Emperadores y Bárbaros – Peter Heather

“Empires and Barbarians: migration, development and the birth of Europe”

Peter Heather es especialista en la Antigüedad Tardía y en la historia de los pueblos godos. Ya hemos reseñado por aquí su libro sobre la caída del Imperio Romano, y hoy toca esta obra, que estudia el mismo periodo pero tal como se vivió desde el otro lado del limes. Específicamente, los cambios poblacionales y demográficos en Europa entre el año 1 y el año 1000, con especial énfasis en Mitteleuropa. A primera vista, algo puramente académico, apto solo para gente muy freak como la que escribe en esta su página amiga. Sin embargo, el tema es cualquier cosa menos inocente. La demografía ya es de por si una obsesión muy facha, y aquí se cruza con los orígenes de las modernas naciones europeas y con otras grandes obsesiones fachas: la decadencia nacional, la violencia, y la inmigración. Súmenle que para esa época y zona las fuentes son MUY escasas y partidistas, lo que hace que el debate sea altamente especulativo, y cualquiera pueda arrimar razonablemente el ascua a su teoría. Heather, que ya ha debido recibir lo suyo en esos debates, se cura en salud indicando que “todos somos inmigrantes, o descendemos de migrantes”.

 

El territorio colonizado por los germanos llegaba hasta el Vístula y hubo godos en Crimea. Aquí las consecuencias que sacan algunos.

 

Cuando, en el siglo XIX, las modernas naciones europeas inventaron sus orígenes reinterpretaron los hechos históricos en nuevas narrativas donde eran creadas de la nada y llegaban por vías heroicas-y-a-la-vez-inevitables a su estado actual, casi todas situaban su origen en alguna migración del primer milenio: francos en Francia, visigodos en España, anglosajones en Inglaterra, ostrogodos en Italia, húngaros y avaros en Hungría… Esto, además, enlazaba muy bien con las “teorías de la invasión” prevalecientes hasta 1945, que afirmaban que cada “salto” en los restos arqueológicos y culturales se explicaba como resultado de una invasión seguida de poco menos que un genocidio. Los primitivos cazadores-recolectores fueron exterminados por invasores agrícolas neolíticos, los que usaban piedras por los que usaban bronce, estos por los que usaban hierro, y así todo el rato. Algo que encajaba maravillosamente con los nacionalismos desbocados de la época, claro, exhortando a la gente a odiar lo de fuera/ir a la guerra “o seremos exterminados también, como la historia demuestra una y otra vez que ocurre con los pueblos que no son lo bastante viriles”, y que hoy solo pervive en fantasías supremacistas. Así que ya saben: al fascio hay que combatirle también en la interpretación del bajo medievo.

Sobre el año 1, cuando los romanos apenas han empezado a asomarse al norte de los Alpes, la Gran Llanura Europea está poblada por tres grupos: de oeste a este, son celtas, germanos y escitas (“escita” es básicamente un término para cualquier bárbaro oriental que monta a caballo, colecciones cabelleras, desolla a sus víctimas, lleva tatuajes e incluso –gasp– bebe vino sin diluirlo con agua). Los celtas de la Galia ya han caído bajo el dominio romano y van a ser romanizados a conciencia durante el siguiente medio milenio, para lo cual ellos mismos habían sentado las bases: una cierta urbanización, agricultura intensiva que sustenta a una clase artesana, una economía proto-comercial con división de trabajo, y alta densidad poblacional. Más allá del Rin, sin embargo, no hay más que bosques y más bosques, y de vez en cuando alguna islita de población desperdigada. Hasta la aparición del arado moderno, los pobladores apenas rascan los pesados y arcillosos suelos, y aún dependen de la ganadería. Y cuanto más hacia el este, menos uso de piedra y metales, menos comercio, y menos población. Mil años más tarde, el continente es muy diferente, casi reconocible para nosotros; las fronteras lingüísticas entre latinos, germanos y eslavos ya son las actuales (con algunas picantes excepciones en Alsacia-Lorena, Prusia y Silesia, claro), y el dominio mediterráneo sobre el resto del continente ya no existe. Explicar esos mil años y sus transformaciones es el objetivo del libro.

 

Los germanos

Los germanos resistieron a los invasores romanos, y no vean el petróleo que sacaron los nacionalistas alemanes a esto. Heather, más prosaico, indica que Germania era, además de bruta, demasiado pobre para valer la pena, y cita el dato económico más importante con el que ustedes tienen que quedarse: un cargamento de trigo duplicaba su precio por cada 50 millas de transporte terrestre (por barcaza era mucho más barato, lo que explica en gran medida el uso del Rin y del Danubio como fronteras). Los impuestos que se hubiesen podido rascar no hubiesen justificado la conquista.

¿Pero qué pasó durante los cuatro siglos entre Teutoburgo y el saqueo de Roma? Pues muchísimas cosas que dejaron a Germania que no la reconoció ni la madre que la parió, que no tuvieron cronista pero que Heather intenta reconstruir. Políticamente, los romanos del siglo I conocían la existencia de medio centenar de tribus independientes en el territorio de la Alemania moderna. En el siglo IV, apenas quedan allí media docena de grandes confederaciones (francos, alamanes, sajones, frisios, burgundios), y otra media de ahí a Ucrania (marcomanos, vándalos, gépidos, hérulos, tervingios y greutungos, estos dos a veces referidos conjuntamente como “godos”). Confederaciones, además, que sobrevivieron a tremendas derrotas, es decir, que no nacían del carisma de individuos particulares sino de circunstancias estructurales. ¿Cómo se produjo este cambio? Heather apunta varios factores, que se reforzaron mutuamente. Lo primero, seguramente, fue una “revolución agrícola” entre los germanos, copiando técnicas del imperio. El aumento de las cosechas llevó a un aumento, primero, de la población, y segundo, de excedentes que permitían la existencia de clases sociales no dedicadas a la agricultura.

 

En Francia habrían creado una casta de artistas, en Inglaterra, de comerciantes, y en España, de religiosos. Siendo Alemania, crearon soldados.

 

Los jefes de las tribus (Heather los llama “reyes”) se apropiaron de los excedentes y los usaron para crearse mesnadas de seguidores armados, quizás hasta unos 200 hombres por reyezuelo, que a su vez les permitían un mayor control. El nivel de violencia tiene que haber aumentado muchísimo, hasta un punto en que los reyezuelos no vieron otra salida que federarse, con un alto rey (“overking”) al frente de cada federación. Estos reyes también empiezan a comerciar con los romanos, que les compran los excedentes agrícolas (sí, los legionarios romanos del limes se alimentaban en parte de trigo germano) y los esclavos que capturan en las guerras intra-germánicas, y a cambio les venden productos de lujo con los que exhibir su poderío. Este comercio era una de las herramientas romanas para mantener el orden en la frontera. Otras eran el fichaje de las jóvenes promesas de guerreros en paro para sus legiones de Persia (como los fachas suelen comentar que un pueblo que subcontrata su virilidad está condenado a la muerte racial o algo así, comentamos aquí que el ejército romano estaba compuesto en un 50% por no-romanos desde, al menos, los tiempos de Augusto, y duró tan ricamente medio milenio), y repartir subsidios a los amigos. Y cada 20-25 años realizaban una operación armada en cada sector de la frontera, quemando poblados y arrasando con todo hasta que los reyezuelos se acercaban a ofrecer rehenes y sumisión. Entonces se “reordenaba” el territorio poniendo al frente a un nuevo alto rey, demasiado débil para gobernar por fuerza propia y que por tanto dependía de Roma. Claro, estas cosas no aumentaban el amor de los germanos por los romanos, y permitían a los reyezuelos justificar una cada vez mayor militarización de la sociedad, cuyos líderes dejaron de ser religiosos o civiles y pasaron más y más a serlo puramente militares. Aun así, hasta el siglo IV sobrevivió una importante clase social de “hombres libres” con armas, con los que las federaciones podían convocar enormes ejércitos en caso de necesidad.

 

Empiezan las invasiones

Asociamos las invasiones al final del imperio, pero hubo intentos anteriores. Heather se toma su rato con las guerras marcomanas de Marco Aurelio, un intento de varias tribus de cruzar el limes. El intento fracasó, pero llevó 15 años de guerra a lo largo de toda la frontera, a un imperio que estaba en el pico de su poder. Los romanos nunca tuvieron muy claros los motivos, pero registros arqueológicos indican que pudo ser una avalancha causada por movimientos migratorios muy lejos de la propia frontera. Probablemente, la “revolución agrícola” llegó también a zonas más remotas, las culturas de Wielbark y Przeworsk (sí, dos de las culturas germanas más importantes llevan nombres polacos). Encajadas sobre el mar Báltico, estas solo podían expandirse hacia el sur, creando un efecto de bola de billar que pone a godos y vándalos rumbo a Ucrania, y provoca las guerras marcomanas en la frontera, aprovechando que el imperio ha tenido que desviar recursos contra los sasánidas. Combinado con la peste antonina, aquí empezó la cuesta abajo del imperio. 80 años después, los godos deciden darse un garbeo por el Mar Negro y aledaños; también son derrotados, pero al imperio le empieza a costar.

Todo esto sirve como entrantes al plato principal: la Caída del Imperio con la llegada de los visigodos al Danubio. Que no fue tal porque ahí lo que llegó no fueron “los visigodos”, sino un montón de tribus sueltas, con dos grandes núcleos de greutungos y tervingios. Nada nuevo en realidad, pero este grupo era bastante más grande que otros anteriores, y creyeron poder usar su número –y el hecho de que el emperador Valente estaba de marcha por Mesopotamia– para negociar un trato mejor que el habitual. Lo habitual era que los romanos metieran a los guerreros en sus legiones, y dispersaran al resto asentándolos por separado, disolviendo así su unidad. Los tervingios, en cambio, esperaban poder quedarse todos juntos en Tracia, a cambio de lo cual ofrecieron unidades militares completas y listas para usar. Pero los potentados imperiales locales lo echaron todo a perder con su prepotencia, y Valente, cuando llegó dos años después a la carrera, se precipitó a una batalla que perdió. Y con ella su vida. Emperadores posteriores tuvieron que reconocer a los visigodos como foederati: una entidad política aparte, semi-independiente, con sus propias leyes, asentada en territorio imperial. Vamos, como socios del imperio.

 

Socios menores, eh, no os subáis a la parra, melenudos.

 

Espoleados por el “éxito” de los visigodos, y también un poco empujados por detrás, en la nochevieja de 406 una alianza de tribus (vándalos, burgundios, alanos y suevos) asalta la frontera del Rin, penetra en el imperio de occidente y empieza a recorrerlo de aquí para allá. Saqueando, pero sin lograr retener el control territorial cuanto el imperio se muestra decidido. Cosa que no hace muy a menudo, al estar dividido en peleas internas. La idea, al parecer, es lograr algún tipo de acuerdo como el que tienen los visigodos desde hace treinta años, pero el imperio decide que niente, y que de hecho va a usar a los visigodos para combatir a los recién llegados. Pero en estos treinta años, los visigodos, aparte de conservar su lengua e identidad, han logrado una unión política (en realidad, no deberíamos hablar de “visigodos” hasta ahora) bajo la dirección de Alarico, e intentan negociar un acuerdo mejor: tierras mejores y más alejadas de la frontera, mejores condiciones, reconocimiento de Alarico como interlocutor oficial mediante algún carguito imperial molón, qué se yo, Vicecónsul para Derechos Bárbaros y Agenda 430. A lo largo de varios años y en tres empujones migratorios, los visigodos se plantan a las puertas de Roma en 410, incorporando a lo largo del camino a otros grupitos de germanos… y a bastantes esclavos huidos, a los que integrarán en su maquinaria hasta ser indistinguibles de los propios godos, toma integración. Este ejército improvisado es el que va a realizar el saqueo más tonto de la historia de Roma: como el imperio no cede un ápice (y eso que entre 395 y 410 el ejército imperial pierde, según estimaciones, la mitad de sus efectivos; pero Roma ya ni siquiera es la sede del emperador, solo una ciudad enorme que no aporta nada y chupa recursos) y sus hombres quieren acción, Alarico permite el saqueo simplemente porque no se le ocurre otra salida. Al año siguiente muere, y su sucesor Ataúlfo tiene más suerte y logra asentar a los godos en Aquitania, tras más de dos mil kilómetros de migración.

 

Emprendedores de las estepas

Todas estas migraciones parecen ser (de nuevo todo es especulación) el resultado de una nueva carambola de billar, donde el golpe original lo dieron los más misteriosos de todos los pueblos migrantes de la época: los hunos. De los hunos sabemos, humildemente, entre poco y nada: no hay apenas restos funerarios, no hay arquitectura porque eran mayormente nómadas. Por no haber no hay ni un idioma, más allá de cuatro palabras sueltas: como la mayoría de sus pueblos tributarios eran godos, el idioma godo funcionó como lingua franca dentro de su imperio. Tampoco hay registros escritos: toda la burocracia de Atila se limitaba a un solo secretario (¡suministrado encima por Aecio!), y un prisionero capaz de escribir griego y latín. Ni siquiera estamos seguros con sus nombres (“Atila” puede ser “padrecito” en germano). Todo lo que sabemos es que hacia 375 aparecen más allá del Don, pero presionando a los habitantes germanos de Ucrania (de ahí saldría la migración visigoda, que por cierto usó algunos mercenarios hunos y alanos como caballería), hacia 405 están por Rumanía (empujando la invasión del Rin), y en el medio siglo siguiente se establecen en la Llanura Panónica, donde entre 420 y 450 su imperio alcanza su apogeo, de la mano de un exitoso emprendedor que se impone a los demás y unifica las distintas facciones hunas.

¿Cómo funcionaba este imperio, y en qué consistía? El núcleo del mismo eran guerreros hunos montados a caballo. Haciendo cuentas de la lechera, Heather estima que no debieron ser más de 20.000 guerreros (y por la fórmula 1:5, unos 100.000 de población total), lo cual sin embargo era suficiente para someter a casi todos los germanos desde el Rin hasta el Mar Negro, ninguna de cuyas federaciones habría podido convocar más de 10.000 luchadores. Pero incluso si se hubiesen unido, la caballería huna tenía tácticas innovadoras y un arco capaz de ser disparado desde el caballo, y podía acabar con rivales mucho mayores. Y además Atila era relativamente generoso con los sometidos (aunque por supuesto un peazo animal a la hora de someterte): podían seguir haciendo su vida normal, conservar sus costumbres, idiomas y religión, e incluso elegir sus propios jefes (los cuales enseguida entonaban el “marchemos francamente, y yo el primero, por la senda huna”). Tenían, eso sí, que aportar contingentes al ejército huno. Con estos poderes, Atila presionó a placer al Imperio, obteniendo jugosos tributos en oro, que luego repartía entre sus seguidores y los reyes germanos.

Pero el apaño generaba resentimiento: varias tribus germanas intentaron escapar al Imperio, y cuando la mano de hierro se aflojó a la muerte de Atila en 453, todo se vino abajo en apenas unos años. Un hijo de Atila logró un acuerdo, el otro acabó con su cabeza expuesta en Constantinopla. Y las tribus súbditas se lanzaron a pillar lo que pudieran, dándole el empujón final al imperio.

 

Reyezuelo al servicio de los hunos, transmutado en germano de toda la vida a la muerte de Atila, confederando a las tribus hermanas.

 

Y así, poco a poco, más y más tribus germanas iban asentándose en zonas del imperio como foederati. Con unir a unos 10.000-20.000 guerreros, y pillando al imperio en un mal momento, era factible. Visigodos, ostrogodos, francos, alanos (bueno, estos eran nómadas iranios), suevos, langobardos, vándalos, anglos, sajones, hérulos, gépidos… pero en principio solo en occidente, la parte oriental se salva (en parte, ¡porque a todos los invasores les dice “no, id a occidente, que eso es Jauja”!). En 476, el líder hérulo Odoacro depone al último emperador de occidente y manda las joyas de la corona a Constantinopla, firmando “su humilde siervo que solo quiere reconocimiento como delegado de usté en Italia”. Este hecho singular es el que señalamos como Fin del Imperio Romano, Fin de la Edad Antigua, y Momento Sumamente Importante, pero en ese momento nadie pensó que aquello fuese el fin de nada. Seguía habiendo un emperador en Constantinopla, el “Imperio” seguía existiendo… y seguiría haciéndolo, en el imaginario colectivo, durante siglos. Cuando el Papa León III se saca de la chistera el Sacro Imperio, la cosa cuela simplemente porque engancha con dicho imaginario.

 

Reformando los nuevos pisitos

Heather compara todos estos movimientos de población con otras migraciones históricas que conocemos mejor: la de los daneses a Inglaterra, los tutsis durante el genocidio ruandés, la de los Trekboers en Surafrica, o la conquista normanda, y dedica un tiempo a hacernos entender los mecanismos de las migraciones: por oleadas, por grupos pequeños, por sustitución de élites… Como britons gotta brit, dedica un capítulo entero a las islas británicas. Firme provincia romana con población celta en 400, desaparece luego durante dos siglos del mundo civilizado, y emerge en 600 como un país “germano”. Análisis de ADN revelan que un 75% de los varones ingleses tienen un marcador en el cromosoma Y proveniente del norte de Europa, lo que parece validar las “teorías de la invasión” decimonónicas, con algún tipo de limpieza étnica de los romano-bretones por parte de los anglosajones, pero Heather se muestra muy cauteloso: la cultura material empezó a venirse abajo mucho antes, con la retirada de Roma, y es muy posible que romano-bretones y anglosajones se fundieran bajo el liderazgo de los segundos. Como dijo H. R. Lyon, “la colonización anglosajona es más una lucha hombre contra bosque que sajón contra celta”. Y en cuanto al ADN, pues como los sajones fueron la nueva élite, con más acceso a comida y recursos, simplemente lo propagaron mejor. Una ligera ventaja reproductiva durante un par de siglos explicaría ese 75%, incluso si los inmigrantes inicialmente no representaron más del 10-15% de la población total.

 

Querido facha: no te inventes genocidios para lo que se puede explicar con un estratégico “¡moza, tengo tierras!” en las fiestas del pueblo.

 

La “invasión” de Gran Bretaña, por otra parte, fue atípica. El hecho de ser una isla ya implica que los sajones no llegarían todos de golpe (¡no habría habido barcos suficientes!), sino a lo largo de siglos. Y también es atípica porque deshizo totalmente la economía agrícola. Tras la conquista normanda, el paradigma de “transferencia de élites”, se cambiaron todos los grandes terratenientes, pero las explotaciones agrícolas siguieron siendo las mismas, con las mismas lindes y estructuras. En el año 400, Gran Bretaña estaba dividida en haciendas agrícolas, centradas en villas romanas, con ciudades cuya principal tarea era proveer servicios y manufacturas al campo. Dos siglos después, esas grandes haciendas y “agro-ciudades” han desaparecido, dejando paso a pequeñas poblaciones que aunaban ambas funciones. Cómo se produjo esta conversión es, de nuevo, caldo para especular, aunque Heather se inclina porque los anglosajones eran demasiados para hacer una transferencia de élites en condiciones, y hubo que dividir haciendas. Lo mismo se produjo en Francia al norte del Loira, mientras al sur resistía la clase terrateniente anterior, como también hicieron en la mayor parte de Hispania e Italia (los visigodos solo se asentaron por la zona de Segovia, y los ostrogodos en el Samnio, en Liguria, y en el este del Véneto), Así conservaron estos países su carácter romano, mientras Gran Bretaña lo perdió.

 

Parece que la inmigración al cabo de doscientos años sí transforma tu sociedad. ¡Mucho mejor mantener al frente a los mismos de siempre, que eso es garantía de progreso!

 

Las nuevas sociedades tuvieron, en general, una clase terrateniente “libre” menos rica pero más grande, que en vez de pagar impuestos a un estado central para que este los gastara en montar un ejército, luchaban ellos mismos. Y también una importante innovación: una amplia clase social, a medio camino entre los esclavos y los “libres”, desconocida en el imperio romano. “Permanent freedmen”, los llama Heather. Aquí podemos llamarlos “liberados”. También tenían tierras, pero su estatus legal, medido por su wergild, era menor.

 

“La extraña muerte de la Europa germana”

Llega el momento de hablar de cosas nazis. O de que el mapa europeo de alrededor de 370 era como la fantasía del Grossdeutsches Reich hecha realidad: un territorio colonizado por germanos desde el Rin hasta el Don. Y trescientos años más tarde, nada: los germanos, empujados por los hunos y seducidos por populistas a la búsqueda de una paguita, se han mudado al imperio, dejando vacías todas esas estupendas tierras. Uno se imagina al niño Hitler leyendo esto en el colegio, pensando “El mapa actual… no es de verdad. Jamás te lo perdonaré, Alarico. Jamás.” y en las oportunidades desaprovechadas (y en que, si le dejaran a él, habría que bombardear a los alemanes con propaganda centrada en caricaturas de Atila y “hordas asiáticas” para que se mentalicen de quién es culpable y de que hay que recuperar esos territorios a toda costa). Pero paremos el carro. De nuevo con cuentas de la lechera, Heather estima en unos 500.000 los inmigrantes germanos al imperio en todas sus oleadas. El territorio en cuestión mide más de un millón de kilómetros cuadrados. De modo que, o bien no estaba muy densamente colonizado… o se quedó mucha gente atrás. Que es lo que sospecha Heather, y además por un factor importante, siete u ocho quedándose por cada emigrado. Gente a la que su ancestral herencia racial le importaba una higa, y que se acomodó con la nueva gente entrante. La abrupta transición en los restos arqueológicos se debería a alguna perturbación del orden social, no al combo invasión+genocidio. Dado que las principales excavaciones son de entierros, simplemente con que los de arriba (que suelen ser los de las tumbas más elaboradas) saliesen pitando ya cambió completamente el registro arqueológico.

No obstante, la “Europa germana” tuvo un renacer en el imperio franco, el primero nativo del norte de Europa. Gracias, de nuevo, a una serie de carambolas: al principio del siglo VI, el ostrogodo Teodorico el Grande revierte la fragmentación y logra reunir bajo su mando, directo o indirecto, a gran parte del antiguo imperio de occidente, incluyendo su parte más bonita y con las mujeres más hermosas. En fin, si en Constantinopla se hubiesen animado a reconocer a Teodorico como imperator del oeste, como de facto ya era… pues nos daría para un buen what if. Como poco, el Mediterráneo habría seguido mandando. Pero no hubo reconocimiento, Teodorico no logró legar sus dominios a un único heredero (dos nietos suyos se repartieron Italia e Hispania), y al año de morir subió al trono un nuevo emperador en Constantinopla. Este señor, llamado Justiniano, decidió que para chulo él, y bajo el lema Renovatio imperii se lanzó a reconquistar todas las provincias del antiguo imperio. Le funcionó bien en el norte de África, medianamente bien en Italia, y algo sacó en España. Pero los recursos de Bizancio no daban para todo, y a los pocos años todo se había perdido. El resultado fue una nueva fragmentación, la destrucción del potente reino ostrogodo, y con ello la vía libre para la expansión del imperio franco en el siglo VII. Expansión que pudo continuar, pese a interrupciones, hasta darnos las modernas Francia y Alemania, porque los musulmanes convirtieron a Bizancio en un poder regional capaz solo de reaccionar ante el empuje árabe. El Mediterráneo, hasta entonces una vía para vertebrar los continentes que lo limitan, se convirtió en una trinchera. Este fue el verdadero nacimiento de “Europa”.

 

Por eso hoy el bacalao continental se corta en Bruselas y no en Marsella, y los mediterráneos ya solo ponemos el vino. Gracias por nada, Justiniano.

 

Los eslavos

Toca ahora hablar de los eslavos. Ya saben, esas gentes que así a lo tonto ocupan la mitad de Europa y constituyen un tercio de sus habitantes, pero que aquí nos pillan un poco lejos. Y de nuevo, nos encontramos con un misterio a la altura del de los hunos. Apenas hay referencias a ellos antes del año 500, y las que hay (una tribu llamada por los romanos los venedi, que muchos identifican como los proto-eslavos, y de donde vendría el uso de Wendos en lengua alemana para todos los eslavos) son de nuevo pasto de especulación, y la búsqueda del “hogar ancestral eslavo” un clásico en el Este de Europa, con todos los países compitiendo por ver quien tiene el yacimiento más antiguo. Una competición que curiosamente alcanzó su apogeo durante el periodo comunista, dejándonos un vasto legado de trabajo arqueológico (incluyendo en la RDA, donde querían demostrar por medio de la arqueología que germanos y eslavos habían convivido pacíficamente). Contaminado, eso sí, por prejuicios ideológicos, ya que intentaban hacer que las evidencias encajaran con la concepción materialista de la historia hasta crear un cuento de hadas marxista.

Quizás lo más sólido disponible son estudios lingüísticos. Empezando por la palabra “eslavo”, que no deriva de “esclavo” (más bien al revés), sino de СЛОВО, “palabra”. Es decir, “los que comparten la palabra/el idioma” (su palabra para los germanos, y aún hoy en muchas lenguas eslavas para los alemanes, Немецкий, deriva de “mudo”). Las lenguas eslavas son mutuamente muy similares, lo que indica una separación tardía. Y muchísimos ríos y lagos en el norte del territorio eslavo tienen nombres bálticos (los hidrónimos casi siempre son lingüísticamente muy fiables porque sobreviven cual fósiles a los cambios culturales). Basándose en esto (y en un montón de bibliografía eslava, que tampoco habrá ido el hombre a escavar poblados de la cultura Korchak), Heather comparte la teoría más aceptada ahora mismo: que los proto-eslavos eran parte de los pueblos bálticos, pero se separaron de ellos en algún momento del primer milenio antes de nuestra era. Y en el siglo VI entraron en el “vacío” dejado por los germanos y empezaron a aparecer en los registros históricos bizantinos, por cortesía de los hunos 2.0: los ávaros, unos nómadas turcos que montaron un imperio muy similar al de Atila en el bajo Danubio, empujando/subyugando a varias tribus eslavas. Los ávaros a su vez dejan paso a los hunos 3.0, los magiares, que llegan hasta Alemania, donde serán rechazados y se retiran (hasta hoy) a la Gran Llanura Panonia. En el vacío que dejan en el Valle del Danubio entrarán colonos bávaros para fundar lo que será Austria, y entre austriacos, húngaros/magiares y rumanos latinoparlantes, separan a los eslavos del sur de los del norte.

Empujadas por los avaros (o rebelándose contra ellos, según su eslavofilia), dos de estas tribus yugo-eslavas (“eslavas del sur”), croatas y serbios, van a tomar posesión de sus respectivas Tierras Prometidas y Ancestrales para fundar sus Gloriosas Naciones y bla bla bla (con Heather insinuando que estas naciones, que gustan de presentarse como muy eslavos y mucho eslavos, en realidad no fueron fundadas por naciones étnicamente homogéneas sino por confederaciones como las que habían montado los germanos dos siglos antes, y en las que a lo mejor el núcleo campante eran contingentes iranios arrastrados por los ávaros). Otros eslavos llegan incluso hasta Grecia, pero con el tiempo serán absorbidos por la población. Hacia el siglo IX, en su máxima expansión, el territorio habitado por eslavos llegaba desde el Elba hasta el Volga. Sin embargo, este territorio no está dividido en estados, los pobladores viven libres y felices sin gobiernos ni reyes ni estados centralizados. Un aparente primitivismo hippie (pero armado hasta los dientes, claro), que resultaría atractivo para los germanos residuales, que gustosamente se eslavizaron, ya que estas culturas eslavas tempranas resultaban bastante inclusivas. Y aunque esta visión happyflower pre-feudal seguramente también beba en gran medida de prejuicios comunistas, Heather concede que en cualquier caso esas sociedades se hicieron mucho más desiguales en los siglos venideros, por los sospechosos habituales: revolución agrícola, crecimiento poblacional, división del trabajo, castas guerreras y ser periferia de un imperio. Lo que viene a ser el “desarrollo”.

Los germanos, por su parte, montaron su propio estado cachas más temprano, y empezaron a apretar de nuevo hacia el este en un proceso llamado Ostsiedlung (“colonización del este”). Aunque este “apretar” también hay que cogerlo con pinzas, en muchas ocasiones los propios reyezuelos eslavos invitaron a colonos germanos, que fundaron un porrón de ciudades en territorio eslavo usando como ejemplo a Magdeburgo y Lübeck. Esta colonización duró hasta el parón demográfico de la Peste Negra de 1348, que dejó la frontera germano-eslava donde ya aguantaría hasta 1945.

 

Momento en el que los eslavos, ahora también con un estado cachas, volvieron a asomarse al Elba.

 

Madre de naciones

Por último, toca hablar de la “madre de naciones” (que es como los antiguos describían a lo que nosotros llamaríamos “terreno donde los aliens que controlan este puto experimento de mierda introducen nuevas tribus de salvajes para darle chicha a la partida”): Escandinavia. Lo de “madre de naciones” viene de que a casi cualquier tribu germana de este milenio que surge aparentemente de la nada, se le suele trazar un origen mítico a Escandinavia (si son nómadas de las estepas, los antiguos suelen remontarlos a la otra madre: el macizo de Altái), pero Heather se limita ahora al periodo posterior al año 700, es decir, al periodo vikingo, la última gran migración intra-europea. Una migración tardía, que no arranca realmente hasta que una introducción tecnológica permite romper el aislamiento escandinavo: lo que conocemos como barcos “vikingos”, con velas y remos, aptos para alta mar y a la vez capaces de remontar ríos. Estos barcos, que permitían viajar cuatro veces más rápido que por tierra, llevan a una primera oleada de viajes. Pero son exploradores y comerciantes (y el pirata ocasional), buscando pillar un pellizco del comercio internacional, no invasiones. De nuevo, la falta de fuentes es clamorosa y Heather avisa que todo hay que tomarlo con pinzas, pero al parecer la riqueza que empieza a fluir de vuelta a Escandinavia tiene profundos efectos sobre la sociedad, ya que los reyes no la controlan y empieza a surgir una clase enriquecida que lucha por el poder político. Es decir, hay que imaginarse la Escandinavia del siglo VIII como el norte de México: el constante influjo de riqueza ha creado una casta de poderosos muy violentos, que empiezan a competir por el poder local mientras la autoridad nominal del estado/del rey se pierde.

 

“Plata o Plomo, pendejos”.

 

Ante esta situación, muchos elijen emigrar. Y como esos barcos modernos tan chulos cuestan bastante, los que los montan suelen ser aristócratas, que posteriormente emigran con todo su séquito detrás, al que se suman hombres libres que no ven otra salida. Esta es la emigración escandinava, y según donde llegue se va a adaptar al terreno. En Inglaterra, donde hay una resistencia importante, se asocian para montar los Grandes Ejércitos Daneses (que les pongo en mayúsculas no por la épica, sino porque se refiere a ejércitos concretos, llamados así) capaces de tumbar a los reinos anglosajones y obtener zonas de colonización, aunque el reino de Wessex sobrevivirá y los someterá pasadas unas décadas. Cuando en Inglaterra no hay presas fáciles, la emigración simplemente se redirige a Francia, donde saquean Paris y obtienen Normandía para colonizarla. Ya más en pequeñito y sin montar Grandes Ejércitos, arrancan enclaves en Irlanda, notoriamente Dublín, y se embolsan todas las islas menores, como las Shetland, las Orkney, las Faroe, y como premio gordo Islandia, colonizada inicialmente por 400 nobles. Las 400 familias detrás de cualquier clase dominante son universales.

En el este, empiezan como exploradores buscando pieles en Karelia. Dos siglos más tarde, casi sin quererlo, nos los encontramos en el Gran Bazar de Bagdad, vendiendo pieles, ámbar y esclavos a cambio de monedas de plata, de las que se han encontrado ingentes cantidades en toda la ruta hasta Escandinavia. Pero aquí su imperio es puramente comercial, “una Compañía de la Bahía de Hudson glorificada”. Entran en Rusia remontando los grandes ríos, y encuentran la manera de cambiar de cuencas fluviales sin mucho esfuerzo para bajar al Mar Negro y al Caspio. Las pocas ocasiones en que se dedican a la agricultura es porque no hay población eslava cerca a la que comprarle comida. Se montan asentamientos a lo largo de dichos ríos para controlar el comercio, y los más avispados, Rurik y sus sucesores, hasta logran algo parecido a un reino, la Rus de Kiev (“rus”, al parecer, significa “remeros” en finés), lo que podríamos llamar el primer estado ruso. En el siglo XIX, esto dio para mucha jarana entre historiadores rusos (“nativistas”, que querían demostrar que Rurik en el fondo era eslavo – pero claro, para esta gente Nicolás II era el epítome del eslavismo pese a sus seis bisabuelos alemanes) y escandinavos (que querían sacar pecho “a Rusia la civilizamos nosotros”, a lo que llamaban “teoría normandista”; el Rocabareismo es universal, pero otros países usaron el siglo XX para superarlo). En cualquier caso, la jarana es un poco inútil porque sobre el siglo XI las monarquías escandinavas recuperan el control y se acaba la emigración, y en 1204 llegan los mongoles y arrasan la Rus de Kiev, dejando libre la pista para el Principado de Moscovia.

 

Fin de partida

Ya estamos sobre el año 1000, y toda la ralea de piratas, ladrones, golpistas, narcos, bandoleros y emprendedores que se ha sentado en el machito a lo largo y ancho de Europa central y del este empieza a decir, “bueno, creo que ya es suficiente, no podemos estar toda la vida lloriqueando con la migración de nosequién y la desollación del abuelo, dejemos las cosas como están, yo digo: ¡conquistemos la fraternidad!, porque creo que este reino es un verdadero éxito colectivo del que estar orgullosos -junto con nuestro feudalismo, que nos está regalando el periodo más próspero de nuestra historia-, y quiero añadir que yo no veo visigodos e hispano-romanos, yo solo veo españoles (¿devolver las tierras? no, eso no toca)”. Es decir, buscan calma y respetabilidad. ¿Y quién la vende al mejor precio y con una calidad incomparable (aunque no se admiten devoluciones)? Pues la Iglesia Cristiana. Sus predecesores de cinco siglos antes tuvieron que renunciar al arrianismo para que su conquista fuese bendecida como “justa”, los nuevos príncipes pasan directamente del paganismo al catolicismo (o al cristianismo ortodoxo, si Constantinopla les pilla más cerca), y con ello los Piastas, Knýtlinga, Premislidas, Jagellón, Árpad, Ruríkidas, normandos y demás ya son parte de la gran familia cristiana y merecedores de respeto. La cosa se redondea con las primeras culturas escritas, algo de obra pública para apabullar, generalmente catedrales y castillos, alianzas matrimoniales, reducción de autonomías locales en beneficio de la corona, masacres y Juegos de Tronos entre ellos, y venga, así lo dejamos, que llevamos un milenio muy loco y ya toca descansar. A esta “hermandad cristiana”, Heather la llama “la primera Unión Europea”.

 

Bua, eske soy yo literal.

 

Tampoco es que haya mucha paz cristiana: los reyes controlan los núcleos de sus reinos con mano de hierro, pero las periferias se convierten en territorios disputados. Como ya no hay un sistema fiscal “moderno” (o “antiguo”, como en el imperio romano), solo pueden pagar favores con tierras, y cuando la corona se queda sin tierras su poder se desvanece. Para evitarlo, casi todos los reyes buscan la expansión territorial, y continuamente hay alguna guerra en marcha en alguna parte. La otra herramienta para asentar el poder real es la introducción del cristianismo: aunque resulta una religión más cara que el paganismo anterior, permite recaudar el diezmo y crea una administración eclesiástica donde otorgar carguitos. Además, suprime cultos locales (a la vez que introduce variantes “nacionales” del cristianismo, centradas en la adoración de santos del terruño) y justifica una incipiente unificación política. Está el inconveniente de que debes vasallaje al “emperador cristiano”, pero el alcance de dicho vasallaje es un concepto discutido y discutible durante toda la Edad Media. Ah, y ya no puedes esclavizar a otros cristianos y venderlos en los mercados del Mediterráneo, la gran fuente de ingresos anterior a la cristianización. Pero con los paganos e infieles hay vía libre; muchas marcas fronterizas y alguna cruzada se montan para recompensar a los amigotes, que así obtienen una espléndida oportunidad para llenarse los bolsillos.

 

Como la religión del mundo desarrollado imperial, respaldada por el caché ideológico de su éxito percibido, el cristianismo “triunfó” en las luchas culturales de la Edad Media temprana: similarmente, sospecho, a como Levi’s y McDondalds han sido adoptados en todo el mundo por su asociación con la marca ganadora que es América. Ocasionalmente, sin embargo, la exposición al cristianismo generaba una reacción violenta (como a veces ocurre con el éxito americano en el mundo moderno). […] Una ideología abiertamente anti-cristiana fue central a la revuelta de los eslavos del Elba contra los otones en 983, cuando iglesias y monasterios fueron saqueados y quemados […] Dado que la Iglesia era un instrumento de explotación colonial en estas tierras fronterizas, el nivel de furia no es sorprendente […]

 

Y así ha quedado la cosa hasta hoy: las primitivas entidades políticas de sobre el año 1000 son en gran medida los embriones de los modernos estados nacionales del centro y este de Europa. Su surgimiento y desarrollo van de la mano de un cierto desarrollo económico, aunque bastante más complejo que el simple modelo marxista campesinos-feudalismo-capitalismo, con distintas fases y factores interactuando de maneras muy raras e insospechadas. Lo que antes era un continente partido entre un imperio (tricontinental y centrado en el Mediterráneo, y muy desarrollado) y unas tierras bárbaras atrasadas, ahora era una amalgama de entidades políticas más o menos equivalentes, interactuando, con más o menos la misma religión, organización social y economía agraria. Aquí y allí, sobre todo en el sur, sobrevivía alguna ciudad sobre las ruinas de su anterior grandeza imperial, e importantes redes comerciales recorrían el continente, diseminando avances tecnológicos y culturales. Pero, sobre todo: la orilla sur del Mediterráneo y Asia Menor ahora eran musulmanas, creándose por primera vez la idea de “Europa” como algo propio y distinto.

En suma, que Heather vuelve a su libro anterior y nos sirve un refrito de la tesis central: que la Caída del Imperio Romano fue un accidente laboral imprevisto, una concatenación de fallos, y una alineación de circunstancias casuales. Para el siglo IV, las entidades políticas germanas se habían desarrollado lo suficiente para resultar temibles, aunque no lo bastante para que rentara conquistarlas, o para asumir el riesgo de un ataque al imperio. En ese momento los hunos entraron cual elefante en la cacharrería, causando primero la migración de los visigodos, y 30 años más tarde la invasión simultánea de varias tribus a la vez, ninguna de las cuales habría durado un solo asalto sola contra las legiones (Heather aquí introduce un sugerente what if: ¿y sí estos invasores descoordinados hubiesen sido unificados por un Mahoma germano como lo fueron los árabes dos siglos más tarde?). Migraciones que seguramente no se hubiesen producido, sostiene Heather, si esas mismas tribus no hubiesen realizado otras migraciones, algunas hasta pacíficas, en las generaciones inmediatamente anteriores (como los godos, que migraron del Vístula a Ucrania), quedando una potente memoria colectiva de que las migraciones eran factibles y beneficiosas. Las invasiones a su vez pillaron al imperio en un mal momento, pero aún con capacidad de movilizar fiscalmente los recursos necesarios para sobornar a los germanos (y que fue también una de las razones por la que estos decidieron invadir: 400 años más tarde los húngaros causaron el mismo revuelo que los hunos, pero no desencadenaron migraciones porque ya no había a donde ir). Y los germanos, a su vez, usaron esos sobornos y el respiro asociado para culminar su amalgamiento hasta convertirse en “visigodos”, “suevos” y “vándalos”, confederaciones que no se formaron hasta que estuvieron dentro del imperio, convirtiendo en burla cualquier narrativa tradicional nacionalista de “nuestros ancestros nacionales, migrando en bloque como un único pueblo, puros en su raza y cultura”. Vamos, que la migración fue importante, ese punto se lo podemos conceder a los fachas, pero siempre subordinada a circunstancias políticas, económicas y sociales, y por supuesto no hubo ni rastro de búsqueda de Lebensraum ni un Generalplan Rom, no os flipéis. Migraciones individuales al imperio, de hecho, las hubo durante siglos, sin que afectara en absoluto al funcionamiento del mismo. Las migraciones, al final, suelen depender del nivel de desarrollo de las sociedades, y muy especialmente a las diferencias de desarrollo entre sociedades vecinas.

 

Este patrón repetitivo [de migraciones y caídas], diría yo, no es accidental, y provee una razón por la que los imperios, al contrario que los diamantes, no son para siempre. La forma en que se comportan, la mezcla de oportunidad económica y poder intrusivo que es inherente a su naturaleza, propician respuestas de los afectados que en el largo plazo minan su capacidad de mantener la ventaja inicial que los convirtió en imperios. No todos los imperios sufren el equivalente del accidente huno de los romanos y son destruidos tan deprisa. En el transcurso de la historia, muchos han sido erosionados lentamente desde el borde, por causa de gobernantes periféricos que usan su poder aumentado. En suma, que hay una Tercera Ley de Newton para los imperios: el ejercicio de poder imperial genera una reacción opuesta e igual entre los afectados, hasta que se reorganizan para desafilar el filo imperial. Si esto es confortante o temible, supongo, depende de si usted vive en una sociedad imperial o periférica, y la fase del baile en que se encuentre.


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  1. Comentario de Mr. X (11/01/2021 16:11):

    Hace un montón de años leí un libraco de un historiador británico, Ramsay Macmullen, que incidía más en las causas internas. Lo cual tiene cierta lógica, porque en sus buenos tiempos las legiones habían masacrado masas enormes de bárbaros sin mayores problemas, y se hubieran ventilado a treinta mil godos como si tal cosa, como habían hecho Mario o César, por ejemplo, con ejércitos tres o cuatro veces más numerosos. Por resumirlo brevemente, presentaba al Imperio Romano tardía como una especie de Unión Soviética en su fase final, ahogada por los inmensos gastos militares que les obligaban el mantenimiento de las fronteras, con una economía declinante y, encima, con las guerras civiles continuas, en las que los aspirantes al trono empezaron a utilizar a los bárbaros como carne de cañón, metiéndolos en el ejército.Una de las cosas que he oído más repetidas y que me parece una idea brillante es que la diferencia entre China y Europa occidental, es que China es el Imperio Romano si después de cada caída se hubiera vuelto a reunificar, porque al final la mileria burocracia china era el pegamento que subsistía por encima de guerras, invasiones y desastres. De hecho, diría que la China actual es más neoconfuciana que comunista y que, de hecho, el partido comunista es la última encarnación del mandarinato.

  2. Comentario de emigrante (11/01/2021 16:21):

    Se ve que al contrario que un servidor el sr. Jenal no ha perdido el tiempo estas Navidades, un resumen magnífico como siempre.

    Antes que nada deberíamos aclarar la diferencia entre migración e invasión de lo contrario podemos eternizarnos en una discusión sobre si son galgos o podencos. Porque si llamamos migración a avanzar con ejercito al frente y sustituir al 75% de la población entoces la conquista de América también fue una pacífica migración.

    Esto de la demografía será una obsesión muy facha pero no deja de ser una constante en la historia desde que los neandertales tuvieron que dejar paso a nuestros antepasados más remotos. Y si les parece una pasada el reemplazo del 75% de la población masculina en Britania no hace mucho leí que un estudio genético llegó a la conclusión de que hace unos 6000 años la población masculina de la península Ibérica fue sustituida al 100% por los recién llegados Yamnaya o Gurkan. Vascos incluidos. Supongo que fue entonces a través de la población femenina superviviente como sobrevivieron lenguas no indoeurupeas como el íbero antiguo o el vasco moderno.

    Y hablando de estos últimos, en la carambola de billar desencadenada por los hunos los últimos en moverse fueron los vascones. Aunque tampoco fueron muy lejos simplemente bajaron de los Pirineos para ocupar la parte más cercana de la Cornisa Cantábrica. Al igual que con los eslavos los topónimos sirven para rastrear su origen y nombres como Amboto, Beda o Nervión son de origen celta.

    Y si el tal Heather piensa que en el año 1000 ya estaba todo el pescado vendido, el la piel de toro la cosa no hizo más que empezar. En el mismo siglo en el que los vikingos aparcan el barco para ir a misa el califato de Córdoba se desmorona y empieza la reconquista de verdad.

    Y un último detalle, me llama la atención que con tanto movimiento de población no hubiera más plagas que la de Justiniano cuyo origen además es ajeno a las tribus germánicas. Comparado con la que liamos con los pobres indígenas americanos o la peste negra cabalgando junto a los mongoles diría que hubo poco intercambio de virus.

  3. Comentario de Casio (11/01/2021 19:05):

    Muy buen articulo. Con respecto a lo que señala #2, la historia de la migración Yamnaya es desde luego fascinante: aniquilación de todos los varones, o al menos subyugación hasta tal punto que no tenian posibilidad de reproducirse. Si no me equivoco sin embargo tanto vascones como iberos son tambien hijos de la violación de nuestra abuelas neoliticas por nuestros abuelos yamanya. Las diferencia de los vascones con otros pueblos ibericos es que se mantienen al margen de las ultimas oleadas migratorias de la edad del hierro (celtas, romanos). Y con respecto a los iberos el origen del lenguaje sigue siendo un misterio.
    Pero imagen lo que debieron de ser los locos años de la invasión yamanya: pequeños poblados agricolas seguramente matrilineales y sin jefaturas politicas, con un tecnologia militar limitada a poco mas que arcos y flechas ( pienso en las pinturas del arte rupestre levantino) atacados repentinamente por masas de caballeria y carros, una blitzkrieg como dios manda. Y genocidio absoluto, sistematico. Los nazis, unas nenazas al lado de los yamanya

  4. Comentario de emigrante (11/01/2021 23:37):

    #3, supongo que sería como en Conan, el Bárbaro pero sin metales todavía. Y como la película de Schwarzenegger fue rodada en España el paisaje es el mismo (por cierto Arnie acaba de subir un video dirigiéndose a Trump con la espada en la mano al que solo le ha faltado decir ven p’acá si tienes güevos). Y tampoco creo que el mestizaje sea literalmente el producto de una violación. Basta con esclavizar a los vencidos o reducirlos a una casta inferior para que las mozas se vayan voluntariamente con los vencedores. Es de nuevo el “quiéreme que tengo tierras” del pie de foto de más arriba.

  5. Comentario de emigrante (12/01/2021 00:37):

    Mira lo que me acaba de recomendar youtube. Creo que Google me tiene vigilado https://m.youtube.com/watch?v=bQSklHsjYR4

  6. Comentario de Casio (12/01/2021 09:41):

    Sí, precisamente la semana pasada yo estuve viendo este video del mismo investigador: https://youtu.be/sPNq1391wcE
    Po cierto que estuve leyendo ayer algo sobre las culturas ibericas aplastadas por los yamnaya , y ademas de las sociedades megaliticas sometieron a culturas como la de los Millares, que ya tenian fortificaciones, o sea que quizá no se enfrentaran solo a gente armada de arcos y flecha. De todos modos es una época fascinante y de la que se sabe muy poco.

  7. Comentario de emigrante (12/01/2021 10:38):

    #7, segun dice ese señor la transición duró cuatro siglos así que a lo mejor no fue tan violenta y repentina como nos imaginamos. No hay que olvidar que los indoeuropeos traían con ellos ganado desconocido en la península lo que les permítía aprovechar además de las tierras de cultivo las de pasto y monte. Esta ventaja les permitía sin duda alimentar más bocas que a los autóctonos y pasar el invierno calentito. La diferencia en la cantidad de mercancía que se puede transportar en un carro tirado por caballos y la que puede cargar una persona también es abismal.

    En definitiva el temor de los fachas y xenófobos en general a que los MENAs y similares les coman la tostada está hitórica y científicamente justificado otra cosa es si la forma en la que quieren conjurar su miedo es democráticamente inaceptable.

  8. Comentario de Casio (12/01/2021 10:58):

    Sí, lo de los 400 años hace pensar que mas que un genocidio repentino fué un proceso de por el que los pobladores mesoliticos fueron convertidos en INCEL, vamos que por lo que fuera no follaban ni de coña.

  9. Comentario de Takashi Tetsuhara (12/01/2021 11:05):

    Los yamnaya ligando, notese como la hembra tanto en el pasado, como presente o futuro siempre pasa por el aro.
    Para más datos preguntar a @lamonteroengalapagar.

    https://www.youtube.com/watch?v=pKnttwx0P6I

  10. Comentario de Pablo Ortega (13/01/2021 21:05):

    Es muy fácil decir que “Bizancio perdió en un pis pas las conquistas de Belisario”, cuando el Imperio conservó bajo su poder buena parte de Italia hasta cinco minutos antes de las Cruzadas (de hecho, precisamente Bohemundo de Antioquía fue uno de los normandos que participaron en la conquista de esas últimas plazas bizantinas).

    Cuando muere Mahoma, África y gran parte de Italia seguían aún bajo el poder del emperador de Constantinopla, y eso fue en parte precisamente gracias a lo que comenta Heather de como los germanos para el siglo VII no lograron asentarse lo suficiente en las zonas mediterráneas propiamente dichas (es decir, del Loira para abajo), sintiéndose más su influencia en Britania y las regiones de lo que antiguamente había sido el limes Rin-Danubio. Por lo que veo en esta reseña, Heather no hace más que seguir, aunque matizadas, las tesis de Pirenne en su momento, de como las regiones mediterráneas seguían siendo mayoritariamente romanas en lo cultural.

    Por eso era tan natural para Justiniano (e igual de natural que en esas provincias la gente recibiera a los ejércitos de Belisario con los brazos abiertos) el querer reconstruir el Mare Nostrum, sin que eso supusiera necesariamente volver a la línea del Rin.

    “porque los musulmanes convirtieron a Bizancio en un poder regional capaz solo de reaccionar ante el empuje árabe. El Mediterráneo, hasta entonces una vía para vertebrar los continentes que lo limitan, se convirtió en una trinchera. Este fue el verdadero nacimiento de “Europa”.”

    Esa fue la verdadera caída del Imperio romano como entidad mediterránea, el verdadero fin del Mare Nostrum como unidad política y cultural. Así creo recordar que le leí a Heather en “La caída del Imperio romano”

  11. Comentario de uno (16/01/2021 13:17):

    “Una competición que curiosamente alcanzó su apogeo durante el periodo comunista, dejándonos un vasto legado de trabajo arqueológico (…) Contaminado, eso sí, por prejuicios ideológicos, ya que intentaban hacer que las evidencias encajaran con la concepción materialista de la historia hasta crear un cuento de hadas marxista.”
    VAYA HAY QUE VER CÓMO TERGIVERSABAN LA HISTORIA ANTES.

    “Esto, además, enlazaba muy bien con las “teorías de la invasión” prevalecientes hasta 1945, que afirmaban que cada “salto” en los restos arqueológicos y culturales se explicaba como resultado de una invasión seguida de poco menos que un genocidio. Los primitivos cazadores-recolectores fueron exterminados por invasores agrícolas neolíticos, los que usaban piedras por los que usaban bronce, estos por los que usaban hierro, y así todo el rato. Algo que encajaba maravillosamente con los nacionalismos desbocados de la época”
    HAHA QUE LOCOS ESTABAN PERO SI LOS EXTERMINIOS MIGRATORIOS NO EXISTEN SALVO EL DE LOS NATIVOS AMERICANOS EN EEUU Y EN CANADA EL QUE HICIERON LOS MAPUCHES Y EL QUE LUEGO LE HICIERON A LOS MAPUCHES ARGENTINA Y CHILE EL QUE HICIERON LOS BANTUS EN AFRICA EL DE LOS PALESTINOS EL QUE HICIERON LOS ALEMANES DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y EL QUE LES HICIERON A LOS ALEMANES DESPUÉS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL EL DE LOS TASMANOS EL DE PAPUA OCCIDENTAL EL DE LOS ABORIGENES AUSTRALIANOS EL DE LOS TAINOS EL DE LOS ANUAKS BUENO A LO MEJOR AQUELLOS DE LOS QUE LO SABEMOS TODO SÍ FUERON EXTERMINIOS MIGRATORIOS PERO AQUELLOS DE LOS QUE NO LO SABEMOS TODO NO LO FUERON SEGURO.

    “Firme provincia romana con población celta en 400, desaparece luego durante dos siglos del mundo civilizado, y emerge en 600 como un país “germano”. Análisis de ADN revelan que un 75% de los varones ingleses tienen un marcador en el cromosoma Y proveniente del norte de Europa, lo que parece validar las “teorías de la invasión” decimonónicas, con algún tipo de limpieza étnica de los romano-bretones por parte de los anglosajones, pero Heather se muestra muy cauteloso: la cultura material empezó a venirse abajo mucho antes, con la retirada de Roma, y es muy posible que romano-bretones y anglosajones se fundieran bajo el liderazgo de los segundos.”
    ¿VES? ¿SI UN 75% DE ADN EXTRANJERO NO FUE UN EXTERMINIO MIGRATORIO ENTONCES QUÉ LO VA A SER?

    “Una ligera ventaja reproductiva durante un par de siglos explicaría ese 75%, incluso si los inmigrantes inicialmente no representaron más del 10-15% de la población total.”
    ¿DEL 10-15% AL 75% DE ADN EXTRANJERO POR VIOLENCIA? ¿EN EL SIGLO VI? NOOOO QUE VA NO ES QUE LOS MATARAN SIMPLEMENTE SE FUNDIERON DE FORMA VOLUNTARIA Y POR CONVENIENCIA COMO EN LA MIGRACIÓN INDO–EUROPEA QUE PRODUJO LA EXTINCIÓN GENETICA DE LA RAMA MASCULINA DE ALLÁ POR DONDE PASARON PORQUE LIGABAN MÁS PORQUE TENÍAN LAS TIERRAS PORQUE… SE LAS DIERON.

    “Heather, que ya ha debido recibir lo suyo en esos debates, se cura en salud indicando que “todos somos inmigrantes, o descendemos de migrantes”.”
    Cómo me alegro de que hayamos dejado de tergiversar la Historia para promover la ideología que la élite está imponiendo en el momento.

  12. Comentario de emigrante (17/01/2021 17:51):

    Aquí un resumen del juego de tronos que se traían entre los sajones alfa y los celtarras incel en nuestra isla favorita https://www.youtube.com/watch?v=HCZJrLFnDz8

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