“Vietnam” – Max Hastings

“Una historia épica de una guerra divisiva. 1945-1975”

De Max Hastings tenemos ya varias reseñas por acá. Algunas muy buenas, otras menos. Así que me tomé este libro como un huevo Kinder: ¿qué habría dentro? Pues por una parte una larga historia de la guerra de Vietnam, culminando en la victoria del norte en 1975, razonablemente bien documentado (aunque con bastante más énfasis en el punto de vista franco-americano, que para eso han abierto sus archivos). Y por otro una actitud del autor de “todas putas”: es decir, que ambos bandos cometieron atrocidades, matanzas, mentiras y demás. Hasta aquí de acuerdo, luego en el lenguaje uno empieza a mosquearse. Cosas como hablar siempre de “la ofensiva comunista”, “los radares comunistas”, “las atrocidades comunistas” o “el fuego comunista”, pero en cambio nunca se habla de “la ofensiva capitalista”, “las torturas capitalistas”, “los camiones capitalistas” o “los soldados capitalistas” (llamarlos “demócratas” a la vista de cómo se las gastaba el régimen del Sur sería demasiado, y “anticomunistas” pues como que suena mal). Meter al Vietminh, al Vietcong, a la China de Mao y a la URSS de Jruschov y Breznev en el mismo paquete “comunista” es tan simplón y propagandístico como meter a todos los contrarios en el mismo paquete “capitalista”. Parece que “todas putas, sí, pero unos porque está en su ADN comunista y los otros solo porque LeMay, McNamara y Westmoreland eran unos psicópatas y Lyndon Johnson un patán, ¡el sistema en realidad funciona!

 

Max, no sé si pagarte 10,36€ para que me cuentes eso, porque la verdad es que lo he tenido gratis en primera plana de cualquier medio de comunicación cada vez que Manuela Carmena peatonalizaba medio centímetro de asfalto.

 

Ni siquiera –si determinásemos que el orden económico favorecido por los combatientes en realidad es secundario- se habla en términos de “indepes” contra “colonialistas” (una terminología donde el extremo centro español -Tribunal Supremo y María Elvira Roca Barea mediante- reconocería inmediatamente a buenos y malos). Porque eso es de lo que iba todo esto: de colonialismo. De que los franceses intentaron retener en el redil, contra viento y marea, a una colonia que les mantuviese viva su gloire de la France y todo eso, usando métodos que nada envidiaban a los que Stalin usaba para asegurarse regímenes favorables en los países de Europa del Este. Colonia que tras nueve años de brutal guerrilla escapó de Francia para convertirse –su mitad sur al menos- en un estado clientelar de Estados Unidos, siguiendo como colonia en todo salvo en nombre, y que también se intentó mantener en el redil contra viento y marea. Empeño que a la postre causó millones de muertos y que no sirvió de nada. Un desastre del que Gran Bretaña se escapó en la India solo porque en Londres tenían al gobierno más rojeras de su historia, el de Attlee de 1945, y este prefirió dejar que las colonias se fueran en paz. En Francia, en cambio, una sucesión de gobiernos conservadores, humillados por la performance de la Grande Nation en la Segunda Guerra Mundial, decidió que Indochina era y siempre sería francesa. Punto pelota. Sin concesiones.

Indochina había sido “de Francia” durante más de medio siglo, con el resultado habitual: unas pocas familias francesas poseían vastas extensiones de tierras donde en grandes plantaciones se monocultivaba algún producto exportable al Primer Mundo, como café o caucho. La población local vivía en la más abyecta pobreza, exceptuando a una pequeña minoría que había pactado con los franceses y servía como sus colaboradores. El racismo era sangrante, y los franceses ni siquiera se molestaban en tener algún detalle con sus colaboradores, a los que apenas trataban mejor que a las masas de campesinos. Campesinos entre los que el Vietminh (la organización pro-independencia mitad comunista mitad nacionalista, fundada por Ho Chi Minh), empezó a crecer y crecer desde su fundación en 1941. Con apoyo de Moscú (y de nadie más, razón por la que Ho siempre tendió a ser comunista y pro-ruso, aunque manteniendo un rumbo propio) y la probada doble estrategia, brazo armado y brazo político. La ocupación japonesa ya estaba mostrando que la “superioridad” de los franceses era una farsa, y franceses y japoneses juntos habían dejado bien claro lo que significa ser una colonia (básicamente, poner un millón de muertos para que a los señoritos no les falte el arroz), pero en 1945 los franceses volvieron como si nada hubiese pasado, negándose a negociar o parlamentar lo más mínimo con representantes políticos de los vietnamitas. Y si a alguien se le ocurría protestar, no tenían ningún reparo en realizar bombardeos indiscriminados sobre población civil. Todo ello con el apoyo velado de los americanos, que -“yo no soy colonialista, pero…”- veían con temor como los comunistas amenazaban a varias sociedades democráticas (esto último quedaría más convincente si Hastings no pusiese como ejemplo de sociedad democrática amenazada por los comunistas precisamente a… Grecia, país que Churchill se pidió para su esfera de influencia y donde ayudó a mantener en el poder a una ralea de monárquicos bastante poco democráticos, mientras Stalin honraba escrupulosamente el reparto y no apoyó al Frente de Liberación Nacional griego). Al principio el apoyo americano solo era material, armas y dinero, aunque constituía un 80% del esfuerzo militar francés.

 

Vo Nguyen Giáp (alias “Napoleón Rojo”) y Ho Chi Minh, jefes militar y político del Vietminh: donde Hitler y Tojo fracasaron, ellos triunfaron.

 

Entre 1945 y 1953, la guerrilla del Vietminh incrementó continuamente sus actividades, con apoyo material de China, donde en 1949 los maoístas habían ganado la guerra civil. La cosa culminó en 1954: viendo que peinar la jungla buscando al enemigo era perder el tiempo, los franceses decidieron “pues que el enemigo nos busque a nosotros, construiremos una base en su territorio y cuando la asalten los masacraremos desde nuestras trincheras”. El lugar elegido fue un villorrio llamado Dien Bien Phu, posteriormente conocido como “el Stalingrado del hombre blanco”: Vo Nguyen Giáp aceptó el reto y montó un asedio en el que los franceses acabaron quemando hombres y recursos para nada. También los vietnamitas sufrieron graves bajas, pero estas no se publicaban en Le Figaro.

 

Los mayores se sientan a la mesa

Paralelamente al asedio, se producía una conferencia en Ginebra donde las grandes potencias se sentaron a hablar del tema, buscando un acuerdo que terminase la guerra de forma aceptable. Los halcones americanos habían empezado a plantearse la intervención directa, primero en forma de tres bombas nucleares que rompiesen el cerco de Dien Bien Phu, lo que por suerte fue desechado. Luego con bombardeos de sus aviones estacionados en Filipinas. Esto tampoco salió adelante, porque los Demócratas (liderados por un joven senador de Massachusetts llamado John Fitzgerald Kennedy) exigieron a cambio de su apoyo que se le reconociese a Vietnam la independencia y los franceses dijeron que nanay. Los halcones americanos intentaron también reclutar a Gran Bretaña para la causa, pero Churchill propuso en su lugar hablar con Mao, haciendo oídos sordos a las exhortaciones americanas sobre “mostrar dureza con los totalitarios, acordaos de los años 30” (dos años después, los británicos iban a usar las mismas exhortaciones para justificar una intervención colonialista a tope en Egipto, ¡resulta que los totalitarismos son de quita y pon según conveniencia!).

El caso es que durante la larga conferencia, llegó la noticia de la rendición en Dien Bien Phu del ejército francés (con sus contingentes de senegaleses, argelinos y marroquíes… y un buen porcentaje de soldados de la Wehrmacht en la Legión Extranjera, incluyendo veteranos de las Waffen-SS que sin duda aportaron su granito de arena en lograr ese afamado buen rollito interracial entre las autoridades francesas y sus súbditos). Tras esto, el resultado de la conferencia estaba cantado. Curiosamente, aunque se vendió en Occidente como una rendición total, un Yalta, un Múnich 2.0 y no sé cuantas cosas más, no fue percibido así entre los supuestos vencedores. China estaba contenta con no tener occidentales en sus fronteras, a la URSS la cosa le pillaba lejos, a ambos Indochina les parecía un escenario secundario, y ninguna tenía interés en repetir la experiencia de la Guerra de Corea. El país fue dividido a la altura del paralelo 17, los franceses pudieron organizar su régimen sucesorio en el Sur, y luego tuvieron que irse a casa (con los americanos entrando al minuto en el vacío que dejaban). La partición era provisional, con 300 días de gracia para que cada vietnamita decidiese en qué parte quedarse, y con elecciones conjuntas en dos años como mínimo. El Vietminh, que esperaba quedarse con todo el país, solo “recibió” el Norte, sintiéndose traicionados y vendidos por Mao, quien no tenía interés en un Vietnam fuerte que no pudiese controlar, pero lo cierto es que tras nueve años de guerrilla los propios vietminh estaban agotados y con ganas de poder dormir al fin bajo techo.

A partir de aquí, entramos en un periodo, 1954-1960, donde todo pudo cambiar. No en el norte, donde al parecer el combo purgas + colectivización ruinosa + hambrunas + peatonalizaciones de la Gran Vía de Hanói estaba cantado, pero sí en el Sur, donde en teoría parecía posible algo como lo que ha devenido en Corea del Sur, gracias a una generosa ayuda americana. Que no se realizara fue mérito, o demérito, de un solo hombre: Ngo Dinh Diem, el primer ministro del gobierno del Sur. En palabras de Lyndon Johnson: “shit, man, he’s the only boy we got out there”. Puesto a dedo por el antiguo emperador Bao Dai (a su vez puesto como títere por los franceses en 1945), se dedicó a colocar a miembros de su clan familiar, a purgar cualquier posible oposición, y a promocionar descaradamente la religión católica. Pasados los dos años renunció a celebrar elecciones, realizando en cambio un plebiscito para echar a Bao Dai y convertirse en jefe de estado. Dice Hastings que unas elecciones seguramente las hubiese ganado el Vietminh, en el norte por la opresión y en el sur por la ignorancia sobre lo que pasaba en el norte, pero Diem ganó su plebiscito sin problemas con un 98.2%. La economía del sur solo existía gracias a subsidios americanos. Se popularizó el proverbio: “hazte católico y comerás arroz”. Mientras Ho Chi Minh rechazaba el palacio del gobernador en Hanói y vivía en la cabaña del jardinero, en el sur los prebostes iban a todas partes en Mercedes. A la sugerencia americana (que tampoco presionaron mucho por ella) de una reforma agraria en ese campo donde un 15% de la población era dueña del 75% de las tierras, Diem replicó totalmente convencido: “no me entienden, no puedo eliminar a mi clase media”. Reintrodujo el sistema colonial de trabajos obligatorios, donde todos tenían que currar cinco días al año en proyectos gubernamentales. Una recua de jefecillos y funcionarios corruptos mantenían su poder.

 

Aparece Víctor Charlie

Contra estos dictadorcillos de bajo nivel empezó la actividad del Vietcong (las milicias comunista-nacionalistas del Sur, formadas en principio por unos pocos miles de vietminh que no habían ido al norte durante la Partición). De manera desorganizada y sin apoyo siquiera del gobierno de Hanói, donde Ho Chi Minh y Giáp ya tenían problemas de sobra y sabían que ni China ni la URSS querían líos y los dejarían solos. Desde Hanói, solo Le Duan, el implacable jefe del partido, les apoyaba, reflejando la división entre pro-rusos (Ho y Giáp) y pro-chinos (Le Duan). Le Duan “el Empecinado” logró desviar cada vez más recursos hacia el Vietcong, aunque claramente insuficientes para ganar nada. No obstante, la relativa escalada iba a provocar una aún mayor de los americanos.

En 1960 ganó las elecciones John Fitzgerald Kennedy, el Vacío Primigenio de la Política Televisada. Y con él se militarizó el conflicto. Es decir, se lo consideró desde Washington un mero problema militar, y no político, y se creyó que se podía ganar exclusivamente mediante medios militares, lo que llevó a una asignación cada vez mayor de medios y hombres, y de propina un programa secreto de la CIA que mató a más de 20.000 personas. El establishment americano al completo cayó en el tecnofetichismo, creyendo firmemente que los vietnamitas, al ver toda esa tecnología avanzada, no dudarían de quién ganaría. Todo ello apoyado en carísimos think-tanks basados en Santa Mónica que les decían a los militares todo lo que querían oír. En realidad, la parafernalia militar solo sirvió para que los campesinos –para quienes ser rico era tener un transistor de tubos de vacío y una bicicleta sin marchas- viesen a los americanos como seres totalmente ajenos a ellos. La mayoría de los americanos solo llegó a hablar con vietnamitas para negociar el precio de un polvo.

 

Los helicópteros llenos de Marines dan yuyu, pero no proporcionan una ideología por la que morir.

 

El Vietcong se concentró en las zonas rurales, matando a los jefes políticos de las aldeas, los principales integrantes del aparato político de Diem. Diem por su parte iba tan sobrado que inició una crisis con los budistas. El 8 de mayo de 1963, con miles de budistas reunidos en la ciudad de Hué para celebrar el nacimiento de Buda, oficiales católicos del ejército intentaron impedirles mostrar su bandera, y cuando se negaron a dispersarse ordenaron abrir fuego, matando a una mujer y ocho niños. Diem se negó a pedir perdón o castigar a los oficiales. El 11 de junio, un anciano monje budista, Thich Quang Duc, se prendió fuego en las calles de Saigón en señal de protesta. Inmolación con toda la intención mediática del mundo, pero a la que el régimen no supo responder más que con mensajes televisivos describiendo el evento como una “barbacoa” y “que ardan, nosotros aplaudiremos”, y asaltando el principal templo budista de Saigón. Pero con eso Diem había roto la baraja: el 1 de noviembre de 1963, unidades del ejército de Vietnam del Sur lanzaron un golpe de estado contra él. Diem escapó en un primer momento, se rindió a los dos días a los golpistas, y estos finalmente le mataron igual. Una junta militar, dirigida por el general Duong Van Minh (sustituido a los pocos meses en otro golpe por el general Nguyen Khanh, y así otra media docena de golpes e intentonas en los siguientes tres años), se hizo cargo del país, para alegría de la cuñadería mundial, que creía que solo hacía falta “dejarse de zarandajas civiles y darles todo el poder a esos señores tan serios con sus gorras militares y sus gafas de sol” para acabar con esos Charlies muertos de hambre.

La muerte de Diem fue también la muerte de la política. Con todo lo odioso que resultó, al menos tenía una línea propia. La junta militar no tenía ideas, más allá de hacer lo que dijeran los americanos, sirviéndole al Vietcong la propaganda en bandeja. Diecinueve días más tarde, era asesinado en Dallas el propio Kennedy, lo que colocó a su vicepresidente Lyndon Baines Johnson, LBJ para los amigos, en la Casa Blanca. JFK había resistido presiones y siempre había dejado abierta la puerta a algún arreglo político, aunque por supuesto su principal preocupación fue siempre la política interior americana. Algunos afirman que tras las elecciones de 1964 hubiese retirado las tropas. Johnson entró como un elefante. Para completar el pack, el mismo día del magnicidio, en una reunión en Hanói, los halcones del Vietminh se impusieron a Ho Chih Minh, quien definitivamente perdió toda influencia. Le Duan y su subordinado Le Duc Tho se hicieron con el cotarro. Empezaba lo gordo.

 

El incidente de Tonkin

En agosto de 1964, justo antes de la Convención Demócrata y a tres meses de las presidenciales, dos barcos americanos, el Maddox y el Turner Joy, andaban jugando al gato y al ratón con los norvietnamitas en aguas del Golfo de Tonkin, reclamadas por el Norte y el Sur a la vez. Pese a que la NSA interceptó comunicaciones en las que las tropas del Norte pedían armamento adicional –y manifestaban disposición para usarlo- de cara a una nueva violación, el juego siguió. Finalmente, la noche del 4 de agosto ambos destructores reportaron sufrir ataques.

En contra de las solemnes afirmaciones del gobierno americano, fue el Maddox el primero en abrir fuego, en un incidente que acabó con varios soldados norvietnamitas muertos (aquí, por alguna razón, Hastings no usa el término “comunistas”). Los supuestos ataques eran falsas alarmas de radar. No hubo ninguna identificación positiva de ningún navío enemigo. Las comunicaciones norvietnamitas no mostraban nada de un ataque y sí mucha confusión. Horas tras el incidente, los destructores mandaron notas aclaratorias. Pero para entonces la maquinaria se había puesto en marcha. Johnson –alimentado por sus halcones con una cuidadosa selección de informes y noticias- echaba espuma por la boca. En cuestión de horas hubo bombardeos sobre el Norte. A los tres días, una resolución del Senado estadounidense, con solo dos votos en contra, otorgaba a Johnson la autoridad para realizar “las acciones necesarias” (nunca hubo, en cambio, una declaración formal de guerra). En ese momento los americanos tenían unos 16.000 hombres en Vietnam. A los dos años, 200.000. El doble un año más tarde. Medio millón en 1968. En total tres millones de soldados pisarían Indochina hasta 1975. Y todo pensado desde el principio: al contrario que en Irak en 2003, donde Rumsfeld y los demás iluminados creían que bastaban 100.000 soldados y las ganancias del petróleo para obtener beneficios y todo, desde el primer día se hablaba de 5 años y medio millón de hombres.

También desde el primer día, y hasta el final, falló la inteligencia. Ni Beijing ni Moscú querían líos, pero sentían que no podían dejar caer a Hanói. Dentro del propio Vietminh, también había halcones y palomas. Todo esto no se consideró en Washington, en parte por pura ignorancia y en parte porque acabaron creyéndose su propia propaganda de una vasta conspiración mundial, donde todo comunista era un peón de Moscú sin voluntad propia, y que si Alexei Kosygin se negaba a ponerle fin a la guerra era porque no quería, no porque pintara allí menos que un pincel sin pelos. La ceguera de USA-1965 resulta muy similar a Alemania-1914 lanzando el Plan Schlieffen: accionismo vacío, creencia superlativa en las propias capacidades, renuncia a admitir que hay cosas que el país no puede hacer. E igual que el Reich guillermino, sin estrategia de salida. El fantasma de la guerra de Corea, que había acabado con la presidencia de Truman, se les apareció a los dos siguientes presidentes (el precedente de Corea fue también la causa de que, pese a todos los bombardeos aéreos, los americanos nunca se atreviesen a invadir el Norte: había sido la invasión terrestre de Corea del Norte la que había precipitado la entrada de China en la Guerra de Corea, y con ella la primera derrota de Estados Unidos en una guerra, maquillada como empate).

 

La guerra de los juntaletras

Hastings dedica aquí también un capítulo a la prensa, que desde 1967 más o menos era un campo de batalla paralelo a las junglas de Indochina. Al principio, los periodistas destinados (veteranos de la Segunda o de Corea muchos de ellos, lo que les permitía ver y reconocer ciertas cosas) eran en general una pandilla de inmaduros que no habían conseguido plaza en destinos buenos, y que contribuyeron muchísimo a los mitos de Vietnam, tanto de un signo como de otro. Hastings se marca en general un “equidistante”, “muy mal los militares mintiendo, pero igual de mal la información sesgada de los periodistas”. No sé, creo que aplicarles un listón más exigente a los señores a los que confiamos los Trastos de Matar que a los juntaletras que venderían a su madre por una portada es signo de madurez. Al margen de que obviamente los periodistas trabajaban en el sur y no tenían acceso al norte, y su trabajo era reportar lo que veían con sus propios ojos. Y con todo, sus reportajes se acercaban más a la verdad que los comunicados oficiales, especialmente durante las ofensivas. Porque ya no es que los militares mintieran a la prensa y al público, algo que hoy simplemente llamamos “relaciones públicas”, es que también mentían sin pudor a sus propios jefes en Washington, que tomaban decisiones en base a informes y estadísticas totalmente inventados. El secretario de defensa 1960-68, Robert McNamara, en particular, era un enamorado de cualquier cosa que se pudiese meter en una hoja Excel (o su equivalente de entonces) sin cuestionar apenas su veracidad.

Poco a poco, la sociedad americana se partía en dos por culpa de la guerra. Y las partes se radicalizaban cada vez más, lo que en el caso de los contrarios a la guerra significaba un liderazgo full hippie “el vietminh son unos txabalotes mu majos”. Este punto de vista se extendió sobre todo en las universidades, y a partir de 1968 empezaron a llegar a Vietnam soldados de reemplazo que lo habían absorbido. Y en el otro extremo, fundamentalistas religiosos que pedían más bombardeos en nombre de Dios, y que desde entonces han alimentado una Dolchstosslegende para explicar la derrota. Se disparó también el número de gente que evitaba ser conscripta: enrolamiento en el Cuerpo de Salud (por ahí pasaron hasta nueve premios nóbeles), exámenes médicos (Donald Trump), prórrogas en los estudios (Bill Clinton), enchufe en la Guardia Nacional (George W. Bush y toda la delantera de los Dallas Cowboys), o directamente salir corriendo a Canadá.

Al tiempo, la corrupción alcanzaba cotas sangrantes, tanto entre los americanos como entre los survietnamitas. Mercadeo con licencias de importación, juego, subcontratas oscuras… había de todo, para todos. El narcotráfico (con altísimos prebostes cobrando) llegó a tener al 60% de los soldados americanos fumando maría, y un 22% había probado alguna vez la heroína. Esta se vendía tan pura y barata que algunos adictos se ofrecieron para servir varias veces en Vietnam. La sociedad survietnamita, que nunca había sido precisamente una meritocracia, se pudrió del todo. El mérito no importaba nada para las promociones, todo eran relaciones y dinero. En las presidenciales de 1971, que debían mostrarle al mundo lo democrático que era el Sur, solo hubo un candidato.

 

Como primer ministro de Vietnam del Sur entre 1965 y 1966, Nguyen Cao Ky descubrió que “todo o que tocaba era dinero potencial. Un destino más cerca de casa, uno más alejado para un rival romántico. Licencias para importar, construir o cerrar fábricas. Contratos de construcción. Empleo para un familiar.” Ky dañó su reputación a ojos del cuerpo de prensa de Saigón por sus repetidas alabanzas del líder del Tercer Reich, como en una entrevista de 1966 con un corresponsal alemán al que dijo: “admiro a Hitler porque unió a su país cuando estaba en un terrible estado a principios de los años treinta. Nuestra situación aquí en Vietnam es tan desesperada que necesitamos cuatro o cinco Hitlers.”

 

La guerra tecnológica

Vietnam fue también uno de los puntos álgidos de la fe ciega en la tecnología como llave para resolverlo todo, como la guerra aérea, con la que los generales pretendían ganar sin mancharse las manos. Específicamente, los bombardeos americanos, porque el Norte en eso no se atrevió a escalar, y casi toda la guerra aérea tuvo lugar sobre el Norte. La aviación vietminh era pequeña pero potente, aunque su gran baza eran las defensas antiaéreas. 1000 aviones perdieron los americanos en total. ¿Y para qué? Para nada. La Armada y la USAF no se coordinaban, y los objetivos estratégicos se movían al albur de los caprichos de Lyndon Johnson. La famosa frase de Curtis LeMay, “bomb north Vietnam back to the Stone Age”, era una amenaza vacía por cuanto gran parte del norte no vivía mucho más allá de la edad de piedra. Bombardear los puertos era poner en peligro barcos rusos y chinos, las comunicaciones estaban en medio de las ciudades, y cuando se pusieron a atacar la infraestructura petrolífera nadie pensó que medio país se movía en bicicleta y que los trenes aún iban con carbón y madera. En términos políticos y propagandísticos, en cambio, fue un desastre: Hanói vendió con éxito la imagen del abusón “te bombardeo porque puedo”, recibió generosa ayuda de China y la URSS, y apenas sintió reveses estratégicos porque las necesidades materiales de su esfuerzo de guerra eran tan pequeñas que se podían redirigir con facilidad. El suministro diario de todo el Vietcong cabía en siete camiones.

También hubo mucha guerra aérea sobre el propio sur, incluyendo al famoso Agente Naranja (no, no nos referimos a Inés Arrimadas, era un desfoliante que se cargaba la vegetación donde se ocultaban los guerrilleros). Sobre su efecto sobre los humanos hay bastante literatura, y aunque parece improbable que mucha gente estuviese expuesta durante el tiempo necesario a las cantidades requeridas para mostrar efectos adversos, el Agente hizo más mal que bien, destruyendo cosechas enteras a cambio de ganancias tácticas relativamente pequeñas, pues el Vietcong simplemente cambió sus rutas a zonas no deforestadas.

 

Y por supuesto, el mejor fusil lo tuvieron los vietnamitas.

 

En cuanto a los icónicos helicópteros, aguantaban sorprendentemente bien. También tiroteaban a cualquiera que llevara ropas negras o huyera, tomándolo por culpable (el Vietcong instruyó a sus tropas para no moverse al ser sobrevolados, pasando así por civiles inocentes). Una de las grandes virtudes de Hastings es detallar en pocas páginas, pero con gran detalle, aspectos particulares de la guerra, como la vida de los pilotos de bombarderos, la rutina de una patrulla terrestre en territorio enemigo lleno de minas, la experiencia de otros contingentes como los australianos, o la vida de un prisionero americano en la jungla laotiana, ilustrando todo con anécdotas y testimonios personales.

 

La ofensiva del Tet

Entre una cosa y otra, hemos llegado a 1968. Medio millón de estadounidenses están en Vietnam. Una quinceava parte de la población del Sur viste uniforme. USA está invirtiendo casi un 3% de su PIB en esta “guerra”, y lo cierto es que no va mal. Con unos costes muy superiores a lo esperado, pero están ganando lentamente. En este momento el Vietcong decide subir las apuestas.

El 30 de enero (fiesta del Tet en el calendario tradicional vietnamita), el Vietcong lanza una ofensiva generalizada. Y fracasa. Espectacularmente, pero fracasa: las luchas se prolongan varios días e incluso semanas, y en el golpe de efecto más espectacular un comando de guerrilleros penetra en la embajada de Estados Unidos en Saigón, pero el esperado levantamiento pro-comunista en el Sur no se produce, y los guerrilleros se tienen que retirar, perdiendo muchísimas posiciones y territorios en los que antes eran los amos. En términos de bajas, la cosa fue aún peor: perdieron el triple de hombres que las fuerzas del sur. Sin embargo, en vez de Le Duan (quien en cualquier sociedad mínimamente abierta debería haber respondido ante un tribunal), quien va a caer mortalmente herido es la presidencia de Lyndon Johnson. Por un asunto de percepción, básicamente. Tras toda la propaganda oficial de que “esto está casi ganao”, que el enemigo pudiese lanzar semejante ofensiva aparentemente de la nada y aguantar varias semanas de combates abiertos minó la voluntad de muchos de seguir metidos en ese lio. Algunas actuaciones survietnamitas tampoco ayudaron a la imagen de “esta es una guerra justa”.

 

La famosa foto del jefe de policía de Saigón ejecutando sumariamente a un prisionero es de esta ofensiva y fue un regalo para la propaganda.

 

Johnson tuvo que desmentir públicamente que considerara usar armas nucleares (un rumor que había comenzado por culpa de oficiales bocazas pero cuya mera existencia ya era un catástrofe), McNamara dejó el cargo de Secretario de Defensa rumbo al Banco Mundial, su sucesor a las tres semanas pasó de halcón a paloma, y en una de las filtraciones más importantes de la guerra el New York Times reveló que los militares habían pedido 200.000 hombres más “para terminar el trabajo”. La ciudad de Hué estaba en ruinas tras la batalla más grande de toda la guerra. Tras echar un vistazo a las encuestas del comienzo de las primarias, Lyndon Johnson dijo sayonara, pero que antes de irse quería iniciar negociaciones con el Norte. Y sin embargo faltaban aún siete años (la duración del Rajoyato, para hacernos una idea) para que acabara la guerra.

Durante el Tet se produjeron varias masacres. Las del Vietcong en Hué fueron de miles, pero la más famosa acabó siendo la de My Lai. Producida en marzo de 1968, no se hizo pública hasta finales de 1969 (ya en la presidencia de Nixon, que bramó contra “esos podridos y sucios judíos de Nueva York que están detrás de esto”): una compañía de Marines se había dedicado a violar a las mujeres de un poblado para luego matar a todos sus habitantes. Entre 374 y 504 civiles, según el propio informe oficial americano. Se ocultó de todas las maneras posibles, una vez hecho público apenas un puñado de soldados fueron procesados, de ellos solo tres o cuatro condenados, y el que más pasó un par de años de arresto domiciliario. Indultos y recursos hicieron el resto.

 

No vamos a poner los nombres de los criminales porque no valen la pena ni para recordarlos, pero en su día se hicieron famosos como “victimas de los pacifistas y traidores”, y fueron aupados por los patriotas americanos sin complejos en ripios y canciones como “mata a un amarillo por XXX”, single que vendió 200.000 copias. En cambio, este caballero, Hugh Clowers Thompson Jr, salvó a decenas de civiles en Mi Lay y se cargó su carrera y reputación para denunciar el caso. Un respeto.

 

“Perro Loco” Nixon

Pese a que los americanos ganaron el Tet y el Vietcong fue casi aniquilado, Le Duan lo compensó con soldados regulares del ejército del norte, el NVA, que se infiltraron en el sur y mantuvieron la guerra en marcha a la espera de las presidenciales de 1968. Ganó Nixon, con menos de un 1% de ventaja en el voto popular, y sin una idea clara más allá de la estrategia del perro loco: ladrar mucho y dárselas de implacable guerrero, brutalmente impredecible, para negociar desde una posición de ventaja la inevitable salida americana. Pero Le Duan vio el farol y no cedió. Henry Kissinger (el asesor de seguridad nacional de Nixon, hasta entonces un oscuro carguillo de poca importancia que bajo Kissinger iba a convertirse en uno de los focos de la política americana) propuso entonces redoblar los bombardeos. No solo del norte, sino también en los países vecinos a través de los cuales el Vietminh pasaba impunemente sus suministros hacia el sur. El 16 de marzo de 1969, tras salir de misa, Nixon autorizó el bombardeo de Camboya. 108.000 toneladas de bombas serían arrojadas a lo largo de tres años. Cuando un B-52 arrasó por error una aldea, el embajador estadounidense visitó la zona y repartió billetes de 100 dólares entre los supervivientes. El responsable directo fue multado con 700 dólares.

La debilidad de Nixon es que tenía que mostrarse cada vez más fiero mientras retiraba cada vez más tropas. El hueco debían llenarlo de una vez los vietnamitas del sur, en un proceso que algún think tank iluminado llamó “Vietnamización”. Los americanos que quedaban eran enviados a misiones absurdas, como tomar una colina con decenas de muertos para abandonarla a los pocos días. Los intentos de montar operaciones del ejército survietnamita bajos supervisión americana acabaron en sonoros fracasos, como la operación Lam Son 719 (que encima implicó una violación territorial de Laos). Los oficiales estadounidenses estaban obsesionados con reportar vietcongs abatidos e inflaban los números, o contaban a los numerosos civiles muertos, por los que pocas veces se persiguió a nadie (y luego nos pretenden vender que al Equipo A los condenaron a muerte por robar un banco en Hanói; o a lo mejor la serie era propaganda comunista encubierta, ¡por matar civiles no pasa nada en el capitalismo pero ay de ti como se te ocurra robar un banco, incluso uno comunista!). Un número cada vez mayor de oficiales era asesinado por sus propios hombres.

Nixon y Kissinger, mientras tanto, negociaban a lo loco: negociaciones oficiales en París (meses para decidir si la mesa debía ser redonda o cuadrada), negociaciones no oficiales en una casa del Partido Comunista Francés, contactos no oficiales con los chinos (donde Kissinger ya solo pedía “un intervalo digno”, es decir, que entre la salida de los marines y la victoria total del norte hubiese un espacio de algunos meses), y finalmente la gran bomba: Nixon goes to China, intentando sacar petróleo de la ruptura chino-soviética. En lo relativo a Vietnam, no tuvo demasiado efecto: Mao siguió mandando material, y Nixon se comprometió a bombardear un poco menos en el Norte (a cambio, redobló los bombardeos sobre Laos y Camboya, donde los pilotos tenían que rellenar un parte falso porque no estaban autorizados). En 1971, la filtración de los Papeles del Pentágono reveló estos bombardeos al público, así como las mentiras de Lyndon Johnson. Y también en 1971, el 15 de agosto concretamente, azuzado por el enorme coste de la guerra, Nixon suspendió la convertibilidad del dólar en oro, cargándose los efímeros restos del sistema de Bretton Woods.

 

Las ofensivas finales

En la primavera de 1972, año electoral, ya solo quedaban unos 70.000 soldados americanos en Vietnam. El momento ideal, pensó Le Duan, para mejorar sus bazas negociadoras, y lanzó una nueva ofensiva, pero esta vez convencional, con tanques avanzando y toda la pesca. La llamada Ofensiva de Pascua acabó de nuevo en un fracaso del Norte y una victoria americana. El norte, que había pretendido llegar a Saigón, se atascó a los pocos centenares de kilómetros, y los pocos americanos, con abundante apoyo aéreo, lograron montar un frente estable. El Norte tuvo el doble de bajas que el Sur (los comandantes del Vietcong tenían un desprecio por las bajas propias como Stalin en la Segunda Guerra Mundial… ¡pero Stalin entonces era “nuestro hijo de puta”!). Pero, de nuevo, la imagen era de un Norte implacable y unos americanos que no sabían para qué estaban ahí, defendiendo a un Sur sin voluntad de luchar.

La ofensiva de Pascua fue seguida de nuevas negociaciones en París, donde Le Duan ofreció un pacto (alto el fuego en las posiciones activas y liberación de todos los prisioneros de guerra americanos, a cambio de retirada completa americana y liberación de 30.000 prisioneros políticos en el sur que el régimen de Saigón había metido entre rejas) que Kissinger quería aceptar encantado. El problema era lo implícito: que el Norte no iba a honrar el pacto, y que en cuanto el último marine saliese del país el ejército del Norte iba a avanzar hasta conquistar el Sur. Y Nixon y Kissinger lo sabían perfectamente. Sobre Nixon y Kissinger, aquí y en general, se pueden adoptar dos puntos de vista. Uno, que se encontraron con la ingrata tarea de tener que terminar con dignidad una guerra odiosa que ellos no habían empezado. Y el otro, que por motivos partidistas prolongaron durante años una matanza que sabían inútil. La verdad, entre el honor nacional y las vidas de centenares de miles, yo no entiendo muy bien el dilema de Hastings.

 

El crimen de Nixon, si es que hubo un crimen, en el que Kissinger sirvió como su instrumento, fue sacrificar 21.000 vidas americanas y muchísimas más vietnamitas en el curso de una serie de maniobras militares y diplomáticas pensadas no para el beneficio de las gentes de Indochina, survietnamitas o norvietnamitas, sino los intereses políticos domésticos del presidente.

 

“No soy un criminal.”

 

Las negociaciones, además, coincidieron con las elecciones presidenciales de 1972, lo que llevó a la pareja a hacer juegos de tronos a varias bandas, mientras en la intimidad del Despacho Oval, con la grabadora en marcha, comentaban las jugadas con todo el cinismo posible. En las negociaciones con el Norte aseguraban que solo querían el “intervalo honorable”; a los embajadores soviético y chino, que todo cambiaría después de las elecciones; y al presidente del Sur, Thieu, le mentían a la cara con grandilocuentes promesas de que nunca abandonarían a un fiel amigo. Cuando el Norte filtró los borradores del acuerdo, Thieu saltó y dijo que aquello era una traición, lo que obligó a Kissinger (hasta ese momento un desconocido por el gran público) a dar la cara para decir que esto era sincero, que estamos a punto de terminar la guerra y que Thieu era realmente un aguafiestas. Y lo cierto es que coló: la sociedad americana, deseosa de terminar con todo esto, tragó porque quería que fuese cierto.

 

El candidato demócrata McGovern cometió otra más de una larga lista de meteduras de pata de campaña, denunciando que Nixon se negaba a abandonar a Thieu, desconocedor del hecho de que su oponente ya estaba marinando al líder survietnamita para ser el plato principal en una barbacoa comunista.

 

El revuelo mediático incluso tapó las primeras revelaciones del caso Watergate. Nixon, que había sido uno de los políticos peor valorados de los Estados Unidos, se llevó al público de calle: ganó con una mayoría aplastante, 60-37. Fue la victoria por mayor número de votos en la historia, y probablemente la última campaña en que la mayoría de americanos confiaba en sus políticos. Sí, pásmense, eso hacían. Más aún, ¡incluso a los del otro bando! Si el presidente decía algo, la gente le creía, independientemente de su partido.

 

Mentiras que no se descubren hasta tres días después de las elecciones: ¡la salsa de la democracia!

 

La innoble salida

Una vez lograda la reelección, Nixon la celebró ordenando los Bombardeos de Navidad sobre el Norte. 20.000 toneladas de bombas sin ninguna justificación más allá de mostrar fuerza y compromiso con el Sur, mientras le decía al Sur “putos cabrones, aceptad u os dejamos sin suministros y sin ayuda, y no sobrevivís ni un día, capisci?” El resultado de los bombardeos, que según Hanói causaron 1600 muertos civiles, fue la firma a principios de 1973 de los Acuerdos de París – básicamente lo que ya estaba pactado antes de los bombardeos, junto con cuatro cambios triviales o que el Norte de todas formas no iba a respetar (y que Kissinger y Nixon sabían que no iban a respetar, como dejaron bellamente dicho en las cintas del Despacho Oval: “todo esto son chorradas, la verdad […], pero quedarán bien con los blanditos de corazón y de mollera“). La única diferencia es que Thieu se avino a firmarlo también, y el 29 de marzo de 1973 el último soldado americano dejaba Vietnam. Junto con él, 588 prisioneros de guerra, algunos de los cuales llevaban varios años presos y no reconocieron su propio país.

En verano, el Congreso americano aprobó una ley que directamente prohibía volver a intervenir en Indochina. Aunque los halcones americanos llevan cuatro décadas afirmando que Nixon (si para entonces el Watergate no se lo hubiese llevado por delante) hubiese podido parar el avance final del Norte mediante bombardeos de no ser porque los politicuchos del Congreso le habían atado las manos, lo cierto es que en secreto Nixon apoyó la resolución. Le ahorraría el dilema de intervenir y además podría echarles la culpa a los Demócratas. Kissinger también lleva desde entonces diciendo que hizo un buen acuerdo arruinado por el Watergate, la perfidia comunista y la cobardía del Congreso, y una vez describió a Nixon como “a la vez mejor y peor de lo que la gente piensa”.

 

Con todo lo podrido y mentiroso del acuerdo, a Le Duc Tho y Henry Kissinger les dieron el Nobel de la Paz de 1973. Tho fue lo bastante honesto como para rechazarlo.

 

Mientras el Sur seguía recibiendo material americano, China y la URSS reducían sus entregas al Norte, pero aún así la sensación generalizada era que el Norte iba a ganar. Le Duan incrementó sus envíos al Sur (Nixon no bombardeó las rutas de suministro, incluso antes del veto del Congreso). En el lado contrario, Thieu ni siquiera intentó una reforma militar para crear un ejército eficiente: todavía en 1974 el sur disparaba 56 toneladas de munición por cada tonelada del Norte. Los oficiales seguían siendo promocionados por enchufe y no por mérito. Había doce mil informadores trabajando en la administración del Sur. Un tercio de la población activa acabó en paro con la salida de los estadounidenses. El precio del arroz se duplicó. En octubre de 1973 golpeó la Crisis del Petroleo. La inflación se fue al 30-40%. Una reforma agraria y el descubrimiento de petróleo en la plataforma continental llegaron demasiado tarde.

Finalmente, tras un añito y medio de guerrilla de baja intensidad, el Norte decidió dar el golpe de gracia, aunque esta vez el mando supremo se lo dieron a Giáp, a la vista de los fracasos de Le Duan en 1968 y 1972. Empezaron poco a poco, con muchísimo más miedo a una intervención americana que a lo que pudiese hacer el Sur, y viendo que no venía nada fueron a más. Aunque algunas unidades del Sur resistieron heroicamente unos días, cuando no pudieron más fue como si se rompieran los diques y sálvese quien pueda. El 30 de abril de 1975, mucho antes de las previsiones más optimistas de Giáp, las tropas del Norte entraban en Saigón, renombrada prontamente como Ciudad Ho Chi Minh. Los americanos se desentendieron del todo, evacuando tarde y mal a algunos –pocos- colaboradores. El desentendimiento llegó a tales cotas que hasta Kissinger intentó devolver su premio Nobel.

El Sur cayó bajo el mismo régimen que el Norte, y fue un horror: ejecuciones sumarias (en su mayoría ajustes de cuentas personales, el régimen era más de mandarte a campos de reeducación), pobreza, hambrunas y mentiras. O por resumirlo en una palabra: co-mu-nis-mo. La victoria en la guerra ha sido, y sigue siendo hasta hoy, prácticamente la única justificación del régimen vietnamita, aunque desde 1989, caída del Muro mediante, han realizado un giro tecnocrático-reformista para que la gente tenga dinerillo pero sin libertades políticas. Y así hasta hoy.

 

Valoración

Solo hay dos formas decentes de escribir la historia de una guerra reciente: una es poner simplemente lo que pasó, y ya. Con suerte te marcas un Tucídides, más seguramente no. Y la otra es la política y autocrítica: analizar los fallos propios, sin miramientos, sin “pero los otros peor”, sin “ej que todos lo hacían”, sin “nos tienen manía”, no. Contar sin tapujos y caiga quien caiga todas y cada una de las mierdas que han hecho “los tuyos”, porqué las hicieron, y qué consecuencias tiene eso hasta hoy. Porque un historiador escribe en, por y para una sociedad, y si esa sociedad pretende avanzar necesita esa clase de crítica. Cualquier otro camino es glorificar el pasado para glorificar el presente (o más bien: glorificar el pasado para mantener el statu quo en el presente, que entonces queda como el mejor de los mundos posibles). Es un poco como el buen periodismo, por así decirlo: algo con lo que a todo el mundo se le llena la boca hasta que le tocan sus vacas sagradas.

Hastings, supongo, querría tirar por el primer camino. Normal: los Tucídides son recordados mucho más tiempo que los historiadores “políticos”, que como muy tarde caen en el olvido cuando las identidades cambian y “los nuestros” dejan de ser “nosotros”. El problema (que él mismo reconoce) es que ni hay ni puede haber un Tucídides para esta guerra, porque no hay un equilibrio entre lo que sabemos de ambos lados. Mientras franceses y americanos han aireado y analizado cada minúsculo detalle de su participación, Hanói mantiene bajo llave sus archivos y solo emite propaganda más falsa que un euro de cartón. De modo que Hastings se tiene que conformar con los datos de un solo bando. Y claro, le sale un libro que en un 95% te lo firma Hanói Hannah. Y no es para menos, porque Vietnam es un compendio de todas las locuras, atrocidades, incompetencias, sinsentidos y mentiras que uno se pueda imaginar.

Pero esto obliga al autor a meter cada dos por tres un recordatorio “pero los comunistas igual, eh”, no vaya a ser que dejen de llamarle “Sir Hastings” y le llamen “Hippie Max”. Como si estar en contra de las cagadas de los tuyos te convirtiera automáticamente en un greñudo saltando por las calles al grito de “LBJ, how many kids did you kill today?” mientras agitas el Libro Rojo de Mao. Lo que sale, obviamente, no da para un Tucídides. Pero está muy bien. Muy detallista, intercalando anécdotas ilustrativas de la gente que estuvo allí, y sin esconder ni una coma del inmenso montón de mierda made in USA que fue aquello. Algo imprescindible para aprender.

Y aprender vaya que se ha aprendido en Washington: lo primero, quitar la mili para mandar solo profesionales voluntarios a estas guerras, que si no te va a tocar a ti, joven blanco universitario, ya desaparece un importante incentivo para oponerte. Y a cuidar al milímetro la información suministrada al público, con auténticos batallones de relaciones públicas, a no meterte en locos combates urbanos, y a plantear objetivos más realistas. El resultado de todo esto fue la Guerra del Golfo, un verdadero paseo (y del que se aprendieron nuevas lecciones, como que todo era pan comido, y así siguen en Afganistán e Irak). Sí, los horrores morales del Vietcong eran abisales. Pero se ve que los americanos se asomaron un poco demasiado a ese abismo.


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  1. Comentario de Casio (25/05/2020 17:33):

    Muy buen articulo, marca de la casa. En el otro dia hablabamos de las rupturas de pactos de Hitler, bien, no hay que olvidar que en los pactos tras la salida franchute habia un acuerdo de elecciones conjuntas norte-sur y reunicación de ambas partes, pacto que se saltó Vietnam del Sur con la aquiescencia de los americanos. Que los americanos rompieron unos cuantos pactos firmados con los malvados comunistas no es muy conocido. Este es uno, otro, muy gordo y muy silenciado es el acuerdo con la URSS por el que la Alemania federal nunca sería parte de una organización militar, y mira qué pronto acabo en la OTAN. Diga lo que diga nuestro vicepresidente preferido, los pactos se sirven si no quedan más cojones. Si tienes poder para reventarlos, pues los revientas, que para eso eres una superpotencia.

  2. Comentario de r. (25/05/2020 17:40):

    Muy buen artículo. Es interesante la parte de la guerra contra Francia, cuando la frontera no estaba entre los dos Vietnam sino en China. La guerra contra USA fue una repetición.
    Creo también que los americanos, aunque era todo un ejército estaban principalmente acuartelados, no combatían para mantener las bajas bajo cifras tolerables.

  3. Comentario de Y (26/05/2020 08:17):

    Expulsar a los franceses …

    Todo un clásico

    (Agustina de Aragón y el Empecinado aprueban esta reseña)

    1954, es la batalla de Dien-Bien-Phu

    1953, la perfida Albion destruye la democracia en Persia derribando a su gobierno conservador

    Veamos

    1898, The West Empire … emerge y choca en Filipinas y Cuba con los restos del imperio vasco-castellano (1492-1833)

    1945, con el brillante y luminoso acto fundacional en Hiroshima y Nagasaki … The West Empire … deja claro quién es “the fucking master”

    1953-54, británicos y franceses le pasan el palitroque imperial a la clase dirigente “inside the Beltway”

  4. Comentario de emigrante (26/05/2020 16:18):

    La ofensiva del Tet nos la contaron al revés en “La chaqueta metálica” que casualmente aquí echaron la semana pasada. Esta guerra nos trajo en los ochenta todo un género cinematográfico desde Rambo a la mecionada de Kubrick pasando por Oliver Stone, Michael Cimino o Chuck Norris.

    Vietnam, Argelia… parece que los procesos de descolonización de La Grandeur tienden a ser traumáticos comparado con el buen rollito de los británicos. Pero no creo que sea por el color político de los gobiernos que lidiaron con el problema, UK tuvo más suerte. Qué hubiera hecho el gobierno de su Graciosa Majestad si en la India en lugar de enfrentarse a un santón pacifista hubiera tenido que vérselas con un militar de carrera? O qué hubiera pasado si uno de los miembros de la Commonwealth empieza a coquetear con el comunismo?

    En cuanto al tío Sam, se mete en guerras de descolonización y se pone muy emancipador cuando hay que quitarle territorios a España o a sus herederos latinoamericanos pero estando los gabachos de por medio se ponen de parte de la metrópoli. También en Hollywood cuando hacen algo sobre su revolución siempre sacan a algún francés ayudando y mentaban mucho a Lafayette cuando hacían propaganda para venir a pelear a Europa pero nadie se acuerda de Bernardo de Galvez.

    Y siguendo con el tema de las colonias arrebatadas a España, esta guerra coincide en el tiempo con la revolución y crisis de Cuba. Intuyo que los gringos estaban frustrados y trataron de darle una patada a Castro en el trasero de Ho. De ahí salió toda esa teoría del efecto dominó. También coincide en el tiempo que una de las pocas veces que se ponen de parte de un regíemen católico tengan a su único presidente de esa confesión. Pero eso es pura casualidad. Otro hecho simultáneo es que mientras mandaban medio millón de chavales a la selva ponían a una docena de tíos en la Luna. Qué tiempos!

  5. Comentario de tabalet i dolçaina (26/05/2020 16:59):

    #emigrante “También coincide en el tiempo que una de las pocas veces que se ponen de parte de un regíemen católico tengan a su único presidente de esa confesión”, ejem ejem ejem, usted se olvida de la espada más limpia de occidente.

  6. Comentario de emigrante (27/05/2020 06:13):

    #5, no me he olvidado por eso escribí “una de las pocas veces” y no “la única vez”. De todas formas aquí no vinieron a apoyar a uno de los bandos en el conflicto porque el otro bando ya no existía. El apoyo al nacional-catolicismo durante el conflicto (el nuestro o el suyo) habría sido impensable.

  7. Comentario de Y (27/05/2020 12:33):

    -nos llama una señorita de Logroño … doña Pura López … díganos

    -pues que en este mi pograma favorito quisiera que pusieran “War is a racket” de cuando los preludios (1898-) del imperio nuevo de los romanos 4.0

    https://es.m.wikipedia.org/wiki/La_guerra_es_un_latrocinio

    -ejque mi novio está haciendo la mili en los países bálticos … que me han dicho que Moscú (2020) está lleno de comunistas

    Qué jartá de reír

    en fin, el Adolfo, jefe de “la bestia rubia”, dejó como envenenada herencia ya el odio ya el desprecio a los rusos

    Por dos veces dos … Rusia fue agredida por eso que llaman Occidente

    A toro pasado ahora está claro que la etiqueta “comunista” era un cuento para niños y niñas

    Vietnam fue una guerra colonial

    1945

    -hemos expulsado a los japoneses, viva, gritaron alborozados los vietnamitas

    -no, no, ustedes se confunden de película

    Pero, claro, llevamos desde el verano de 1914 acumulando propaganda de guerra, propaganda occidental of course mon ami

    (el kaiser Guillermo aprueba este mensaje)

  8. Comentario de Pablo Ortega (27/05/2020 17:13):

    “todas putas, sí, pero unos porque está en su ADN comunista y los otros solo porque LeMay, McNamara y Westmoreland eran unos psicópatas y Lyndon Johnson un patán, ¡el sistema en realidad funciona!”

    Pues considerando que el sistema sigue vivito y coleando, y sin señales de que vaya a caer pronto, mientras que ya no queda nada del muro de Berlín, cómo que el hombre tiene razón. Y no he leído el libro, pero dudo que Hastings haya podido escaparse de las inevitables referencias al “imperialismo yankee”, “las torturas yankees”.

    Respecto a la India, como ya han comentado, la actitud de Gran Bretaña fue posible principalmente a que Nehru no era comunista y construyó una democracia más o menos funcional (con todo y el carácter dinástico de los Nehru-Gandhi) y amistosa con ambos bloques, aunque más parcializada hacia Occidente. Lo que sí tuvo mérito fue su huida a toda prisa de Palestina en 1948: literalmente eso fue un “salvése quién pueda, y que esta tierra se la agarre quien pueda tomarla”. Bonito el detalle de programar su salida para un Shabbat, por lo que los judíos tuvieron que hacer la ceremonia de la declaración de independencia el día anterior.

    “John Fitzgerald Kennedy, el Vacío Primigenio de la Política Televisada”

    Ya que algunos están acordándose de Cuba y Fidel, que excelente momento para recordar el cómo Kennedy se las arregló para unir a todos los cubanos, tanto los castristas como los exiliados mayameros, contra él, por el asunto de Bahía de Cochinos. La operación venía ya planificada desde la administración Eisenhower, pero Kennedy ni quiso detenerla, ni tampoco les dio a los asaltantes el soporte logístico, aéreo y operacional que les habían prometido. Todo un genio.

    En lo demás, es un excelente momento para recordar que Fidel desde el primer minuto pretendía ser dictador vitalicio de Cuba y jamás pretendió establecer algo remotamente parecido a una democracia real, o retirarse luego de una legislatura como hizo su archirrival Rómulo Betancourt, ese gran presidente venezolano que era tan admirado por Hugh Thomas.

  9. Comentario de Pablo Ortega (27/05/2020 17:24):

    “Y todo pensado desde el principio: al contrario que en Irak en 2003, donde Rumsfeld y los demás iluminados creían que bastaban 100.000 soldados y las ganancias del petróleo para obtener beneficios y todo, desde el primer día se hablaba de 5 años y medio millón de hombres”

    Algo que hay que reconocerle al Imperio, sobre todo al tan odiado Donald Trump, es que han aprendido del desastre de Irak. Precisamente ahora, pese al estado ruinoso del desmoralizado ejército venezolano, no han dejado que los árboles oculten el bosque. Aún en su patético estado actual, el régimen de Maduro es capaz de resistir por un buen tiempo a una intervención imperial y sobre todo, de repetir la estrategia del Vietcong y las FARC, apostando por la guerra de desgaste y seguir financiándose desde el narco, su arma secreta favorita desde tiempos del comandante galáctico.

    De allí que aún no han intervenido y el Imperio sigue apostando por una salida interna, por una rebelión popular/militar, una ruptura de la coalición dictatorial, el colapso económico, etcétera, etcétera. Tras estudiar la retórica y acciones yankees en los últimos tres años, desde el comienzo de las sanciones, queda claro que buscan librarse del régimen chavista al menor costo posible, sabiendo bien que el verdadero problema no es conquistar el país, si no retener lo conquistado y pacificar el territorio.

    Esa fue la diferencia entre la primera y la segunda guerra del golfo: en la primera se limitaron a expulsar a Saddam de Kuwait, objetivo relativamente sencillo militarmente hablando, y Bush padre no tuvo inconveniente en dejar tirados a los iraquíes que se rebelaron contra Saddam creyendo que el Imperio venía a salvarlos. En la segunda, pese a que ciertamente el ejército de Saddam aguantó más meses de lo que se esperaba, técnicamente Rumsfeld tenía razón, se logró destruir a las principales fuerzas baazistas (que no han vuelto a ser un factor relevante en el juego iraquí), ocupar todo Irak y capturar a Saddam. El problema resultó ser mantener lo conquistado, organizar un nuevo gobierno democrático, estabilizar el país, y claro está, los gringos se las arreglaron para lograr que los odiase la misma gente que los había recibido como libertadores.

  10. Comentario de lalo (27/05/2020 18:16):

    otro patriota de bandera deseando que intervengan su país y se ponga a cuatro patas de estados unidos a ver si el pesca algo. el resto retorica.

  11. Comentario de Pablo Ortega (27/05/2020 21:32):

    @lalo: porque como ya se sabe, absolutamente todo lo malo que ha pasado y pasa en Venezuela es culpa del malvado Imperio yankee y sus sanciones, esto era el paraíso de los trabajadores antes que llegara el despiadado Donald Trump a joderlo todo.

    Somos la peor ola migratoria del mundo, superando a la siria. Y eso que aún no ha estallado la guerra, ni civil ni contra los gringos. Aún hay “paz”. Ese es el legado de Chávez.

    La paz de los cementerios, claro está. Tal y como el franquismo se envanecía por la “paz” que había logrado el Caudillo.

    Además, técnicamente yo no me he declarado partidario de la intervención, si acaso he dejado entrever que me parece preferible a que siga Maduro hasta el dos mil siempre. Ya otra cosa es que yo preferiría no necesitar ayuda externa para librarnos del régimen.

    @emigrante: cuidado y a alguien aquí le da por el mito zurdo de la “traición” de Estados Unidos (y de Churchill, ese peligroso cripto-fascista que denunciaba a Hitler desde el mismo 1933) al gobierno republicano en el exilio cuando la viabilidad real de la oposición al franquismo era la que era, una mierda, pues la gran mayoría de españoles que estaban aún en Españita para esos años y no tenían planes de montarse en un barco rumbo a América, apoyaban al generalísimo o en su defecto, se habían resignado a la permanencia del régimen. Nadie estaba dispuesto, en aquellos años 40 y principios de los 50, a mover un dedo para el regreso de la República.

    Esa intervención yankee sí era la buena, era lo justo y lo democrático invadir la España de Franco en 1946, pero intervenir en Vietnam, Irak o Venezuela, malo malísimo y una agresión a la sagrada soberanía nacional, pese a que en todos esos casos, los dictadores se las arreglaron para ser peores que Paquito, cosa que tiene mucho mérito siendo Paquito lo que era.

  12. Comentario de Lluís (28/05/2020 07:13):

    #11

    Para empezar, lo de 1945 se habría podido ver perfectamente como finiquitar la guerra. España se proclamaría “no beligerante” primero y “neutral” después, cuando llegaron a la conclusión que el führer iba a perder. Hasta entonces, la “no beligerancia” no impidió enviar una unidad militar perfectamente organizada, dirigida por militares de carrera o permitir que los agentes alemanes campasen por libre en España, incluyendo apoyo de tapadillo pero conocido por todos a los submarinos alemanes. Y si en Hendaya España no entró en guerra fue porque las demandas de Franco afectaban al gobierno de Vichy, y Hitler tuvo que decidir. Lo cierto es que Franco incluso ya había desplazado algunas unidades al sur para preparar un asalto a Gibraltar. Lo normal habría sido invadir España para liquidar otro régimen fascista o por lo menos forzar a Franco a democratizar el régimen. Y con eso incluso se garantizaban que el comunismo fuese residual, a Stalin España le importaba poco o nada.

  13. Comentario de Lluís (28/05/2020 10:49):

    También puede ahorrarnos decir que el chavismo es peor que el franquismo, a nivel de represión. A alguien que se dedica a mostrarse contrario con el régimen en público, en la España de Franco esto le podía haber costado muy caro: detención, paliza en comisaría, torturas para sacarle el nombre de sus cómplices, multas, pérdidas de empleo o plaza en la universidad,… Y dudo que nada de eso le haya pasado a vd. por venir aquí (y a sitios semejantes) a exponer lo que es el régimen.

    Si un comando de cubanos es sorprendido desembarcando en las cercanías de Washington para atentar contra Trump o secuestrarlo para juzgarlo en Cuba, les recibirán a tiros y todo el país aplaudirá por mal que les caiga Trump, de hecho muy pocos van a salir preguntado si era imprescindible vaciar un cargador en el vientre de dos que ya se habían rendido. A sus colaboradores norteamericanos se les va a caer el pelo, que algo así si que se puede entender como traición. Y esta vez Cuba no iba a librarse de un buen bombardeo preventivo o de un restablecimiento de las libertades al estilo Irak. Lo digo por el sainete montado recientemente en Venezuela.

  14. Comentario de Y (28/05/2020 12:51):

    -la pelotita azul es mía
    -no, no, usted se confunde

    https://youtu.be/0suwVv1fXE0

    En esta escena estamos bien retratados todos los ‘proveedores de contenido y entretenimiento gratis’ en internet

    Y la carita que pone el zorrito chiquitajo, so cuuuute

  15. Comentario de Y (29/05/2020 09:42):

    Justo antes del virus … el presidente de la República Federal de Alemania … se atrevió a decir en público … “(el imperio fuera de la ley) rechaza la idea de una comunidad internacional”

    Pero llegó el virus y se perdió este interesante hilo de la conversación en el imperio romano-germanico

    Ya sabemos cómo son los romanos … te montan un bloqueo naval en nombre de “la libertad de navegación”, te impiden comerciar invocando “la libertad de comercio”, y desencadenan el caos y el terror aquí y allá en nombre del “orden basado en reglas”, y así todo … desde 1898/1914-

    El Senado de Roma es el mejor Show de humor de este planeta

  16. Comentario de Y (29/05/2020 21:18):

    Finnegan … escuchando los piropos de sus fans

    https://youtu.be/7BeU-kLOHGM

    El Finnegan vive en el Walhalla

    Y lo tremendo ejque él lo sabe

  17. Comentario de Otto von Bismarck (30/05/2020 19:34):

    Jelou hamijos.
    Muy interesante y muy a favor del artículo. Pero ojo que a este paso van a salir recensiones que son mapas a escala 1:1.

    Tan solo quería decir que al que le interese el tema puede meterse entre oreja e hipotálamo el podcast en dos partes que hicieron los de histocast sobre la guerra de Vietnam, que está muy bien. Aunque si no recuerdo mal sumaba alrededor de 12 horas o por ahí. Una de las cosas que trataba es la carta que le mandó nuestro Caudillo al gobierno americano cuando lo sondearon para mandar tropas. El del bigotillo pronosticó graves problemas llevando la guerra a la jungla y les dijo que deberían tratar a Ho Chi Minh como a un patriota que luchaba por su país y aprovecharse de que los Vietnamitas también tenían un miedo atávico al imperialismo chino. Visto en plan capitán a posteriori el de la voz de pito tenía razón. Si no se llegan a meter en el fregado quien sabe si Vietnam no habría terminado en plan Yugoslavia de Tito yendo por libre.

  18. Comentario de rayario (01/06/2020 11:46):

    #4 Emigrante, si quiere saber como se las habrían gastado los británicos caso de haber comunismo de por medio, mírese Omán. Hay un podcast buenísimo de Radio Warnerd donde un oficial británico suelta, probablemente fumándose un puro “Este es el mejor entrenamiento de combate para un soldado británico desde que no nos permiten actuar en Irlanda del Norte”.

    #17. Es ud un grande. Me quito el sombrero, buscaré la referencia y me paparé esas doce horas como se corresponde. Gracias.

  19. Comentario de Y (01/06/2020 11:47):

    Frank-Walter Steinmeier expressed Germany frustración more openly than usual: “the United States of America (…) rejets the idea of an international community”

    Me lo acabo de encontrar escrito con lápiz en una esquina de mi despacho

    Y arriba pone

    “West” is essentially the heir and continuation of the British Empire

    Que no sé dónde lo leí, alopeor en un comentario en un YouTube, jaja

    La cita de Frank-Walter sí me acuerdo que lo leí en un artículo muy interesante de una señora norteamericana, publicado en Consortium News

  20. Comentario de rayario (01/06/2020 11:51):

    Me faltaba apuntar, que las declaraciones del oficial británico son a la BBC. Que alienígena parecen hoy los roles que había entonces.

    Y sobre el artículo está brutal. No sé si leerme el libro (otro efecto secundario de los artículos de LPD), pero he aprendido muchísimo. Muchísimas gracias.

  21. Comentario de Y (01/06/2020 12:54):

    Ayer no sé por qué extraña razón me acordé de José Luis Murga, y hoy leo

    “war ein spanischer Rechtswissenschaftler, Rechtshistoriker und Hochschullehrer. Er galt als einer der bedeutendsten spanischen Romanisten des 20. Jahrhunderts”

    Hoch Shul Lehrer

    https://de.m.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Luis_Murga

    En realidad no lo conocí, sino que coincidí con él de refilón en algún sitio no recuerdo si en Colonia o en Munich hace un montón de años, lo que son las cosas, el rastro que te deja gente con la que poco más has compartido una cerveza

  22. Comentario de Y (01/06/2020 13:28):

    En Atenas una novia fue el impulso para que me pusiera a investigar sobre los crestianos/cristianos

    José Luis era un carca del siglo VI-VII … aC (!)

    Un tipo aún más antiguo que yo que calculo que tal vez quizá soy del siglo I

    Hombre sería muy exagerado decir que cuando Homero escribió … Murga ya era viejo, pero por ahí andaba la cosa

  23. Comentario de Pablo Ortega (02/06/2020 03:35):

    @Lluís: yo ya sabía que usted no me iba a fallar en afirmar la tesis de que “intervenir España en 1945, BIEN, intervenir Venezuela en 2020, MAL”, por más que ambos países sean dictaduras. Menos mal que usted mismo reconoce que Franco no entró en la guerra porque Hitler no le ofreció lo suficiente, también por presiones Aliadas (que usted no las menciona), y debido a ello fue que los Aliados no invadieron España en 1945. También ignora la parte de que la División Azul (o al menos los militares profesionales y falangistas más significados) fue retirada en 1943, antes de Normandía. Muchos de los privilegios que usted denuncia fueron gradualmente retirados a los alemanes por Franco mientras iba cambiando el curso de la guerra.

    También ignora que Franco desfascistizó el régimen e instauró un régimen autoritario más cercano a Salazar y a los ideales de Calvo Sotelo (que pásmese usted, no era fascista, al menos en el sentido que lo hubiese interpretado Adolfito, Calvo Sotelo era demasiado monárquico para eso), relegando a Falange a su mínima expresión de poder. Y ni hablar de cuando entraron los tecnócratas en escena. Ese fue el precio que pagó Franco para que Estados Unidos depusiera el aislamiento internacional, porque no bastó única y exclusivamente con la nueva hostilidad entre gringos y soviéticos.

    Pero siga creyendo que en España todos iban a recibir a los Aliados en 1945 con los brazos abiertos e irían alegremente a votar por Indalecio Prieto.

  24. Comentario de Pablo Ortega (02/06/2020 03:36):

    En lo que respecta a la represión de ambos regímenes, ahí están las cifras, por más que le duela: el chavismo entre 2014 y 2020 supera ampliamente al tardofranquismo en muertos, heridos y presos políticos. Yo sé que le jode reconocerlo, pero ahí están los numeritos. La libertad de prensa pasó a ser un mito hace ya varios años, y respecto a la de expresión, hace unos días encarcelaron a una doctora por opinar mal de Maduro en un grupo de guasap en base a una “ley contra el odio” que promulgó la constituyente chavista hace no tanto. Y si es por el asunto de la libertad de expresión, bien puedo recordarle que con la tímida liberalización de los 60, el régimen toleró la publicación de varios libros democráticos, liberales y hasta marxistas, e incluso Omnium fue fundada y empezó a operar con normalidad desde esa época, pese a la supuesta prohibición del catalán y del euskera, que no impidió la publicación de varias obras en esos idiomas por aquellos años.

    Sobre la “operación Gedeón”, todo apunta a que fue un sainete del que el gobierno interino democrático se apartó en cuanto tuvo oportunidad al ver que no existia seriedad alguna por parte de la supuesta compañía de mercenarios. Peor aún, estaban infiltrados hasta los tuétanos y Diosdado hasta se dio el lujo de comentar al respecto en su programa… más de un mes antes de los hechos. Y aún así, siguieron adelante. Queda claro que el régimen pagó a los mercenarios para escenificar una “victoria popular”, porque repito, solo un completo retrasado mental seguiría adelante con una operación mercenaria cuando apenas le han pagado 50 mil dólares de un monto total de varios millones. Que esas cosas se pagan por adelantado, usted ya debería saberlo.

    Por cierto, no estoy de acuerdo con lo que comenta usted sobre Trump. Medio USA celebraría incluso que unos terroristas del ISIS le volaran la cabeza en algún atentado, y por algo aún hay rumores y malas lenguas de un posible papel del castrismo en el asesinato de Kennedy. Y puede mentar a Irak todo lo que quiera, que cuando Venezuela, SIN GUERRA, ha logrado generar una ola migratoria peor a la del Irak post-2003, es que tiene mérito el asunto.

  25. Comentario de Lluís (02/06/2020 09:52):

    Pablo,

    Para variar, no se entera de nada. Documéntese un poco sobre el franquismo. Sobre el delito de “incitación al odio”, decirle que en la democraia española se ha juzgado, multado e incluso sentenciado a prisión a gente que ha expresado ciertas cosas en las redes sociales. Por cierto, ¿a cuántps se ha fusilado en Venezuela tras algo parecido a un juicio? Y eso que han intentado cargarse al capo en varias ocasiones.

    Mire, Guaidó y su entorno estaban perfectamente al corriente de lo que se tramaba. Supongo que si, que veían que eso no iba a ninguna parte, pero de haber triunfado habrían sacado pecho. Dice que sólo un completo retrasado mental habría seguido adelante, pero es ese el nivel que está demostrando Guaidó. A los resultados obtenidos hasta ahora me remito.

    Mire, en EEUU puede que a muchos no les guste Trump, pero le consideran el presidente. Muy pocos van a celebrar que un terrorista extranjero le vuele la cabeza. No todo el mundo es tan incivilizado como vd.

    Por cierto, si quiere un país con una huída masiva sin necesitad de guerra, incluso sin necesidad de una pseudodictadura, ahí tiene a Rumanía. Y eso que allí no hay violencia.

  26. Comentario de Pablo Ortega (02/06/2020 11:07):

    Como de costumbre, es usted, Lluís, quien no se entera de nada. Empezando porque los famosísimos condenados por “tuitear” en la democracia española no llegaron ni al año tras rejas. Fue más la bulla mediática que el castigo real. Aquí, por opinar distinto, hay personas que se han podrido por años en calabozos del régimen, en condiciones inhumanas.

    Ya que menta los fusilamientos del tardo-franquismo, que al final ni siquiera iban al copo (a muchos de los condenados a muerte en 1975 se les conmutó la pena, ni siquiera el régimen franquista quería fusilar chicas a esas alturas del partido), le recuerdo las pocas o nulas muertes a manos de los grises en las protestas de esos años, frente a los centenares, por no decir miles, de muertos en las protestas contra el PSUV aquí.

    Una vez más, Maduro gana en los numeritos por goleada, y eso que es él quien dice ser el “demócrata”.

    Venezuela abolió la pena de muerte en 1864, fuimos de las primeras naciones del mundo en hacerlo. República bananera y todo, pero ya no se fusilaba a nadie. Cortesía, por cierto, del mariscal Juan Crisóstomo Falcón, otra de las bestias negras de la historiografía chavista.

    El chavismo también gana por goleada frente a Rumania en los numeritos de la diáspora, yo sé que jode mucho ver a venezolanos marchando a pie hacia los infiernos neoliberales de Colombia, Perú y Chile (en vez del paraíso socialista de los Kirchner), pero esos son los hechos.

    “Mire, Guaidó y su entorno estaban perfectamente al corriente de lo que se tramaba”

    ¿Y qué iban a hacer? ¿Decírselo al régimen? Si ya éste lo sabía, si no me cree le puedo poner el vídeo de Diosdado. No se pase de ingenuidad por Dios, que no somos tan estúpidos.

    “Muy pocos van a celebrar que un terrorista extranjero le vuele la cabeza a Trump”

    Verdad, eso sólo pasa en Españita, donde la reacción unánime a un atentado terrorista extranjero fue… salir corriendo a toda prisa para no incomodar más al dicho grupo terrorista. Que sí, que nadie quería la guerra de Irak y tal… pero no deja de ser una claudicación total ante Al Qaeda. Bin Laden debió sonreír al ver la docilidad de la gente de al-Andalus. Ni exigir justicia ni un carajo.

    Por no hablar de los que aún hoy hacen chistes con la vez que ETA intentó matar a Aznar. Supongo que ahora sí ETA es españolaza, no?

  27. Comentario de Casio (02/06/2020 22:25):

    Sobre la conquista francesa de Vietnam creo que no se conoce mucho que se hizo con ayuda de tropas españolas acantonadas en Filipinas. Nosotros tan quijotescos les ofrecimos unos 1600 soldados por amor al arte de colonizar, porque a cambio recibimos unas cuantas invitaciones a misioneros y nada más. Y todo porque los vietnamitas habian convertido en mártires a unos pocos curas empeñados en convertirles. Por cierto, sobre la actual situación politica y los pseudogolpes, informes chapuceros y guardias civiles de rancio abolengo he escrito esto:

    https://remadmalditos.wordpress.com/2020/06/02/caza-mayor/

  28. Comentario de Quebec (07/06/2020 17:05):

    No pasa ni un post sobre historia política del siglo XX en que los venezolanos de guardia, del país centro del universo de la historia mundial como es bien conocido, no se dediquen a explicarnos que aquello de Ho Chi Minh o las colectivizaciones de Mao son mariconadas al lado de Maduro. La turra habitual en lugar de construir de una puñetera vez una oposición decente. Dejadnos hablar de la Guerra Fría que lo del chavismo es otro debate, CULLONS.

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