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Cristianismos Perdidos – Bart D. Ehrman

“Lost Christianities”

¿Qué tienen en común Santa Teresa de Calcuta, el Patriarca Cirilo I de Moscú, Hugo Chávez [1], Desmond Tutu, el cura ese de Valdepeñas [2], un telepredicador de Alabama retransmitiendo por las ondas su Programa de Doce Pasos Para Alcanzar el Éxito Financiero y Derrotar a Satanás, y Santiago Abascal? Pues que son todos abierta- y orgullosamente cristianos. Por lo demás, como que no se parecen mucho, ¿verdad?

 

Abascal, seguramente, solo necesite Un Paso Para Derribar el Gobierno de Satanás y Forrarse (o dos, si el calibre es pequeñito).

 

Es decir, lo común de estos poco comunes es que “siguen a Cristo”. Pero en realidad lo que siguen es a una idea de Cristo, basada en un canon y unos credos establecidos en el siglo IV, y que enterraron cualquier otra idea que pudiese haber existido en el cristianismo temprano. Sí, el 95% de la teología cristiana actual es el resultado de un acto administrativo romano-imperial, destinado a uniformizar, centralizar y estandarizar un servicio básico, tranquilizando a todos los cognatus al asegurarles que en el viaje entre Emérita Augusta y Pompaelo, aparte de tener asegurada la alfalfa en todas las estaciones de servicio, los curas dirían la misa de la misma forma. Antes de eso, el caos: todo el mundo tenía su propia filosofía, cristología y escatología, y además rotulaba en el idioma que le venía en gana. Si creen que entre una misa luterana en Trondheim y la Madrugá sevillana hay diferencias casi insalvables, nos viene a decir Bart Denton Ehrman, no se hacen ni idea de lo que había en los tres primeros siglos de la Era Cristiana. Rescatar estos “cristianismos perdidos”, en la –muy limitada- medida de lo posible, es el propósito de este libro.

Bart D. Ehrman ya se ha pasado por estas páginas hablando del triunfo del cristianismo [3]. Ehrman, para quien no le conozca, es uno de los más conocidos exegetas bíblicos de Estados Unidos, con más de 30 libros publicados, y todo desde un punto de vista ateo-agnóstico (y, al contrario que muchos ateos bocazas, con bastante educación hacia los creyentes, a los que les habla en sus propios términos [4], aunque también tiene un registro académico [5]). Doblemente meritorio en su caso pues se crió en un hogar evangélico-fundamentalista de Kansas, y fue al irse a la universidad para confirmar su fe que acabó haciendo todo lo contrario: darle al coco, dudar, pensar que los textos no exhibían una coherencia digna de Dios, y de ahí terminar en el perroflautismo ateo. HABER, mi brother: ¿en serio no te fijaste que Dios había metido en Su Obra no una sino cuatro autobiografías? Que además cuentan cosas muy diferentes, con ausencias y énfasis muy significativos, y que encima para la parte más importante, la que ha justificado todo lo que hizo la Iglesia durante dos milenios –la Resurrección, vamos-, no es que haya matices, es que son abiertamente contradictorias: Marcos te habla de tres mujeres (María Magdalena, María madre de Santiago, y Salomé), una tumba ya abierta, y un ángel; en Mateo el ángel primero tiene que abrir la tumba y Salomé no aparece; Lucas decide que pa’ chulo él y mete dos ángeles y a “las otras mujeres” además de las titulares (aunque cambiando a Salomé por Juana); y Juan a su bola con María Magdalena en solitario.

 

Y luego nosotros dudamos porque vemos algunas incoherencias en la vida y milagros de nuestro único evangelista. Sopas con honda nos da cualquier cura de pueblo, señores. Sopas con honda.

 

[NOTA DEL CONSEJO DE REDACCIÓN: a estas alturas ustedes ya nos conocen y saben que no tenemos remedio, que iremos al infierno sí o sí por rojazos ateos, y que podríamos rellenar páginas y páginas haciendo bromas fáciles sobre que Ehrman necesitara veintipico años y varios cursos de estudios superiores para llegar a la conclusión que nosotros ya alcanzamos sin más que ver durante nuestros más tiernos años el devenir de la selección española de fútbol en los Mundiales [6]: que en un mundo tan injusto y cruel, Dios no puede existir. Pero tras un largo y fructífero debate, tan antiespañol que se saldó sin insultos y todo, este Consejo de Redacción ha concluido que ningún español de nuestra generación que haya firmado una hipoteca debería ir por ahí dando lecciones sobre “ceguera causada por la fe”, “lavado cerebral”, “no ver lo que hay ante tus propios ojos” o “creer acríticamente todo lo que te transmiten tus mayores en sus Escrituras Color Salmón”, así que lo cortamos aquí y pedimos perdón por la impertinencia al Irmão Ehrman.]

El caso es que Ehrman parece reproducir su propia evolución personal en sus obras: de entrada, da por bueno todo lo que dice el cristianismo, y luego a partir del propio canon cristiano (la Biblia y los cientos de padres de la Iglesia, sobre los cuales atesora un conocimiento enciclopédico, y además en las lenguas originales) empieza a señalar incongruencias, contradicciones y cosillas mal hiladas, las desarrolla mediante estudios lingüísticos, contrastes literarios, registros históricos y evidencias arqueológicas, y al final le deja al lector que saque sus propias conclusiones, aunque poco menos que se las sirve en bandeja y bien masticaditas.

 

Herejías everywhere

Lo más importante: que lo que hoy damos por sentado como “ortodoxia cristiana” (un Dios uno y trino; que pese a todo es el mismo del Antiguo Testamento; un Jesús al mismo tiempo 100% humano y 100% divino, nacido de una virgen y por lo tanto sin hermanos; y todo esto detallado en los 27 libros del Nuevo Testamento, los únicos válidos para entender la doctrina) y “verdad evidente y revelada”, tardó tres siglos en serlo. Antes, había cristianos que creían en un Dios, en dos dioses, en 30 dioses, incluso en 365; Cristo podía ser sólo un humano, un humano con un gemelo [7], un humano pero muy santo, un humano adoptado por Dios [8], un humano poseído por Dios, un Dios que aparentaba ser humano, o un espíritu inmaterial. Y más detalles que pueden parecer nimios y demasiado enrevesados para entender, pero que ocuparon a las mejores mentes de la Iglesia durante siglos, hasta que una de las docenas de corrientes (llamada por Ehrman “proto-ortodoxia”) barrió a las demás, impuso su ideario como la “ortodoxia” (“el camino recto”, nada que ver con la Iglesia Ortodoxa), y reescribió la historia para que pareciese que dicho ideario había estado ahí al 100% desde el minuto uno. A esta ortodoxia la conocemos como Cristianismo Nicénico (porque fue formulada en el Concilio de Nicea [9] en el año 325), y de ahí se derivan todas las principales ramas del cristianismo: católicos, ortodoxos, protestantes, cristianos orientales.

 

 

De las incontables sectas cristianas anteriores, Ehrman nos presenta a dos en particular, los ebionitas y los marcionitas, porque representan los dos extremos: los ebionitas [12] eran muy judíos y mucho judíos, odiaban a Pablo de Tarso y veneraban a Simón Pedro, y creían que Jesús, como judío de pelo en pecho (y hombre corriente y moliente, aunque de una santidad tal que le hacía ser el Mesías), exigía que sus seguidores fuesen judíos. Es decir, que para ser cristiano tenías que obedecer todas las leyes judías. Los marcionitas [13], en cambio, no creían ni siquiera que Jesús fuese humano, odiaban a Pedro y veneraban a Pablo de Tarso como el único apóstol verdadero, y eran totalmente anti-judíos: no pedían circuncisiones ni renunciar al jamón, lo que los hizo muy atractivos. Casi como los cristianos modernos, parece, salvo por un pequeño detalle: los marcionitas creían que había dos dioses.

El razonamiento es simple: Dios (el UNO) es perfecto y total. Pero el mundo es una mierda. Luego el UNO no pudo crearlo, tuvo que ser OTRO. Este OTRO, creían, era el Dios judío del Antiguo Testamento, Yahvé para los amigos, ya saben, el que extermina pueblos enteros [14] por un “¿me estás mirando?”, cosa que casa mal con el mensaje “paz, amor y perfección”. El caso es que el OTRO lo ignora todo del UNO (a pesar de que vendría a ser una emanación degenerada del UNO, ya que nada puede existir que no tenga su origen en el UNO), y mantiene el mundo material en marcha lo mejor que puede, pero no puede negarse que esto es un sinvivir. El UNO, mientras tanto, vive en sus esferas celestiales pasando de todo, pero llegado un momento sí sintió lástima por las pobres almas aquí atrapadas. Por ello el UNO mandó a una emanación de si mismo, que se fundió con un humano corriente y moliente (con debates sobre si esto ocurrió en su nacimiento o en su bautizo) para enseñar a las almas atrapadas la salida de vuelta al UNO. Cumplida la misión, la emanación conocida como Cristo abandonó el cuerpo del pobre pringado conocido como Jesús (de ahí el famoso “¿por qué me has abandonado?” en la cruz, aunque Ehrman aporta sus conocimientos de koiné [15] para puntualizar que una traducción más fiel sería “¿por qué me has dejado atrás?”), aunque volvió a los tres días para resucitarle porque patatas.

Como ven, dos grupos que no podrían estar más alejados entre si. Y sin embargo, ambos se consideraban “cristianos” y seguidores del mismo profeta, compartían textos sagrados (los marcionitas fueron los primeros en establecer un Canon: diez cartas paulinas y el Evangelio de Lucas, pero recortando los primeros dos capítulos donde se dice que Jesús nació y tuvo infancia), y celebraban misas. ¿Cómo resolver este dualismo judíos-gentiles? Pues con ayuda de los romanos: cuando las legiones arrasaron Jerusalén en el año 70 [16], les sirvieron a los gentiles en bandeja el argumento “Cristo ha castigado a los judeo-cristianos por ser demasiado judíos”. Para el año 150, el judaísmo ya era casi residual en la Iglesia temprana, y empezaba a tomar forma el conocido antisemitismo cristiano.

¿Y si se hubiesen impuesto? Para Ehrman, un cristianismo ebionita habría acabado como una secta más dentro del judaísmo, posiblemente vegetariana ya que para ellos el “sacrificio final” de Jesús hacía innecesarios sacrificios posteriores de animales. Un cristianismo marcionita, sin embargo, tampoco habría tenido el potencial conversor proto-ortodoxo: al rechazar el legado judío, un cristianismo marcionita habría sido una religión “nueva”, de apenas unas décadas. Y lo que buscaba la gente en el mundo antiguo era la conexión con los poderes místicos pretéritos. Nada “nuevo” podía ser “cierto”, pues entonces, ¿por qué ni Homero ni Aristóteles lo habían sabido? Los judíos, con su cosmología que se remontaba cuatro mil años atrás, ofrecían esa conexión, por eso los proto-ortodoxos nunca se atrevieron a ir tan lejos como los marcionitas y siempre reconocieron una continuidad y la validez de las escrituras judaicas. Pero lo cierto es que no podemos saberlo.

 

Ebionita pretendiendo judaizar a los gentiles en nombre de las sagradas tradiciones. (Spoiler: pronto verá la luz de la ortodoxia, ¡todas las almas son salvables!)

 

¿Y el Apocalisi pa’ cuándo?

Otra “contradicción” que tuvieron que resolver es que Jesús había dicho muy claramente que el fin del mundo era inminente, voy a por tabaco y ya mismo vuelvo, vamos, yo que vosotros no haría planes para el verano. Lo que llevó en las comunidades primitivas a un hermanamiento muy perroflaútico y que constituyó, precisamente, uno de sus grandes atractivos: todos eran iguales, las distinciones entre el rico y el pobre, hombres y mujeres, amos y esclavos dejaron de importar. Pero pasado un tiempo, digamos 100 años, la retórica “Jesús nos va a liberar en cualquier momento” ya empezaba a sonar hueca.

Teológicamente esto se solucionó mediante un cambio de la narrativa muy ingenioso: se pasó de “Cristo va a venir a liberarnos” a “Cristo ya nos ha liberado, luego no hace falta que venga”. ¿Hoyga señor obispo, como y de qué nos ha liberado? Pues mira, hijo, me alegra que me preguntes. Verás, existe algo llamado Pecado Original; sí, resulta que todos nacemos en pecado y condenados al infierno, pero Jesús nos trajo el bautismo que nos libera del mismo. ¡Aleluya! ¿Y por qué Jesús no menciona ese Pecado Original en ninguna de las Escrituras ni en las amplias colecciones de Dichos que tenemos de él? Nuestros expertos basados en escrituras no han descubierto su existencia hasta hace poco, pero si sabes leer entre líneas y fuerzas algunas citas, verás que Jesús sí lo dijo. ¿Pero el bautismo no lo trajo Juan el Bautista, que por eso se llamaba así? Bueno, pero ese no vale, porque Jesús tuvo que bajar al submundo a batallar con el diablo. La feature ya estaba ahí, pero él la desbloqueó, por entendernos. ¿Y eso cuándo lo hizo? En los tres días entre la Crucifixión y la Resurrección, hijo. Por eso tuvo que morir, y vamos a poner a todos los artistas y teólogos de los próximos mil años a explicar cómo nos abrió las puertas del Cielo. ¿Pero entonces todos los que murieron antes, sin ser bautizados, como mis padres o abuelos, están en el infierno? ¿Y qué pasa con Moisés y los Patriarcas? Bueno, no realmente, están en un sitio que no es ni una cosa ni otra, y que se llama limbo. Pero señor obispo, sigo sin entender, ¿qué le costaba a Jesús explicar todo esto con claridad en las Escrituras? Hijo, si algo dicen las Escrituras es que debes respetar a los obispos, ¿sabes? Hombre, en realidad no se menciona en ninguna parte que deba haber obisp-(SE LO LLEVAN).

 

Si se encontrasen a Jesucristo y a sus apóstoles por la calle predicando paz y amor, el 90% de los fachas llamaría inmediatamente a los antidisturbios. Información, no opinión.

 

Otra parte importante del “giro al centro” eclesiástico, combinado con la apertura a nuevos segmentos de mercado, era atajar algunos de los “excesos” del primer periodo. Por ejemplo, el igualitarismo: las primeras epístolas de Pablo (Romanos [17], Corintios [18], Gálatas [19]…) están dirigidas a toda la comunidad, las últimas (Timoteo [20], Filemón [21]…) a los líderes de las comunidades. Empezaba a haber una estratificación y una jerarquización, que culminaría en los obispos y en toda la jerarquía católica que no aparece mencionada en ningún lugar de la Biblia. Y luego está el papel de las mujeres. Consideremos a Santa Tecla de Iconio [22]. Hoy, esta señora es una relativa desconocida, que solo alcanza cierto renombre como patrona no oficial de los informáticos, pero en el siglo II era una verdadera superstar del cristianismo, con un culto casi a la altura del de la Virgen, y sus propias escrituras, Los Actos de Pablo y Tecla [23], muy populares y donde realiza asombrosas proezas. Sin embargo, dichos Actos no entraron en el Canon bíblico. ¿Por qué? Pues porque en el siglo III Tertuliano [24] estaba desarrollando su teología altamente misógina, negando que las mujeres pudiesen alzar la voz en la Iglesia o administrar bautizos, y afirmando que el alma se transmite con la semillita del padre [25]. Como en los Actos se ve a Tecla siendo ejemplar, alzando la voz, e incluso bautizándose (un poco traído de los pelos, en realidad ella salta, al grito de “este es mi bautizo”, a una balsa llena de focas carnívoras esperando ser devorada para evitar una deshonra, aunque luego Dios la salva con unos cuantos rayos bien colocados), sus contrincantes los usaron para justificar un papel más importante de las mujeres, así que Tertuliano simplemente alegó que los Actos eran una falsificación. Hecha con las mejores intenciones, sin duda, para realzar a Pablo (aunque Pablo tampoco es que se luzca mucho en la obra, y en realidad la que tira del carro es Tecla), pero desviada de la ortodoxia.

 

Este giro “tertuliano” explica quizás también algunas de las citas más infames de Pablo, como Tim 1, 2:12-15:

 

No permito que las mujeres enseñen, ni que pretendan imponer su autoridad sobre el marido: al contrario, que permanezcan calladas. Porque primero fue creado Adán y luego Eva. Y no fue Adán el que se dejó seducir, sino que Eva fue engañada y cayó en el pecado. Pero la mujer se salvará, cumpliendo sus deberes de madre, a condición de que persevere en la fe, en el amor, y en la santidad, con la debida discreción.

 

O la más conocida, Cor 1, 14:34-35:

 

Que las mujeres permanezcan calladas durante las asambleas: a ellas no les está permitido hablar. Que se sometan, como manda la ley. Si necesitan alguna aclaración, que le pregunten al marido en su casa, porque no está bien que la mujer hable en las asambleas.

 

Pero lo cierto es que de la Primera Carta a Timoteo hay serias dudas de autoría. Bien pudo ser una falsificación, hecha al estilo de la época: hay un intenso debate sobre un tema y alguien quiere meter baza pero cree que su opinión no contará por ser un don nadie, así que falsifica un escrito y se lo atribuye a alguna autoridad de la iglesia temprana, y luego lo “descubre” en los archivos. Luego ya todo depende de tu habilidad falsificando, y de que tengas la suerte de que a los de arriba les interese promocionar tu bulo. Cosa que ocurrió a menudo: de las trece epístolas de Pablo de Tarso, los propios teólogos solo aceptan siete como indudablemente suyas (pero las demás siguen ahí, porque el hecho de que no sean suyas sino de alguien “inspirado en él” pero que se la atribuye indica que ahí había una “escuela pablista” que refleja “un consenso general que la hace aún más auténtica”, ¡aleluya!).

 

“Nada, que acabamos de descubrir que teníamos en los archivos municipales una carta de San Cucufato a los matritenses afirmando que la contaminación es buena y que la salvación viaja en coche. Queda proscrito el carmenismo como herejía. Damnatio memoriae a sus carriles peatonales. Gloria a Diesel en las alturas, venga a nosotros tu atasco, abramos nuestros pulmones a tu NOx.”

 

De la Primera a los Corintios, en cambio, el consenso general es que Pablo de Tarso sí la escribió. Pero la cita apesta. Para empezar, un poco antes, Pablo admite que las mujeres pueden orar o profetizar (en 11:5 “la mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta…”), todas cosas que se hacían de viva voz. ¿Por qué de repente han de estar calladas? Además, antes y después de 14:34-35 no está hablando de mujeres sino de profetas. Quitas lo de las mujeres y te sale un texto fluido y sin saltos: claro indicio de que es un injerto posterior. Ítem más: tenemos varios manuscritos antiguos de la carta, y la cita aparece insertada en lugares muy diferentes. Y finalmente, en Gal 3:28 se arrancaba incluso a decir “en Cristo no hay varón y mujer”. Vamos, que casi podemos ver en la Moviola como colaron el programa “en casa y con la pata quebrada” donde no lo había.

 

El Íñigo Errejón del cristianismo

Pero antes incluso del problema teológico sobre la salvación, o del problema de cuanto espacio les damos a las frescas estas, hubo un problema mucho mayor: si nos quedamos predicando solo entre los judíos (la tesis defendida por Simón Pedro y los demás apóstoles), o si nos abrimos a los gentiles (la apuesta de Pablo de Tarso tras pegarse un buen golpe en la cabeza [26]). El dilema ebionitas-marcionitas, vamos. Algo así como si montamos un partido para recoger votos de la izquierda desencantada (la tesis “judía” defendida por el PABLO original) o si montamos algo “ni de izquierdas ni de derechas, de abajo, y abierto a todos” (la apuesta populista de Errejón). Como los apóstoles defendieron a su profeta, aquí nuestro Íñigo de Tarso acabó montándose su propia Iglesia, pero da para un interesante what if.

 

“Pero cuando Pedro vino a Antioquia, le resistí cara a cara, porque era de condenar [..]¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?” Gal 2:11-14.

Hay un marcador bastante bueno para datar un evangelio: el grado de antisemitismo, inversamente proporcional al peloteo a los romanos. Los primeros cristianos eran todos judíos, y su idea de la “salvación” era que Jesucristo volviese a Jerusalén como Silvester Stallone a la fortaleza soviética de Rambo III: con un AK47 en cada mano y repartiendo yoyah como panes entre los romanos hasta echarlos de Judea. Por eso, en los escritos más tempranos la muerte de Jesús es culpa de los romanos, pero con el paso de las décadas se va dándole más y más peso al papel de los judíos, mientras Pilato es progresivamente exonerado. En Marcos, escrito hacia el año 65, Poncio Pilato se encoje de hombros y ordena la muerte de Jesús. En Lucas y Mateo, escrito 15 años más tarde, Pilato ya está echando balones fuera, tiene malos sueños, intenta tres veces indultarle, y se lava las manos de su sangre (aunque al final ordena la muerte), y en Juan se lo entrega a los judíos, que son quienes le ajustician. Vamos, que según los cristianos dejan de ser mayormente una secta judía, y se convierten en un movimiento en todo el imperio romano, hay que pulir esos feos detalles. El apócrifo Evangelio de Pedro [27], en ese sentido, ya supera a los canónicos: Pilato ofrece a Herodes y al Sanedrín lavarse las manos con él, y estos explícitamente lo rechazan. Lo que permite datar su origen posteriormente a 100 d.Ch., aunque su autor pretende ser el propio Simón Pedro (y lo enfatiza con un párrafo final “y al final tras la Resurrección pues nos cogimos las redes y nos fuimos de pesca, porque eso es lo que yo hacía, pescar, como que soy el verdadero Pedro”). Posteriormente, surgieron incluso “cartas” de Pilato a Tiberio [28] indicando que Jesús era el Mesías y lamentando su ejecución.

En el enfrentamiento judíos-gentiles, Pablo fue el proto-ortodoxo cuya visión se impuso a la de Pedro. Pero fue una lucha larga, encubierta y sucia, con la facción “pedrista” mandando predicadores a las comunidades “pablistas” para decirles que no, que para ser cristiano había que hacerse judío con todo lo que esto implicaba, muy especialmente la circuncisión y las leyes alimentarias. Con Pablo pillándose rebotes de echar espumajos por la boca, de donde salen cartas como Gálatas. Por desgracia, no tenemos la versión de los pedristas: ya se encargaron los pablistas de purgar cualquier otra opinión (lo que no quita que San Pedro siga siendo el Number One, ¡it’s complicated!). Solo podemos celebrar cada pequeño descubrimiento de manuscritos no-proto-ortodoxos, como Nag Hammadi [29] o los rollos de Qumrán [30], e intentar leer entre líneas los textos oficiales, donde alguna cosa se coló.

Uno de los “cueles” más curiosos que se les escapó a los censores es la historia del “fugitivo desnudo [31]”: en Marcos (y solo ahí), al prender a Jesús en Getsemaní resulta que había ahí “un hombre joven” no identificado al que intentaron pillar también, pero que se zafó y escapó dejando atrás su ropa. No sabemos quién era, no se le menciona en ninguna otra parte, simplemente estaba ahí y salió corriendo desnudo. Y ya. Hay, sin embargo, un presunto evangelio secreto [32] del mismo Marcos, que vendría a ser el canónico con ampliaciones, donde se hacen alusiones a una posible homosexualidad de Jesús, con lo que el fugitivo podría ser su amante. No, si cuando el río suena [33]

 

¿Acaso Jesús no nos ama a todos?

 

El Gnosticismo: “¿entiendes?”

Siendo importante el debate sobre si comer jamón es perjudicial para el alma, convenimos que antes hay que dilucidar un debate superior: la existencia y naturaleza del alma. Un debate con en el que entramos de lleno en la “herejía” más famosa de todas: el gnosticismo [34]. Que sin embargo no funcionó como una herejía al uso: los gnósticos estaban en todas partes y en todas las congregaciones, y de maneras tan difusas y diferentes que Ehrman sugiere que habría que hablar de gnosticismos, en plural. Lo que les unía, muy vagamente, era la siguiente cosmovisión: el mundo material es una mierda y solo puede ser el resultado de un accidente cósmico. Todo esto de la materia, en realidad, es un error, lo que importa es lo espiritual: Dios, que es bueno y perfecto, y con quien debemos estar. Los humanos estamos atrapados y alineados en nuestros cuerpos materiales, si nos sentimos extraños es porque lo somos, porque nuestra chispa divina sufre teniendo que ocuparse de tareas mundanas como cortarnos los pelos de la nariz, pasar la ITV o limpiar de una vez la nevera, tío guarro, que aquella manchita que viste el año pasado ya ha desarrollado siete civilizaciones propias.

Aquí nosotros nos pensamos que en consecuencia los gnósticos serían unos viciosos de cuidado, “haz con tu cuerpo lo que quieras porque no importa”, y de hecho a la propaganda proto-ortodoxa le encantaba pintarlos así, luego veremos un ejemplo, pero parece que eran todo lo contrario y practicaban abstinencias de todo tipo para que el cuerpo no dominara su espíritu. Y así hasta hoy, donde los cristianos parecen asumir que los ateos son todos unos folladores orgiásticos sin moral ni límite. Solo pensarlo nos da pereza.

 

Lo de pintar a alguien como lo que más odia es un clásico de la propaganda, por eso no hay nada que les guste más a los de derechas que decir que los nazis eran de izquierdas.

 

El objetivo final, para un gnóstico, es escapar de lo material, volver al espíritu puro (que es lo que vendría a ser el UNO). Pero no todos pueden, claro: solo algunos, los elegidos, tienen en ellos la chispa divina que puede “volver”, y esa chispa solo podrá volver si dispone del conocimiento (que en griego se dice “gnosis”) necesario. Ese conocimiento lo trajo el Hijo, y eso es lo importante de su ministerio. No la muerte en la cruz, que solo fue el sacrificio de una cáscara vacía (un texto gnóstico afirmaba que Cristo intercambió su cuerpo con el de Pedro en Getsemaní, lo que seguro daría para muchas risas en su lectura, ¡jajaja, en realidad crucificaron al judaizante ese!). Pero, y esto es lo importante, el conocimiento es “secreto”, está “escondido” en las escrituras en forma de retorcidas metáforas y dobles sentidos. Los gnósticos actuaban como una especie de sociedad secreta, y se comunicaban de una comunidad a otra. De hecho, no era problema para ellos que uno fuese marcionita y otro docetista [35], lo importante era “entender”, saber leer el “conocimiento secreto” en las escrituras. Y con lo retorcidas y poéticas que son las Escrituras, encontrar dobles sentidos es fácil. Consideren la siguiente frase:

 

La Huida Campechana ha sido tal yoyah para los letizios que han pasado de ser el MEMYUC cienciopolítico del R78 a ser los mencheniques de la Segunda Restauración, a dos emisiones de Radio Alcázar de acabar pidiendo en la puerta del Mercadona porque el Preparado los va a borbonear en favor de su “caja” verde. Y a nosotros nos parece Bahrein. Su Marianidad hizo bien en pasar de ellos, y Vacío felizmente sigue sus pasos.

 

Si es usted nuevo en esta página, pensará que nos falta un tornillo, o que hablamos en lenguas. Si es usted cristiano viejo de LPD, habrá accedido al conocimiento secreto. Si nuestra web acaba convirtiéndose en un texto religioso, leído dentro de cien años en cavernas subterráneas por los supervivientes del cataclismo climático-covídico, a los supervivientes tampoco les dirá nada, pero lo aceptarán ciegamente (la mitad de cualquier religión es eso). Y otros 2000 años más tarde, sesudos universitarios con gafas de pasta disertarán sobre los “podemismos perdidos” y la herejía letizia, todo por los objetivos supremos: esclarecer LA VERDAD y –si surge- metel.la. Pues más o menos así funcionaban los gnósticos: buscándole sentidos raros y mensajes ocultos a todo (y encontrándolos siempre – la mitad de cualquier teoría de la conspiración es eso).

El caso es que el gnosticismo predicaba la salvación, pero solo de algunos, si tenían la chispa divina y el conocimiento secreto. Algo que chocaba de frente con el “Jesús trajo la salvación a todos, y no tienes que saber ni hacer nada, basta con que nosotros te bauticemos” de los proto-ortodoxos, más atractivo para reclutar. Además, los gnósticos no pudieron aprovecharse del tirón propagandístico de los mártires de la Iglesia, ya que al sostener que el cuerpo solo era materia, los sufrimientos en realidad no importaban. Y finalmente, rechazaban las jerarquías eclesiásticas en favor de las jerarquías “de conocimiento”. Con lo que los proto-ortodoxos se hicieron con los puestos donde se decidían esas cosas tan aburridas como los presupuestos, las portavocías y los obispados. Y desde ahí, pulverizaron cualquier oposición.

Para ello, los proto-ortodoxos desarrollaron el concepto de la Sucesión Apostólica [36], que se puede resumir en: a tu cura lo nombró el obispo, a los obispos los pusieron los apóstoles, y a los apóstoles los eligió Jesús, es decir, Dios. Desobedecer al cura, por tanto, es desobedecer a Dios. Quinto Septimio Florente Tertuliano, una vez más, fue quien le dio a la cosa el giro rancio definitivo: la Sucesión no solo afecta a los cargos, también a las enseñanzas. Los cargos eclesiásticos tienen razón porque sí, y ya. Porque gran parte de los conflictos originales no eran solo de teología. Eran de poder. Y aquí jugaron con ventaja las grandes ciudades, y muy especialmente una, Roma, cuya comunidad era de las más grandes y ricas. Pagando a artistas y poetas, liberando a esclavos, y engatusando a los funcionarios adecuados, el cristianismo made in Rome, proto-ortodoxo pero también, sobre todo, romano-capitolino, empezó a configurar lo que sería el futuro de la Cristiandad (una vez los musulmanes arrasaron con todo el Cristianismo Griego, y bien que hicieron, que se lo tenían merecido por monofisitas [37]): nada de curiosidad intelectual, ni de mezclar conceptos filosóficos en la coctelera teológica, sino austeridad, severidad, penitencia y rígida adhesión a la fe verdadera. Ah, y todo en la lengua del imperio (el latín).

 

¿Calamares a la ROMANA con pan, o bocatacalamares MADRILEÑO? No hay forma de saberlo, pero hay gnósticos leyendo estos textos que ante esta visión entrarán en un arrebatamiento místico, incluyendo el hablar extrañas y periféricas lenguas.

 

El Canon

Todo esto nos puede parecer increíble porque las disputas se podrían resolver fácilmente con el Nuevo Testamento. Por eso es importante recordar: esta gente no tenía un Nuevo Testamento. Sus textos sagrados eran los clásicos judíos: la Toráh y sus escritos religiosos (que por ello han acabado en la Biblia, pero-no-hay-que-tomárselos-al-pie-de-la-letra; la existencia de un canon judío, por cierto, hizo necesario desarrollar un canon propio según se separaban judaísmo y cristianismo). A esto se fueron añadiendo escritos de los apóstoles, tanto reales como falsificados. Y copiados de un sitio a otro con curiosos resultados, ya que los copistas cometían errores, se saltaban páginas enteras, incluían comentarios de escribas anteriores como parte del texto, cambiaban el orden de las palabras, interpretaban la ortografía a su manera, o directamente no tenían empacho en retocar detalles menores pero cruciales (un cambio común era modificar las palabras de María a Jesús de “tu padre y yo te hemos buscado [38]” a “nosotros te hemos buscado” – ¡no vayamos a poner en boca de la madre quién es el verdadero padre!). Tenemos más de 5000 manuscritos pre-nicénicos de los libros que acabaron entrando en el Canon… y casi 300.000 diferencias entre ellos, más que palabras en todo el Nuevo Testamento. Muchas simples erratas, pero incluso las erratas [39] han dado para montar cismas. Este guirigay es el que se nos vende hoy como la Palabra de Dios, directa de Su boca a nuestras pobres y pecadoras mentes.

Al final, 27 libros fueron incluidos en el Nuevo Testamento. Esta selección fue enormemente importante para toda la historia, porque casi todo el pensamiento intelectual de los siguientes 1500 años iba a girar en torno a estos textos (generalmente, para justificar alguna barbaridad que le apetecía hacer al mandamás de turno), e incluso iban a servir como base para toda la Reforma Protestante [40]. Pero la lista no fue resultado de un consenso, ni de la popularidad de cada escrito, ni siquiera fue debatida en un sínodo: fue formulada casualmente por Atanasio de Alejandría [41] porque se ajustaba lo mejor posible a las creencias y al programa político proto-ortodoxo, santificada por el más grande teólogo de su tiempo, San Agustín de Hipiona [42], y a partir de ahí impuesta, y el resto de obras borradas. El evangelio apócrifo de Pedro era mucho más popular que el de Marcos (el triple, a juzgar por el número de citas y de manuscritos sobrevivientes), y continuó siendo usado en Egipto hasta el siglo séptimo. Pero… era docetista [35] y presentaba a Jesús como un espíritu inmaterial, así que Serapión de Antioquía [43] lo condenó a las tinieblas.

 

Art naif cristiano del evangelio de Pedro. Comparado con un Zurbarán, la verdad es que salimos ganando.

 

La segunda epístola de Pedro [44] en cambio se salvó, pese a que hasta un ciego puede ver que resulta sospechosa (literalmente: Dídimo el Ciego [45] la denunció como falsificación, ¡y era ciego desde los cuatro años!), porque encajaba maravillosamente con la doctrina. De los numerosos evangelios [46], solo cuatro pasaron el corte. Según Ireneo [47], tenían que ser cuatro porque la Iglesia predica en las cuatro direcciones cardinales, pero más probable es que fuese una solución de compromiso, ya que la mayoría de congregaciones solo usaba uno (Mateo era el favorito de los ebionitas, Marco el de los docetistas, Lucas el de los marcionitas, y Juan el de los gnóstico). El resto fue purgado, incluyendo el Evangelio según Albert Rivera: el Diatessaron [48], un evangelio “unificado” redactado a partir de los cuatro canónicos limando las contradicciones Para Que Todos Nos Llevemos Bien Como Cristianos Que Somos (curiosamente, el Corán [49] siempre habla de un único evangelio cristiano, que bien podría ser este, ya que sobrevivió mucho tiempo en Oriente Medio).

 

El triunfo de la proto-ortodoxia

Al final, como dijimos, una corriente acabó triunfando. Una que solo había sido una de entre centenares, y cuyos integrantes posteriormente pretendieron hacer creer a todo el mundo que su teología había estado allí desde el principio, que era exactamente lo que Jesús había predicado, y que las herejías no eran interpretaciones legítimas de los datos disponibles, sino intentos dolosos de apartarse de una ortodoxia ya conocida. El tratamiento literario que dispensaron los proto-ortodoxos a las herejías resulta hasta “moderno” por las reminiscencias a ciertas técnicas propagandísticas del siglo XX: acusar a los herejes de pervertir las Escrituras y de todos los vicios imaginables, con predilección por los sexuales, pero además pintar dichos vicios como una consecuencia directa de sus creencias, no fuera alguien a decir “la idea está bien, pero estaba mal implementada”. Miren por ejemplo cómo el proto-ortodoxo Epifanio de Salamina [50] nos describe la herejía de los fibionitas [51] (con una introducción ma-ra-vi-llo-sa “unas guarrillas fibionitas intentaron seducirme para sus sucias prácticas, que en realidad no he visto en persona pero que deduzco con mi gran intelecto de la lectura de sus falsos textos, los cuales no voy a compartir para no contaminar almas inocentes”), y piensen que cosas similares se decían de las demás corrientes alternativas:

 

Epifanio afirma que los fibionitas se complacen con fiestas suntuosas, las cuales empiezan con un saludo especial: los hombres les dan las manos a las mujeres, acariciando sus palmas por debajo. Su descripción de este ritual puede ser deliberadamente ambiguo: se ha interpretado como algo erótico y como una señal para advertir de la presencia de extraños. Pero la fiesta real no empieza hasta que todos se han saciado de comida y bebida. Parejas casadas se separan para abordar una liturgia de intercambios sexuales con otros miembros de la comunidad. La unión no está pensada para ser consumada, porque el varón se retira antes del clímax. La pareja recoge el semen en sus manos y lo ingieren mientras dicen “este es el cuerpo de Cristo”. Cuando es posible, recogen y beben la sangre menstrual de las mujeres, diciendo “esta es la sangre de Cristo”. Si por alguna razón la mujer se queda embarazada, se permite al feto desarrollarse hasta que se lo puede abortar manualmente. Entonces, afirma Epifanio, es despedazado, cubierto con miel y especias, y consumido por la comunidad como una comida eucarística especial.

Los líderes del grupo que ya han obtenido la perfección no requieren de mujeres para estas ocasiones festivas. Mantienen en su lugar relaciones homosexuales unos con otros. Además, nos informa Epifanio, los miembros del grupo realizan masturbaciones sacras. Pueden entonces consumir el cuerpo de Cristo en la privacidad de su propia estancia. Esta práctica se justifica aparentemente por las Escrituras: “trabaja con tus propias manos, que así tengas algo que dar a los que tienen necesidad” (Efesios 4:28).

Se entiende del relato de Epifanio que estos procedimientos están relacionados con el entendimiento de los fibionitas sobre el cosmos y su liberación. Supuestamente mantienen, como otros grupos gnósticos, que este mundo está separado del reino divino por 365 cielos, cada uno con su propio arconte divino. Igual que el divino redentor tuvo que descender a través de los 365 cielos para luego reascender, así los redimidos tienen que pasar dos veces ante cada arconte. El viaje es preparado aquí en la tierra estableciendo una empatía, teniendo el hombre que proclamar, durante la liturgia sexual, el nombre de uno de los arcontes, a modo de identificación ante él para pasar de forma segura por sus dominios. Como hay que pasar dos veces ante cada arconte, nos apunta rápidamente Epifanio, cada varón fibionita tiene que seducir a devotas féminas en al menos 730 ocasiones.

 

San Epifanio de Salamina fue obispo de Chipre, y está canonizado como santo y reconocido como Doctor y Padre de la Iglesia. Le pueden venerar cada 12 de mayo.

 

Así acabaron las herejías, y así fueron recordadas. La proto-ortodoxia, implacable con los desobedientes, llevó esa intolerancia religiosa (desconocida en el mundo antiguo, donde nadie se metía en las creencias de los demás) al corazón mismo del cristianismo, marcando las políticas religiosas en Occidente hasta casi la Ilustración. Nadie se salvó: Tertuliano, campeón de ranciedades, machaca del conservadurismo, martillo del patripasionismo [52], y el primero que propuso el concepto de la Trinidad, cometió el desliz de simpatizar brevemente con el montanismo [53]. Sic transit gloria tertuliani: pese a sus enormes contribuciones retóricas a sustentar la autoridad eclesiástica, nunca fue canonizado.

 

Párrafo de las Revelaciones

El libro se inscribe dentro del conjunto de la obra de Ehrman. Literalmente: la mitad de las notas y referencias son a otros libros suyos, “mirad, de esto ya he hablado aquí así que no me voy a repetir”, lo que combinado con que el libro es más bien cortito, 372 páginas con notas, da la sensación de ser solo un fascículo y que te falta el resto para enterarte de todo. Claro, así es fácil llegar a 30 libros. Pero bueno, el hombre tiene que vivir de algo, y ser abiertamente ateo tampoco te abrirá muchas puertas [54] en un país como Estados UnDios.

Lo interesante está en cómo se desarrollan los movimientos sociales “basados en ideas”, y aquí hay que decir que la Iglesia es fascinante e insuperable. Piénsenlo por un momento: estamos hablando de un movimiento que durante la friolera de tres siglos no hizo otra cosa que mantenerse unido autogestionando sus creencias y su identidad. Identidad que cambió tan radicalmente desde la pandilla de judíos andrajosos inicial que parecen movimientos distintos. Los podemitas conquistaron ayuntamientos [55] al año y pico del Advenimiento [56], y ya sabemos que pocas cosas hacen crecer a un movimiento como la perspectiva de manejar presupuesto público, pero los cristianos no lograron ni eso, viviendo en la semi-clandestinidad y siendo perseguidos como criminales y traidores hasta apenas doce años antes de Nicea [57].

¿Cómo fue esto posible? Quizás, solo quizás, porque era la única vía posible de salida. El Imperio Romano era tan grande, su ideología de dominación y jerarquía tan absoluta, que nada pudo oponérsele en casi medio milenio. Nada basado en “poder duro”, se entiende. Y fuera del Imperio solo estaban los bárbaros [58] y los sasánidas de Oriente. A quien no le gustara la realidad no tenía más opción que el escapismo, y aquí el cristianismo dio con la tecla para el escapismo perfecto: una comunidad cerrada donde las reglas y jerarquías “de fuerza” no valían porque todos eran “hermanos”, organizada en torno al culto a un hombre que había sufrido el castigo máximo que el imperio podía imponer y sin embargo había “vencido” (aunque representar a Jesús en la cruz fue tabú durante varios siglos), y unida en torno a la fe en una vida eterna más allá de la asquerosa realidad. Así lograron mantenerse unidos y crecer un 40% por década.

Con esto llegaron a un punto donde el emperador romano Flavio Valerio Aurelio Constantino “El Grande” vio en ellos una oportunidad para asentar su propio poder en el Imperio. Pero para esto, claro, no podía haber mil y una sectas locuelas haciendo de las suyas, de modo que convocó en Nicea un concilio de obispos de todo el impero (concilio presidido por un ES-PA-ÑOL, Osio de Córdoba [59]), donde los proto-ortodoxos barrieron de un plumazo toda la diversidad anterior y definieron una ortodoxia resumida en el Credo de Nicea [60]. Y ya de paso, impusieron la fecha de la Pascua que se usaba en Roma, para diferenciarse definitivamente de los judíos. Esta Iglesia unificada la pusieron a los pies y al servicio de Constantino (las autoridades públicas, claro, ahora se encargarían de favorecer e imponer [61] esa proto-ortodoxia), y toda la propaganda sobre la Ramera de Babilonia y contra las autoridades se barrió bajo la alfombra para gobernar el Imperio Romano, y defenderlo frente a los bárbaros saqueadores. El resto es historia.

(Lo chanante, además, es que teológicamente Nicea fue una chapuza monumental, improvisada para desarmar explícitamente la herejía arriana [62] mediante un palabro, homousios [63], que la mitad de los firmantes no sabían muy bien qué implicaba, que ni siquiera aparece en las Escrituras, y que dio para 50 años de yoyah teológicas hasta que Teodosio [64] –español, como no- dio otro puñetazo en la mesa y arregló la cosa en el Concilio de Constantinopla [65] de 381.)

Y la pregunta del millón es: ¿triunfaron los cristianos pese a Nicea, o precisamente por Nicea? Ehrman tiende a pensar que es lo segundo: que fue el férreo control de los dirigentes (“férreo control” comparado con lo anterior, claro, comparado con la Contrarreforma o las reformas de Pio IX el cristianismo siguió siendo una fiesta), ampliado por las autoridades imperiales, lo que permitió el “triunfo” (básicamente: que todos se hicieran cristianos, que los mandamases fueran cristianos, y que se aplicara algo así como un 1% del ideario original de “paz, amor, y reparte tus bienes”). Los emperadores no querían un guirigay de iluminados yendo por libre, querían un instrumento fiable. Y realmente solo los proto-ortodoxos podían ofrecerlo. Casi cualquier otra secta de la que sabemos algo parecía incapaz de repetir la jugada. A partir de ahí, los cristianismos alternativos se perdieron sin remedio.

En lo que a nosotros nos interesa (que es el incesante y enfermizo rumiar sobre la realidad político-social española), y si el punto de vista de Ehrman es cierta, los paralelismos son ciertamente deprimentes. También vivimos en un Imperio, también es una mierda, y también se nos bombardea constantemente con propaganda de “esto es lo que hay, resistir es inútil”, aunque actualizando el SPQR a TINA [66]. Y lo que hay fuera, los nuevos bárbaros del Eje del Mal [67] o los orientales sasánidas del camarada Xi Jinping, es aún peor. Mientras, los teóricos paladines de una alternativa más humana, la izquierda, ocupan el papel de los judíos: divididos en chorrocientas tribus celosas de sus prerrogativas ancestrales, parecen dedicar más tiempo al estudio de unas Escrituras fosilizadas [68], y a vigilarse y condenarse mutuamente por cualquier milimétrico desvío de la fe pura de los ancestros, que en cambiar las cosas.

Ocurrió entonces el Milagro. No, no “ese” milagro [69], sino el milagro primigenio, la Inmaculada Concepción de Algo Nuevo [70]: el 15M, la voz del pueblo, la juventud protestando, libre de los pecados partidistas y los lastres del pasado. Pero los Primeros Advenimientos nunca fueron buenos, y pronto el Imperio cayó como una losa [71] sobre los esenios [72] de la Puerta del Sol. ¿Fin de la historia? Aparentemente. Pero poco después surge un predicador de abundante vello facial y hay quien afirma que es el Profeta que anhelaban los Esenios: su nombre es PABLO, y tras el milagro de las Europeas [56] las masas acuden a él. Surgen círculos donde todos son hermanos, se predica un nuevo evangelio que trasciende las Viejas Leyes y a los profetas de antaño, y renace la esperanza en algo mejor que la mediocridad realmente existente. ¡Aleluya!

Solo que los milagros tenían caducidad. Vistalegre-Nicea enterró los podemismos alternativos. En tres años, la iglesia morada repitió en fast forward los tres siglos pre-nicénicos. Nuestro Osio de Vallekas impuso un credo único (que puede cambiar de un día para otro según necesidades, ¡pero que al menos es único!), encumbró y defenestró a Santa Carmena de Iconio, y puso el partido morado a los pies de nuestro Flavio Valerio Aurelio Constantino “El Vacío” [73] para gobernar el Imperio de lo Público Pero Sin Pasarse Y Con Sentido Común, y defenderlo de los bárbaros privatizadores.

 

Alarico ante portas!

 

Yo entiendo que a todos nos gustaría lo mismo: un movimiento plural, diverso, autónomo, de base, y que mediante muchos debates y mucha democracia directa llegase por unanimidad a unas conclusiones que coincidiesen al 100% con nuestros propios prejuicios y opiniones, de verdad que sí. Pero eso no suele ocurrir. Y tener una docena de Círculos de Homeopatía, Biodanza y Proyección Astral es más lastre que aportación. Pero es todo un asco. Puta Vida Tete. Al menos podrían haber triunfado los fibionitas [74]. La realidad sería igual de asquerosa, pero los congresos del partido serían un poco más animados.