El Botànic tiene un problema (y Pedro Sánchez también)

La dimisión del vicepresidente segundo del Consell, Rubén Martínez Dalmau, y su sustitución por el hasta ahora director de la Inspección de Trabajo, Héctor Illueca, no ha sorprendido a nadie. Se trata de un movimiento lógico tras ganar el congreso de Podem PV la facción a la que pertenece Illueca y que encabeza Pilar Lima a los que hasta entonces mandaban, liderados por Naiara Davó. Se trata de una más de las interminables peleas intestinas a las que los partidos de izquierdas nos tienen acostumbrados. Sin embargo, el verdadero problema de Podem PV no es que el movimiento no haya dejado indiferente a nadie, sino justo lo contrario: que suscita la indiferencia de todo el mundo. Como casi todo lo que hace Podemos últimamente, y en particular desde que está en sendos gobiernos, de la Generalitat Valenciana y de España. En sólo dos años, han quedado evidenciadas muchas cosas, la mayoría malas: que su papel en los gobiernos en los que participan es de mera muleta marginal del PSOE, sin capacidad para modificar la acción de gobierno en lo sustancial; que su capacidad de gestión es muy limitada, y a menudo consiste en repartirse puestos de responsabilidad entre los afines del partido (es decir, igual que hacen PP y PSOE, la Casta); y que el potencial emancipador y de ilusionar a la ciudadanía que les votó tiende a cero [acceso al artículo completo]


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