierno fue el autor de parte de los informes y dictámenes que defendían y fundamentaban la constitucionalidad de toda una serie de actos e inciativas sin duda conflictivos (ir a la segunda guerra de Irak sin autorización del Congreso, por ejemplo, sería perfectamente posible según la Constitución de los EE.UU.), cuando no directamente aberrantes (admisibilidad de torturas con límites ciertamente laxos, del tipo «si Usted no cree que con lo que hace le inflige lesiones permanentes, adelante, que no es tortura»). Esta labor de Yoo como asesor legal está en estos momentos cuestionadísima, hasta el punto de que hay quien la entiende directamente como delictiva, en la medida en que supuso el aval legal para que se dieran instrucciones a las tropas que contenían la orden de torturar y una detallada enumeración de técnicas aceptables.

En estos momentos, tres años después, y cuando el Profesor Yoo ya ha regresado a sus clases en Berkeley, se desarrolla en su contra una intensa campaña de hostigamiento público en su Universidad, con manifestantes que recuerdan sus actos y opiniones allí donde va, campaña que ha llegado a solicitar su expulsión como profesor de la Universidad, en una iniciativa que lleva recogidas no pocas adhesiones.

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El derecho y el revés

El Derecho y el revés es el título de un libro que escribieron al alimón hace unos años, a partir de correspondencia cruzada con reflexiones sobre el mundo del Derecho y la actividad jurídica en general, Alejandro Nieto y Tomás-Ramón Fernández. Como muchos de mis colegas recomiendan, a mi juicio con buen gusto, su lectura, existe la posibilidad de obtener resúmenes del mismo bastante detallados allí donde los buscan nuestros alumnos.

Pues bien, desde hace unos días El derecho y el revés también es un blog sobre Derecho constitucional enormemente instructivo, entretenido e informativo que le debemos a Miguel Presno, Profesor de Derecho constitucional en la Universidad de Oviedo. Darse un paseo por allí es altamente recomendable. Quien esto escribe acaba de enterarse gracias a él, por ejemplo, de que el Tribunal Supremo de California se lo ha currado y ha anulado la ley de ese estado que consagraba al matrimonio como la unión de un hombre y una mujer, impidiendo con ello la existencia del matrimonio homosexual. También he podido disfrutar de un original trabajo donde, exponiendo con sencillez y sentido del humor conceptos clave del Derecho constitucional, se hace un recorrido por su tratamiento cinematográfico trufado de anécdotas históricas ciertamente jugosas, como la que se refiere al sufragio censitario y las dudas que generaba en Franklin hasta qué punto podía entenderse que éste se reconocía más bien a ciertos animales domésticos antes que, en puridad, a sus propietarios. Por último, y por dar una idea del tipo de contenidos del blog antes de recomendar que, sencillamente, se pasee uno por allí, podemos seguir el rastro de la anécdota de Benjamin Franklin, citada también en otro trabajo, una reflexión muy necesaria sobre las paradojas de nuestra pertinaz negativa a contemplar la conveniencia de que los extranjeros que viven en España voten de acuerdo a lo que son: ciudadanos que viven, trabajan y comparten con nosotros responsabilidades e intereses derivados de que las cosas vayan de una forma u otra.

En definitiva, y como ya es tradición en este bloc, me es muy grato dar cuenta de este descubrimiento y animo a todos a quienes interesen estas cuestiones a difundir y colaborar con Miguel Presno. De paso, claro, le doy las gracias por el esfuerzo y lo mucho que nos va a aprovechar a los demás. Y, como siempre también, aprovecho para pedir a cualquier lector que sepa de blogs jurídicos que no tengamos controlados en la parroquia de No se trata de hacer leer que nos ilumine y recomiende espacios de debate y reflexión en torno al mundo del Derecho que pueda conocer y juzgue atractivos. En esta entrada ya se esbozó una pequeña lista.



Nacimiento en la blogosfera jurídica española

Está bastante bien poder dar la bienvenida a un blog jurídico en español, porque la verdad es que no puede hacerse a menudo. hHsta la fecha hay muy pocos espacios en la Red dedicados a analizar cuestiones estrictamente jurídicas desde una perspectiva analítica y explicativa. Es más o menos inevitable, porque quienes nos dedicamos al mundo académico tenemos muchos incentivos para perder nuestro tiempo de otra forma. Pero, aún así, sigo persuadido de que algo podemos aportar  exponiéndonos de esta forma, tanto a nuestra propia comunidad académica como a la sociedad en general. Incluso, de que puede ser un instrumento complementario útil para la docencia. No creo que esté de más que te puedan leer y retratar fácilmente. Estar, como decía, en muchos sentidos, expuesto. En primer lugar, para que sepan qué haces, para que lean tus trabajos si los cuelgas, etc. Pero sobretodo, para que te critiquen, muchas veces, ya sea por perder el tiempo, ya sea por ser «poco serio», ya sea por decir tonterías, ya por estar, sencillamente, muchas veces equivocado. Pero, junto a la evidente ventaja que supone tener tantas posibilidades de ser criticado, que es lo mejor que le puede pasar a uno, también creo que hay algo de beneficio para los demás en todo esto.  Y que es una labor importante de los juristas tratar de crear, en la medida en que podamos, espacios que, pretendiendo ser rigurosos, aspiren a dar a conocer a los demás cómo funcionamos y cómo analizamos y orientamos las cosas.

Desgraciadamente, de todo esto, en España, hay poco. Sí tenemos muchos blogs destinados a profesionales del Derecho, muy volcados en cosillas prácticas, con especial predilección por asuntos como el urbanismo o las nuevas tecnologías. También hay por ahí algunos blogs escritos por juristas, pero dedicados a hablar de lo divino y de lo humano y sólo a veces, incidentalmente, de Derecho. Pueden gustar más o menos, ser divertidísimos o atinadísimos o no, pero no satisfacen esa necesidad que creo que tiene nuestro país de que haya posibilidades de que hablemos, jurídicamente, en abierto.

Por eso es especialmente agradable descubrir que desde hace poco está activo un blog puesto en marcha por Daniel Sarmiento, de la Universidad Complutense de Madrid, dedicado a tratar cuestiones de Derecho comunitario. La cosa promete un alto grado de calidad y originalidad en los contenidos y la forma de tratarlos, lo cual se agradece enormemente. Daniel Sarmiento lleva un tiempo, en un alarde de generosidad que muchos le agradecemos más de lo que él pueda sospechar y que a mí personalmente me ha permitido aprender muchísimas cosas, enviando múltiples mensajes con información, documentos y comentarios sobre la actualidad del ordenamiento jurídico comunitario por medio de masivos correos electrónicos. Gracias a lo cual ya puedo saber, más o menos, qué tipo de contenidos es probable que contenga el blog y puedo dar fe de su atractivo.

En definitiva, que bienvenido sea El derecho de la Unión Europea y que tenga larga vida.

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Mundo Google

Nuestro mundo ha cambiado. Y mucho. Lo ha hecho también, lo está haciendo, su Derecho. Lo ha hecho, lo está haciendo y lo hará en España cada vez más, a su bola, la Universidad (mientras sobreviva, eso sí). Desde una perspectiva todavía jurídico-académica, es por este motivo más que obvio que la enseñanza del Derecho, la forma en que lo estudiamos, tendrá que empezar un día de estos, a su vez, a verse afectada. Otra cosa es lo que nos cueste llegar a ese estadio porque, como recordaba Keynes, el problema no suele estar tanto en las nuevas ideas como en las viejas.

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Bloggers en la Academia

En los Estados Unidos las Universidades se han llenado de profesores que escriben sobre asuntos jurídicos de actualidad o en torno a las cuestiones que están estudiando, que comentan sentencias o que participan en polémicas sociales y políticas empleando para ello sus blocs en Internet, con la intención de llegar a más gente, sin duda, aprovechando la capacidad de penetración y porosidad de la herramienta.

Como es obvio, parece difícil desde aquí (incluso es probable que tampoco sea sencillo saberlo para quienes allí están) tener muy claro a quiénes, en concreto, se dirigen mayoritariamente. ¿A los colegas?, ¿a sus estudiantes?, ¿a la opinión pública, en su estrato más informado?, ¿o incluso a la cerrada y retroalimentada comunidad de bloggers que, también en el universo de los las bitácoras jurídicas, ha acabado por conformarse, inevitablemente? En realidad, da un poco igual. Cuando las aportaciones son de interés, éstas tienen valor trascendiendo incluso el público al que su autor las destinaba. La ventaja de Internet es que, cuando se tiene algo que decir, el resultado suele ser gratificante para quien topa con él.

En España no parece que, por el momento, la cosa haya despuntado. Todo se andará, sin duda. No sólo los cuadernos de este tipo, sino la generalización del acceso a la red, a bases de datos y a información y opinión especializada están llamados a jugar un papel creciente. Cambiarán con ello muchas cosas y también la forma de enseñar, la de acceder a los estudiantes y mostrarles cómo la realidad se ve afectada por el Derecho, la manera de enfocar los asuntos que nos interesan y nos estudiamos y también, por supuesto, la capacidad de que las reflexiones que hacemos los juristas (profesores o no) lleguen a más gente e incluso que puedan incorporarse con mayor facilidad y carta de naturaleza (al menos en sus bases más asequibles para el lego) al debate público.

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