Esquivar la cuarta ola

Llevamos más de un año de pandemia, y por fin parece que comienza a verse la luz al final del túnel. Aunque el suministro de vacunas esté dejando mucho que desear, y pone sobre la mesa cuestiones tales como si tiene sentido retrasar meses o quizás años la inmunización por respetar a toda costa las patentes de las farmacéuticas (como acertadamente indicó ayer Ximo Puig), lo fundamental es que las vacunas funcionan: reducen drásticamente la enfermedad, sobre todo la grave, y ya hay indicios de que, además, también reducen la transmisión del virus.

Todo ello conduce a un escenario que, a pesar de la mayor gravedad y facilidad de transmisión de las nuevas variantes del virus (para las cuales las actuales vacunas podrían ser menos eficaces), permite ser moderadamente optimistas. En verano -tal vez al final del verano-, si nada se tuerce, en definitiva cuando la población más vulnerable a las manifestaciones graves de la enfermedad esté inmunizada, posiblemente estemos ya ante el final de la pandemia, entendida como una enfermedad que puede causar cientos de muertos y miles de hospitalizaciones al día.

En la Comunidad Valenciana hemos recorrido un año de pandemia con resultados desiguales: la primera ola nos afectó menos que al promedio de España. En la segunda ola el impacto fue, si cabe, menor, siempre comparando con el conjunto del país. En la tercera, en cambio, la Comunidad Valenciana batió récords de contagios y fallecimientos, por desgracia. No sólo a nivel español, sino que, por momentos, llegó a ser una de las regiones más afectadas de Europa [acceso al artículo completo]


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