Días felices en Moncloa: PSC y Vox se comen a Ciudadanos

La noche electoral, como sucede siempre, ha solucionado muchas incertidumbres y ha abierto otras tantas. La primera, saber si la participación se iba a resentir de la ocurrencia de organizar unas elecciones en plena tercera ola de la pandemia… Pues sí, la verdad. Las anteriores elecciones catalanas, convocadas por Mariano Rajoy en un día laborable mediante el artículo 155 de la Constitución, batieron récord histórico de participación (79%), y las de este domingo, a la espera de contabilizar totalmente el voto, posiblemente batan el mismo récord a la inversa (53%). Es en sí un hecho lamentable, con independencia de los resultados, que se haya consentido llevar a cabo un proceso electoral en estas condiciones. Es, sobre todo, profundamente antidemocrático, pues unas elecciones, ante todo y sobre todo, deberían facilitar la participación del electorado. Ya que votan cada cuatro años -en principio-, al menos que lo tengan fácil para votar.

Sin embargo, este descenso tan enorme de la participación no ha supuesto grandes cambios, desde el punto de vista de la política de bloques. Sí se detecta un refuerzo del independentismo, que muy probablemente supere el ansiado 50% de los votos, o en todo caso se quedará al borde. Pero esta situación ya podía intuirse en virtud de los resultados que obtuvieron los partidos independentistas en las dos elecciones generales de 2019, con lo que tampoco podemos imputarla sustancialmente a este descenso. La gente ha votado menos que otras veces, como es normal, pero la gente que ha votado, más o menos, lo ha hecho proporcionalmente por los mismos bloques que otras veces [acceso al artículo completo]


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