“The Verge” – Patrick Wyman

Ya hemos hablado mucho del gran pecado de la especialización: que tiendes a ver el mundo a través del color de tus gafas. Y al poco rato, empiezas a ver que TODO se remonta a Lo Tuyo, que de hecho Lo Tuyo es el fulcro, el eje, el gozne de todo lo demás. Mayormente el resultado es patético, pero a veces es curioso. Como aquí: Patrick Wyman, un especialista en finanzas tardomedievales y de la edad moderna temprana, nos quiere vender que el mundo moderno en el que vivimos es el resultado de una serie de decisiones y acontecimientos mayormente financiero que tuvieron lugar en Europa occidental en un periodo bastante estrecho de tiempo, los 40 años que van de 1490 a 1530. Allí, una Europa que era un backwater mundial y periferia de Eurasia, empezó su meteórico ascenso a centro del mundo un par de siglos más tarde. Esas cuatro décadas son el vórtice, el borde desde donde saltó la Edad Media para llegar a donde estamos ahora. Incluyéndole a él, que habla y trabaja en inglés en una ciudad -Albuquerque, Nuevo México- con nombre español.

El libro se estructura en nueve capítulos centrados en nueve personajes (Cristóbal Colón, Isabel de Castilla, Jakob Fugger, Götz von Berlichingen, Aldus Manutius, John Heritage, Martín Lutero, Solimán el Magnífico, y Carlos V), cada uno de los cuales debe servir para iluminar un aspecto de esta era de cambios. Pero solo son macguffins, ya con Cristóbal Colón Wyman habla más de los viajes de los portugueses que de los colombinos, y se remonta a 1470 e incluso antes. Lo de 1490-1530 al final es un “más o menos”, no marcado por eventos concretos, aunque comienza el libro con el saqueo de Roma de 1527, en plan “para entender estos años hay que entender cómo se llegó a esto”. Pero bueno, está bien narrado y explicado, y da detalles interesantes.

 

“Os preguntaréis como yo, su muy católica majestad Carlos I de España, me vi en esta situación de matar a miles de cristianos y saquear la ciudad más sagrada de la Cristiandad. Veréis…”

 

Pero siempre, tanto en Colón como con los demás: dinero, dinero y más dinero. Algo que por otra parte seguramente se acerque más a la verdad que los diversos relatos épicos que acostumbramos a ver servidos en nuestro bufete histográfico-cultural. Los siglos XIV-XV habrían sido siglos de cada vez menor base monetaria en Europa: las minas están agotadas, y la poca plata que hay acaba yéndose a Oriente por culpa del déficit comercial, causado porque ellos producen mogollón de cosas chulas y nosotros unos mojones que a los mughales, los ming y los timúridas les parecen juguetes. El equivalente a entrar en un concesionario Ferrari con pipas. Así que solo nos aceptan metales preciosos. La economía europea se vuelve muy creativa para desarrollar instrumentos de crédito y sofisticadas finanzas, sobre las que van a llover el oro y la plata de las Indias, creando una explosión financiera. Esto se combina con innovaciones militares cada vez más eficientes, pero también más caras, que a su vez dejan el monopolio de la violencia en manos de los “estados” (que aún no existen como tales, son las respectivas coronas, actuando como proto-estados), los únicos capaces de movilizar los recursos necesarios.

 

Los que mandan

Tres gobernantes le bastan a Wyman para ilustrarnos la época. Claro que dos son españoles (más o menos) y el tercero el mayor enemigo de los españoles. La primera es Isabel de Castilla. Y no, Wyman –y en general todos los pérfidos extranjeros- no la llama “La Católica”, eso por alguna razón solo lo hacemos aquí, vaya usted a saber por qué. Wyman, (que gusta de hacer introducciones novelescas a los capítulos, pour prendre le ton y porque viene del mundillo podcaster) en todo caso, nos la introduce con 15 añitos, rezando fervorosamente para no tener que casarse con Pedro Girón, el pretendiente que su hermano Enrique IV le ha buscado. Dios escucha sus plegarias, y Girón cae muerto en Villarubia de los Ojos. Incluso para una chavala adolescente que cree tener derecho divino a ser la reina, esto impresiona, y se va a creer para el resto de su vida que Dios la acompaña.

 

“Madrid es esa ciudad donde no tienes que encontrarte con tu ex porque le rezaste a Dios que lo matara, y esto también es una libertad que los comuneros nos quieren quitar.”

 

Muerto el pobre Girón, Isabel tuvo vía libre para casarse con Fernando (17 años él, 18 ella), y juntos iniciaron la sacrosanta unidad de España. Tal como parece ser necesario, además: con una guerra civil primero, y una cruzada contra los malvados musulmanes después. Y luego, pues una guerra en Italia, y la conquista de América, y montar un imperio absurdo mediante alianzas matrimoniales ídem. Pero centrándonos en la perspectiva crematística, el viaje de Colón costó en total unos 2 millones de maravedíes – peccata minuta comparado con el coste de la Guerra de Granada. Para esta, Wyman suma unos 159 millones aportados por impuestos eclesiásticos para financiar precisamente cruzadas, 450 millones de aportaciones “populares”, y más y más impuestos. También ayudó el botín de guerra: la población de Málaga fue obligada a pagarse un rescate tras su captura en 1487, y quien no pudo pagarlo acabó vendido como esclavo. Pero todo esto no bastaba, y tuvieron que acudir a los nuevos amos del mundo y pedir créditos.

 

Prestar a príncipes y reyes era negocio inherentemente arriesgado, y era la posibilidad de avance social y político, más que la esperanza racional de retorno de la inversión, lo que llevaba a las empresas a prestar a los monarcas. Nada prevenía a un líder de olvidar sus deudas o morir en el tajo. Los reyes no se sentían necesariamente obligados por las deudas de sus predecesores. Más de un banco se había arruinado tras apostar por una dinastía. La mayor firma comercial de la Edad Media, los Bardi y Peruzzi de Florencia, mordieron el polvo cuando Enrique III de Inglaterra declaró bancarrota al comienzo de la Guerra de los Cien Años. La Banca Medici era la institución financiera más importante del XV, y las pérdidas de su sucursal de Brujas prestando a Carlos el Temerario antes de su muerte arrastraron a toda la empresa.

 

Lo que inventaron Fernando e Isabel, afirma Wyman, fue la moderna deuda pública. Colocada sobre todo entre comerciantes genoveses, algunos de los cuales luego financiaron el viaje de Colón. Y con ello ganaron la Guerra de Granda, y Boabdil tuvo que rendir la ciudad (como eran tiempos rancios, se negó a darle la llave a una mujer, dándosela en su lugar a Fernando, que ya se la pasó a Isabel). Y es con la deuda pública, según Wyman, con lo que se crea el estado moderno. Estado que inicia también un control cada vez mayor de la sociedad, en este caso con la Inquisición. Un tribunal religioso para el que no faltan excusadores hoy en día, y del que Wyman da detalles interesantes: ya existía antes, y existió en muchos otros sitios, pero lo particular de España es que aquí no fue solo una institución de la Iglesia, sino del Estado. Es decir, ya no estamos ante unos señores con ropas ridículas discutiendo sobre lo divino y lo humano, sino ante otros señores con ropas igual de ridículas, pero con armas en las manos y un plan en mente: un proyecto político de establecer una nación uniforme para aumentar así la unificación política y el control real. Sí, queridos lüberalles patrios, enemigos de la deuda pública y amantes de los Reyes Católicos y de la libertad: fueron los segundos los que inauguraron lo primero para acabar con lo tercero. Deal with it. Y si os molesta, id a decírselo a Wyman, que entre pesas y pesas seguro que está encantado de atenderos.

 

El historiador mazado.

 

El segundo “español” es Carlos I, y su enemigo es Solimán el Magnífico. El enemigo también podría haber sido Francisco I de Francia, pero este era un perdedor, que fue capturado en Pavía, y además un cachondo: prisionero en Madrid, firmó un tratado por el que se le daba libertad a cambio de una alianza, a sellar mediante boda con la hermana de Carlos, Leonor de Austria. Francisco firma, y en la ceremonia de pedida, cuando Leonor le ofrece la mano, él dice, “señora, que nos vamos a casar, qué menos que un piquito en los labios”. Total, que en cuanto cruza la frontera, Francisco reniega de todo lo firmado y besado, y vuelve a dar guerra. Aliándose con el turco, además. Y luego, la pasta: Carlos siempre está sin un duro. Tradición familiar: su abuelo Maximiliano a menudo había tenido que pedir 1000 florines sueltos a los Fugger para poder pagar los gastos del día a día. El nieto, aunque heredó territorios a puñados, iba igual. Incluso lo que llegó del Nuevo Mundo se gastó según llegaba: el oro que Cortés mandó tras la captura de Cholula se fue ipso facto en un viaje a Inglaterra; los 120.000 pesos de oro enviados tras la captura de Tenochtitlan fueron a financiar la guerra de Italia. Un millón de ducados se perdieron en el ruinoso ataque a Argel, más de lo que costó la corona imperial. El ascenso de Carlos a monarca más fuerte de la cristiandad fue a la vez consecuencia lógica y carambola dinástica loca de Trastámara y Habsburgo: con todo el poder e incapaz de nada. Y su intento de meter al Papa en vereda es lo que acaba desencadenando el Saco di Roma: había extendido su poder más allá de sus capacidades financieras. Dos años más tarde, Solimán aparecía ante las murallas de Viena. A Carlos V, la verdad, el mundo se le rompió en las manos.

¿Y Solimán? Pues es el reverso financiero: un gobernante que nunca tuvo demasiados problemas económicos y casi todos los años tenía superávit. Y consecuentemente no emitió deuda pública. Aquí hay una paradoja, que Wyman mismo reconoce, que es: ¿por qué a la larga triunfaron los europeos, con sus locos cacharros financieros, y siempre al borde de la bancarrota, y el imperio financieramente responsable, tanto que el Banco de España y la Comisión Europea al alimón habrían entonado en coro el Himno de la Alegría, acabó con una decadencia de siglos?

En realidad, su imperio se basaba en el pillaje: los que hacían la guerra santa esperaban a cambio ganancias materiales, igual que Cortés y sus sucesores no veían contradicción en masacrar aztecas ad maiorem Dei gloriam y llenarse los bolsillos de oro. Las riquezas se acumulaban gracias a las continuas conquistas; en cuanto estas se acabaron, se acabó el dinero fresco. Los sucesores de Solimán se las apañaron bien gravando fiscalmente a los cristianos… con lo cual también desapareció el incentivo a convertirlos. Esto dejó un imperio obsesionado con controlar a unos súbditos siempre levantiscos, alimentados por odios religiosos imposibles de solventar. Les fue demasiado bien, es más o menos la conclusión de Wyman, y al no tener que recurrir a finanzas sofisticadas, la llegada del capitalismo los hundió.

 

O quizás lo del superávit presupuestario no es tan importante como algunos nos cuentan.

 

Los machacas

Estos tres gobernantes, y los demás de la época, no se manchaban las manos ellos mismos, claro. Tenían a sus machacas, tanto para la guerra como para las exploraciones. Wyman nos ofrece a dos: Cristóbal Colón y Götz von Berlichingen. Colón era un hombre muy metido en el mundillo naval, habiendo participado en numerosos viajes antes de intentar organizar el suyo propio. Algo para lo que contó con la ayuda de comunidades de genoveses en el sur de España, siempre buscando donde invertir el dinero, y a quienes una ruta alternativa a Oriente les ofrecía la posibilidad de saltarse a los pérfidos venecianos.

Otro grupo, igual de importante, aunque menos conocido, era el consorcio de banqueros y nobles que habían participado en la conquista de las Islas Canarias en la década de 1480. Una aventura colonial, patrocinada y realizada a título privado, aunque con la bendición de la Corona (que se contentó con su 20% del beneficio de la venta de esclavos guanches). Luis de Santángel, factótum financiero del rey Fernando, fue quien se encargó de juntar a todos los grupos y obtener el favor real. Colón debía poner un cuarto del total, 500.000 maravedíes, que obviamente no tenía y que le prestó Alonso de Quintanilla en nombre de un consorcio de comerciantes sevillanos. Otro cuarto, además de la Niña y la Pinta, lo puso la ciudad de Palos de la Frontera (que llevaba un tiempo sin pagar impuestos a la Corona y así lo compensó). El millón restante, más el salario colombino de 140.000 maravedíes, lo pusieron Fernando e Isabel (sin necesidad de empeñar joyas, eso fue durante la Guerra de Granada), y como tampoco lo tenían lo pidieron prestado a la comunidad de comerciantes genoveses. Como garantía al pago, Santángel autorizó una venta de indulgencias en Extremadura, cuyo beneficio fue a los genoveses.

Claro, todo esto tenía que dar un beneficio, y dado que las míticas ciudades de oro de Cathay brillaban por su ausencia en las islas caribeñas encontradas, Colón insinuó que esclavizar a nativos sería una buena idea para sacar un dinerillo de todo eso. Así habían logrado los portugueses sacar cierto partido a sus viajes por la costa africana, pero fue volver Colón de su primer viaje (arribando a Lisboa, no me pregunten si era un poco malo navegando, o si quería frotárselo en la cara a los lusos, “no me quisisteis pagar el viaje y mirad, he encontrado la ruta para los castellanos, a mamarla a Braganza”) y lanzarse al sur. Y en 1497, Vasco da Gama lograba dar la vuelta a África y llegar a la India. Los productos europeos que llevaba despertaron risas en los mercados locales, pero logró hacerse con especias, tan apreciadas en Europa que su viaje cosechó beneficios equivalentes a sesenta veces su coste.

Esta es la gran diferencia entre ambos impulsos exploratorios: la expansión castellana la llevaban emprendedores privados, incluidos Hernán Cortés y Francisco Pizarro. La Corona se limitaba a enviar gobernadores para cobrar su 20%, y poco más, durante todo el siglo XVI. En Portugal, al no haber una base financiera lo bastante amplia en la “sociedad civil”, intervino la casa real, con un control mucho más directo y una implicación mucho mayor.

 

La expansión europea en el Atlántico e Indico no fue una iniciativa estatal ni eran emprendedores visionarios buscando mercados libres. Los participantes, tanto casas reales como mercaderes-inversores, no habrían reconocido la diferencia. Ambos estaban agresivamente imbricados en cada fase del proceso: los mercaderes buscaban monopolios que explotar, un retorno favorable a su inversión, y el violento paraguas de la fuerza militar para proteger su habilidad de hacer negocios. Las coronas, siempre escasas de fondos, permanentemente buscaban ingresos para financiar proyectos cada vez más ambiciosos. Cualquiera que fuese su compromiso con los ideales de cruzada, conversión religiosa, o mesianismo político, la apremiante hambre de fondos era lo que guiaba la acción real.

 

Con Götz von Berlichingen, por su parte, entramos en el mundillo de los contratistas militares es. Un señor al que conoce todo quisqui en Alemania, básicamente porque Johan Wolfgang von Goethe escribió una obra sobre él. Obra que nadie se conoce, salvo por una frase: al final del tercer acto, asediado en su castillo por tropas imperiales, le espeta al mensajero que le exige rendirse: “siempre respetaré al emperador, pero a tu capitán dile que me puede lamer en el ano”. El tradicional saludo de Suabia, señores. Algo así como si Cervantes hubiese puesto “a mamarla a Parla” en boca de Don Quijote.

 

Asustando a la sociedad de bien.

 

Con él vemos que los cambios militares (pólvora, fortificaciones modernas) se combinan con las nuevas finanzas, para dar origen a una casta de emprendedores militares, generalmente segundones de familias aristocráticas. La mayoría son como Berlichingen, prestos a aportar a la campaña de turno una treintena de hombres a caballo contratados por obra y servicio. Los piqueteros en cambio solían venir en grandes compañías, ya que luchaban mejor si se conocían (y porque solo tenía sentido usarlos a miles). Ese era el secreto de los mercenarios piqueteros suizos que habían expulsado a los Habsburgo de Suiza y le habían metido una pica hasta la glándula pituitaria a Carlos el Temerario (bisabuelo de nuestro Carlos I, que de él recibió su nombre). Con la fama en el bolsillo, hicieron como Berlichingen: con los franceses un año, con los imperiales al siguiente. Incluso, hubo algunos en la Guerra de Granada. Berlichingen además lo combinaba con chapucillas de autónomo: nos cuenta en sus memorias que robaba a comerciantes de Colonia en el camino a Frankfurt como parte de una disputa con dicha ciudad, empleó arcabuceros en batallas fluviales contra el obispo de Bamberg, y defendió a la ciudad de Möckmühl para el duque de Württemburg de la Liga Suabia. Pero el maná recurrente de los mercenarios fueron las Guerras Italianas, una serie de interminables enfrentamientos por el control del país cisalpino.

Un nivel por encima está ya gente como Jorge de Frundsberg, que es una especie de mega-Berlichingen, capaz de montar regimientos y hasta ejércitos enteros. Frundsberg, de hecho, participa en la batalla de Pavía (y de creer al cancionero militar alemán, fue quien la ganó), y también en el Saco de Roma de 1527. De hecho, son precisamente sus soldados mercenarios (incluyendo a varios protestantes, que al saqueo añaden escarnio a lo más sagrado de la cristiandad católica), furiosos por no haber cobrado, los que comienzan el brutal saqueo de tres días de la ciudad.

Curiosamente, casi toda su larga (aunque no distinguida) carrera de más de 40 años, Berlichingen la libró como minusválido: con 24 años, un cañonazo le arrancó la mano derecha desde el codo, siendo sustituida por una prótesis por la que le llamaron “el de la mano de hierro”. Murió con 80 años en la cama, fíjate tu.

 

Los iluminados

Más allá de los ONVRES (y las mujeres ESPAÑOLAS) que manejan los hilos del mundo, este también se mueve por obra de algunos iluminados. Wyman nos los detalla con Martín Lutero y Aldus Manutius. De Lutero ya hemos hablado, pero Wyman nos lo revisa desde el punto de vista contable. Primero, sus orígenes familiares, hijo de un padre al que las nuevas finanzas posibilitaron montar un negocio minero y enviar a su hijo a la universidad (hijo que renegaría visceralmente del capitalismo y del dinero el resto de su vida… lo que probablemente dice más del padre que del capitalismo). Y luego, desde el punto de vista de las indulgencias. Las indulgencias ya eran del siglo XIII, pero tuvieron un renacimiento como “interesante producto financiero”, ya fuese para financiar cruzadas, expediciones hacia las Indias, o simple labor social. Lutero ni siquiera objetaba a la venta per se, sino al hecho de que aquí se estaban supuestamente salvando almas que no habían hecho ni el huevo para merecerlo. Ah: y que lo de sacar sus sesudos textos en alemán habría sido una idea de los editores, que querían ganar más dinero y tradujeron como mejor podían sus textos latinos. Aunque Lutero, al ver la buena salida que tenía, pasó a escribir en alemán (donde sentó las bases del idioma de manera similar a como Cervantes lo hizo para el castellano). Fueron su lengua afilada y su apabullante personalidad los que pusieron en marcha la Reforma… y fueron, esos mismos, los que hicieron imposible que él la liderara pasado un cierto punto. Demasiado incisivo y demasiado polémico para que la gente se sintiera cómoda con él. Pero a los editores todo esto les daba igual: cuanta más polémica, mejor, ¡más se vendía! Y Lutero era una máquina, escribiendo sin parar mientras la burocracia eclesiástica tardaba tres años en ponerse en marcha. Tres textos y 6 ediciones en 1517, 17 y 87 en 1518, 25 y 170 en 1519, 27 obras y 275 ediciones en 1520, luego ya vino la ilegalización, pero para entonces Lutero ya era el autor más publicado de Europa. Algún editor se hizo rico imprimiendo a la vez indulgencias y escritos de Lutero.

 

Fueron también los editores los que por primera vez empezaron a adornar sus ediciones con dibujos de Lucas Cranach, y a poner el nombre de Lutero tan grande en la portada como la palabra “Biblia”.

 

Editores como un (para mi) desconocido Aldus Manutius (Aldo Manuzio en su casa veneciana, aunque era oriundo del Lacio), que nos introduce el mundillo de los editores de libros. Un mundillo que, vaya hombre, también se ve profundamente afectado por las nuevas finanzas. Porque hasta ahora, la copistería era cosa hecha por encargo, con un señor y su pluma. Ahora, en cambio, el proceso es mucho más largo y caro, y requiere por tanto de un importante capital inicial… y de un mercado potencial igual de importante, ¡algo que en ese momento aún no existía! Fue la propia imprenta la que lo creó. Hans Gensfleisch, el inventor de la cosa (al igual que Manutius, se buscó un nombre algo más marketing-friendly: Johannes Gutenberg), primero imprimió biblias simplemente porque asumía que era lo único que se podría vender siempre (aunque hubo unas pruebas anteriores, para convencer a los inversores, de libros escolares de gramática latina). Dichas biblias, además, venían con amplios márgenes para que el comprador pudiera adornarla al gusto, así que se puede decir que también inventó los libros de colorear. Imprimió 180, para lo que empleó a 18 personas durante 330 días.

Al contrario que los primeros impresores, que venían del mundillo “emprendedores en artesanía intensiva en capital” (incluyendo al propio Gutenberg, que por cierto se arruinó con las biblias y perdió así su taller), Aldus Manutius era profesor, pero vio el enorme potencial de la cosa, y con ayuda de su suegro se lanzó a la aventura del saber: fue el primer editor de Europa occidental en sacar libros en griego (lo primero, claro, fue publicar una gramática, y una vez esta se vendió como churros siguió con los clásicos). Esto era una apuesta arriesgada: había que desarrollar una tipografía para el alfabeto griego, hacer pruebas, imprimir en serio, y luego vender. Mucho trabajo, y entre uno y dos años antes de ver un retorno. Algo que solo podía hacerse con mucho dinero detrás, y que de hecho requirió una inversión inicial de varios potentados venecianos, ya que ninguno quería llevar el riesgo solito; incluyendo a su suegro, Andrea Torresani, un mísero al que Erasmo de Rotterdam (uno de los primeros autores contemporáneos a los que Aldo popularizó, y además le tuvo de invitado en casa) inmortalizó como tal en sus obras, racaneando cada céntimo y sirviendo el vino rebajado con agua.

El editorial era un mundillo ferozmente competitivo en aquellos tiempos: Manutius dejó escrito en la introducción a su primera obra “aunque podría haber llevado una vida tranquila y pacífica, elegí una llena de trabajo y problemas”, y no exageraba. Cien prensas se habían establecido en Venecia entre 1469 y 1490. Quedaban 23 cuando Manutius llegó a la ciudad, y apenas diez llegaron a 1500. La mayoría se arruinaban al primer libro: muchos editaban clásicos latinos llenos de errores por desconocer la lengua, o incluso siendo buenos tenían la mala suerte que su edición de 500 ejemplares de la Odas de Horacio salía justo dos meses después de que otro editor en Lübeck hubiese sacado una propia, saciando el mercado para unas cuantas décadas. Manutius tuvo suerte, pero también habilidad para posicionarse como “referente en calidad”, editar además bastante barato (), y diferenciándose mediante una tipografía propia, la itálica. Una inversión de miles de ducados: Berlichingen podría haber reclutado una buena tropa con eso. Manutius fue el impresor más famoso y prolífico de Europa a principios del XVI, empelando a quince personas y cinco prensas, con solo un cierre de tres años por necesidades bélicas. Más de diez millones de libros fueron impresos entre 1450 y 1500 – más que en todo el milenio anterior. Y esa cantidad se quintuplicó durante los 50 años posteriores. Sin Manutius y otros como él, no habrían despegado ni el humanismo, ni la Reforma Protestante, ni la Ilustración dos siglos más tarde.

 

Artista invitado: John Heritage

Esta es una inclusión curiosa: John Heritage, un hombre tan desconocido que apenas sabemos cuándo nació, e ignoramos cuándo murió. Pero nos han llegado, por carambolas improbables, algo que no suele llegarnos: sus apuntes contables, una ventana a la microeconomía de la época. Heritage era comerciante en un pequeño pueblo a 80 millas de Londres, y representa a la nueva economía proto-capitalista que empieza a desarrollarse. A través de él, vemos la transformación del campo inglés: Heritage (y otros 60 como él) tenía tierras en aparcería de un noble, Edward Belknap, y se ganaba un dinero extra comprándoles a los granjeros del condado la lana de su media docena de ovejas, para luego llevarla a Londres y venderla al por mayor a los grandes comerciantes. Las tierras eran para cultivar trigo para comer, pero Heritage convenció al noble para que se lo arrendara todo a él. Posteriormente, lo cercó, y usó las tierras para criar miles de ovejas y así obtener aún más lana. Con el precio de la lana en continuo ascenso, fue un negocio redondo para ambos. En 1506, Heritage aportó el 1% de toda la lana exportada de Inglaterra. Este es el proceso conocido como “Enclosure”, el cercamiento de las tierras para hacerlas más productivas. Claro, “productivas” en el sentido de que daban más dinero, no de que alimentaran o dieran trabajo a más gente. La jugada expulsó a los otros 60 –gente a la que Heritage conocía desde la más tierna infancia- de las tierras donde habían vivido y arado durante generaciones, y los obligó a emigrar, o a buscar trabajo como proletariado rural al servicio de Heritage, pero de ese drama no transluce nada en los libros de contabilidad. Heritage se hizo rico. Como buen trepa, tenía poco tiempo para la familia y le salieron un par de hijos inútiles. Uno murió en una pelea. Los ricos también lloran.

Me sorprendió que Heritage hiciese gran parte de su negocio a crédito, tanto comprando como vendiendo, pero Wyman nos explica que apenas había un millón de libras en efectivo en toda Inglaterra en 1500 (aunque en 1520 ya había el doble), y encima la mayor parte estaba en oro. Así que había que fiar todo el rato. David Graeber seguro que tendría mucho que decir al respecto.

 

El que lo pagó todo

Pero el hombre que mueve los hilos no maneja ni espada ni timón, ni recorre húmedos caminos de tierra en el culo de Inglaterra, sino que maneja una simple pluma: Jakob Fugger “El Rico”. Empieza como uno más en una familia de siete hijos, pero el aire insalubre de Venecia se carga a dos hermanos suyos, lo que le permite escalar en la empresa familiar. La empresa se dedica inicialmente a los textiles, pero pronto se meten en las finanzas. La prodigiosa memoria y enorme capacidad de trabajo de Jakob se juntan con las voraces necesidades financieras de los gobernantes para la guerra moderna. Eine Hochzeit im Himmel. Los Fugger explotan además numerosas minas, gracias a nuevas tecnologías que permiten extraer minerales a profundidades mayores, pero también gracias a continuos favores políticos para mantener todo el engranaje en marcha. Acaban siendo dueños de minas de plata desde Perú hasta Hungría, y controlando redes de comercialización y distribución por toda Europa.

Son los Fugger quienes hacen emperadores mediante créditos. Son los Fugger quienes le financian a Alberto de Brandeburgo la dispensa para ser obispo; un acuerdo relativamente menor (bueno: 23.000 ducados, tres veces el coste del primer viaje de Colón), pero con explosivas consecuencias: como garantía, los Fugger reciben la mitad de los beneficios por la venta de indulgencias en el obispado de Alberto (Alberto, a su vez, obtuvo bula papal para esta venta prometiéndole a Roma la mitad de los beneficios, que se usaron para la construcción de San Pedro del Vaticano), y es esta venta la que llevará a Lutero a publicar sus 95 tesis. Y unos años después será en la propia casa-palacio de Jakob Fugger en Augsburgo donde Martín Lutero defenderá durante el Reichstag de 1518 sus tesis al grito de “mi conciencia manda y no tu panda” (algo así como si el juicio oral del Procès tuviese lugar en el domicilio privado de Ana Patricia Botín). Se acaba entendiendo que Wyman ponga al inicio del libro la cita que adornó tantos libros de contabilidad medievales: Deus enim et proficuum (“por Dios y por el beneficio”).

 

El Jeff Bezos del siglo XVI.

 

Jakob Fugger murió en 1525. Su último préstamo, por los viejos tiempos y ya en su lecho de muerte, fue al archiduque Fernando, hermano de Carlos V. Dos días antes de morir, aún denegó un préstamo a Alberto de Prusia por protestante (normal que Prusia tuviera que recurrir históricamente a las armas, ¡no le dejaron otra!). Murió solo, lejos de su hija bastarda (no tuvo descendencia legítima), lejos de su mujer (que estaría con su amante, con el que se casaría apenas dos meses más tarde), lejos de sus sobrinos, todos en viaje de negocios, a las 4 AM en una silenciosa noche nevada, y acompañado solo de una enfermera. No nos han llegado detalles del funeral, y no parece haber habido mucho luto. Murió igual que vivió: sin sentimentalismos.

¿Y que queda hoy de toda esa fortuna? Pues el legado que nos queda, sí, a nosotros españoles, es la presencia, en el escudo nacional de España, de una corona imperial del Sacro Imperio sobre la columna izquierda. Aparecida por primera vez en el escudo de nuestro primer Austria gracias a los 850.000 florines que le presta Jakob Fugger a Carlos I de España para sobornar a los electores y ser también V de Alemania (y mantenida allí por la megalomanía de ciertos gobernantes españoles de insistir en que “fuimos un Imperio”, aunque lo que realmente dice es “antes teníamos crédito”).

 

“Si te abres la Cuenta Imperial, ¡te regalamos una corona!” Cinco siglos después, ahí sigue la pieza y nadie se anima a tirarla pese a lo hortera que es.

 

Y aparte de blasones denotando delirios de grandeza, queda La Fuggería: un proyecto de 147 viviendas de beneficencia que llegan hasta hoy, y cuyo alquiler social sigue siendo el mismo, un florín renano para un año entero (al cambio, 88 céntimos de euro – no incluye suministros ni calefacción), para los desamparados de Augsburgo… siempre que no mendiguen y sean católicos, claro, que ser cristiano no significa ser tonto. 147 familias rezando agradecidas al Jeff Bezos del siglo XVI. Cosas veredes.

 

Valoración

Pues a pesar de ser una historia basada en apuntes contables, muy interesante y recomendable. Porque muchas veces es precisamente la contabilidad, el movimiento del dinero, lo que explica la Historia. Mucho mejor, además, que los relatos épicos oficiales. Resumido en que los españoles éramos la leche… en las finanzas.

 

Nadie extendió sus recursos más allá o recurrió más creativamente a sus financieros como Carlos V, y la expedición de Túnez fue un microcosmos del cómo y porqué.

Hacia 1535, ningún estado europeo (aparte de Venecia, una ciudad-estado mercantil con un imperio marítimo) tenía mayor experiencia o mejores herramientas para financiar expediciones militares a larga escala que España. Castilla y Aragón habían estado en guerra de manera más o menos continua desde 1482, cuando comenzó la campaña para conquistar Granada. […] Las ambiciones de Carlos llegaron incluso más lejos que las de sus abuelos, y afortunadamente para él, tenía una banda de hábiles asesores financieros para ayudarle en la tarea.

Cuando el tesoro de los incas empezó a llegar en 1534, su valor total era de unos 2 millones de ducados. Carlos solo tenía derecho al quinto real, del orden de 400.000 ducados, insuficiente para la expedición [de Túnez], pero Francisco de los Cobos tenía ciertas ideas. Recurrió a la herramienta fundamental de las financias estatales españolas, el “juro”. Estos eran bonos que ofrecían rendimiento a largo plazo a intereses bajos, a cambio de dinero en efectivo inmediato. En este caso, Carlos y Cobos simplemente secuestraron todo el tesoro inca y obligaron a los receptores a aceptar juros a cambio. […] Pero seguía sin bastar, e hizo falta un gran préstamo de los Fugger. Otros 120.000 ducados fueron transferidos a banqueros de Amberes, que se lo remitieron a la regente de los Países Bajos, Margarita de Austria. Debían prevenir la posibilidad de que Francisco I quisiese desafiar a los Habsburgo pese a la supuesta tregua. […]

La campaña atrajo a soldados de todos los territorios unidos bajo Carlos. Dichos soldados, con sus picas, arcabuces y artillería, representaban el no va más de lo militar en una era de transformación. Propaganda impresa presentando a Carlos como “el destructor de los turcos” y el “Tamerlán de África” circuló tras la campaña. […]

Carlos V sirve como representante de aquella época, la encarnación de lo que se podía y no se podía – la fundación de estados, sistemas financieros, tecnología, desarrollos militares, reformas religiosas. El mundo estaba lleno de horizontes nuevos, desde las Molucas hasta Perú. Carlos tenía las manos metidas en todo ello. Pero mientras las suyas permanecieron limpias y rodeadas de lujo europeo, las de sus subordinados gotearon sangre y culpa.

 

Como dicen ahora: basado. Y si esta imagen no le gusta, estimado español-moderno-pero-sin-dejar-de-ser-patriota, puede ir a decírselo a Wyman, que aparte de lo de levantar 150kgs también tiene un pasado como comentarista deportivo de boxeo y MMA.


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  1. Comentario de intelestual (13/09/2021 12:50):

    Como powerlifter, no veo a Wyman demasiado fuerte. ¿150 kg de que? ¿Press de banca? ¿Peso muerto?¿Sentadilla sumo?

  2. Comentario de emigrante (13/09/2021 15:38):

    “el gran pecado de la especialización”
    Eso es lo que antes llamábamos deformación profesional. Yo tengo mi teoría de que el perfil de los gobiernos viene marcado por la profesión o formación del presidente. Así, el legado del abogado laboralista es la reconversión indutrial, el inspector de hacienda obsesionado con el déficit cero dejó a su sucesor la caja B y el registrador de la propiedad pues nada. Los otros dos son funcionarios de partido sobre todo el último cuya obsesión es su propia carrera política.

    Deformación profesional también se nota en la izquierda en general. Ya están lejos aquellos tiempos en que la militancia se nutría de obreros industriales y de la minería. Ahora lo que predomina son señoras de mediana edad funcionarias del gremio docente. Por eso insisten en que todos los males de este mundo tienen un origen cultural y que todo se puede curar dando clases de lenguaje inclusivo.

    El von Berlichingen era poco más que un bandido, de hecho en la Edad Media en Alemania la hueste de un caballero o un miembro de la pequeña nobleza era indistiguible de una partida de forajidos. Para decir príncipe y terror usan casi la misma palabra: Fürst y Fürcht, respectivamente (fürsterlich = principesco, fürchterlich = terrorífico). Los bandidos de verdad, sin hidalguía, también solían tener su escondite en un castillo (Rauberburg). En Alemania también consideran a Berlichingen como el inventor de la prótesis biónica, su mano de hierro postiza tenía un mecanismo por el que podía abrir y cerrar el puño.

    Y lo de llamar a Isabel de Trastamara por su apodo es algo que las dos Españas hacen de buen grado. Unos para alabarla y otros para denostarla.

  3. Comentario de emigrante (13/09/2021 15:55):

    Más ejemplos de deformación profesional, La Merkel con un doctorado en física cerró las centrales nucleares, la Tatcher, licenciada en química, consiguió la prohibición mundial de cloro-fluoro-carbonos para salvar la capa de ozono y Putin, ex-agente del KGB, va por ahí poniendo polonio en el té y novichok en los canzoncillos de los disidentes. Y qué decir de los dirigentes que tienen una carrera militar detrás.

  4. Comentario de emigrante (13/09/2021 16:29):

    Hablando de inquisiciones https://actualidad.rt.com/actualidad/403784-canada-quemar-libros-bibliotecas-escolares

  5. Comentario de parapartycium (17/09/2021 08:30):

    Muy buen articulo como siempre Sr Jenal, me ha gustado la parte de los primero años de las imprentas con el auge y cierre de las mismas. ¿Podrías (o alguien del foro :-) ) recomendarme algún libro para profundizar sobre el tema?

  6. Comentario de emigrante (17/09/2021 10:04):

    Lo de las imprentas a mi me recuerda a la crisis de las puntocom, la historia se repite.

    Hablando de imprentas y de Lutero les puedo contar una anécdota. Estamos en plena compaña electoral alemana y cuando voy camino de la estación me cruzo todos los días con un cartel electoral con la cara de Lutero que pone “Ich würde NPD wählen” (Yo votaría al NPD) Pienso que no le falta razón, hay que ser muy medieval para querer votarle al NPD. Para el que no lo sepa, AfD es como Vox pero el partido nazi de verdad es el NPD que ya ha sufrido dos procesos de ilegalización de los que se ha librado por los pelos.

  7. Comentario de Cas (17/09/2021 11:59):

    Excelente artículo. Con respecto al NPD mi experiencia fué en un viaje al nortdeste de Alemania, por la región del lago Múritz. Una zona preciosa, casi salvaje, con bosques y lagos inmensos y oscuros. El caso es que pillamos un Airbnb en un pueblo enano cubierto de carteles electorales del NPD, me sonaban vagamente esas siglas a algo…. el dueño de la casa, bastante peculiar, tenía exactamente el aspecto que tienen en nuestra imaginación un coronel de las SS. No el que realmente tenían, sino nuestro arquetipo mental.
    El hombre intentaba parecer simpático pero su sonrisa era imposible, yo me lo imaginaba llevandonos a un vagón de ganado a nosotros , bajitos y morenos, en vez de a enseñarnos las habitaciones, inmaculadas pero completamente desprovistas de decoración.

  8. Comentario de emigrante (24/09/2021 10:34):

    Sobre la detención de Puigdemont, cuál creen ustedes que es la teoría más plausible:

    1) lo han pillado en un descuido.

    2) se ha dejado pillar aposta para:

    2a) está apalabrado con el gobierno y le soltarán en dos días para sumarse a los otros indultados.

    2b) es una maniobra para romper la mesa de diálogo e impedir la negociación de los presupuestos. No olvidemos que los convergentes siempre se sintieron más a gusto con la política económica del PP.

    2c) tras perder la inmunidad parlamentaria europea podría recuperarla abriendo un nuevo proceso.

    2e) llamar la atención. No sé si será aposta o no pero lo cierto es que ya ha conseguido quitarle la primera plana a una erupción volcánica lo que no es poco. Si la cosa se resuelve como en Alemania, la maniobra le habrá salido gratis.

    Como curiosidad científica, los sardos son los europeos que más similitudes genéticas tienen con los vascos. Vascos que hablan catalán y el Puchi dando discursos? no me extraña que los italianos hayan decidido cortar por lo sano.

  9. Comentario de emigrante (24/09/2021 11:29):

    Opción 3) dicen que la euroorden está suspendida por un suplicatorio que puso Llarena al TEDH pero los jueces italianos no se han enterado. En cuanto se aclare le soltarán en unas horas.

    La teoría más loca y conspirativa de todas, no es casualidad que le hayan detenido ahora cuando se está investigando la conexión rusa del procés. La CIA está detrás de esto y el pobre Puchi podría acabar en Guantánamo.

  10. Comentario de emigrante (27/09/2021 17:55):

    Bueno, pues después de que los candidatos favoritos a sustituir a la Merkel hayan cometido errores garrafales durante la campaña y precampaña, el próximo canciller va a ser un señor calvo que pasaba por allí.

  11. Comentario de Lluís (27/09/2021 18:02):

    #10

    Como conocedor del país, ¿podría ilustrarnos un poco? Aquí las elecciones del Reich han pasado sin pena ni gloria, por lo menos en comparación con las de EEUU. Ya sabemos que el inquilino de la Casa Blanca es lo más parecido al dueño del mundo y que los alemanes son bastante sosos, pero ahí está el amo de Europa…

  12. Comentario de emigrante (27/09/2021 22:08):

    Por resumirlo en pocas palabras, la campaña ha transcurrido sin pena ni gloria y ha despertado escaso interés. Al final ha ganado el candidato más merkeliano de todos. Porque la cosa ha ido de candidatos y no de contenido, los programas son indistiguibles. Salvo AfD que explota el nicho de lo políticamente incorrecto como Vox y similares. Como curiosidad, Alice Weidel la candidata de AfD, es mujer, lesbiana y su novia es inmigrante o hija de inmigrantes.

    Ganadores entre los perdedores. Markus Sõder que perdió las primarias contra Laschet ahora se está frotando las manos. Sahra Wagenknecht de die Linke muy crítica con su partido y los llamados Lifestyle leftish (aquí la llamaríamos rojiparda) ha visto confirmados sus temores y tambiénpodríajugarunpapelmásrelevanteensupartido. El canciller lo decidirán entre los dos socios pequeños del nuevo gobierno, de momento tiene más pinta de semáforo que de Jamaica.

  13. Comentario de tabalet i dolçaina (28/09/2021 10:52):

    Sr emigrante, antes de que nos jodan el post, la imagen que se traslada de DeLinke=Podemos, AfD = Vox; FDP= Ciudadanos, es correcto o es una imagen demasiado simplificada?. Los verdes son izquiera cuqui o són otra cosa?

  14. Comentario de emigrante (28/09/2021 12:25):

    En líneas generales sí que hay cierto paralelismo lo que pasa es que, quitando AfD, los partidos alemanes son más antiguos y tienen mucha más solera. FDP está en el Bundestag desde los años 60, los Verdes entraron en los 80 y die Linke con el cambio de siglo. Algún periodista dijo que hay una ley matemática por la que cada 20 años se suma un partido nuevo al parlamento alemán.

    Lo cierto es que esas nuevas fuerzas políticas surgen por crisis o acontecimientos históricos importantes. Los Verdes deben su éxito a la crisis de los misiles Pershing2 y Chernobyl. Por aquel entonces llevaban sus bebés y hacían calceta en el Bundestag, Joschka Fischer se hizo famoso por jurar su cargo en zapatillas de deporte. La Izquierda surge de los restos del SED tras la reunificación y el cisma de Oskar Lafontaine en el SPD. Y la crisis del euro engendró a AfD y la de los refugiados lo puso en el disparadero.

    Otra cosa curiosa es que cada generación solía tener un partido de referencia, los que sobrevivieron a la guerra votaban a la CDU como un solo hombre, la generación de mis suegros se identifica con el SPD y los más jóvenes con los verdes. En el Este las cosas son distintas, es curioso como allí donde arrasaban los excomunistas ahora son de AfD a muerte.

  15. Comentario de emigrante (28/09/2021 14:19):

    Desde el otro lado del mundo se hacen eco de la crítica marxista de Wagenknecht a los “lifestyle leftists” (aka pijoprogres) https://www.newsroom.co.nz/a-marxist-critique-of-the-lifestyle-left

  16. Comentario de Morcillero (04/10/2021 07:28):

    Muy interesante el enlace, Emigrante.

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