Salir a las aulas

Durante la primera ola de la pandemia, en una situación de confinamiento e incertidumbre, se reivindicó la importancia de muchos trabajadores del sector público. Evidentemente, el sector sanitario, que recibió el homenaje de la sociedad por su sacrificio en el cuidado de los pacientes, en condiciones de precariedad, sin tratamientos ni materiales adecuados, que conducían a menudo a convertir a los propios sanitarios en pacientes. Pero también los empleados de la limpieza, los transportes, las fuerzas y cuerpos de seguridad, etc., tuvieron un papel relevante en la crisis.

No fue este el caso, en cambio, de los trabajadores del sector al que pertenezco, el sector educativo. No lo fue porque en nuestro caso la pandemia nos obligó a deslocalizar nuestras actividades y desarrollarlas íntegramente online. Y no como una actividad programada, sino improvisada. De un día para otro (en Valencia tuvimos, al menos, el paréntesis de la semana fallera sin Fallas para adaptarnos), el profesorado y el alumnado de todos los niveles y categorías de aprendizaje, público y privado, tuvimos que adaptarnos a la docencia online. El éxito de la iniciativa fue desigual. Yo diría que se salvó el obstáculo, pero sin grandes alharacas. Y esto fue así porque no se trató de una docencia netamente online, programada y pensada, con los recursos y la formación previa indispensables [acceso al artículo completo]


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